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domingo, 20 de marzo de 2016

LAS 9 CARTAS VERSIÓN DEFINITIVA (CRISTO VUELVE)



CRISTO VUELVE, Revela la verdad sobrecogedora
Segunda  Carta de Cristo (Tercer Escrito)
Todas las bendiciones de abundancia y salud estaban disponibles gratuitamente para el que amara a Dios con la mente, el corazón y el alma y que viviera estrictamente según las leyes de Dios.
Cuando terminé, hubo un gran silencio en la sinagoga. Sentía que la congregación había experimentado algo extraño y poderoso que les había elevado a un plano más alto de pensamiento y no quise que nada interrumpiera la tranquilidad trascendente de aquel momento. Luego empezaron a murmurar entre ellos.
Se preguntaron quién era. Algunos estaban convencidos de que era Jesús, la persona cuya familia se conocía bien en la aldea, pero otros no lo podían aceptar, puesto que había hablado con autoridad.
Desgraciadamente, sentí despertar mis antiguas reacciones hacia estos hombres religiosos. Sabía que me habían despreciado antes, de modo que esperaba su rechazo. Mis viejas actitudes de desafío volvieron y se pusieron furiosos conmigo.
Por mis propias reacciones humanas, invité al desastre. Y casi lo conseguí. Los más jóvenes, alentados por los mayores, corrieron hacia mí y me arrastraron hasta lo alto del acantilado para arrojarme a la muerte pero recé a mi ‘Padre’ para que me salvara. De repente, parecían tan alterados que apenas sabían qué hacían y se volvieron unos contra los otros, y pude escabullirme y escapar. Fue extraño. Parecía que no se daban cuenta de que me iba.
Muy sacudido por la experiencia, logré enviar un mensaje a mi madre, diciéndole que me marchaba de Nazaret enseguida y bajaba a Cafarnaún, una ciudad señorial junto al mar de Galilea.
Al principio, pensé unirme con antiguos conocidos pero, por intuición, sentía que esto no sería lo correcto. De modo que, en todo el camino y al entrar en la ciudad, pedí orientación y ayuda a mi ‘Padre’ para encontrar alojamiento. No tenía dinero y no pediría limosna. Al caminar por la calle, vino hacia mí una mujer de edad mediana, pesadamente cargada de cestos sobre los brazos.
Su rostro estaba triste. Parecía que había estado llorando.
Sin reflexionar, la paré y le pregunté dónde podría encontrar alojamiento. Brevemente respondió que normalmente me ofrecería una cama pero que tenía en casa a su hijo muy enfermo. Añadió que había ido a comprar provisiones para alimentar a los ‘consoladores’ que ya se habían reunido para llorar la muerte de su hijo cuando éste muriese. Mi corazón se sentía afligido por ella pero también se regocijaba. En seguida había sido dirigido hacia alguien a quien podría ayudar. Expresé mi pesar y me ofrecí a llevar sus cestas a casa. Me miró por un momento, preguntándose quién podría ser, pero aparentemente estaba satisfecha por mi aspecto y conducta. De camino, expliqué que quizás podía ayudar a su hijo. - ¿Es usted médico? - me preguntó. Contesté que no había recibido formación médica, pero que sin embargo podría ayudarle.
Al llegar a su casa – grande y bien construida de piedra, que indicaba buena situación social y prosperidad - me llevó hasta su marido diciendo: - Este hombre dice que puede ayudar a nuestro hijo. Malhumorado, inclinó la cabeza, sin decir nada.
La mujer, Miriam, me llevó diciendo que estaba muy afligido y enfadado. - El chico es nuestro único hijo entre muchas hijas, y culpa a Dios por darle al niño la enfermedad. Miriam se echó a llorar. - Si habla así contra Dios, ¿qué más penas se nos cargarán? - me preguntó. - Tranquila – dije - pronto verás bien a tu hijo de nuevo. Ella dudaba pero me dirigió hacia la habitación donde estaba acostado el chico. Hacía calor, el ambiente era sofocante y estaba lleno de tristes consoladores charlando. Pedí a la madre que desalojara la habitación, pero los visitantes se resistían. Querían ver lo que sucedería y solamente se marcharon a disgusto cuando Miriam llamó a su marido para que les hablase.
Les oía discutiendo con el padre en la habitación de al lado. ¿Qué pensaba que podría hacer ese hombre, si el médico no había sido capaz de ayudar al chico? El padre entró en la habitación para ver por sí mismo. Su hijo estaba más pálido que un muerto y tenía mucha fiebre. La madre explicó que no transigía la comida y que tenía suelto el vientre. Estaba así desde hacía varios días, había perdido mucho peso y el médico había dicho que nada más podía hacerse. Probablemente moriría. Puse las manos sobre la cabeza del niño y recé, sabiendo, y silenciosamente dando gracias de todo corazón porque la Vida del ‘Padre’ fluiría a través de mis manos y dentro de su cuerpo.
De este modo el trabajo de curación se llevaría a cabo. Sentí calor extremo y un hormigueo en las manos, y el Poder vertiéndose en su frágil cuerpo. Me sobrevino una oleada de gratitud.
¡Qué grande, qué maravillosa era la ‘Vida del Padre’ al liberarla para hacer SU trabajo natural de curación! Su madre y su padre, angustiados, preguntándose qué ocurriría, se habían cogido de la mano y miraron con gran atención. Al ver cómo el color de su hijo gradualmente cambiaba del blanco a un rubor más sano, exclamaron atónitos deleitándose. Después de algún tiempo, el niño me miró, diciendo alegremente: - Gracias, estoy bien ahora. Tengo hambre y quiero comer algo. Su madre se rió de contento abrazándole, pero también algo preocupada: -
No puedo darte comida, hijo mío. El médico se enfadaría. Le había avisado que no tomara nada excepto agua. Sonreí y dije: - Está curado. Le puedes dar pan y vino, y lo aguantará.
Su padre, Zedekiah, se regocijaba de gratitud. Después de abrazar a su amado hijo, se volvió hacia mí y me dio la mano calurosamente. Dándome palmaditas en el hombro sin parar, meneando la cabeza, era incapaz de hablar por las lágrimas que corrían por sus mejillas. Recobrando la compostura, pasó al salón y dijo a la gente: - ¡Mi hijo, casi muerto, ha recobrado la plenitud de vida de nuevo!
Un gran clamor de júbilo, regocijo, incredulidad, preguntas, risas y felicitaciones siguieron a sus palabras. La madre del niño se quedó parada, la cara toda sonrisa. Después de eso, no hubo necesidad de pedir alojamiento.
Cuando Zedekiah contó a los atónitos ‘consoladores’ que el chico estaba curado, y el joven, mismo, apareciera sonriente en la puerta, pidiendo comida de nuevo, los ‘consoladores’ todos, me rodearon y me invitaron a sus casas. Sin embargo, preferí quedarme con el padre del niño, que decía que tenía muchas preguntas que hacerme; esperaba que se las pudiera contestar. Después de colocar sobre la mesa la comida y el vino, todo el mundo fue invitado a comer hasta saciarse, Zedekiah se sentó y me hizo su primera pregunta. Dijo: - Has hecho algo que ningún sacerdote ni médico podría hacer. La curación proviene solamente de Dios. Aunque seas forastero, percibo que debes venir de Dios. - Sí - respondí.
Y la gente murmuraba, asombrada. - Esta enfermedad que ha tenido mi hijo ¿Era un castigo por algo que hice mal en el pasado? Y ¿cómo podría cometer un pecado tan grave que Dios quisiese quitarme mi único hijo? Muchas de las personas asintieron con la cabeza al escuchar estas palabras. - Has hecho la pregunta que más quisiera contestar, Zedekiah. Dios nos da la VIDA y el ser.
No nos la arrebataría como un hombre arrebatara algún tesoro a otro porque está enfadado con él. Así se comporta el hombre.
No Dios. Y Dios no está sentado sobre un trono en alguna parte del cielo como se sientan los reyes en sus tronos gobernando a la gente. Éste es el proceder humano, y una creencia humana no es la verdad. La manera de Dios está muy por encima de cualquier cosa que la mente humana pudiera concebir o imaginar. Solamente yo he ‘visto’ a Aquello que nos ha dado el ser y sé que Ello no es la clase de ‘dios’ que nos enseñan los Rabinos.
Vi que Ello es el ‘Amor Perfecto’ y por esta razón prefiero hablar del ‘Padre’ puesto que he visto que Obra dentro de cada ser vivo, manteniéndolo en un estado de buena salud, tal como un padre humano trabaja para mantener a sus hijos bien alimentados, vestidos, y protegidos dentro del calor de un hogar. LO he ‘visto’ dentro de todas las cosas del mundo.
¿Cómo puede ser? - preguntó un hombre dudando. No es posible que un ‘ser’ individual de ninguna clase esté en todas partes al mismo tiempo. - Pero el aire está en todas partes aunque no se ve. Sin embargo, sabemos - sin ninguna duda - que es real y muy importante para nuestra existencia.
Si no hubiera aire y no pudiéramos respirarlo, nos moriríamos.
El movimiento del aire, que llamamos viento, no se ve pero lo vemos agitar las hojas y mover las nubes por el cielo; por tanto, sabemos que el aire está alrededor y encima de nosotros y que es fuerte. Y ahora te pregunto: - ¿Cuál es la parte más real y más valiosa del hombre – su cuerpo o su mente? Algunos respondían que era su cuerpo, de lo contrario no tendría lugar en la tierra, no podría trabajar, no podría verse, no sería conocido. Otros decían que pensaban que su mente era más importante que su cuerpo.
Y yo contesté: - Su mente es la parte más importante de él puesto que sin la mente, no se podría impulsar el cuerpo. No se podría beber, dormir, mover, planificar ni vivir. Sin embargo, la mente no se ve. Simplemente sabemos que tenemos una mente a causa de los pensamientos que produce, y porque los pensamientos modulan algún tipo de actividad en nuestras vidas.
Creemos que la mente funciona a través del cerebro. Sí, es así. Puesto que ¿cómo podría el cerebro, nacido de la carne, producir pensamientos, sentimientos, ideas o planes? Ya debes de tener claro que es así, que el ‘Padre’ está presente en todas las cosas; Ello es la ‘mente’ que dirige tras la mente humana, obrando Sus grandes hazañas dentro de todo ser viviente. Sabemos que es así, porque vemos las maravillas de su obra. Vemos el crecimiento de nuestros hijos. Vemos el alimento que comen convertido milagrosamente en otra sustancia que nutre y hace que crezcan.
Cómo sucede, no sabemos, ni siquiera lo podemos imaginar. Si lo supiéramos, seguiríamos sin saber qué puso en marcha tal proceso de vida tan importante dentro de los cuerpos vivos de cada especie. Mira de qué manera más decididamente maravillosa son diseñados y creados los cuerpos de cada especie, expresamente para transformar la clase de alimento que comen en nutrición que hace que crezcan el hueso, la sangre y la carne. -
Ya que tú nos demuestras estas cosas, vemos que son verdaderamente maravillosas - exclamó un joven. - ¡Lo son! ¡Lo son! Vemos a los jóvenes cuerpos pasando por sus varias etapas de desarrollo, y vemos a sus mentes al compás del desarrollo físico hasta que los mozos y las jóvenes empiezan a anhelar encontrar pareja y a convertirse en padres ellos mismos. Luego se cumple la gran obra de concepción y el crecimiento de la semilla dentro de la matriz continúa, hasta que el niño llega a su pleno desarrollo. - ¡Piensa! ¿Quién determina todo este constante crecimiento tan metódico dentro de la mujer? ¿De dónde vienen los planes que gobiernan el correcto desarrollo de la cabeza, el cuerpo y los miembros, los cuales no varían de una mujer a otra, y de una especie a otra? ¿Quién decide el momento exacto del comienzo del nacimiento – los medios físicos por los cuales el niño sale de la matriz, la provisión de la leche para el niño? - ¡Piensa! ¿Es la madre? No, no es la madre. Ella no es más que testigo de todo lo que ocurre dentro de ella desde el momento en que su marido haya estado con ella y haya sembrado su semilla para unirla con la suya. ¿Dios hace todas estas cosas desde lejos? ¿Sus pensamientos alcanzan a cada hombre y mujer, para decidir cuándo estas cosas deben ocurrir? No, es el Poder Creativo de la Mente, la Vida Inteligentemente Amorosa que está dentro de toda cosa viva la que realiza todo este trabajo. Vemos el amor de los padres hacia su descendencia, sea ave, animal u hombre. ¿De dónde viene ese amor?.
Proviene del Poder de la Mente Creativa – el Amor Perfecto – del ‘Padre’ que está dentro de nosotros. Es porque el ‘Padre’ hace el trabajo en las plantas, los árboles, las aves, los animales y en el hombre en sí, que hoy estamos aquí, vivos, respirando, comiendo, durmiendo, teniendo hijos, envejeciendo, y luego muriendo para pasar a otro lugar más feliz. Todo esto es el trabajo del ‘Padre’ que está activo dentro de nosotros. ¿Cómo se puede negar la verdad de todo lo que os he dicho esta noche? Hoy, habéis visto a un joven moribundo vuelto a la plenitud de la vida en poco tiempo. ¿Fui yo quien le curó? Nada de eso. Por mí mismo no puedo hacer nada. Fue la VIDA, que es el Padre activo dentro de todas las cosas, que vino con toda su fuerza para reparar un cuerpo enfermo y a traerlo de regreso a la plena salud, porque yo creí que ELLA LO haría y no dudé. Hubo suspiros de satisfacción en el salón. Nueva luz, nuevo interés, incluso se veía una nueva dulzura en sus caras. -¿Porqué, entonces, sufre el hombre tan lamentablemente? - preguntó Miriam. - Porque cuando el hombre es concebido, cuando la VIDA toma forma dentro de la semilla, ELLA toma la humanidad la cual LO separa de cualquier otro individuo en el mundo, para hacerlo una figura aislada, no unido a ningún otro, solitario, íntimo, SU propia persona. ELLO es sujeto a – es controlado por dos fortísimos impulsos en su naturaleza terrenal: el de aferrarse a todas aquellas cosas que tanto desea y el de rechazar y apartar todo lo que no quiere. Estos dos impulsos básicos en el hombre están presentes en cada cosa que hace a través de su vida y son enteramente responsables por los apuros que se buscan.
Aunque el ‘PADRE’ está activo dentro del hombre, ÉL no tiene nada de humanidad dentro de ÉL. - Por tanto, el ‘PADRE’ no sostiene nada, no rechaza nada, no condena nada, ni siquiera ve ‘la maldad’. Todo lo que hace el hombre que él llama pecado es tan sólo de este mundo y se castiga solamente en este mundo – puesto que es una LEY de la EXISTENCIA TERRENAL, como sabéis, que todo lo que se siembra es lo que se cosecha. Dado que el hombre extrae su VIDA y su MENTE de la del ‘PADRE,’ el hombre mismo es creador en pensamientos, palabras y acciones.
Lo que piensa, dice, hace y cree, se le devuelve de la misma manera más adelante. No hay castigo del ‘PADRE’ - cualesquiera que sean las penas que lleguen a la humanidad, proceden enteramente de su propio obrar. La gente susurraba que ésta era totalmente una nueva enseñanza y que tenía aún más sentido que todo lo que les habían enseñado antes. Varias voces me exhortaban a contarles más. - Te digo, en mí has visto la VIDA activa como curación; sígueme y oirás del CAMINO que debes seguir para encontrar la felicidad; en mis palabras encontrarás la VERDAD de la Existencia hasta ahora no revelada por ningún hombre. 
Se ha dicho del Mesías que contará los secretos que han estado ocultos desde el comienzo de la creación. Te digo, en verdad, que estos secretos los oirás de mí. Si escuchas atentamente, y captas su significado, y pones en práctica su verdad, y te aferras a sus leyes, serás hecho nuevo y entrarás en el Reino del Cielo. Después de hablar, la gente permaneció callada durante un momento y luego hubo un clamor de conversación emocionada, pero Zedekiah se puso de pie y dijo que era hora de que la casa se calmara.
Su hijo necesitaba dormir, y su mujer y sus hijas también estaban cansadas de tanto llorar. Se planeaba que a la mañana siguiente bajase al puerto y se me trajese a la gente enferma. Y así, podía lanzarme a la misión y todo se arreglaba rápidamente de la mejor manera posible. Parecía que si no curaba, no habría interés ni aprobación de todo lo que se les había contado.
La curación demostró la verdad de lo que quise enseñar, y mis enseñanzas explicarían las razones por las que era capaz de traerles la curación del ‘Padre.’ Al despertar a la mañana siguiente, me sentía maravillosamente vivo con la expectación de las cosas maravillosas por venir. Después de desayunar, salí con Zedekiah hacia el puerto, con el corazón radiante por el amor hacia todos los que pasaban. Les saludé cálidamente, diciéndoles que tenía ‘buenas noticias’ para aquellos que quisieran escuchar.
Al llegar al muelle, encontré a hombres, mujeres y niños sentados en el suelo, esperando mi llegada. Algunos extendieron las manos implorando. Parecían muy enfermos, algunos lisiados, y muchos otros cubiertos de llagas.
Su estado lastimoso me dañaba el corazón pero ahora podía regocijarme también porque sabía que no era la ‘Voluntad del Padre’ que estuviesen así. ¡Todo lo contrario! El ‘Padre’ era Él mismo toda curación, toda salud, todo bienestar. Esto lo había probado la noche anterior y en mi casa. Estaba exultante porque podría demostrar esta maravillosa verdad a las multitudes que me rodeaban. Una cara vieja y triste me llamó la atención.
Era arrugada, flaca y torcida. Fui hacia ella y arrodillado a su lado, coloqué mis manos sobre su cabeza y enseguida el flujo del ‘Poder del Padre’ a través de mis manos vibró por su cabeza hasta que sacudió todo el cuerpo con la Fuerza de la Vida dando energía a sus miembros. La gente viendo esto se quedó atónita, y algunos se preguntaron qué podría estar haciéndole, pero otros callaron sus objeciones.
Gradualmente sus miembros empezaron a desdoblarse, a alargarse y a ponerse derechos; su rostro se transformó con la alegría de volver a sentir su fuerza. Le ayudé a incorporarse, luego se puso de pie ella sola con orgullo. Estaba tan abrumada por la alegría que se puso a llorar y luego riéndose se puso a bailar, llamando a la gente: - ¡Alabad a Dios! – dijo - ¡Alabad a Dios! - y otros que estaban allí repetían la frase. Todos estaban profundamente conmovidos por lo que habían visto. La aglomeración de gente apretujándose contra mi persona era tal que Zedekiah se ofreció a controlarla.
De modo ordenado, y ayudado por otros de los espectadores impacientes, dirigió ordenadamente a los enfermos hacia mí, para que les pudiera atender según sus necesidades más profundas.
Por fin, sintiéndome cansado, mi anfitrión me invitó a su casa para cenar. Despidió a aquellos a quienes no había podido curar por falta de tiempo. Les aseguró que volvería al día siguiente. Fue una noche festiva – tanto de qué hablar – tanto que celebrar – tanto que enseñar – tanto que aprender – y en todo aquello, ciertamente la gente reconocía la ‘buena nueva’. Sabía que había sido aceptado por muchos por decir la verdad de lo que había visto en el desierto.
Y así siguió durante muchos días. La gente venía a verme de todas partes. Zedekiah y otros amigos suyos me ayudaron a controlar a la multitud para que yo pudiera curar y enseñar. La gente escuchaba encantada. Hablaron entre ellos mismos acerca del ‘Padre’ y estaban deseosos de aprender más acerca de las ‘ataduras y las cadenas’ que ataban a la gente a su miseria.
La aglomeración se hizo tan grande, que pronto me di cuenta de que tendría que buscar a mis propios ayudantes en los cuales pudiera confiar para asistirme. Era hora de que Zedekiah volviera a llevar su empresa de cuero la cual había estado descuidando.
Fui a las colinas para rezar acerca de cómo ‘elegir a mis discípulos.’ Cuando me vino la convicción de que sería guiado para hacer la elección, volví a Cafarnaún. Sentía un fuerte impulso por bajar al puerto para hablar con unos hombres a quienes había visto escuchando muy atentos a mis enseñanzas.
 Si dejaran sus redes para unirse a mí, quedaba por ver.
Pero cuando les llamé, Simón, Andrés, Santiago y Juan vinieron enseguida, contentos de asistirme en mi obra de curación y enseñanza. Otros también se unieron a mí al empezar el trabajo entre la gente.
Dejé a mi anfitrión, la casa de Zedekiah, asegurándome él cálidamente que yo podía volver en cualquier momento. Y así fue como comencé mi misión como maestro y sanador yendo sin rumbo dondequiera que hubiera necesidad a través de las ciudades y las aldeas. Antes de partir reuní a los jóvenes que habían consentido y estaban deseosos de ayudarme.
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Igual te resuena e igual no te resuena la verdad de alguien o el mensaje de alguien, está perfecto lo importante es el mensaje y no el mensajero....y repitiendo si te resuena tómalo si no déjalo pasar... no es para ti... mas también justo es a esto que se nos invita a no tener ningún ídolo, ningún Avatar, nadie a quien seguir... solo sigue tu propio corazón… justo de esto habla de los falsos profetas marcando a alguien en particular... pues todos somos maestros y alumnos a la vez y no en si el vehículo llamado cuerpo, y no la personalidad, sino el mensaje que llega a través nuestro o a través de los otros.
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