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miércoles, 29 de junio de 2016

Los milagros y los pensamientos siempre van de la mano. (Francesco)



Los milagros y los pensamientos siempre van de la mano.

Los milagros y los pensamientos siempre van de la mano. Uno atrae al otro.

Milagros acción a los que los humanos no se acostumbran, lo pronuncian descreídos y como si el milagro sólo fuera un efecto asombroso y desconocido.
“Milagro”, palabra que tendría que ser tomada con la cotidianidad que tienen las palabras madre y padre. Anímate, busca tus milagros.
El Maestro del Tiempo.

Tan asombrada como la familia, Camila quedó paralizada. Los otros médicos que la estaban ayudando a asistir a Damián tampoco entendían nada. Todos sus síntomas parecían haber desaparecido. Entonces se acercó a su paciente y le entregó un regalo pequeño envuelto en un papel rústico. Estiró la mano, se lo entregó y abrazó efusivamente a su paciente preferido, sin siquiera pensar en su cuerpo debilitado.

Ella le miró los ojos y las mejillas, quedó admirada de los buenos colores que reflejaba la cara de Damián.

Ella se quedó junto a su familia conversando con él hasta que sus seres queridos salieron a tomar un café, seguramente para reponerse de tanta emoción.

Camila estaba feliz y se alegraba de verlo tan repuesto,

—¡Hola Docl —dijo el muchacho.

—¡Hola Damián! Se te ve muy bien. Yo debo estar muy ojerosa, he viajado muchísimas horas y casi no descansé. Te he traído algo. Quiero que rompas el papel, dicen que trae suerte.

—Guau, qué bonito. ¿Es de madera?

—Sí, es de madera de Sándalo. Dicen que los adornos tallados con esta madera están repletos de bendiciones.

—¡Ah, me hubieras traído uno más grande entonces!

—No digas eso, porque la próxima vez me acompañarás y elegirás el que más quieras.

—Sabes, quisiera que este último tramo pase volando. Estoy cansado de tanto aburrimiento y quiero irme a mi casa.

—Dime, Damián, ¿no crees que no hay nada más lindo que dormir en tu propia cama? Te lo comento ya que pude estar en los mejores hoteles, en las mejores casas con la gente más linda, pero uno no tiene su casa, su cama, su baño. Me imagino lo que debe ser estar tanto tiempo internado.

—Sabes, a todo te acostumbras. Primero te enojas, luego lloras, después te aguantas, y después ves este lugar como tu propia casa. No puedo salir corriendo y escaparme de mi propio cuerpo. Así que lo único que me queda es esperar. Sabes, todos los que vinieron a verme me dijeron "te vemos bien, ya saldrás, te repondrás pronto". Solamente mi abuela fue la más sabia de todas las visitas, me dijo tocándome los labios: hijo, debes tener paciencia, paz más ciencia. Y esas palabras que nunca nadie me había dicho me sirvieron para acostumbrarme y no desesperarme.

—Es que cuando eres pariente de un enfermo, no sabes qué decirle para darle ánimo y terminas fingiendo sonrisas y hasta contándole tus propios problemas para que el otro no se sienta solo en las desgracias.

—Sí. Ja, ja, ja, ja. Tienes razón, algunos quieren que yo les dé ánimo. ¿Y qué crees? ¡Se los doy! Entonces salen reconfortados porque me ven bien y además se sienten mejor. ¿Qué te parece, no es increíble? ¡El muerto se ríe del degollado!

—¿Qué sientes? ¿Qué te está pasando? ¿Por qué estás subiendo el tono de tu voz, te estás poniendo pálido, te sientes bien?

—No lo sé, desde que me enfermé nunca me he sentido totalmente bien. Sólo algunas horas, nunca días entero, hasta llegué a tener envidia de los demás que estaban sanos. Mis preguntas eran: ¿por qué yo?, ¿por qué a mí? Ya sé que dirás que tengo que preguntar ¿para qué? También pensé la respuesta y será para ser mejor todos los días. Sin embargo, yo me considero de muy buen corazón y si fuera así, los malos estarían todos muñéndose.

No te niego que a veces he sentido rencor por alguna tontería de la vida, me pude haber enojado con la vida en algún momento, eso casi no lo recuerdo. De lo que estoy seguro es de que ahora sí la vida se enojó conmigo.

¿Qué te parece si cambiamos de tema? ¿Cómo te ha ido a ti en tus vacaciones?

—Fue hermoso. Yo siempre digo que lo que es perfecto no se puede describir con palabras. Todavía es muy sutil mi experiencia, me siento muy movilizada por todo lo sucedido. Sólo se puedo decir que en la India se respira amor.

Me hubiera gustado haberme quedado más tiempo pero no me fue posible. Tuve la buena suerte de que me acompañara una buena amiga. Quizá sola no me hubiera atrevido a ir.

—¿Y qué más?

—Te contaré luego, ahora déjame tomarte unas muestras de sangre.

Damián estiró el brazo mientras miraba a Camila y observó un brillo especial en la mirada de ella. Se expresó con mucho amor y confianza y sin timidez le preguntó:

—¿Te has enamorado de tu gurú?

—No, nada que ver. Puede ser que me haya ayudado. Él recibió una carta en la cual también pedía por ti.

—Y ¿Qué te dijo?

—Nada, no dijo absolutamente nada. Pero pude sentir que me hablaba con sus ojos, realmente es un placer haber estado en ese lugar.

—Dime, Camila, además de las charlas silenciosas con tu gurú, ¿Qué otras experiencias has tenido?

—Pude ir de compras, hacer dos o tres excursiones, hablar con la gente. Conocí otra cultura y otra religión, todo esto es maravilloso y enriquecedor.

También conocí a un hombre en un aeropuerto que me encantó. Es comisario de abordo. En el primer golpe de vista creí que lo había conocido en alguna otra parte, pero luego traté de quitarme esa idea de la cabeza. Me llamó muchísimo la atención su mirada, el brillo que despedía. La verdad, Damián, creo que me enamoré.

—¿Y estás de novia?

—¡No! ¿Qué crees?, ni siquiera nos dimos los teléfonos.

—Me parece que tendrás que volver a ver a tu gurú. Pídele un conjuro con alguna fórmula que te despierte un poco. ¿Por qué no le preguntaste cuál era su teléfono?

—No, nunca hubiera hecho eso.

—¿No te arrepientes?

—¡Claro que sí!

—Entonces eres una tonta. Quizás alguna vez vuelvas a encontrártelo.

—Quizás.

Y Camila suspiró. Damián captó al instante el suspiro y suspiró él también como un modo de acompañarla en la conversación.

—Hablando de encuentros, ¿a que no te imaginas quién me estuvo visitando todas estas tardes? Es un joven delgado, rubio, que cuando entraba a mi habitación lo hacía traspasando el tragaluz de la ventana.

Yo creo que es Dios.

—Me parece que la fiebre está distorsionando la realidad, y además, si viniera a visitarte tu Dios, tendría que ser Buda. Tú me has contado que perteneces a esa religión, —le dijo Camila mientras le arreglaba las almohadas.

—Bueno, a Buda no se parece.

—Te quiero decir que tuve ese tipo de visita y cuando atravesaba la ventana del tragaluz, él se aparecía en la habitación y esta se iluminaba. Entonces, me miraba y me preguntaba: ¿Estás preparado para partir?

Yo interpretaba que él me querría decir que me tenía que ir, pero a mi me daba miedo y le respondía que todavía no estaba Preparado. Entonces hacía una señal con su mano y del centro de su palma salía una aroma muy fuerte a azahares. Eso me daba paz.

Mientras mi Alma saltaba de alegría. Yo tiemblo de frío cuando él está frente a mí, siento que se me hiela la sangre y comienzo a castañetear los dientes.

—¿Te hago una pregunta?, puedes no responder si así lo deseas. ¿El te visitó hoy?

—Sí, apenas llegaste él se acababa de ir por la misma ventana. ¿Por qué lo preguntas?

—Porque sentí el perfume del que hablas en la habitación. Creí que te habían traído flores pero no las vi. Luego pensé que era el perfume de alguna niña bonita que te había venido a visitar.

—Hoy no vinieron más que amigos y además mis amigas no huelen a azahares.

—Tienes razón, no dudes que te creo, sólo que no es común lo que me cuentas. Y lo que no es común es raro, y lo raro es único. Explícame un poco, ¿Alguien más lo vio entrar?

—El jamás entró cuando me encontraba acompañado. Pero, ¿sabes una cosa? Hoy me dijo que me decidiera pronto porque no me quedaban demasiadas alternativas para elegir. Y mientras atravesaba la ventana seguí con la mirada los destellos que despedía su Luz, lo llamé y él se volvió hacia mí. Luego le dije que tenía mucho miedo de marcharme y a la vez tenía la certeza de que irme con él era la mejor opción para mi.

Dijo que a las dieciocho horas vendría a buscarme, que me preparara, que tenía escrito en el libro de mi vida con quién estaré en el último suspiro y que había elegido estar muy bien acompañado.

—¿Te puedo pedir un favor? Dile que es injusto que te vayas tan joven.

—Pero yo ya se lo dije y parece que no quiso responder. Sólo dijo: yo sé muy bien lo que es mejor para ti.

—Pero mira tu reloj —le dijo Camila a Damián—. ¿Qué tienes?

—¡Las dieciocho treinta! ¡Qué gusto me da darme cuenta de que las dieciocho ya pasaron!

Y de pronto sus padres, que regresaban de la capilla del hospital, se acababan de enterar de lo mal que se había puesto su hijo v de su pronta y milagrosa recuperación:

—¿Qué ha pasado, Damián? —le preguntó el papá, maravillosamente sorprendido.

—Nada papi, me siento muy bien, siento que me he sanado.

En ese instante los médicos se miraron y sintieron una inmensa emoción. ¡Por fin se hacían presentes los milagros en el hospital! Claro que para la medicina los milagros no entran dentro de la ciencia. Uno más uno no es dos, así que lo que no tiene explicación quizás sea algo que la medicina todavía no puede hoy por hoy descubrir.

Camila quedó con la boca abierta y lloraba de la emoción.

No dejaba de agradecerle a Dios y a sus guías semejante fenómeno.

—Parece que te dejaron plantado —le dijo al oído a Damián y guiñándole un ojo le comentó —, después hablaremos. Te dejo con tu familia.

Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"
 

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Vive los milagros con fe. (Francesco)


Vive los milagros con fe.


Podríamos definir la vida como un parque de diversiones. Muchas veces anhelas subirte a un juego pero te da miedo.

Otras te quedas mirando cómo los demás se divierten. Un parque de diversiones tiene la particularidad de nunca parecerte igual.

Nada que le ocurra al otro será igual a lo que te pueda ocurrir a ti.

Camila entró a la cocina del hospital, exaltada, contando con pasión cómo había vuelto a la vida mágicamente el muchacho.

—Sólo necesitamos terminar algunos estudios para confirmar que ya está sanado.

—¿Y tú, Camila, qué crees que lo ha sanado?, —le preguntó una enfermera, compañera del hospital—. Todavía no están listos todos los resultados, ¿qué te hace pensar tan positivamente?

—No lo sé, quizás sea un presentimiento. Hoy pude ver cómo le había cambiado el semblante. Y además cuando me vio lo primero que me dijo fue "¡ya me curé!".

La enfermera gorda del hospital preparó dos cafés, le invitó a Camila y, mientras la miraba con mucha pena, le dijo:

—Es hora de que dejes de hacerte ilusiones, las desilusiones pesan cuando se caen.

—¡Ahora la negativa eres tú!

—Deja que te muestre en estos días sus estudios y haré que la Fe se te instale en el corazón como un sello grabado a fuego.

—¿Y cuánto crees que puede ser de importante mi Fe para ti?

—¿Por qué quieres ayudar a tanta gente?

—¿Qué culpa quieres pagar dando todo lo que tienes adentro?

—Sabes, no creo en eso de que uno da porque se siente culpable. Si de algo estoy segura es de que uno tiene que dar sin esperar nada.

—Dime, querida compañera, ¿Qué pasaría si en vez de enfermarte como le pasó a Damián a ti te llamara por teléfono la vida?

—Qué ocurrencias tienes. Me haces reír. Ji, ji, ji. Te diré, le diría que me dejara en paz, que me dejara de traer problemas.

—Ah, entonces no tienes que hablar con la vida sino con la muerte, porque en el único lugar donde no hay problemas es en el cementerio.

—Sabes, soy pobre, trabajo más de catorce horas, mis hijos están la mayoría del tiempo solos y apenas gano para darles de comer. ¿Tú crees que puedo ser agradecida?

—¡Tus hijos están sanos! Nadie que se va de aquí se lleva algo material, ni siquiera te llevarás un diez por ciento de tu sueldo, así que también puedes elegir no trabajar, mendigar o robar.

—No, ¡Eso nunca!

—Entonces no te quejes, porque vives de acuerdo a tus valores y eso está muy bien.

Eres rica en valores morales y no hablo de esa moralidad tiene que ver con hacer juicios, sino de la que tiene que ver con el amor.

—Mira, Camila, ¡tú sí que eres especial! Eres tan positiva que ni te imaginas cuánto te admiro.

—Bueno no me admires tanto, también tengo mis momentos no tan buenos y lo que aprendí es a hacerlos durar menos tiempo y hacer más extenso los tiempos de los buenos momentos.

En India aprendí un ritual para que crezca dentro de cada persona todo lo positivo, para que tengas montañas de logros y sabiduría.

Por favor, respira profundo y lleva el aire a la parte superior del pecho, exhala, empieza a recordar los momentos buenos que hay en tu corazón, esos momentos de amor, de alegría y de regocijo. Mira por dentro con los ojos del Alma cada sensación positiva, haz de cuenta que estás mirando una película pero ésta es la tuya. Mira qué colores predominan en la pantalla que estás mirando. Si escuchas sonidos, o voces, fíjate qué temperatura sientes, que hay en esa escena, qué sensaciones recorren tu cuerpo. Ahora transforma en colores toda la sangre que recorre tu cuerpo, colores que juegan, que van y vienen por todo tu cuerpo. Ahora cierra un puño de cualquier mano y dice tres veces la frase, “voy por más…”, repite… “¡voy por más!”. Cada vez que te suceda algo digno de recordar, diciéndote estas palabras te sentirás espléndida y esta frase te funcionará como el abracadabra de los magos.

Y pasaron los días y a Damián le dieron el alta en el hospital, —No existe ninguna enfermedad en tu cuerpo, ¡Es un milagro! Pero cuídate, tienes que venir a controlarte al principio cada meses y luego cada año.

Y Damián contestó:

—¿Tu quieres que sienta que tengo una bomba de tiempo en el cuerpo?

La doctora jefa de la sección lo miró a los ojos y le tomó la mano helada. Luego le dijo:

—¡No! Esa es la interpretación de muchos, sólo que es bueno cuidarse y no temerle a los estudios. Todo estará bien.

—Gracias, Doc, ¿No sabe dónde se encuentra Camila?

—Hoy no la he visto, es su día libre, pero si deseas te pasaré su celular. Aprovecha tu libertad, querido, te voy a extrañar y eso me alegra. No quiero volver a verte salvo para esos estudios de los que te hablé.

Damián se fue repleto de bendiciones, poco a poco retomará su ritmo, volverá a la facultad y hasta podrá practicar su deporte preferido. Sólo era necesario dejar que los días pasen un poco más para que el muchacho recupere kilos y fuerzas.

Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"
 

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Francesco (Eres lo que dices. Creas lo que te dices.)


Francesco
Eres lo que dices. Creas lo que te dices.


Ahora es atardecer en el Cielo, los colores amarillos y anaranjados definen todo el firmamento. En el cuarto Cielo existe un hermoso mar que representa el poder de la verdad, en esas aguas mansas y cálidas siempre hay enormes cruceros repletos de globos de colores. Esos colores que sólo existen en el Cielo. En ese mar navegan los barcos que representan las verdades que construye cada persona. Cada persona que en la Tierra dice una de las verdades transforma en Luz esa, energía. Y esa Luz forma un globo de color y éstos vienen a pasear por el mar. Luego caen como gotas de rocío sobre el cuerpo de las personas. Por eso cuando se dice la verdad muchos sienten que se sacaron un peso de encima. Pero luego con estos globos como bendiciones, la gente se siente reconfortada. Claro que la verdad casi nunca es linda… pero qué bien hace. La verdad te hace libre siempre.


Y este lugar de verdades me hace recordar un cuento que me regaló un espíritu que acaba de volver a nacer.

—¿Quieres que te lo cuente? —dijo el Maestro del Estrés al Maestro del Tiempo.

Claro que si, sabes que los cuentos me relajan —dijo el Maestro riéndose.

—Había una vez un hombre que caminaba por un bosque.

Mientras iba caminando encontró una mujer muy fea, tan fea que hasta se asustó al verla. Ella estaba sentada y cuando el hombre pasó por su lado ella le pidió que extendiera la mano y el hombre lo hizo, aunque realmente le seguía impresionando su apariencia ¿Quién eres?, le preguntó el peregrino a la mujer.

Soy la verdad, pero te pido un favor, no cuentes que soy tan fea.

—¿Me escuchaste? —dijo el Maestro que acababa de citar el cuento—, parece que no me prestaste atención. Dime la verdad.

—¿De que verdad hablas?

—¡No me escuchaste!

—Si sabes que nosotros no necesitamos escuchar, sólo que ese cuento ya lo sabía.

—No podrías haber disimulado, aunque sea haber hecho como si estuvieras interesado en la historia o hubieras hecho vibrar la Luz de tu cuerpo etérico. Entonces yo hubiera creído que me estabas prestando atención y entonces no me sentiría tan tonto hablando solo.

—Bueno, no te enojes conmigo, me temo que tenías razón con el cuento, la verdad realmente es fea. Ahora me pides que te mienta, pero no lo haré, ¿sabes por qué? Porque al final la verdad resulta hermosa cuando te llega el momento de verla, sólo que debemos estar preparados para que cuando se haga notar en vez de asustarnos y salir corriendo la admiraremos.

La verdad es bonita por donde la mires.

Sólo que no es tonta.

—A ver —dijo el Maestro del Tiempo—, déjame ver qué es ese libro negro que tienes entre tus alas.

—Ah… es el libro donde anoto a todas las personas que se estresan. Pero eso es un trabajo imposible de hacer.

—¿Tú crees? Para mí no es tan difícil.

—Cómo que no, si la mayoría de las personas están estresadas.

—Cuando haces a un lado las nubes para ver el mundo, no creas todo lo que ves.

Las personas aprendieron la palabra estrés y no dejan de repetirla como si fuera un mantra y la alaban como si fueran las palabras mágicas para disculparse de todo olvido o desatención con el otro. Para todo la usan, para no responsabilizarse de una situación, para terminar con una pareja, para no estudiar, para enfermarse.

Yo no escribo tanto en mi libro, así que verdaderamente enfermos de estrés no tengo tantos.

Los que tú crees que están enfermos de estrés, están enfermos de otra enfermedad.

La enfermedad de la actitud desgastante.

Una actitud temerosa ante la vida.

Para no tener estrés, deberían olvidar la palabra. Cuanto más la repitan, más la sentirán en el cuerpo.

Aquí estamos haciendo un nuevo diccionario para que en algún momento en la Tierra ese diccionario se utilice y dé mejores resultados.

—Pero, Maestro, ¿No es al revés?, tiene estrés el que más trabaja.

—No, querido amigo, te vuelvo a repetir: tiene más estrés el que se dice una y otra vez que lo tiene.

El verdadero estrés no existe.

Sólo inventan palabras. A algunas les dan más poder que a otras, ellos necesitan bautizar todo lo que inventan.

Ya se les ocurrirá algo más para que vivan entretenidos.

De pronto el Ángel Cupido apareció muy exaltado y contento, se le acercó al Maestro del Estrés y le dijo:

—¡Mira lo que traje! Encontré el Libro de la Vida de Rosario. ¿Recuerdan que me lo habían pedido? Pude leer que ahora sus padres la llaman Camila.

—¡Excelente! Por la tarde, cuando me detenga a descansar, lo veré; espero que sea interesante. Ella es ahora una persona muy amada por su Ángel y por el Ángel que tenía Francesco. Bueno, él ahora se llama Agustín. Déjame contarte algo. Claro, de vez en cuando su color con él la identifica, desde ahí la puedo ver. El color de su Alma me ayuda a identificarla entre tanta gente, a veces su Luz se vuelve muy brillante. Eso significa que está bien conectada con el Cielo, aunque la mayoría de las veces su Luz se apaga y la vuelvo a perder. Tengo la sensación que no está cumpliendo con su tarea y eso es una verdadera pena.

—¡Eso crees! Sin embargo tiene muchísima Luz. Mira, ahí está. ¿Es ella, verdad?

Sin embargo que esté rara no significa que no este haciendo su parte.

—Abreme su libro, ¡Lo quiero leer!



Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"

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Francesco La hora de la amistad




Francesco
La hora de la amistad


Miraste el reloj y viste las manecillas en las once y once. ¿Dé qué te extrañas?

Ésa es la hora en la que apuntamos tus pedidos. ¿Y qué son ustedes cuando aman?

Las personas que se aman, las que se cuidan, los padres e hijos, las parejas, los Maestros y los alumnos, ¡no son todos íntimamente amigos!



Mientras tanto, en el aire del Cielo hay un clima un poco extraño. La madre naturaleza está pidiendo una reunión de almas. Pide ayuda para que socorran a las personas que sufrirán un terremoto en Centroamérica en el término de quince días.

Un espíritu muy nuevecillo que flotaba por las nubes escuchó el tema de la reunión, entonces fue llorando entre una nube y otra hasta que encontró a su Ángel.

Ahí estaba su Ángel descansando panza arriba. Se acercó a él, y le quito la corona que llevaba en la cabeza con un soplido.

—Hola Ángel, te veo muy interesado en el libro que estás leyendo. ¿Puedo saber de qué se trata?

—Si, son los códigos del Cielo y tú ya sabes, las leyes perfectas, el mundo perfecto, sin embargo en estos últimos tiempos algunas leyes cambiaron. Por ejemplo, el Ángel de Rosario pidió irse con el Alma de Francesco, el que ahora se llama Agustín. Y Pancho, el Ángel de Francesco, pidió irse con el Ángel de Rosario.

Cuando un Alma nace los Ángeles salen de su ciudad celestial y van a acompañar todas sus vidas a esa misma persona.

El Ángel y el Alma no cambian, sólo cambian lo cuerpos.

Lo curioso es que estos Ángeles muy disimuladamente se han cruzado de persona.

—¿Salvo que…? — y pensó unos segundos antes de continuar hablando, y se refrescó bajo una nube de lluvia, al volver terminó diciendo—: …salvo que sean Almas Gemelas. Según nuestro código sagrado, ellas son las únicas que pueden intercambiar sus Ángeles de la Guarda.

—¿Tú crees que es posible que sean Almas Gemelas?

—¿Y por qué no?

—Bueno, todo puede ser. Yo a Agustín lo identifico por su color energético, muchas veces su Luz es muy brillante y otras veces se apaga a tal punto que lo pierdo de vista.

—¿Qué estás haciendo? —le dijo el Ángel a un espíritu ansioso que acababa de volver de visitar a su familia en un sueño.

—Hola angelito de la guarda. ¿Serías capaz de responderme un par de preguntas?

Y el Ángel le respondió con su voz de tono grave:

—Seguro que sí.

—Escuché que la madre naturaleza tendría una reunión porque no hay equilibrio en ella. Los vientos hablan de un gran terremoto en el centro del continente americano, otro continente tendrá dos países en guerra.

—¡Cálmate, querido espíritu, mente inquieta! ¿Por qué te sobresaltas? Parece que estás pasando las noticias de los diarios, porque te asombras? ¿Tú no viviste ese tipo de desgracias, no las escuchaste mientras vivías?

—Yo si las he escuchado, y no entiendo por qué si la naturaleza es orden hay tanto caos.

—Escucha, seré muy didáctico al explicarte. La madre naturaleza fue creada por Dios, es el canal por el cual Dios actúa. Es tan perfecta como lo es él, rige el amor y el equilibrio. Ella representa la parte femenina de Dios.

No tiene límites su inmensidad, no tiene límites su diversidad en paisajes, flora, fauna, piedras, colores. Poder observarla no tiene precio. Cualquier persona se siente totalmente chiquita al lado de ella. Pero cuando el hombre la invade, cuando no cuida su medio ambiente, ella no hace más que quejarse y mostrar su desacuerdo ante tanto ensañamiento con ella.

La madre naturaleza tiene sus ayudantes, son los elementales, duendes, silfos, salamandras, etcétera.

Las personas pueden invocar a los elementales cuando necesitan conectarse con ella.

Hay algo que tú ya sabes: así como existe el bien existe el mal.

Los elementales buenos nos cuidan pero los elementales de la oscuridad muchas veces se apoderan de esta fuerza y tratan de destruir con furia y con ensañamiento a la Madre Tierra. Es en esos Segundos donde se hacen estragos y ese lado oscuro se hace presente en la vida. Nuevamente aparece el amor de la madre naturaleza y entonces vuelve la calma, regresa el orden, comienza a salir el sol y de nuevo se vuelve a empezar. Y aunque en esos instantes ya estén partiendo algunas almas, ellas van subiendo de plano sobreponiéndose al susto de fallecer tan repentinamente y luego quedan felizmente viviendo en el lugar más bonito del Cielo.

Ahora tienen de Misión ayudar a los elementales de la naturaleza y rescatar así a los que se encuentran en el medio de los desastres.

—Y ahora, con tantas catástrofes, ¿mandaron ayudas?

—¡Claro que si! Nosotros no perdemos nada de vista, aunque la gente a veces después de estas experiencias se vuelvan descreídas, pierdan la Fe. Aquí en el Cielo llegan muchísimos libros sagrados tirados a la basura.

Pero nosotros tenemos Ángeles recolectores de textos sagrados, medallas, flores, regalos y cosas que tiran las personas cuando su espíritu pierde la paz.

Nosotros tenemos un baúl repleto de cosas.

Esas cosas son las que cada persona creyó haber perdido sin explicación lógica.

—¿Y para que guardan todos esos baúles si lo material no tiene ninguna importancia aquí arriba?

—Lo material no, pero los afectos sí. Los apegos para ellos fueron importantes, todo lo que pierden y no saben dónde está es porque nosotros lo tomamos prestado para tener una guía de esa persona, porque esas personas son elegidas para cumplir misiones especiales,

—Ahora entiendo por qué a Camila cuando era niña le hicimos una travesura. Le quitamos de su clóset a su muñeco preferido, el que ella usaba para disfrazarlo de hijo. Una noche lo dejo castigado encerrado y nosotros lo desmaterializamos, lo trajimos a la ciudad de los recuerdos y entonces ella se levantó y abrió su closet. ¡Imagínate el susto de la niña cuando lo fue a buscar y no lo encontró! La puerta estaba todavía con la misma llave cerrada y el bebé de juguete no estaba.

Nadie pudo entender qué pasó. Quedó como una anécdota sin explicaciones en su familia.

De aquí le mandamos muchos muñecos más pero no pudimos conseguir ninguno más bonito que el de ella, porque ése tenía su energía, su amor. Ella lo había acunado casi todos los días.

De pronto el Maestro, que terminaba la conversación decidió irse flotando por el cálido aire del cielo.

Y el Maestro del Estrés decidió acompañarlo a dar el paseo, pero al verlo pensativo le preguntó:

—Maestro, dime, ¿qué te quedaste pensando?

—Que no es tarea fácil cuando elegimos un ser para que sea nuestro misionero, y aun más difícil todavía cuando en vez de quitarles un juguete les quitamos un ser querido.

Sería tan interesante que ellos supieran con claridad su Misión para que les fuera más fácil entender la vida.

Porque quien es consiente de que puede comprometerse con este camino sabe que se involucra a una vida maravillosamente espiritual y rica, llena de amor y de paz, pero que no va a dejar de ver el dolor y el sufrimiento de los que todavía no entienden el valor de la vida.

—Y el que no está en un camino espiritual, ¿No es digno de vivir bien? ¿No entrará al cielo? ¿A dónde irá a parar?

—¡Oh, mira si eres ingenuo! Dónde irán a parar los demás que no son como uno. ¿Te imaginas un Cielo machista como la Tierra, o un Cielo solamente con gente de un solo color? No entrarían en el Cielo, tantos cielos.

Así que, espíritu inquieto, deja de preocuparte y ocúpate.

Anótate como ejército de salvación en catástrofes. Habrá varios niños que quedarán atrapados entre los escombros de una torre que se derrumbará, tómalos en sus brazos para que no caigan fuerte al suelo. Hay otro niño que dice su Ángel que no le da respiro. Pídele más información sobre ese niño índigo que desea estar todo el tiempo llamando la atención de su familia. Apúrate, debes llegar a tiempo. Abre tus alas y transfórmate en un haz de Luz para que puedas atravesar las nubes que están más densas. ¿Sabes distinguirlas cuando el Cielo anuncia un terremoto?

—¡No! No lo sé.

Mira las nubes entrecortadas, parece que forman un cuaderno con renglones sin dejar espacio alguno.

Eso es una señal que la madre naturaleza le da a las personas para avisarles que habrá una tempestad o un terremoto. Pero las grandes catástrofes nunca vienen con aviso previo.

Ellos hoy tienen máquinas, que según dicen no pueden fallarles, estudian los planetas, y las condiciones del tiempo. Sin embargo fes fallan y quedan sorprendidos ante la fatalidad.

Quienes colocan bombas, hacen guerras, provocan caos, nunca avisan, porque la maldad no se hace ver como maldad, la maldad es obvia, para que puedas caer en ella se disfraza de astucia.

La madre naturaleza siempre nos ama, por eso responde a la gente que la cuida con amor. Este sentimiento es recíproco en todos los órdenes de la vida.

Los hombres necesitan acercarse a ella si desean tener una vida sana y larga.

Las personas están contentas porque creen que han alargado su vida, porque viven más tiempo, pero si quieren sentirse bien, van a tener que salir a caminar entre árboles, bosques, arroyos o jardines de flores. Y si no les es posible hacerlo, entonces solamente les bastará con imaginar un paisaje.

—Están tocando las campanas de cristal, esto nos dice que hay que partir. Vamos, cada uno a su Misión.

— ¿Que hora es en la tierra?

—Pregúntame mejor, en qué lugar de la Tierra son las once y once. ¿Sabes por qué te lo pregunto?

—Si, ya lo sé.

Es la hora en que apuntamos los pedidos y los agradecimientos de todas las personas que se acuerdan que hay un Cielo que los sostiene.

Y cuando en cada país es esa hora, nosotros festejamos la hora de la amistad, donde los amigos por más lejos que estén pueden pensarse y atraerse con el corazón.

Muchas personas a esa hora se les ocurren casualmente por mirar el reloj.

—¡A mí, el ritual de la amistad me encanta! Es maravilloso sentir el calor que brinda la amistad en el Universo.

—Y los seres que se fueron y ocupan nuestro Cielo en esas horas, le tiran rosas de sus jardines a sus .seres queridos. Ése también es un bonito espectáculo.

—También hay otras tareas. Imagina que mucha gente se quedó enojada con quien partió y no supo que la otra persona se iba a morir y se quedó sin decirle cuánto la quería o sin que le pidiera perdón. En esos momentos ellos reciben esos pensamientos de perdón y de arrepentimiento y entonces se acercan a esa hora esas personas y ellos le limpian el campo áurico, en el espacio que rodea su piel, y como un rayo de Luz dorada recorren lodo su cuerpo dándole Luz y pidiéndole al Maestro del Olvido que dure el tiempo.

Este Maestro es el más sabio de todos los Maestros, es el que sana las heridas, nosotros le decimos en el Cielo que a él nadie lo quiere porque nadie quiere esperar nada. Toda vez que les digas que deban esperar a las personas les parece una eternidad, algunas personas viven en el mundo de la ansiedad.

Los espíritus que están elevándose con el Arcángel Gabriel de un plano a otro, están todos admirados por tanta inmensidad. Se siguen sintiendo pequeños en comparación de la naturaleza que se observa desde arriba, se ven los mares, los recortes geográficos, montañas y colores varios forman al redondo planeta, desde lejos se puede escuchar que ella emite un sonido particular.

—¿Qué es ese ruido tan agudo? —preguntó el espíritu de Florencia que pascaba por el Cielo.

—Es el sonido que emite la Tierra al girar sobre su eje. Cada planeta emite un sonido, el de la Tierra es el de la nota musical Si.

Todos los planetas forman diferentes notas, todas están en el Universo, por eso dicen que la música es el idioma universal y que todos formamos parte de una melodía perfecta. Cuando tú estabas con vida y decías la palabra sí, estabas haciendo sintonía con la Tierra. Si había algo que deseabas la Tierra vibraba junto contigo, y los dos conspiraban para que el Universo los escuchara y entonces lo que pedían llegaría.

—Entonces mientras nos elevamos lo que oímos es el sonido de la Vía láctea. Hasta estando en este estado nos sentimos inmensamente pequeños al lado de tanta inmensidad.

—Es hermoso. ¿Todo esto es el Paraíso?

—Esto es sólo una parte —dijo el Arcángel—, las personas de la Tierra tienen lugares que son verdaderos paraísos.

El Arcángel siguió con su ala a la cual iba elevando cada tanto, mostrando por los agujeros que debían pasar entre las nubes las almas que se elevaban para ascender de planos. Alzando su voz de espíritu dijo:

—Muchas personas saben leer el Cielo. ¿Sabes cómo se hace? Cada lugar en donde ves nubes blancas que forman un círculo en forma de espiral muestra el camino por el cual las almas van ascendiendo. Ellas siempre me tienen a mí para que las guie.

Una de las almas pregunto algo que tenía en su campo mental:

—Una vez en una reunión de amigos ellos comentaron que el día que muñera tendrían que colocarme en una mano una vela para alumbrar mi camino y en la otra una rama con espinas para espantar los malos espíritus. Ahora me río porque todo eso era mentira, porque no he visto ningún infierno, no he sentido miedo ni ningún tipo de espanto. ¿Por qué no he visto nada que me haya asustado?

—¡Eso es parte del folklore humano! —dijo Gabriel muy seriamente—. Miren hacia atrás, ahí esta el Arcángel Miguel custodiando el camino. El nos limpia de las energías que no nos corresponden.

Pero si quieres preguntar si no hay forma de encontrarse con espíritus molestos, te diré que cada uno encuentra en este camino lo que se imagina encontrar.

Si mientras vivías le temías a la envidia y a la traición, lo más posible es que la atrajeras y la tuvieras como una amenaza permanente sobre tu nuca.

—¿Por qué sobre tu nuca y no sobre tus hombros?

—Porque la energía negativa, la que desgasta tu campo áurico, se encuentra en la segunda vértebra debajo de tu cabeza

Y cambiando de tema el Maestro preguntó:

—¿Cómo se sienten? Observen que ahí viene una ráfaga de viento fuerte, déjense llevar por él, cuando éste pase volverán a estar juntos.

Y el viento se hizo presente.

—¡Qué maravilla! —gritaron los espíritus—. ¡Qué tal si bailamos un rock con la música que emite el viento furioso que hoy nos hace bambolearnos tanto!

—Claro que sí, ¡bailemos! Mira cómo el viento me hace girar y a girarse ha dicho. A que te pongas espíritu abajo espíritu arriba, ¡esto es súper divertido!

¡Ahí viene una nube de agua y otra más!, vayamos bajo las nubes de agua para refrescarnos. Mira qué linda es la lluvia desde aquí. ¡No necesitas paraguas!

—Mira lo que dices, si llevaras paraguas parecerías Mary Poppins.

—¡Uy, mira, viene un avión! Nunca había visto un avión desde el Cielo. ¡Parece mentira que vuelen con tanto peso encima!

Sabes, cuando yo vivía y viajaba en avión le hablaba tu Dios porque creía que estaba mas cerca de él. Entonces estaba más seguro de que él me escucharía como si le estuviera hablando al oído.

—¡Qué grande tu imaginación! Mira si Dios escuchara sólo los ruegos de los que viajan por el aire.

Vamos, sigamos ascendiendo, tenemos que llegar en el momento en que las compuertas del sexto Cielo se encuentren a punto de cerrar. Los ancianos que cuidan ese lugar son muy estrictos, no quieren que falte el orden.

Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"
 

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