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jueves, 28 de julio de 2016

El Sermón de la Montaña CRISTO (6)


Cristo
El Sermón de la Montaña (6)


- Aspira primero al Reino de Dios

15. “Por esto os digo: no os inquietéis por vuestra vida, sobre qué comeréis y beberéis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? ¿Y de qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?

16. “Mirad las aves del cielo: no siembran ni cose­chan, ni almacenan en graneros y, sin embargo, vues­tro Padre celestial las alimenta. ¿No estáis vosotros mucho más cobijados que ellas? ¿Quién podría entre vosotros añadir a su estatura un solo codo, si lo quisie­ra? ¿Y por qué os preocupáis tanto por vuestras vesti­duras? Mirad los lirios en el campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan. Y en cambio os digo que Salomón, en todo su esplendor y gloria, no estaba tan bien ataviado como ellos.

17. “Pues, si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así viste, ¿no os vestirá mucho más a vosotros, oh hombres de poca fe?

18. “No os preocupéis pues, preguntándoos: ¿qué comeremos, qué beberemos o qué vestiremos? (Como hacen los paganos). Pues vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todo eso. Aspirad primero al Reino de Dios y a Su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. No os inquietéis, pues, por el mal de mañana; basta con que cada día tenga sus propios males”. (Cap. 26, 15-18)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Quien se preocupa por su vida personal, por su bien por lo que por ejemplo comerá o beberá mañana o con qué tendrá para vestirse, es un mal planificador, pues de este modo sólo está pensando en sí mismo, en su propio bien y en lo que posee. 

Con ello también esta planificando, a la vez, su dolor y su pena.

Quien en cambio cumple la voluntad de Dios, es un buen planificador. Planificará tanto sus días como su futuro. Pero sabe que sus planes sólo son proyectos que reposan en las manos de Dios.

El pone su planificación en las manos de Dios, traba­ja con las fuerzas de Dios y se deja conducir también en los acontecimientos diarios por Dios, porque sabe que Dios es el Espíritu omnisapiente y la riqueza de su alma. 

Quien se confíe a Dios, ponga su diario quehacer en la luz de Dios y cumpla la ley “ora y trabaja”, reci­birá la justa recompensa. Poseerá todo lo que necesite.

Si Dios, el Eterno, adorna a la naturaleza y viste a los lirios del campo, ¡cuánto más alimentará y vestirá al hijo Suyo que cumpla Su voluntad! Por tanto, no os preocupéis por el mañana, sino planificad y entregad vuestro plan a la voluntad de Dios y Dios, que conoce vuestro plan, os concederá lo que sea bueno para voso­tros.

Daré un ejemplo: un buen arquitecto planificará concienzudamente la casa, teniendo en cuenta todos sus detalles. Cuando haya terminado su plan, lo repasará una vez más y se lo presentará al constructor para su examen. 

Si éste está de acuerdo con el plan, los obreros trabajarán según el plan. El arquitecto y el constructor supervisarán la ejecución y sólo intervendrán cuando algo no corresponda a la planificación.

De forma similar deberíais hacer en vuestra vida: ¡planificad cada día, y planificad bien! Concedeos también tiempo para horas de reflexión y recogimiento, en las que encontréis la tranquilidad interna y podáis repensar una y otra vez vuestra vida y vuestra planifi­cación. 

Una planificación diaria concienzuda, que haya sido entregada a la voluntad de Dios, también la traspa­sará Dios con Su voluntad. Quien lleva a cabo su plan de esta forma, no necesita preocuparse por el mañana. 
Su fe en la conducción de Dios son los pen­samientos positivos; de éstos resultan palabras positivas y un actuar legítimo. Pensamientos, palabras y actos positivos son las mejores herramientas, pues en ellos obra la voluntad de Dios. Esto significa que en cada pensamiento positivo, en cada palabra desinteresada y en cada gesto y acción desinteresados obra la voluntad de Dios, Su Espíritu. 
Dios dará al buen planificador todo lo que necesite, y más aún.

Sólo se preocupa por el mañana quien no se confía a Dios y deja pasar los días sin aprovecharlos. Quien vive al día y le echa la culpa a su prójimo cuando algunas cosas le salen mal, cuando está enfermo, cuando tiene hambre o cuando no puede adquirir lo necesario para la vida diaria ése no es un buen planificador. Es una persona miedosa, egocéntrica, que atrae lo que no desea y de lo cual tiene miedo. Quien no planifica las horas, días y meses con la ayuda de Dios, poniendo su planifi­cación y a sí mismo en la voluntad de Dios, no puede ser conducido por Dios. Sólo quien confía su tarea diaria a Dios y cumple concienzudamente el manda­miento “ora y trabaja”, puede ser conducido por Dios, siendo colmado por El está lleno de amor, sabiduría y fuerza. 

Esto significa que su recipiente, su vida, estará colmada de confianza y fe en Dios.

Los hombres que estén en el espíritu de Dios no sufrirán necesidades. Son buenos planificadores, son fuertes en la fe y trabajan con las fuerzas del Espíritu. Sólo el miedoso se fija en sí mismo, en su pequeño yo. Se preocupa por el mañana, porque no está arraigado en Dios y no cree en la sabiduría y en el amor de Dios. 

Con ello abre inconscientemente los graneros para los ladrones, que vendrán y le robarán; perderá lo que ha conquistado y acumulado para sí mismo.

De la mano de Dios reciben los hombres alimentos, cobijo y ropa. Quien pone su vida, su pensar y trabajar en las manos de Dios, no necesita preocuparse por el mañana. Poseerá lo que hoy, mañana y en el futuro necesite y más aún.

Por tanto, quien viva en el reino interno, no sufrirá necesidades en lo externo. Pero quien sea pobre en su interior, sufrirá necesidades en lo externo. 

Si hoy vive externalizado y acrecienta riquezas del mundo para sí mismo, guardándolas para sí, es pobre en su interior y, en otro vestido terrenal, sufrirá necesidades, es decir será pobre.

Por tanto, aspirad en primer lugar al Reino de Dios y a Su justicia, y os será dado por Dios todo lo que necesitéis y más aún. Mirad las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en sus graneros y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. “Mi­rad los lirios en el campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan”. 

La naturaleza, en su diversidad, está más bella­mente vestida que el más rico entre los ricos. Quien sólo piense en su bien y en sus graneros llenos, tendrá que ganarse el pan con el sudor de su frente, ya sea en esta forma de existencia terrenal, o en otra encarnación mientras esto aún sea posible.

Orar y trabajar correctamente significa trabajar para sí mismo y para el bien común. Comprended: los lirios del campo sí, toda la naturaleza están ahí para todos los hombres y se les regalan en la más grande diversi­dad. 

Quien pueda captarlo y apreciarlo, no tendrá que ganarse el pan con el sudor de su frente. Cumplirá la ley “ora y trabaja” para sí mismo y para su prójimo.

Y si está escrito, “...no trabajan ni hilan”, esto signi­fica: el hombre no debe sólo pensar en sí mismo y tra­bajar sólo para conseguir beneficios que únicamente son para sí mismo, para con ello adornarse y hacerse ver.

Comprended: todo lo que es, está amparado por Dios. Animales, árboles, plantas, hierbas y piedras están amparados por Dios. Están en la vida evolutiva, que es dirigida por el Dios creador eterno. Dado que toda vida procede de Dios, también los animales, los árboles, las plantas, las hierbas y las piedras sienten. Experimentan en sí la fuerza evolutiva del Creador, que los vivifica y que en el ciclo de los eones divinos los conduce a seguir desarrollándose. La fuerza creadora, el eterno SER, regala a los reinos de la naturaleza lo que necesitan. Los dones de la vida fluyen a las formas de vida en la medida en que están espiritualmente desa­rrolladas.

El Padre eterno tiene presente a cada hierbecita. ¡Cuánto más tendrá presentes el Eterno a Sus hijos, que ya han desarrollado en sí los peldaños evolutivos de los reinos mineral, vegetal y animal! Los hijos de Dios llevan en sí mismos el microcosmos proveniente del macrocosmos, y por consiguiente están en comunica­ción con todo el infinito.

¡Cuán pobre es el hombre que se preocupa por el mañana! El mismo muestra que no ha superado todavía el ayer, puesto que no puede vivir en el hoy, en el ahora, es decir en Dios.

El interior del hombre, el puro SER, es la esencia del infinito. Quien, siendo hombre, capte esto, mirará hacia el interior y desarrollará las leyes de la vida, de modo que pueda contemplar todo lo externo a la luz de la verdad.

Comprended: al hombre que piense y viva de forma omniabarcante es decir, sin límites, le servirá el infini­to. 

Los hombres que están en el espíritu del amor no se centran en sí mismos, sino que son conscientes de la totalidad. 
Están en comunicación constante con las fuerzas de Dios en todo lo que es. Lo que hacen, lo hacen desde el interior, con la fuerza del amor. Planifi­can y obran según el mandamiento “ora y trabaja”, y no desperdician los días. Saben del valor de los días, de las horas y minutos, y aprovechan el tiempo.

Así pues, quien en verdad vive, no se preocupa por el mañana; ya está recibiendo hoy lo que poseerá maña­na, pues quien viva en Dios, no sufrirá necesidades, ni hoy ni mañana. 

Pero quien permanezca en el temor y retenga sus bienes, mañana será pobre.

Sin embargo, quien se vea como un ser cósmico, que cumple la voluntad de Dios sin ponerle límites, alcan­zará sabiduría y fuerza. La vida de quien está lleno de amor y sabiduría, está traspasada por la fuerza de Dios. Nada le faltará. En cambio, quien se preocupe por el mañana y vea negro el futuro, atraerá el mal y cada día tendrá algo que le pese.

¡Por tanto, no penséis con temor en el mañana! Planificad con la fuerza de Dios y dejad que el Eterno obre a través de vosotros. Entonces vuestros pensa­mientos serán imanes positivos que a su vez atraerán lo positivo y constructivo; pues pensamientos, palabras y acciones son imanes que, a su vez, atraen cosas iguales o parecidas, análogas a su naturaleza.

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.
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El Sermón de la Montaña CRISTO (5)


Cristo
El Sermón de la Montaña (5)


- Encuentra en lo negativo lo positivo.

7. “Porque si perdonáis a otros hombres su culpa, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. 

Pero si no perdonáis a los hombres su culpa, tampoco vuestro Padre en el Cielo os perdonará vuestra culpa.

8. “Igualmente cuando ayunéis, no parezcáis tristes como los hipócritas, pues ellos desfiguran sus rostros para tener la apariencia de hombres que ayunan. En verdad os digo, ya tienen su recompensa.

9. “Yo os digo que jamás encontraréis el Reino de los Cielos, a no ser que os guardéis del mundo y de su malicia. 

Y jamás veréis al Padre en el Cielo, a no ser que guardéis el sábado y ceséis en vuestro afán de acumular riquezas. 
Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara, para no darte importancia ante los hombres con tu ayuno. Y el Uno santo, que ve en lo oculto, te recompensará abiertamente. (Cap. 26, 7-9)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

El mandamiento de perdonar y pedir perdón tendrá validez hasta que todo lo que no corresponde a las leyes eternas haya sido expiado y purificado. El mandamiento de perdonar y pedir perdón pertenece a la ley de siembra y cosecha. 

Quedará abolido cuando todo lo humano haya sido expiado y cada alma haya llegado a ser un ser espiritual puro e inmaculado.

Hasta entonces tendrá por tanto validez el mandamiento: perdonad, y obtendréis perdón. Cuando pidáis perdón y vuestro prójimo os perdone, también os habrá perdonado vuestro Padre en el Cielo. Pero si pedís perdón y vuestro prójimo aún no os perdona, porque todavía no está dispuesto a hacerlo, tampoco os perdonará vuestro Padre eterno. Quien ha pecado contra su prójimo, también tiene que obtener perdón de parte de su prójimo. Sólo entonces quita Dios el pecado.

El eternamente Justo ama a todos Sus hijos también a aquellos que todavía no tienen la fuerza para perdonar. 

Si sólo perdonara al que dio ocasión de que se pecase, y no perdonara al que ha sido seducido por éste a cometer un pecado y que todavía no puede perdonar ¿dónde estaría en ello la justicia de Dios?
Ambos podrán entrar en el Cielo tan sólo cuando sus pecados hayan sido saldados.

Por tanto, cuidad lo que sale de vuestra boca, y fijaos en si vuestros actos corresponden a la ley eterna, es decir, si son desinteresados. Con mucha ligereza se pronuncia o hace algo contrario a la ley divina pero puede pasar mucho tiempo hasta que esté perdonado.

Si habéis pedido perdón y vuestro prójimo aún no está dispuesto a perdonaros, la gracia de Dios se incrementará en vosotros, envolviéndoos y apoyándoos pero no quitará de vosotros lo que todavía no haya sido purificado. 

La misericordia de Dios también se incrementará entonces en vuestro prójimo y le conducirá, respetando su libre albedrío, de manera que reconozca más pronto sus faltas, se arrepienta y os perdone. Sólo cuando os hayan perdonado todos aquellos contra los que hayáis pecado es decir, cuando todo esté saldado, podréis entrar en los Cielos, porque Dios habrá transformado entonces todo lo humano en fuerza divina.

Dios es omnipresente; por tanto también es activo en la ley de siembra y cosecha. También en todo lo negativo está lo positivo, Dios, la ley eterna. Cuando el hombre reconozca sus pecados y faltas y se arrepienta de ellos, se activarán en ellos las fuerzas positivas y fortalecerán al hombre que ha llegado a reconocer su culpa, para que purifique sus pecados con la fuerza de Cristo.

Comprended la ley de Dios, que es vida eterna de eternidad a eternidad todo en todo: todo está contenido en todo; en lo grande, lo más pequeño, y, en lo más pequeño, lo grande; en el pecado, la fuerza para perdonar, y, en la fuerza que se libera por el acto del perdón, el elevarse a la vida interna, al eterno SER.

Por eso, también en lo negativo puede actuar lo divino en el momento en que el hombre pida perdón de corazón, perdone y no vuelva a pecar. No obstante, el hombre tiene que dar el primer paso hacia la vida interna.

Comprended: en todo lo que hagáis ya sea que oréis, ayunéis o deis limosna, si no lo hacéis desinteresadamente, sino para ser vistos por vuestros semejantes, ya habréis recibido vuestra recompensa de los hombres. 

En ese caso, Dios no os recompensará. 
Y si sólo ayunáis debido a vuestra obesidad, no aumentaréis el espíritu de vuestro Padre en vosotros. Pero quien acoja los alimentos en nombre del Altísimo, sea moderado y ayune de vez en cuando, para relajar su cuerpo y desintoxicarlo, para que la fuerza de Dios pueda abastecer a todas las células y órganos de forma correcta, se estará ejercitando de buena fe en aceptar y acoger la vida proveniente de Dios, a fin de vivir en ella. Y al mismo tiempo consagrará en la oración su vida a Dios, el Eterno, para de esta forma convertirse paulatinamente en oración vivida.

- No os lamentéis por vuestros muertos

10. “Deberíais hacer de igual modo cuando os lamentéis por los muertos y estéis de luto, porque vuestra pérdida es su ganancia. No hagáis como aquellos que lloran delante de los hombres y se lamentan públicamente y desgarran sus vestidos, para que los demás vean su luto; pues todas las almas están puestas en las manos de Dios y todos aquellos que hayan hecho el bien reposarán con sus antepasados en el seno del Eterno.

11. “Orad, más bien, por su reposo y su ascenso, y considerad que están en la tierra del reposo que el Eterno les ha preparado y que recibirán la justa recompensa por sus actos. Y no os lamentéis como los que no tienen esperanza. (Cap. 26, 10-11)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Quien se lamenta por los muertos, todavía está lejos de la vida eterna, porque ve la muerte como final de la vida. No ha alcanzado todavía la resurrección en Mí, el Cristo. 

Se cuenta entre los espiritualmente muertos.

¡No os lamentéis por vuestros muertos! Porque quien se lamenta de la pérdida de un hombre, no piensa en el beneficio para el alma, la cual en la medida en que haya vivido en Mí, el Cristo entrará en ámbitos de consciencia más elevados de la vida; pues si su vida en la existencia terrenal estuvo en Dios, también estará en Dios en otra forma de existencia.

Comprended: lo temporal, la vida en el cuerpo, no es la vida del alma. El alma ha aceptado la carne sólo por un breve período de vida, para purificar y saldar en lo temporal lo que ha cargado sobre sí en diferentes vestidos terrenales. 

La Tierra hay que considerarla sólo como una estación de tránsito, en la que las almas en vestido terrenal purifican en breve lo que más allá de los velos de la consciencia también llamados muros de niebla no pueden superar tan pronto.

Cuando un alma abandona su vestido terrenal, el hombre sólo llora por el vestido del alma, y no está pensando en el alma, que se ha deslizado fuera del vestido.

Un alma luminosa, después de desprenderse de su cuerpo terrenal, es acompañada por seres luminosos, invisibles para el hombre, a aquel plano de consciencia que corresponde a la manera de pensar y vivir del hombre en el que esa alma estuvo encarnada.

Comprended: cada alma que ha abandonado el cuerpo, es atraída durante algún tiempo hacia los hombres con los que ha convivido como hombre. Si se entera de que sus antiguos familiares terrenales lloran por su envoltura, esto es muy doloroso para el alma. El alma todavía cercana a la Tierra se da perfecta cuenta de por qué sus parientes sólo se lamentan por su envoltura humana y por qué no es tenida en cuenta, como alma, por los que llevan luto. 

Un alma que tiene que darse cuenta de eso, siente en ello el primer profundo dolor de alma, después de desprenderse del cuerpo físico; pues se entera de por qué lloran los hombres y de por qué no la tienen presente con amor y hermanamiento. 
Ella ve más de un pensamiento egoísta de sus antiguos familiares terrenales. No puede hacer que ellos reparen en ella, porque no es percibida por ellos. Lo que dice, no lo oyen los hombres, y, lo que ve, ellos no lo ven. Pero el alma percibe mucho.

Os incito a la reflexión: ¿os lamentáis, cuando la serpiente cambia la piel, cuando deja atrás su piel y continúa serpenteando?

De forma parecida sucede con el alma. 

Ella abandona su cuerpo corruptible, su envoltura, y sigue su camino. ¡Vosotros, pues, lloráis la pérdida de la envoltura y no tenéis presente al alma! Quien tiene presente al alma, da gracias a Dios, que ha llamado al alma a regresar a Su regazo en la medida en que ésta ha aprovechado la vida en Dios estando en vestido terrenal, acercándose con ello más a El. Pensad que, para un alma luminosa, el desprenderse del cuerpo es una ganancia.

Y: si lloráis sólo ante los hombres por la pérdida de un hombre, fingís ante ellos. En realidad no tenéis presente ni al hombre ni al alma. Sólo pensáis en vosotros mismos. El alma que registra esto, se da cuenta de que no ha sido amada desinteresadamente, de que acaso sólo estaba ahí para el propio provecho de su prójimo.

Muchas almas tienen que darse cuenta de que en vestido terrenal fueron vividas por sus familiares y conocidos terrenales. Esto quiere decir que no pudieron desarrollarse a sí mismos, como seres humanos, ni vivir su carácter personal, porque tuvieron que hacer la voluntad de los que les exigían lo que para sí mismos era ventajoso. 

Muchas de estas almas ven lo que desaprovecharon durante su existencia terrenal, y también por eso vuelven a la existencia terrenal. Regresan a la Tierra pasando por los velos de la consciencia y, como alma, se hallan de nuevo entre aquellos que vivieron a través de ellas. Otras, en cambio, intentan vivir en la Tierra lo que no pudieron desarrollar como hombres.

Mientras haya hombres que estén atados a hombres o cosas como pertenencias, riqueza y poder, sus almas volverán a la Tierra y volverán a ponerse nuevos vestidos terrenales. 

Existen múltiples causas y motivos por los que las almas vuelven a encarnar. Si por ejemplo un alma se da cuenta de que está encadenada a sus parientes por pecados, con frecuencia se resigna y consiente al deseo de tomar un nuevo cuerpo. Animada por este deseo, vive en el plano de consciencia que corresponde a su estado de alma, y allí es instruida. Entre otras cosas, se le hace comprender el pro y el contra de una nueva encarnación. Ella encarnará cuando los astros en los que está registrado su pro y su contra y por tanto también su camino terrenal señalen el camino a la materia, y cuando en la Tierra sea engendrado un cuerpo terrenal que corresponda a su estado de consciencia como alma. En esta envoltura humana entrará durante el parto.

El hombre que ha engendrado el cuerpo y la mujer en la que creció el embrión han atraído a aquella alma con la que todavía tienen que purificar algo conjuntamente o para recorrer junto con ella el camino del Señor, sirviendo desinteresadamente al prójimo.

Que el hombre no se fije sólo en su cuerpo, sino ante todo en el ser encarnado en éste, esforzándose en cumplir la voluntad de Dios y en no dejarse imponer la voluntad humana de segundos o terceros.

Comprended: también si decís, “yo hago la voluntad de mi prójimo para mantener la paz externa”, impedís a vuestra alma y también al alma de vuestro prójimo desarrollarse y desplegarse de la manera que sea buena para ambas. 

Os impedís a vosotros e impedís a vuestro prójimo el cumplir las tareas que vuestras almas han traído a la existencia terrenal: purificarse y liberarse de la carga del pecado que fue traída a la encarnación, acaso de vidas anteriores. 
Quien se deja tutelar por sus semejantes, es decir quien hace lo que otros dicen, aunque se da cuenta de que ese no es su camino, está siendo vivido y vive pasándosele de largo su verdadera existencia terrenal. 
El no aprovecha los días; está siendo utilizado por aquellos a los que sigue ciegamente, y por eso no conoce su camino, como hombre, por esta Tierra.

Quien ata a sus semejantes, imponiéndoles su voluntad, es comparable a un vampiro que chupa la energía de sus semejantes. No se conoce a sí mismo y al mismo tiempo se ata a sus víctimas y viceversa, la víctima que se deja chupar también se ata a él. 

En una de las vidas, ya sea en vestido terrenal o como alma en los ámbitos del más allá, serán de nuevo reunidos y esto tantas veces como haga falta, hasta que se hayan perdonado el uno al otro.

Si dos se atan mutuamente no importa si uno ha atado o se dejó atar, ambos han cargado a su alma, y ambos tienen que purificar juntos, para que puedan ser restablecidos entre ellos el amor y la unidad.

Ninguno puede decir: “yo no sabía nada acerca de las leyes de la vida”. Yo os digo: Moisés os trajo los extractos de la ley eterna, los Diez Mandamientos. Y si los guardáis, no os ataréis los unos a los otros, sino viviréis en paz unos con otros.

Comprended: sólo el amor y la unidad entre unos y otros muestran a almas y hombres los caminos a la vida superior.

Dios, el eternamente bondadoso, tiende Su mano a cada alma y a cada hombre. Quien la tome, aprovechará su vida terrenal. Valorará los días y también podrá vivirlos de acuerdo con los mandamientos, purificando lo que cada día le muestre. Algún día caminará y reposará en Dios, como alma, con todos aquellos que igualmente hayan aprovechado su existencia terrenal, reconociendo y superando día a día conmigo, el Cristo, lo que los días les trajeron y mostraron alegría y pena.


Y si no lloráis pensando en vosotros mismos por la envoltura mortal de la que vuestro prójimo se desprendió, sino que os alegráis en el espíritu de que el alma, estando en vestido terrenal, reconociera su vida espiritual y se preparara para ella, oraréis alegres al Padre por vuestro prójimo, a través de Mí, el Cristo. Enviaréis fuerzas del amor al alma que ahora está más cerca de Dios, a fin de que pueda encaminarse a planos más elevados, para unirse cada vez más con Dios.

El alma siente la alegría y la pena de sus familiares. Las almas que desencarnaron en Mí, el Cristo, se sienten unidas a través de Mí, el Cristo, con todos los que todavía caminan en vestido terrenal. La alegría del alma de que sus familiares la tengan presente con amor, la llena de fuerza.

Comprended: las oraciones desinteresadas hechas con amor donan al alma peregrina fuerza y vigor en su camino a lo divino. En vuestras oraciones desinteresadas siente el hermanamiento y recibe fuerza incrementadamente. 

Con ello se desprenderá más pronto de lo que todavía tiene de humano, y con esto se volverá libre para Aquel que es la libertad y el amor Dios, la Vida. 
La recompensa de Dios es grande para cada alma que se esfuerza seriamente en cumplir la voluntad de Dios.

Comprended: sólo carece de esperanza el que de su fe sólo habla, sin vivir lo que aparenta creer. En último término, el escéptico no cree lo que finge creer. De ahí se va formando la desesperación.

- Donde esté tu tesoro, ahí estará también tu corazón

12. “No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, que la polilla y el orín corroen y los ladrones desentierran y roban. Acumulad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen, y donde los ladrones no excavan ni roban; pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

13. “Las luces del cuerpo son los ojos. Por eso, si ves con claridad, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si te faltan los ojos o si ellos están nublados, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Si, pues, la luz que hay en ti es tiniebla, ¡cuán grandes serán las tinieblas!

14. “Nadie puede servir a dos señores. O bien odiará al uno y amará al otro; o bien, adhiriéndose al uno, despreciará al otro. No podéis servir al mismo tiempo a Dios y a Mammon [la riqueza]. (Cap. 26, 12-14)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Sólo acumula tesoros en la Tierra el hombre que no cree en Dios, en Su amor, sabiduría y bondad. Muchos hombres fingen creer en Dios; sin embargo, ¡por sus obras los reconoceréis! Muchos hombres hablan del amor y de las obras de Dios mas sólo por sus actos les reconoceréis.

Muchos hombres hablan del reino interno y de la riqueza interna y, sin embargo, trabajan para llenar sus propios graneros y acumulan riquezas terrenales para sí mismos, a fin de ser bien vistos por los hombres.

Quien sólo se fije en su bien personal, no presentirá al ave rapaz que ya ha alzado sus alas para destruir el nido y arrebatar la riqueza que el rico, el constructor del nido, llama propiedad personal suya.

En cambio, quien aspire en primer lugar al Reino de Dios, acumulará valores internos, tesoros internos. 

Recibirá también en lo temporal todo lo que necesite, y más aún.

Quien sea rico internamente, no sufrirá necesidades externas. Pero quien sea rico externamente y acumule sus riquezas, algún día sufrirá necesidades. A quien acumule tesoros en la Tierra, le serán quitados, para que se acuerde del tesoro del interior y pueda entrar en la vida, en la riqueza interna.

Al alma le faltará luz divina hasta que aspire en primer lugar al Reino de Dios. Y mientras en la Tierra aún sea posible, el alma pobre en luz encarnará de nuevo en un cuerpo pobre en luz, y quizás viva en la pobreza entre los pobres. El reconocimiento llegará, de que el tesoro, la riqueza, está únicamente en Dios.

Aquel cuyo corazón esté cerca de Dios, será rico en valores internos, y entrará en el reino de la paz.

Yo, Cristo, os doy una medida para que os deis cuenta de dónde os encontráis en la luz o en las sombras: “pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”; allí estará algún día vuestra alma.

Tened en cuenta: ¡quien lea estas palabras y se encuentre en el cambio del viejo al Nuevo Tiempo, debería darse prisa para poder hallar aún su vida espiritual!; pues cuando el Nuevo Tiempo, el tiempo del Cristo, se haga manifiesto en toda la Tierra y la vida interna se viva, no habrá más encarnaciones para aquellos que aspiren a valores externos. Tampoco habrá más encarnaciones para los ricos terrenales, para que expíen, como los más pobres entre los pobres, lo que desatendieron como ricos.

Cuando el Reino de Paz de Jesucristo haya dado más pasos evolutivos, no habrá ni pobres ni ricos. Todos los hombres serán entonces ricos en Mi espíritu, ya que habrán abierto el reino interno. También vivirán en la nueva Tierra del modo que a ello corresponde, bajo otro cielo.

Por tanto, estad preparados para servir a Dios y, por amor a Dios, también a vuestros semejantes.

Comprended: nadie puede servir a dos señores, a Dios y a Mammon [la riqueza]. Unicamente el amor desinteresado une a todos los hombres y pueblos. El hombre en la Tierra y el alma en los lugares de purificación ambos serán algún día llevados a decidirse: a servir a Dios, o a Mammon [la riqueza]; a estar a favor, o en contra de Dios. No hay nada entre medio: a favor de Dios, o a favor de lo satánico.

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.
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El Sermón de la Montaña CRISTO (4)


Cristo
El Sermón de la Montaña (4)


- Aprende a orar correctamente.

3. “Y cuando ores, no seas como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya tienen su recompensa.

4. “Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre celestial, que está en lo oculto; y el oculto Uno, que ve en lo oculto, te recompensará abiertamente. (Cap. 26, 3-4)


Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Cuando ores, retírate a un cuarto tranquilo y sumér­gete en tu interior, pues en ti vive el Espíritu del Padre, cuyo templo eres tú.

Si sólo oras para ser visto, para que tu prójimo te tenga por piadoso y creyente, Yo te digo: esto no es devoción, sino santurronería; es hipocresía. Tales ora­ciones externalizadas no tienen fuerza. Quien sólo reza con los labios o para ser visto, está pecando contra el Espíritu Santo, pues abusa de palabras santas en propio provecho.

- Encuentra la verdad en ti.

“Y cuando oréis en común, no utilicéis vanas repeticiones como los paganos, que piensan ser escuchados por su mucho hablar. No lo hagáis, pues, igual que ellos; porque vuestro Padre en el Cielo sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis … (Cap. 26, 5)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Sólo el hombre que ha realizado poco de la ley de la verdad usa en la oración y en la vida diaria muchas palabras y repeticiones vacías y faltas de vida.

Quien hable mucho de la ley de la verdad y de la vi­da, diciendo por tanto muchas palabras al respecto, no podrá llenarla con fuerza y vida, porque él mismo no habrá sido llenado por la ley de Dios. Tales palabras son egocéntricas y por eso palabras faltas de amor, aun­que hayan sido escogidas como si estuviesen soste­nidas por el amor. El hablar falto de vida no llega a lo más interno del alma de tu prójimo y, con ello, des­pierta eco alguno en el hombre que deja obrar al amor de Dios en sí mismo y a través de sí mismo. Quien habla sin que tenga vida lo que dice sobre la ley de la verdad y de la vida, que él, sin embargo, no realiza, sólo induce a discusiones al hombre que escucha esto y que igualmente está todavía orientado hacia lo externo.

Comprended: quien discute sobre legitimidades espirituales, no conoce las leyes de Dios. Todos los que quieren discutir, están convencidos de saber más que su prójimo y quieren autorreafirmarse en ello. Quien discute, sólo da testimonio de sí mismo, es decir: de que no sabe nada y está inseguro; y por eso discute.

Pero quien ha encontrado la verdad, no discute sobre la verdad, y tampoco sobre lo que es la fe. 

La palabra “fe”, también contiene ignorancia: lo que en definitiva el hombre no sabe o no puede demostrar, lo cree. Quien cree en la verdad, todavía no ha encontrado la verdad eterna. Asimismo, aún no se mueve en la corriente de la verdad eterna. Por tanto, la fe todavía es ceguera.

Sin embargo, quien ha encontrado la verdad eterna, ya no tiene que creer en la verdad sabe la verdad, porque se mueve en la corriente de la verdad. 

Es el verdadero hombre sabio, que ha desenterrado en sí mismo el tesoro, la verdad. Los verdaderos sabios repo­san en sí. 
Esto es seguridad interna y firmeza. No discuten sobre la fe, porque partiendo de la fe han en­contrado la sabiduría, que es la verdad.

Así pues, quien en Dios tan sólo crea, sin conocer la profundidad de la verdad eterna, la ley eterna, hablará mucho acerca de su fe.

También con sus oraciones se comportará de forma similar: hablará mucho, dado que no vivifica sus pala­bras con amor desinteresado. Será del punto de vista de que hablando mucho puede convencer a Dios, o incluso persuadirlo. 

Creerá tener que hacerse entender por Dios, ya que supone que Dios podría entender sus oraciones de forma diferente a como él quería dar a en­tender. De una manera similar piensan y oran los paga­nos.

Comprended: cuanto más profundamente se sumerge el hombre en la verdad divina, tanto menos palabras utiliza en sus oraciones. Sus oraciones son breves, pero llenas de fuerza, porque la palabra irradia fuerza vivida.

- Realiza tus oraciones.

...Por eso, cuando estéis reunidos, debéis rezar así:

6. “Padre nuestro que estás en los Cielos, santifica­do sea Tu nombre. Tu Reino viene. Hágase Tu volun­tad, como en el Cielo, así en la Tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo día a día, y el fruto de la vid viva. Y tal como Tú nos perdonas nuestros pecados, perdo­nemos nosotros los pecados de otros. No nos abando­nes en la tentación, y líbranos del mal, porque Tuyos son el Reino y el Poder y la Gloria por toda la eterni­dad. Amén. (Cap. 26, 5-6)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

La oración comunitaria, el Padre Nuestro, es rezado con palabras y contenidos distintos, porque cada colec­tividad lo reza de modo correspondiente al potencial de amor de la colectividad.

Siendo Jesús de Nazaret enseñé la oración comuni­taria, el Padre Nuestro, en Mi lengua materna, es decir con otras palabras, y por tanto también con contenidos diferentes, respecto a como fue rezado en tiempos pos­teriores y en otras lenguas.

Las palabras como tales son irrelevantes. ¡Lo im­portante es que el hombre realice lo que reza! Entonces, cada palabra que sale de su boca es vivifica­da con amor, fuerza y sabiduría.

No debéis rezar al pie de la letra ni tratar de rezar textualmente el Padre Nuestro que enseñé a los Míos. Lo esencial es que vivifiquéis las palabras de vuestras oraciones con el amor al Eterno y a vuestro prójimo y que el contenido de vuestras oraciones se corresponda con vuestra vida.

Los hombres que estén inundados por la verdad eterna, el amor y la sabiduría de Dios, orarán a su vez de manera distinta a aquellos que sólo rezan porque se les enseñó a hacerlo o porque pertenecen a una confe­sión en la que las oraciones son pronunciadas de acuer­do con el estado de consciencia de la confesión.

Los hombres que van de camino a su origen divino oran libremente, es decir, con palabras elegidas por ellos, vivificadas con amor y fuerza.

Los hombres que vivan en Mi espíritu, que estén traspasados por el amor y la sabiduría de Dios, y que por tanto realicen las leyes de Dios en la vida diaria, ante todo darán gracias a Dios por haberles dado la vida y por todo, Lo alabarán y loarán y Le consagrarán cada día más su vida en sensaciones, pensamientos, palabras y obras, porque se habrán convertido en vida de Su vida.

Los hombres que están en el espíritu del Señor viven la oración. Es decir, cumplen cada vez más las leyes del Eterno y ellos mismos han llegado a ser la oración que es adoración a Dios.

Quien por tanto cumple la voluntad de Dios, vive cada vez más en la adoración a Dios. Tales hombres no sólo guardan las leyes de Dios, sino que en gran medida han llegado a ser la ley del amor y de la sabiduría.


En el Reino de Paz de Jesucristo, que está maduran­do, en el que Yo Soy el Soberano y la Vida, los hom­bres guardarán cada vez más la ley de Dios. Muchos de ellos habrán llegado a ser la ley y así hombres Dios, que personificarán a la Vida, Dios, en todo lo que pien­sen, hablen y hagan. 

Sus oraciones serán la vida en Mí, la consumación de la ley eterna. Con su vida, que es la ley de Dios, agradecerán a Dios la vida.

El agradecimiento a Dios, pues, es la vida en Dios. Su vida, que será un único gracias, fluirá al Reino de Paz.

Ellos orarán conforme el sentido de las siguientes palabras de oración, que realizarán en la vida diaria:

Padre nuestro, Tu Espíritu está en nosotros, y nosotros estamos en Tu Espíritu.
Santificado es Tu nombre eterno en nosotros y a través de nosotros.
Tú eres el Espíritu de la vida, Tú eres nuestro Padre primario.
De Ti llevamos nuestro nombre eterno.
Tú, el Eterno, nos lo has dado y has puesto la plenitud del infinito en nuestro nombre.
Nuestro nombre, que Tú nos has dado con Tu soplo, es el amor y la sabiduría
la plenitud que proviene de Ti, la ley en nosotros y a través de nosotros.
Nuestro Reino eterno es el infinito la fuerza y la gloria en Ti y provenientes de Ti.
Nosotros somos herederos del Reino eterno.
Por ello somos el propio Reino, el Hogar eterno.
El está en nosotros y obra a través de nosotros.
Tu voluntad infinita y gloriosa está en nosotros y obra a través de nosotros.
Tu fuerza de voluntad es nuestra firmeza de voluntad.
Ella obra en nosotros y a través de nosotros, pues nosotros somos espíritu de Tu Espíritu.
El Cielo no es tiempo ni espacio
Cielo y Tierra son uno, porque nosotros estamos unidos en Ti.
El amor y la fuerza en nosotros y a través de nosotros es nuestro pan cotidiano.
Tú, oh Padre eterno y glorioso, has hecho surgir en nosotros todo lo que vibra en el infinito.
Tú creas a través de nosotros en el Cielo y en la Tierra.
Somos en Ti, y Tú obras en nosotros y a través de nosotros.
Estamos colmados en Tu Espíritu, porque somos espíritu de Tu Espíritu.
Somos ricos en Ti, puesto que vivimos nuestra herencia, el infinito que proviene de Ti.
Nuestra herencia eterna, espíritu de Tu Espíritu, hace surgir para nosotros lo que, como hombres, en el Reino de Paz necesitamos.
Vivimos en Ti y de Ti.
La vida fluye y se regala.
Vivimos en la plenitud proveniente de Dios, porque nosotros mismos somos la plenitud.
La Tierra es el Cielo, y, el Reino de Paz, la riqueza de la Tierra, en la que vivimos y somos espíritu de Tu Espíritu.
Vivimos en el Reino interno y, sin embargo, somos hombres que personifican en el exterior lo que irradia en el interior.
Alabado es el nombre del Señor.
El es vida en y a través de nosotros.
El nombre de Dios es la ley vivida del amor y de la libertad.
El pecado es transformado la luz ha venido.
Vivimos de Su luz y vivimos en y de Su Espíritu, ya que somos espíritu de Su Espíritu.
En Dios todo está saldado.
Su nombre lo ha limpiado todo.
¡Alabada sea la gloria de Dios!
Voluntad, Amor y Sabiduría de Dios traspasan la Tierra y nuestra tierra.
Nosotros mismos somos la Tierra y nuestra tierra
voluntad, amor y sabiduría.
En nosotros está la bondad de Dios lo bueno proveniente de Dios.
Estamos en Dios y obramos desde Dios.
La Tierra es del Señor ella es el reino del amor, que obra en y a través de nosotros.
La Vida, la gloria del Padre, obra en nosotros y a través de nosotros de eternidad a eternidad.

Conforme al sentido de esta alabanza será la vida de los que vivan en el Reino de Paz de Jesucristo. Vivirán en Mí, el Cristo, y Yo viviré a través de ellos; y juntos viviremos en el Dios Padre-Madre, y el Padre vivirá a través de nosotros de eternidad a eternidad.

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.
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El Sermón de la Montaña CRISTO (3)


Cristo
El Sermón de la Montaña (3)


Indicaciones de vida concretas para vivir conforme a las leyes de Dios en la vida diaria.

Reglas de vida sencillas, como "Lo que esperas de tu prójimo, hazlo primero tu" quien las pone en práctica experimenta su efecto positivo revolucionario en su propia vida.

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. 

El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

«El Sermón de la Montaña»

- Ama a tus enemigos.

13. “Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pero Yo os digo a vosotros que escucháis: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian. (Cap. 25, 13)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

El mandamiento de la vida dice: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian”.

Cada hombre debería ver en cada uno de sus semejantes a su prójimo, a su hermano o a su hermana. 

También en los enemigos aparentes deberíais ver a vuestro prójimo y esforzaros en amarlos desinteresadamente.

El enemigo aparente puede serte incluso un buen espejo para el autorreconocimiento, cuando tú te irritas a causa de la hostilidad que puede tener muchas caras; pues cuando algo os irrita en vuestro prójimo, hay algo igual o parecido en vosotros.

Sin embargo, si puedes perdonar a tu prójimo, que te ha inculpado y acusado, sin mayor irritación, no hay analogía alguna en ti; es decir que en ti no hay algo igual o parecido y, por tanto, de eso no hay resonancia en tu alma. 

Es posible que tú, ya en vidas pasadas, hayas purificado y expiado aquello de lo que te inculpan o que nunca lo hayas edificado en tu alma. Entonces sólo estaba en el alma del que ha pensado y hablado contra ti y te ha inculpado. Si en ti, pues, no resuena alteración alguna, si no surge un eco de tu alma, en ese caso has sido espejo para él. Que él mire o no en este espejo puesto para su yo humano esto, déjaselo a Dios y a él, Su hijo.

Comprende: con sólo verte se movió su conciencia, reflejándole que en su día, por ejemplo, pensó y habló de ti de modo contrario a la ley divina. Ahora tiene la posibilidad de purificar esto. Si lo hace, a base de arrepentirse y no volviendo en adelante a pensar o a hacer algo igual o parecido, eso es borrado de su alma, es decir, transformado. Sólo entonces te verá con los ojos de la luz interna.

Un signo de que en un alma se ha transformado algo de contrario a la ley divina en positivo, es la benevolencia y comprensión para con el prójimo.

- Bendecid a los que os maldicen.

14. “Bendecid a los que os maldicen y orad por los que por maldad abusan de vosotros, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir el sol sobre malos y sobre buenos y envía lluvia sobre los justos y los injustos. (Cap. 25, 14)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Quien guarda estos mandamientos, está siendo justo con sus semejantes y a través de su vida en Dios conducirá a muchos hombres a la vida en Dios. Dios no sanciona ni castiga a Sus hijos. Lo dicen ya las palabras: “...hace salir el sol sobre malos y sobre buenos y envía lluvia sobre los justos y los injustos”.

Dios es el donante de la vida, porque El mismo es la vida. 

De la ley eterna de la vida, Dios dio a los hombres el libre albedrío, para decidirse libremente a favor o en contra de El. Quien esté a Su favor, guardará las leyes eternas del amor y de la vida y también recibirá de la ley eterna los dones del amor y de la vida. Quien sienta, piense y actúe contra la ley eterna, recibirá lo que haya sembrado, es decir lo que haya sentido, pensado, hablado y hecho.

Cada cual recibe, por lo tanto, lo que él mismo ha sembrado. Quien siembre buena semilla, es decir, cumpla las leyes de Dios, también cosechará buenos frutos. 

Quien siembre semillas humanas, que introduce como sentimientos, pensamientos, palabras y actos humanos en el campo de su alma, también cosechará frutos análogos.

En ello veis que Dios no interviene en la voluntad del hombre. El es donante, ayudante, amonestador, guía y protector de aquellos que se esfuerzan en hacer Su voluntad, porque se vuelven hacia El. Quien le vuelva la espalda, creando su propia ley humana, también será conducido por su propia “ley egoísta” humana.

Dios no interviene por tanto en la ley de siembra y cosecha. Dios ayuda a Sus hijos de múltiples maneras, y los que Le ruegan de corazón y cumplen lo que Yo, Cristo, en Dios, Mi Padre, les he mandado amarse los unos a los otros desinteresadamente, están en Dios y Dios actúa a través de ellos.
- Acepta a tu prójimo de corazón.

15. “Pues si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?; pues también los pecadores aman a los que les aman. Y si hacéis el bien a los que os hacen el bien, ¿qué recompensa tendréis?; pues también hay pecadores que hacen lo mismo. 

Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más, que los otros no hagan? ¿No hacen así también los publicanos? (Cap. 25, 15)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Acepta y acoge, por consiguiente, en tu corazón a tu prójimo, incluso si él no te ama; aun si no te apoya y te desprecia, rehusando saludarte. ¡Amale tú! Apóyale desinteresadamente y salúdale aunque sólo sea en pensamientos, si no desea que le saludes con palabras. También un saludo de corazón, que es dado en pensamientos, entra en su alma y traerá a su debido tiempo buenos frutos.

De modo que cuidad de comportaros como el sol, que da tanto si el hombre quiere verlo como si no, ya desee lluvia o tempestad, ya pida frío o calor.

Dad amor desinteresadamente, como el sol da a la Tierra, y respetad a todos los hombres, a todo lo que es. 

Entonces recibiréis la recompensa en el Cielo.

No habléis al gusto de los hombres. No hagáis diferencias, como los hombres que sólo se asocian y sólo están con aquellos que comparten su manera de pensar y hacer y condenan a los que piensan y actúan de otra manera.

- No te ates ni a hombres ni a cosas

16. “Y si deseas algo tanto como tu vida, pero que te desvía de la verdad, renuncia a ello, pues es mejor entrar en la vida y poseer la verdad, que perderla y ser arrojado a las tinieblas exteriores. (Cap. 25, 16)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Lo que el hombre desea para sí mismo, está relacionado con lo humano, con su yo inferior. Todo esto es atadura. Atadura significa estar atado a hombres y cosas. Quien se ata a hombres y cosas, es decir quien está atado a algo, disminuye el flujo de las energías cósmicas.

Si por tus propias ventajas atas a un hombre a ti, estás persiguiendo con tu voluntad personal intereses que te apartan de la vida en Mí, el Cristo. 

Con ello abandonas la vida impersonal desinteresada, te enredas en querer poseer, ser y tener, y empobreces interiormente en vida espiritual. Si no renuncias a tiempo al querer poseer, ser y tener, algún día lo perderás todo.

Si no te autorreconoces en los efectos por ejemplo con la pérdida de tus bienes, o en la enfermedad, o en las necesidades y el sufrimiento, si no te arrepientes y reparas el mal hecho, caminarás como alma y como hombre en las tinieblas, por haber pensado sólo en ti, en tu bien personal.

Por tanto, autorreconócete cada día de nuevo, y realiza las leyes divinas diariamente, renunciando a desear algo para tu yo personal. Permanece en la verdad y así fiel a la ley de Dios. Entonces entrarás en la vida que es tu verdadero SER y serás rico en ti, porque habrás abierto el Cielo en ti.

A quien no sea un recipiente de la verdad, tampoco le puede afluir la verdad, que es impersonal. 

Un hombre tal está centrado en sí mismo y sólo acumula para sí mismo. Este comportamiento conduce a que se aparte de la fuerza eternamente fluente de Dios, llevando una vida “en la ciénaga”: a esta ciénaga sólo afluye lo contrario a la ley divina, y apenas efluye algo de ella. Esto significa que experimentará en carne propia lo que haya acumulado en su ciénaga.

La verdad eterna fluirá, en cambio, en el hombre y a través del hombre que sea un recipiente de la verdad. El recibirá de Dios y dará de Dios, y con ello llegará a ser un manantial de la vida para muchos. La energía cósmica de vida, el manantial de todo lo que es, fluye a través de todas las formas del SER, y a través de aquellos hombres y almas que se han vuelto hacia Dios, que por tanto se han convertido en recipientes de Dios.

Comprended: la fuerza eternamente fluente fluye sólo a través de los hombres y las almas que no acumulan para fines egoístas, sino que dan desinteresadamente. ¡Sólo a través del que da desinteresadamente fluye incesantemente la corriente de Dios! Si Dios puede fluir por el hombre sin impedimento, traspasándolo, el hombre vivirá en la Verdad, en Dios, en la Vida que perdura eternamente. Sólo tales hombres dan de Mí, la Vida, porque están en Mí, la Vida y la Verdad.

- Vuélvete perfecto como tu Padre en el Cielo

17. “Y si deseas algo que causa pena y preocupación a otro, arráncalo de tu corazón. Sólo así obtendrás paz. Pues mejor es padecer preocupación que ocasionar preocupación a aquellos que son más débiles que vosotros.

18. “Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre en el Cielo”. (Cap. 25, 17-18)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Todo lo no divino que sale de ti tal como pensamientos, palabras y actos contrarios a la ley divina, no sólo puede ocasionarle pena y preocupación a tu prójimo, sino también a ti mismo; pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará.

La cosecha se corresponde con la siembra. 

Siempre es cosechada por el que ha sembrado no por su prójimo. Tu prójimo no ha sembrado tu siembra ni cosechará tu cosecha.

Tus semillas, sin embargo, pueden ser semillas voladoras

como las semillas de diferentes clases de flores, que son llevadas por el viento después del tiempo de la floración y enraizan allí donde pueden afianzarse—. De la misma forma tus pensamientos, palabras y acciones pueden también caer, como semillas voladoras, en el campo del alma de tu prójimo y brotar, si encuentran allí condiciones iguales o parecidas.

Algo igual o parecido a lo que hay en ti está en él si se irrita y enfada por tus palabras y actos, si con ello le ocasionas preocupación y él piensa, habla o hace algo igual o parecido, estimulado por tus semillas voladoras. Pero tú has provocado esto y, en la ley de siembra y cosecha, se te pueden pedir cuentas. Te ha sido mandado que ames desinteresadamente a tu prójimo y que le sirvas y ayudes —y no que le ocasiones pena y preocupación con tu comportamiento.

Si entonces tu prójimo carga su alma por tu comportamiento ilegítimo, por haber irrumpido tú en el campo de su alma y haber hecho entrar en vibración causas bajo las cuales luego tendrá que sufrir y llevar una pesada carga, tú estarás atado a él. Y si a tu comportamiento reacciona de forma igualmente ilegítima, se atará a su vez a ti. En esta o en otra forma de existencia tendréis que purificar esto juntos.

Comprended: una pequeña e insignificante semilla voladora del yo humano puede crear una gran causa, que ya lleva en sí su efecto.

Comprended, pues: ¡cada causa debe ser eliminada!

Otro ejemplo: si tú envías como semillas voladoras tus pensamientos, palabras y actos negativos, y tu prójimo oye lo que dices sobre él, pero no hace caso porque en el campo de su alma no tiene algo análogo a eso, entonces sólo tú cargarás tu alma, y estarás atado a él y no él a ti. 

Tu prójimo puede entrar en el Cielo, al no haber aceptado ni acogido tus semillas negativas, porque no pensó ni habló de modo igual o parecido al tuyo. Sin embargo, si mediante tu comportamiento erróneo has despertado causas en tu prójimo que en él no hubieran tenido que llegar a su efecto, puesto que podría haberlas purificado en un tiempo posterior sin penas ni preocupaciones, tú tendrás la culpa más grande y tendrás que cargar con la parte que has causado en tu prójimo.

Así pues, si tienes que soportar penas y preocupaciones, no le eches la culpa a tu prójimo por tu estado. Tú mismo eres el causante y no tu prójimo. Tus penas y preocupaciones son la siembra en tu alma, que ha brotado y que también se muestra en tu cuerpo, como cosecha.

Sólo Yo, Cristo, tu Redentor, te puedo liberar de ello y sólo cuando te arrepientas y no vuelvas a hacer algo igual o parecido. Entonces la carga habrá sido quitada de tu alma y te irá mejor en tu vida.

Comprended: quien se da cuenta de que sus penas y preocupaciones son sus propias siembras y acepta su sufrimiento, muestra verdadera grandeza interna. 

Este es un signo de crecimiento espiritual; y el crecimiento espiritual lleva paulatinamente a la perfección.

Los seres puros son perfectos; son la imagen y semejanza del Dios Padre-Madre. Viven en Dios, y Dios vive a través de los seres puros.

Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios ya que han llegado a ser nuevamente la imagen y semejanza del Padre celestial. De un corazón puro entregado a Dios, fluyen dulzura y humildad.

- Recorre el camino al interior

1. “Estad atentos a no dar vuestras limosnas delante de los hombres, para ser vistos por los hombres. De otra manera, no tendréis recompensa en vuestro Padre en los Cielos. 

Cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para ser alabados por los hombres. En verdad os digo que ya tienen su recompensa.

2. “Cuando des limosna, no dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna permanezca oculta; y el Uno, que ve lo oculto, te recompensará abiertamente. (Cap. 26, 1-2)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

El Sermón de la Montaña vivido es el Camino Interno al corazón de Dios. 

Lo que el hombre no hace desinteresadamente, lo hace para sí mismo. Ser desinteresado es amar a Dios. El interés personal es amor humano. Quien sólo haga el bien a su prójimo cuando éste se lo agradezca y alabe sus buenas obras, no lo hace para su prójimo, sino para sí mismo. El agradecimiento y el elogio son su recompensa. Con esto ya ha sido recompensado, y no recibirá recompensa alguna de Dios. Sólo lo desinteresado es recompensado por Dios. Lo desinteresado crece y madura sólo en el hombre que ha dado los primeros pasos hacia el reino del interior, es decir, que ha realizado.

Los primeros pasos en esa dirección consisten en controlar los pensamientos: pon en lugar de pensamientos egocéntricos, negativos, cavilosos o pasionales, pensamientos positivos, serviciales, alegres y nobles, y pensamientos sobre lo bueno que hay en el hombre y en todo lo que se te presenta. 

Entonces llegarás a tener paulatinamente tus sentidos bajo control. Entonces tampoco desearás nada de tu prójimo ni esperarás nada de él. En el transcurso posterior del Camino Interno sólo dirás cosas positivas y esenciales. 
Así llegarás a tener bajo control tu yo humano, porque habrás aprendido a reposar en ti. Tu alma se esclarecerá cada vez más, y encontrarás en todo lo que se te presente lo bueno, pudiendo llamar la atención sobre ello y expresarlo de la manera correcta. 
Cuando hayas aprendido esto, también llamarás la atención legítimamente sobre lo que es contrario a la ley divina al orden divino. De esta manera despertarán en ti la honestidad y la sinceridad, con lo que te mantendrás en todo fiel a Dios.

Este proceso evolutivo espiritual hacia lo desinteresado, es el Camino Interno al corazón de Dios. Todo lo que hagas desinteresadamente te traerá múltiples frutos.

Por tanto, si tus sensaciones no tienen expectativas y tus pensamientos son nobles y buenos, en tus palabras y en tus obras estará la fuerza que proviene de Dios. Esta fuerza es Mi energía de vida, que penetra en el alma de tu prójimo y hace que también tu prójimo se vuelva desinteresado; pues lo que procede de tu alma luminosa, también penetrará más pronto o más tarde, dependiendo de cuándo el prójimo se abra a ello

en el alma y en el ánimo de tu prójimo.

Quien dé desinteresadamente, no preguntará si el prójimo sabe acerca de lo que le dio. ¡El que es desinteresado da! Sabe que Dios, el Padre eterno, ve en el corazón de todos Sus hijos, y que el Eterno, cuyo Espíritu habita en cada hombre, recompensará al que sea desinteresado, cuando haya llegado el tiempo para ello. Sólo esto es importante.

Comprended: todas las buenas obras, es decir desinteresadas, se harán a tiempo manifiestas, a fin de que de esto se aperciban aquellos que deben verlo para volverse asimismo desinteresados, aceptando la vida en Mí y aspirando a ella y haciendo lo que les he mandado: amarse desinteresadamente los unos a los otros, como Yo, el Cristo, los amo.

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.
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El Sermón de la Montaña CRISTO (2)


Cristo
El Sermón de la Montaña (2)


Indicaciones de vida concretas para vivir conforme a las leyes de Dios en la vida diaria.

Reglas de vida sencillas, como "Lo que esperas de tu prójimo, hazlo primero tu" -quien las pone en práctica experimenta su efecto positivo revolucionario en su propia vida.

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

«El Sermón de la Montaña»

- Guarda los mandamientos - tan sólo después enseña

9. “Quien quebrante uno de estos mandamientos que El dará, y enseñe a la gente a hacer lo mismo, será llamado el más pequeño en el Reino de los Cielos; pero el que los guarde y enseñe, será llamado grande en el Reino de los Cielos. (Cap. 25, 9)
Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Los Diez Mandamientos, que Dios dio a Sus hijos humanos por medio de Moisés, son extractos de la ley eterna de la vida y del amor. Quien infringe estos Mandamientos, y a sus semejantes tan sólo los enseña, pero sin guardarlos él mismo, es un falso maestro. Está pecando contra el Espíritu Santo, siendo este el pecado más grande. Este falsificador de monedas utiliza el amor de Dios, la ley de la vida, para un fin propio. 

Con ello abusa de la ley eterna. Cada abuso es un robo, y cada ladrón es un perseguido y acosado que tarde o temprano será alcanzado y convicto por sus propios hechos, por sus propias causas; pues Dios es un Dios justo, y por El todo se hará manifiesto, tanto lo bueno como lo menos bueno y lo malo.

En cambio, quien guarda la ley del amor y de la vida, es decir la cumple en la vida diaria, y enseña a los hombres lo que él mismo ha realizado, es un verdadero maestro espiritual. 

Tiende a los hombres el pan de los Cielos, y saciará con él a muchos. Quien dé de lo que él mismo ha cumplido será inundado por sabiduría y fuerza divinas y, cuando haya llegado el tiempo, brillará como una estrella en el cielo, ya que el hombre inundado por Dios toma de la corriente de la salvación y da desinteresadamente a los que tienen hambre y sed de justicia.

Comprended: a través de tales hombres y mujeres justos viene a este mundo la ley eterna del amor y de la vida. Quien guarde y enseñe, pues, la ley eterna, será llamado grande en el Reino de los Cielos; es decir, cosechará en el Cielo una gran recompensa.

- Vive conforme a lo que hayas captado

10. “En verdad, los que crean y obedezcan salvarán su alma, y los que no obedezcan la perderán; porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. (Cap. 25, 10)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:


La afirmación, “...los que crean y obedezcan salvarán su alma, y los que no obedezcan la perderán”, significa: quien crea y cumpla las leyes de Dios, salvará su alma de la rueda del renacimiento, que le atraerá a la carne hasta que haya expiado todo lo que una y otra vez le ha atraído a las encarnaciones.


Comprended: la sola fe en la ley de la vida no basta. 

Tan sólo la fe en la vida y la realización de las leyes de la vida conducen al hombre y al alma fuera de la rueda del renacimiento.

Quien no guarda las leyes de Dios, está traicionando a Dios y vendiendo su alma a las tinieblas. Con ello tapa la luz de su alma, su verdadera vida. Este hombre vivirá entonces en el pecado, y el alma en el sueño de este mundo. La ley de la encarnación, la rueda del renacimiento, que atrae al alma a la encarnación, aún será activa por cierto tiempo, para que el alma encarnada capte que no es de este mundo, sino que está en vestido terrenal para desprenderse de lo que es humano y para sacar a la luz lo que es divino, su verdadera vida eterna.

No todos los que conocen los signos de escritura los interpretan sólo según la letra sino según el sentido. 

Por eso hay que decir: si vuestra justicia no es mayor que la de muchos escribas que fingen ser justos y enseñan Mi ley, pero sin cumplirla ellos mismos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Por eso no os atéis a opiniones y puntos de vista de los hombres. Realizad lo que hayáis captado de la ley de la vida; entonces veréis los siguientes pasos que llevan a legitimidades más elevadas.

Comprended: la justicia de Dios es el amor y la sabiduría de Dios. Quien no los desarrolla dentro de sí, tampoco los irradia, ni ve las profundidades del eterno SER ni llega hasta el fondo de su verdadera vida. Su vida terrenal es un vegetar; vegetando, se le pasa de largo la verdadera vida. 

Tanto en este mundo como en el más allá, será un espiritualmente muerto. 
No tendrá ni en esta existencia terrenal ni en el más allá la orientación correcta, porque no habrá vivido de acuerdo con las leyes de la vida. No es sabio, sino que sólo transmite el saber que ha registrado. Con ello llega a ser un seguidor del pecado y, por último, un pecador. Obra contra la ley eterna y cae con ello cada vez más profundamente en la ley de siembra y cosecha.

- Reconcíliate con tu prójimo

11. “Si vas, pues, a presentar tu ofrenda sobre el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda. (Cap. 25, 11)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

“...Si vas, pues, a presentar tu ofrenda sobre el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda”, significa: si deseas consagrarme tu vida a Mí, el Cristo, y quieres entregarme tus faltas y pecados y reconoces que aún no has hecho las paces con tu prójimo, deposita por de pronto el pecado ante el altar interno. Ve a ver a tu prójimo y reconcíliate con él y entonces, si ya no quieres seguir haciendo algo igual o parecido, que te ha llevado al pecado, coloca éste sobre el altar. 

El altar se encuentra en lo más interno de tu templo de carne y hueso. Luego, el Espíritu del amor y de la vida transformará el pecado en fuerza y vida; pues de lo que tú libremente, sin coacción, Me entregues gustosamente, es decir, no volviendo a hacer algo igual o parecido, de esto alcanzarás la liberación. 
Tu alma recibirá entonces incrementadamente la luz que proviene de Mí.

Tened en cuenta la siguiente legitimidad: cuando hayáis pecado contra vuestro prójimo exclusivamente en pensamientos, con pensamientos faltos de amor, envidiosos, vengativos, celosos o llenos de odio, no vayáis a él para hablar de esto con él. 

Sabed que vuestro prójimo no conoce vuestro mundo de pensamientos. Si de palabra lo hacéis manifiesto, él reflexionará sobre ello. Venid sólo a Mí, el Cristo, a Mí que estoy en vuestro interior, arrepentíos de vuestros pensamientos y enviad al alma de vuestro prójimo, al mismo tiempo, pensamientos positivos desinteresados, pensamientos pidiéndole perdón y pensamientos de unión interna. Entonces Yo disolveré lo que haya sido causado en pensamientos. Y si no volvéis a pensar algo igual o parecido, ya estaréis perdonados.

Comprended: si habláis a vuestro prójimo de vuestros pensamientos humanos podéis, eventualmente, tocar en él aspectos humanos en vías de transformación, que podrían abrirse de nuevo en él. Así comenzaría nuevamente a pensar y a hablar de forma negativa, y volvería a cargar su alma.

La ley dice: no sólo carga su alma el que ha sido impulsado por vuestro comportamiento erróneo a reflexionar, sino también cargáis vuestra alma vosotros, que habéis expresado vuestros pensamientos y con ello habéis activado en vuestro prójimo aspectos humanos que estaban en proceso de transformación.

Si en cambio han salido de vuestra boca ilegitimidades inculpando a vuestro prójimo, insultándolo y difamándolo también si él se entera de esto por segundos o terceros id y pedidle perdón. Si os ha perdonado, también os habrá perdonado el Padre celestial eterno en Mí, el Cristo. 

Pero si no os ha perdonado, tampoco os podrá perdonar vuestro Padre celestial en Mí, el Cristo. No obstante el amor del Dios Padre-Madre tocará cada vez más el corazón todavía rígido, a fin de que el hombre reflexione en menos tiempo y os perdone, de manera que también Dios en Mí, el Cristo, os pueda perdonar y así esté saldado y transformado todo lo que en su día fue contrario a la ley divina.

¡Tened cuidado con vuestra propia lengua!; pues lo que de ilegítimo sale de vuestra boca, puede causar a vuestro prójimo y a vosotros mismos un daño más grande que vuestros pensamientos que habéis reconocido a tiempo, antes de que tengan efecto, y que Me habéis entregado a Mí, el Cristo en vosotros.

Comprended otra legitimidad: vosotros no veis ni escucháis pensamientos y, sin embargo, están ahí. 

Vibran en la atmósfera, y a quien piense algo igual o parecido le pueden influenciar. Si Me los entregáis a tiempo, serán disueltos a no ser que el alma de vuestro prójimo los haya registrado ya en sí misma. En este caso, seréis conducidos de manera que podáis hacer el bien a esta persona sobre la que habéis pensado negativamente. Y si hacéis el bien desinteresadamente, sin expresar vuestros anteriores pensamientos, en el alma de aquel sobre el que habéis pensado negativamente se borrará lo que ya se había grabado. Entonces también se habrá borrado en vosotros lo que vuestra alma irradió.

- Perdona y pide perdón-

12. “Llega lo antes posible a un acuerdo con tu adversario, mientras aún vas con él de camino, para que tu adversario no te entregue en su día al juez y el juez te entregue al alguacil, y no salgas hasta que hayas pagado el último céntimo. (Cap. 25, 12)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

“Llega lo antes posible a un acuerdo con tu adversario, mientras aún vas con él de camino...”, significa: ¡no dejes pendiente el pecado que hayas cometido contra tu prójimo! Purifícalo lo antes posible, pues todavía está contigo en el camino de la vida en la existencia terrenal. Si su alma se ha ido de la Tierra, eventualmente tendrás que esperar hasta que de nuevo pueda haber un encuentro y le puedas pedir perdón.

Comprended: el juez es la ley de siembra y cosecha. 

Cuando se active, el hombre no saldrá de allí hasta que haya pagado “el último céntimo” es decir, hasta que esté expiado todo lo que ha causado y de lo cual no se arrepintió a tiempo.

Aprovechad por tanto la oportunidad de pedir perdón a vuestro prójimo y de perdonarle, mientras todavía caminéis con él en la Tierra y el pecado no se haya grabado aún en el alma, convirtiéndose en causa. Quien no perdone y pida perdón, tendrá que cargar con los efectos hasta que haya pagado “el último céntimo”.

Poneos por lo tanto de acuerdo cuanto antes con vuestro prójimo. Si las causas por ejemplo, desavenencias, rivalidad o envidia ya han echado raíces en vuestra alma y si esto también ha sucedido en vuestro prójimo, contra el cual estáis, es posible que vuestro prójimo no os perdone tan pronto tampoco aunque hayáis reconocido vuestro pecado y os hayáis arrepentido; pues en su alma puede haberse endurecido el complejo de la culpa, a través de la forma de pensar igual o parecida que habéis provocado en él. 

Mediante vuestro comportamiento pecaminoso, que habéis alimentado durante bastante tiempo, también él ha fomentado en su alma el rencor contra vosotros y ha creado, como asimismo vosotros, un amplio campo energético contrario a la ley divina, el complejo de la culpa, que ahora debe ser trabajado por ambos. 
El momento de purificar se os puede presentar aún en esta existencia terrenal, o en los reinos de las almas o en posteriores encarnaciones.

Comprended: antes de que un golpe del destino sobrevenga al ser humano, éste es advertido por el Espíritu de la vida, que también es la vida del alma, y también por el espíritu protector o por hombres. Las advertencias provenientes del Espíritu son sensaciones finísimas, que efluyen del alma o que el espíritu protector infiltra en el mundo de sensaciones o de pensamientos del hombre. Advierten al hombre para que cambie de forma de pensar o para que purifique lo que ha causado. 

El Espíritu eterno de la vida y el espíritu protector pueden impulsar a hombres a acercarse a aquel que está a punto de sufrir un golpe del destino. Se acercan a la persona en cuestión y comienzan una conversación que, de modo espontáneo, se refiere al asunto. De ahí podría ser reconocida la causa del golpe del destino que se está preparando, y ser purificada.

Podéis ver, pues, que la luz eterna da advertencias e indicaciones de múltiples maneras tanto al prójimo con el que habéis creado causas como a vosotros mismos.

También mediante impulsos que vienen a través de acontecimientos del día en curso el hombre es advertido a tiempo, antes de que lo que ha causado le sobrevenga en forma de destino.

Quien tome en serio tales advertencias y purifique lo que haya reconocido de pecados, mediante el arrepentimiento, el perdonar, el pedir perdón y el reparar el mal, no tendrá que sufrir lo que haya causado. Si el pecado es grande, es posible que tenga que cargar con una parte de éste, pero no con la totalidad de lo que quería desprenderse del alma. 

Sin embargo, quien haga como si no viera ni oyera ninguna de las advertencias, porque se aturde con cosas humanas, tendrá que cargar con las causas creadas por él hasta que esté “pagado el último céntimo”.

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.
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miércoles, 27 de julio de 2016

El Sermón de la Montaña CRISTO (1)


Indicaciones de vida concretas para vivir conforme a las leyes de Dios en la vida diaria.

Reglas de vida sencillas, como "Lo que esperas de tu prójimo, hazlo primero tu" -quien las pone en práctica experimenta su efecto positivo revolucionario en su propia vida.

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. 

El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»


«El Sermón de la Montaña»
- Ay de vosotros

5. “¡Ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibi­do en esta vida vuestro consuelo. Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre. Ay de vosotros los que ahora reís, porque entristeceréis y lloraréis. Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, porque así hicieron sus padres con los falsos profetas. (Cap. 25, 5)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

“¡Ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibi­do en esta vida vuestro consuelo”.

Los hombres que consideran sus riquezas como propiedad suya, son pobres en el espíritu. A muchos de los ricos en bienes materiales, se les dio desde la cuna la tarea espiritual, para su vida terrenal, de ser un ejemplo para aquellos ricos que se atan a sus riquezas con un corazón obstinado e intransigente y cuyos úni­cos pensamientos y aspiraciones son aumentarlas para sí mismos. Un hombre que es rico en bienes terrenales, que ha comprendido que su riqueza es un don que tan sólo ha recibido de Dios para aportarlo a la gran tota­lidad para el bien de todos, y que lo administra para todos legítimamente ése está realizando la ley de la igualdad, la libertad, la unidad y la fraternidad. El está colaborando como donante desinteresado para que los pobres no tengan que sufrir necesidades ni los ricos vivan con lujo.

De esta manera se producirá paulatinamente un equilibrio, una clase media elevada para todos los que estén dispuestos a cumplir desinteresadamente la ley “ora y trabaja”. 

Así, muy paulatinamente crecerá la verdadera humanidad de una colectividad cuyos miem­bros no acumularán bienes terrenales personales, sino considerarán todo como propiedad común, que les ha sido dada por Dios.

Si el rico considera el dinero y los bienes como algo propio y en razón de sus riquezas es bien visto en el mundo, vivirá en las próximas vidas terrenales como efecto de sus causas en países pobres, mendigando el pan que como rico en su día les negó a los pobres. Esto se dará mientras aún sean posibles encarnaciones de este tipo.

El alma de un rico tal tampoco encontrará reposo en los planos de purificación. Las almas pobres en luz, que por su causa tuvieron que soportar sufrimientos y ham­bre en vestido terrenal, lo reconocerán como aquel que les retuvo sin derecho lo que les habría podido ayudar a salir de los enredos del yo humano. Muchas lo acusa­rán, y entonces sentirá su alma misma cómo éstas sufrieron y pasaron hambre. 

De esta manera, un alma que como hombre en vestido terrenal fue rica y bien vista, puede sufrir grandes penas. Estas penas son más grandes que si en vestido terrenal hubiese tenido que mendigar pan.

Comprended: de acuerdo con las leyes del Eterno, a todo el que guarda desinteresadamente el mandamiento “ora y trabaja” le corresponde lo mismo; pues Dios da a cada cual lo que necesita y aún más. 

Pero mientras no todos los hombres se atengan a este mandamiento, habrá en la Tierra los llamados ricos. 
Su tarea es distri­buir sus riquezas acumuladas y vivir como los que desinteresadamente cumplen el mandamiento “ora y trabaja”. Si de esta manera no piensan en su bien, sino en el bien de todos, la riqueza interna se volverá paulatinamente hacia afuera, y ningún hombre pasará hambre o necesidades.

¡Ay de vosotros, los ricos, que llamáis a vuestro di­nero y vuestros bienes propiedad vuestra, y hacéis que vuestro prójimo trabaje para que vuestros bienes se incrementen! 

Yo os digo que no veréis el trono de Dios, sino que seguiréis viviendo allá donde están los pies de Dios en la Tierra, una y otra vez en vestidos terrena­les, mientras aún sea posible. También si fomentáis centros y establecimientos sociales, pero sois mucho más ricos que aquellos que de ahí reciben apoyo, estáis sujetos al satanás de los sentidos, que quiere mantener las dife­rencias entre pobres y ricos.

Mediante estas diferencias surgen poder y servilis­mo, envidia y odio. De ello resultan desavenencias y guerras. Por esto los que se agarran a sus riquezas, aunque piensen de vez en cuando socialmente, están sirviendo al satanás de los sentidos y actuando contra la ley de la vida: contra la igualdad, la libertad, la unidad y la fraternidad.

Quien considera que el dinero y los bienes son pro­piedad suya y acapara para sí, en lugar de dejar fluir estas energías materiales, es un ladrón según la ley de la vida, ya que sin derecho está reteniendo a su prójimo una parte de la herencia espiritual de éste; pues todo es energía. Quien la ata mediante el “mi y mío”, está actuando contra la ley, que es energía fluente.

“Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre”.

El hombre rico y saciado, que sólo llena “sus” gra­neros, está vacío en el corazón. Sólo conoce el “mío” y el “tuyo”. 

Sus sentidos y pensamientos giran alrededor de “mis” propiedades, “mis” pertenencias, “mi” pan, “mis” alimentos; “todo esto me pertenece” este es su mundo. 
Un hombre tal algún día padecerá hambre y necesidades, hasta que comprenda esto: todo participa del SER; todo pertenece a Dios y a todos los hombres que se esfuerzan en hacer las obras de Dios: cumplir el amor desinteresado y la ley de la vida para la Tierra, “ora y trabaja”.

Los hombres que sólo hablan del “mío” y “tuyo”, son hombres pobres en luz, que ya en esta encarnación preparan otro camino terrenal o un largo caminar de su alma en el reino de las almas, en cualquier caso con atuendo de mendigo.

El alma cegada por la materia, inconscientemente tiene hambre de luz, porque es pobre en luz. 

Intenta forzadamente compensar esto con cosas externas, tales como riqueza terrenal o codicia; con gula, embriaguez u otras avideces y placeres. Es insaciable.

“Ay de vosotros los que ahora reís, porque entris­teceréis y lloraréis”.

Quien se ría de su prójimo y se burle de él, algún día estará muy triste y llorará a causa de sí mismo porque subestimó a aquellos de los que se burló y mofó. 

Tendrá que reconocer que en última instancia se rió e hizo escarnio y burla de sí mismo; pues quien condena y juzga a su prójimo, y se ríe, hace escarnio y se burla de él, Me está juzgando y condenando, y está riéndose, haciendo escarnio y burlándose de Mí, el Cristo.

Comprended: quien peca contra el más humilde de Mis hermanos, está pecando contra la ley de la vida y habrá de sufrir por ello. Al mismo tiempo se habrá atado a los que menospreció. Por eso, precaveos y practicad el autocontrol. 

No lo que entra por la boca contamina a vuestra alma, sino lo que sale de vuestra boca es lo que carga al alma y al hombre.

“Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, porque así hicieron sus padres con los falsos profetas”.

Si habláis al gusto de vuestros semejantes, para que os alaben y seáis bien vistos por ellos, sois iguales que los falsificadores de monedas, que por su propio pro­vecho pagan con moneda falsa.

De manera parecida ha ocurrido y ocurre con los fal­sos profetas. Estos han sido y son bien vistos por el pueblo, porque le han hablado a su gusto y porque los bien vistos por el pueblo les han apoyado, dado que con ello esperaban conseguir alguna ventaja y provecho personales.

Comprended vosotros, hombres en el Reino de Paz: en el mundo pecaminoso, muchos profetas justos, y también hombres y mujeres iluminados, fueron calum­niados y perseguidos y muchos de ellos martirizados y matados por los ricos terrenales y poderosos de este mundo, por autoridades de las Iglesias y sus seguidores. En todos los tiempos lo satánico ha utilizado como instrumentos a aquellos que querían quedarse con todo e incrementar para sí mismos su riqueza terrenal y que ambicionaban poder, y también a los que seguían ciegamente a los ricos y a los poderosos.

Esto debéis saberlo para que comprendáis por qué el viejo mundo pecaminoso se hundió de una manera cruel.

Falsos profetas, entre otros, también han sido aquellos que, si bien predicaban el evangelio del amor, no vivían de acuerdo con él. Y también lo han sido todos aquellos que se llamaban “cristianos” y que en su vida diaria se comportaban de un modo indigno para un cristiano. Han sido a menudo elogiados por su arte de oratoria y honrados y alabados por su riqueza y presti­gio.

Oh ved que, no obstante, todos los verdaderos profe­tas e iluminados contribuyeron en el transcurso de los tiempos a que el cristal de la vida interna, con sus muchas facetas de la verdad eterna, reluzca y brille cada vez más. De esta forma se fue edificando, muy paulatinamente, el Reino de Dios en la Tierra.

Para vosotros, amados hermanos y hermanas en el Reino de Paz, se trata de cuidar con cariño, conservar y guardar, como a una flor preciosa, a este ahora perfecto, reluciente y brillante cristal, la vida interna: la ley del amor y de la sabiduría de Dios, Su Orden, Su Voluntad, Su Sabiduría, Su Seriedad, Su Bondad, Su infinita irradiación de amor y Su mansedumbre.

- Vosotros sois la sal de la Tierra

6. “Vosotros sois la sal de la Tierra, pues todo lo sacrificado debe salarse con sal; pero si la sal ha perdido su sabor, ¿con qué se salará? Para nada servirá ya, sino para tirarla y que la pisoteen bajo los pies. (Cap. 25, 6)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Los justos son la sal de la Tierra.

Una y otra vez llamarán la atención sobre irregularidades en este mundo y pondrán el dedo en la llaga del pecado, pues han ocurrido y ocurren muchas desgracias en este mundo aún pecaminoso y muchos hombres se convirtieron en víctimas por causa del Evangelio.

Los justos que se convirtieron en víctimas deben ser rehabilitados por hombres y mujeres justos, pues todo debe llegar a ser manifiesto por medio de la sal de la Tierra. 

Ahora, en el tiempo de transición del viejo mundo pecaminoso al Nuevo Tiempo, el tiempo de luz, los justos sacarán la injusticia a la luz y la harán manifiesta, para que aquellos que hayan hecho injusticias se autorreconozcan y hagan penitencia.

Sin embargo, guardaos vosotros, justos, que sois la sal de la Tierra, para que no pierda sabor, para que permanezcáis en la justicia y no os dejéis seducir; pues ¿quién traerá la justicia a este mundo y quién señalará las irregularidades y pecados que los hombres han creado? Sólo aquellos que conozcan Mi nombre y figuren en el libro del cordero.

Quien ya no sea la sal de la Tierra, irá a parar entre aquellos que han profanado y profanan Mi nombre para sus fines, y han perseguido, calumniado y matado a los justos.

Cuando la sal de la Tierra pierda sabor y el hombre desprecie a su prójimo, sucumbirá a sus propias causas; hablando en imágenes: se pisoteará a sí mismo. Sus causas no expiadas originarán enfermedades, padecimientos y sufrimiento. 

El alma pobre en luz pasará necesidades, sintiendo en su propio cuerpo de alma lo que haya causado a su prójimo.
- Seguidme

8. “No penséis que he venido a destruir la Ley o los Profetas; no he venido a destruir, sino a cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que Cielo y Tierra pasen, no pasará ni la más pequeña letra ni una tilde de la Ley y los Profetas, hasta que todo se haya cumplido. Pues ved que hay aquí Uno más grande que Moisés, y ése os dará la ley superior, incluso la ley perfecta, y esta ley obedeceréis. (Cap. 25, 8)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

En Jesús de Nazaret enseñé a los hombres y mujeres que Me siguieron, y a todos los que Me escucharon, partes de la ley perfecta, de la Ley Absoluta. También les expliqué que la Ley Absoluta del amor irradia a la ley de siembra y cosecha, dado que el Espíritu es omnipresente, obrando también en la ley de siembra y cosecha, la ley de la Caída.

A través de Mí en Jesús de Nazaret, el Cristo encarnado, y a través de todos los demás profetas verdaderos de Dios, el Eterno instruyó a Sus hijos en los planos imperfectos, recordándoles que la ley de la Caída, la ley de siembra y cosecha, es constantemente activa. 

Quien no reflexione y dé la vuelta a tiempo, tendrá que sufrir sus causas en forma de efectos. 
El Eterno ha estado y permanece en el empeño, también en el tiempo actual [1989], de conducir a Sus hijos humanos y a todas las almas hasta Su corazón, hasta la ley del amor eterno, antes de que la cosecha los efectos de las causas que ellos ocasionaron venga sobre ellos. 
El Eterno los ha conducido y los conduce a través de Mí, Cristo, al autorreconocimiento. Les ha dado y les está dando la fuerza para purificar lo que han reconocido y están reconociendo como pecado y falta.

El Cristo, que Yo Soy, vino a esta Tierra, a este mundo, en Jesús de Nazaret, para como Hijo del hombre enseñar a los hombres la ley eterna y vivirla dando ejemplo, a fin de que reconocieran el camino al Padre eterno y cumplieran Su ley de modo que pudieran volver a entrar en las viviendas eternas que El tiene preparadas para todos Sus hijos.

Los hombres que Me siguieron a Mí durante Mi tiempo terrenal y realizaron las leyes eternas, fueron Mis verdaderos seguidores.

En las generaciones siguientes hubo cristianismo y pseudocristianismo: verdaderos seguidores, que Me siguieron libremente a Mí, el Cristo, guardando las leyes del Sermón de la Montaña y pseudocristianos, que sólo hablaban de Mí, el Cristo, pero actuaban contra las leyes. 

Además también hubo los llamados seguidores forzosos, que surgieron por la cristianización de las masas hecha con coacción por las Iglesias.

Comprended: en la ley eterna no existe la coacción. Dios, el Eterno, ha dado a todos Sus hijos el libre albedrío. Quien se decide libremente, tiene, con la libre decisión, la fuerza para lo que caracteriza el cristianismo auténtico: igualdad, libertad, unidad, fraternidad y justicia. Todas las coacciones vienen de la ley de siembra y cosecha, que también es llamada ley de la Caída. Al hombre le ha sido indicado elegir libremente su camino espiritual. Yo, Cristo, he ofrecido y ofrezco el camino al corazón de Dios, pero no coacciono a nadie a seguirlo. 

Quien coacciona a su prójimo, vive bajo la coacción de la ley de la Caída y personifica la forma de pensar de la Caída.

Algunas de las llamadas confesiones cristianas obligan a sus creyentes al bautismo con agua. Ya a los niños pequeños, cuyo libre albedrío todavía no ha sido desarrollado, y que por tanto aún no pueden decidir por sí mismos, se les impone el ser miembros de una Iglesia, mediante el bautismo con agua, y con ello el participar en sus restantes rituales.

Esta es una intervención en el libre albedrío de la persona, lo que equivale a una cristianización forzosa. Estos son sucesos que discurren en la ley de la Caída.

A los hombres que a Mí, Cristo, no Me aceptan ni Me acogen libremente desde el más profundo convencimiento interno, les resulta con frecuencia muy difícil entender y aceptar correctamente los Diez Mandamientos, que son extractos de la ley eterna, porque éstos han sido relegados a un segundo plano mediante las muchas externalidades, formas dogmáticas, ritos, costumbres y cultos. En las confesiones, estas externalidades han llegado a ser lo principal; sin embargo, no tienen nada en común con el cristianismo interno, la religión interna, sino que en parte proceden directamente de los tiempos del politeísmo y de la idolatría y, con ello, del ámbito de los planos de la Caída.

Sólo cuando los hombres se sueltan voluntariamente de los dogmas y formas rígidas que les fueron impuestos, de ritos y cultos, así como de sus propias ideas sobre Dios, pueden ser conducidos paulatinamente a su interior, a su verdadero ser. Ahí, en su ser interno, se encuentran como seres verdaderos en Dios y como habitantes del Reino de Dios, que está dentro de cada hombre. Esta vida interna es la verdadera religión, la religión interna.

Comprended: la eterna ley universal omniabarcante, la ley de los Cielos, es inamovible. Es la ley de todo lo que pertenece al SER puro. Por la Caída se formó la ley de siembra y cosecha, que sólo puede ser disuelta por la realización de las leyes eternas. Sin embargo, no puede ser esquivada. 

La ley de siembra y cosecha obrará en cada alma hasta que los pecados hayan sido reconocidos, purificados, expiados y entregados a Mí, el Cristo de Dios. 
Entonces la ley de la Caída habrá sido abolida en el alma; en consecuencia, el alma estará en gran medida liberada de sus impurezas. Llegará a ser de nuevo un ser puro en Dios, que vive la Ley Absoluta, dado que aspira a la ley absoluta omnirregente del amor y de la vida.

La ley de siembra y cosecha tendrá validez hasta que todo lo contrario a la ley divina haya sido saldado y transformado en energía positiva y todos los seres vivan de nuevo en Dios, del cual surgieron. 

En la medida en que todos los seres provenientes de Dios hayan regresado al corazón de Dios, a la Ley Absoluta, todos los planos de purificación todos los planos parcialmente materiales y materiales, incluyendo la Tierra se transformarán en energía cósmica y volverán a vibrar en la Ley Absoluta. 
Entonces la ley de la Caída estará abolida, y el amor de Dios estará de forma consciente y omnirregente en todo lo que es, en cada ser.

No será quitada ni una tilde de la ley eterna, que trajeron los verdaderos profetas anteriores y posteriores a Mí, y que viví dando ejemplo en Jesús de Nazaret.

Cuando se dice, “ni la más pequeña letra”, con ello se hace referencia a cada aspecto de la verdad eterna, y no a la letra ni a la palabra de los hombres como tal. Las palabras humanas a menudo sólo son símbolos, que esconden lo más interno. 

Sólo cuando el hombre puede percibir lo que hay en el interior del lenguaje simbólico, capta la verdad y el sentido de la vida, que está oculto en lo profundo de las palabras humanas.

“La ley superior”, es el paso a la ley perfecta. Les es enseñada a los seres en gran medida puros que vienen de la Tierra y de los reinos de las almas, en los planos preparatorios que se encuentran ante el portal del Cielo. 

La ley superior es el último peldaño de enseñanza ante el portal del Cielo. Muestra a los seres en gran medida puros cómo se activa nuevamente la irradiación legítima en el cuerpo espiritual, para que pueda ser utilizada en el infinito.

Siendo Jesús de Nazaret enseñé partes de la ley perfecta, de la Ley Absoluta. La verdad completa tuvo que quedar aún oculta para los hombres de antaño, porque todavía estaban demasiado atados a la creencia en los dioses y orientados a las múltiples tendencias religiosas de aquel tiempo. Por eso hablé según el sentido siguiente: cuando haya llegado el tiempo, Yo, el Espíritu de la verdad, os conduciré a toda la verdad.

En el monte Gólgota que significa lugar de las calaveras fui crucificado por los romanos, porque el pueblo judío no Me reconoció ni Me acogió como Mesías. Aunque recorriendo de arriba abajo la región del valle del Jordán prediqué, enseñé, sané y di muchas señales de Mi divinidad, el obstinado pueblo judío permaneció sujeto al clero de los templos, y, por tanto, se hizo cómplice de la muerte de Jesús de Nazaret.

Con las palabras cuyo sentido es, “está consumado”, los destellos redentores se introdujeron en todas las almas cargadas y caídas. Con ello, Me convertí en y sigo siendo el Redentor de todos los hombres y almas.

He obrado y sigo obrando como Cristo de Dios. 

En todas las generaciones hasta el tiempo actual [1989] 
Me he manifestado y Me manifiesto a través de verdaderos instrumentos de Dios, a través de hombres con un alma en gran medida purificada.

En este poderoso cambio de era en que el tiempo de luz se acerca cada vez más a los hombres, enseño la ley eterna en todas sus facetas y cada vez más hombres recorren el sendero hacia el interior, que va al amor de Dios.

Ahora ha llegado el tiempo que anuncié siendo Jesús de Nazaret: “hoy todavía no lo podéis soportar, es decir captar, pero cuando venga el Espíritu de la verdad, os conducirá a toda la verdad”. Ahora estoy en espíritu entre los Míos, los fieles caminantes que van al eterno SER, a la consciencia de Mi Padre, y les enseño la ley absoluta y eterna, para que también aquellos que vivan en el Reino de Paz la cumplan y con ello vivan en Mí y Yo a través de ellos.

Mis palabras son vida, son la ley eterna. 

Persistirán en los caminantes que van a la vida eterna y también en muchos relatos escritos así también en el presente libro para el Reino de Paz de Jesucristo.

Comprended: sólo la ley eterna del amor hace libre al hombre no la ley de siembra y cosecha. 

Esta sólo le trae sufrimiento, enfermedad, necesidades y padecimiento.
EMMET FOX

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.
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