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martes, 24 de mayo de 2016

El trabajo del pensamiento: Extraer la quintaesencia. (Omraam M. Aivanhov)



El trabajo del pensamiento: Extraer la quintaesencia.

Hoy querría detenerme sobre la cuestión del trabajo que podéis realizar con el pensamiento.

Sé muy bien que la mayoría de personas no practican esta actividad, no se dedican a concentrarse y a meditar, porque consideran que esto es inútil. ¿Por qué perder un tiempo precioso que podríamos emplear en ocupaciones mucho más importantes? Los seres humanos están tan acostumbrados a trabajar en lo superficial, que resulta difícil dirigirlos hacia otra concepción de la vida. No se imaginan que en el trabajo con el pensamiento hay unas posibilidades fantásticas que ninguna otra actividad puede proporcionar.

Veamos algunas imágenes. Cuando se extrae hierro o cobre de un mineral se necesitan toneladas y toneladas de este mineral para obtener cierta cantidad de metal; el resto es la ganga, la tierra que debemos desechar. Asimismo, para obtener algunos litros de esencia de rosas de Bulgaria, son necesarios vagones de pétalos. Por consiguiente, es tan preciosa, que un litro de esencia de rosas vale una fortuna. En cierta manera todos los trabajos de los seres humanos consisten, en general, en remover la ganga, la materia más basta, mientras que el trabajo con el pensamiento permite extraer la quintaesencia. 

Si no sabéis trabajar con el pensamiento para concentraros, controlaros, dominaros, orientar vuestras energías y dirigirlas hacia regiones superiores, todo lo que podréis obtener será parecido a los vagones de material que estorban, y con los que nada puede hacerse mientras no aprendáis a extraer de ellos la quintaesencia.

Por este motivo los Iniciados trabajan tanto para obtener esta quintaesencia, que es algo imponderable que da gusto y sentido a las cosas. Incluso admitiendo que poseéis todas las riquezas de la tierra, si no tenéis esta quintaesencia, que se encuentra en el plano mental, os sentiréis pobres, vacíos, inquietos e insatisfechos. 

No es la cantidad de materia lo que da sentido a la vida, sino su calidad, su quintaesencia. Por desgracia todas las actividades humanas consisten en romper piedras, en acumular mineral, simbólicamente hablando, sin llegar a extraer la quintaesencia, pues para obtenerla es necesario realizar otro tipo de actividad.

Las personas trabajan y ganan dinero, pero por más que hagan siempre se quejan de que falta algo. Precisamente lo que les falta es esta quintaesencia, este algo infinitesimal que da sentido a la vida. Se lanzan únicamente sobre la cantidad, mientras que la quintaesencia sobreentiende la calidad. Todo el mundo se orienta hacia la cantidad, la producción, el consumo, sin preocuparse de la calidad. La cantidad es el mundo físico, las piedras, la tierra. La calidad es el mundo espiritual, el mundo divino.

Unicamente en las Escuelas iniciáticas se enseña a los discípulos a buscar la quitaesencia.

Una Escuela iniciática es como una destilería. Y, ¿qué se destila en ella? Todo lo que el hombre ha vivido y ha acumulado en cuanto a pensamientos, sentimientos y sensaciones; todas las experiencias que ha tenido, incluyendo estupideces y sufrimientos. En una Escuela iniciática el discípulo aprende a extraer la quintaesencia de su existencia, es decir, aprende a asimilar unas lecciones, obtener una sabiduría, comprender cómo actúan las leyes y porqué en determinado campo ha conseguido éxitos mientras en otro sólo ha cosechado fracasos.

Un Iniciado es un ser que ha conseguido extraer la quintaesencia de su propia vida. 

Es como si fuera un frasquito del que emana un perfume inagotable. Cuando un Iniciado ha encontrado la quintaesencia de su vida, de su ser, ha encontrado lo más precioso y lo más puro que pueda existir: la quintaesencia de toda la creación, Dios. La quintaesencia es lo más perfecto que podemos encontrar. Es una fragancia, algo precioso, que despide olor e irradia de una manera inagotable. Un solo gramo de esta preciosa materia es capaz de esparcir partículas y más partículas por el espacio sin que ella misma disminuya en absoluto. La quintaesencia del hombre es su espíritu.

Los eruditos se maravillan de lo que descubren, pero jamás se han asombrado de ellos mismos... y, sin embargo, constituyen una quintaesencia más preciosa que un trozo de uranio o plutonio. Hay que asombrarse y maravillarse de uno mismo sabiendo que ya hace tiempo que somos plutonio o radio, o sea un elemento inestimable que irradia desde hace miles de millones de años y que continuará irradiando durante milenios. Qué lástima que sea sólo el mundo externo el que atraiga a los seres humanos: son como niños que no tienen conciencia de su mundo interno y exploran continuamente el terreno a su alrededor.

Cuando el hombre abandona el trabajo del pensamiento, que es el único capaz de ordenar y orientar su vida, poco a poco desciende al Infierno, porque el Infierno también está en él. 

El hombre contiene en sí mismo el Infierno y el Cielo, y de él depende el que vaya hacia uno o hacia otro. ,Pero como el hombre quiere ser libre e independiente porque «quiere vivir su vida», la mayoría de las veces se dirige hacia el Infierno, hacia el desorden y el caos. 
No os dejéis influir por todos los ignorantes que quieren alejaros de la vida espiritual, persuadiéndoos de que de este modo seréis felices. ¡Es imposible! Escuchad más bien a los Iniciados que os aconsejan orar y meditar cada día. Naturalmente, también tenéis que continuar trabajando en el mundo, desempeñando vuestro oficio, ganando dinero, pero no rechacéis por completo el único medio que puede llevaros a una vida más sensata y más rica.

Continuamente constato que las personas trabajan contra ellos mismos: han suprimido todo lo que es esencial, todo lo que podía orientarlos hacia una vida espléndida al darles sabiduría y control, es decir, el trabajo del pensamiento. 

Para obtener grandes resultados hay que empezar atrabajar desde muy joven en este sentido, con paciencia y con tenacidad.

Removiendo las entrañas de la tierra se extraen miles de toneladas de piedra y de tierra: eso es lo más fácil. 

Lo más difícil es extraer lo que contiene este elemento. 
El trabajo del pensamiento también es difícil. La mayoría de la gente se imagina que sus meditaciones darán resultado inmediatamente, pero al no constatar resultados inmediatos, abandonan esta práctica. ¿Por qué tienen tanta prisa? 
Hace falta tiempo, mucho tiempo, para extraer lo más valioso. Tenéis que comprender bien lo siguiente: desde el preciso momento en que habéis empezado este trabajo ya no debéis deteneros, sino que tenéis que dedicar cada día algunos minutos, como mínimo, a la meditación, y si es posible una hora o dos. En realidad, sería menester poder dedicarle días enteros. Algunos minutos es muy poco, pues, ¿qué quintaesencia puede extraerse en este espacio de tiempo?

Observad estos países pobres, incluso desérticos, en los que se han descubierto fantásticas riquezas subterráneas: petróleo, gas natural, oro, diamantes... Del mismo modo, si el más desheredado y desgraciado de los hombres puede comprender estas verdades e inicia en su vida este proceso de selección y destilación, conseguirá sacar de sus fracasos, desgracias y estupidez, una quintaesencia o sabiduría: descubrirá las leyes, comprenderá los designios de la Providencia y encontrará su camino para el futuro.

Así pues, creedme: si conseguís extraer la quintaesencia de vuestra vida, os convertiréis en algo valioso. 

De la misma manera, aquel país tan pobre que un día encuentra una mina de diamantes, se vuelve rico gracias al subsuelo, repleto de piedras preciosas. Incluso si vosotros fueseis el ser más abandonado y desgraciado del mundo, podríais volveros archimillonarios, reyes de talo cual virtud, cualidad o sabiduría.

El pensamiento es el medio más eficaz que existe para vivir la vida divina, pero con la condición, evidentemente, de concentrarse únicamente en cosas positivas. 

Porque todo el mundo piensa, pero, ¿de qué manera? Es como si uno se acerca a un montón de estiércol y empieza a removerlo:
entonces éste desprende un olor nauseabundo. 

Los seres humanos a menudo piensan así:
remueven la basura, y ¡todo apesta! Todo el mundo piensa, no existe nadie que no piense. Los humanos, aún cuando no estén concentrados, piensan, pero piensan mal. Yo no digo que las personas tengan que esforzarse en pensar, pues ya piensan, porque el pensamiento es lo primero y lo preside todo. 

También piensan los perezosos, pero su pensamiento flota como hoja arrastrada por el viento. Otros piensan en cómo engañar, robar, sisar o asesinar. Seguro que su pensamiento trabaja, pero esto no es verdaderamente pensar.

Para pensar de verdad, ante todo hay que saber sobre qué pensar y luego cómo hacerlo.

Cuando hablo del pensamiento, hablo de un instrumento que tenemos que utilizar para acercarnos al mundo divino: un mundo de luz, de certeza y de paz. Si el pensamiento no nos acerca al mundo divino, nos acercará al Infierno. 

En realidad el pensamiento está ligado tanto al uno como al otro, y por esto tenéis que esforzaros en arrancarlo de todos los poderes inferiores a los que está sujeto, orientándolo hacia el Cielo. De lo contrario vivís en el Infierno, y aunque consigáis éxitos y seáis bien acogidos en recepciones suntuosas donde os saluden las más grandes personalidades, continuáis viviendo en el Infierno. Mientras que si sabéis orientar vuestro pensamiento hacia el mundo divino, aunque estéis aislados, experimentáis una alegría inmensa, porque el cielo y la tierra están en vuestro interior, os pertenecen. Naturalmente, aquél que os vea podrá pensar:

«Verdaderamente está loco: no sabe por qué está tan contento». Pero, ¿qué importa lo que digan los demás? El hombre ha sido creado para poder vibrar en consonancia con el Cielo y con el Infierno. El Señor no lo ha limitado. Y cuando hay personas que dicen: «Si Dios existiera impediría que las personas cometieran crímenes», yo les respondo que son unos ignorantes, pues la grandeza de Dios estriba precisamente en haber dado a los seres humanos la libertad de convertirse en malhechores. 

Si El lo hubiera impedido, todos seríamos unos robots, unos autómatas. ¿Cuál sería la grandeza de Dios si no tuviéramos ninguna libertad? Todos cantaríamos la misma canción y ello carecería de interés. Por esto Dios ha dicho: «Sería muy aburrido si los hombres hiciesen siempre las mismas cosas, hagámosles un poco libres». Y ahora, El asiste al espectáculo... Sí, porque se trata de un teatro.

Naturalmente vais a contestarme: «Ud. se contradice, porque nos ha dicho varias veces que el Señor no se fija nunca en lo que hacen los seres humanos». Claro que El no los observa, ya sabe de antemano de lo qué son capaces, entonces, ¿para qué vigilarlos? Conoce tan bien lo que puede esperar de ellos, que no se sorprende en absoluto. Nunca se puede sorprender al Señor, ya que sabe con antelación lo que puede pasar. 

Por esto ha tomado su equipaje y se ha trasladado allá arriba, donde se ocupa de otras recepciones, dejando a los seres humanos en libertad para romperse la cabeza.

Bien, dejemos de lado esta cuestión. 

Lo que quiero que comprendáis por encima de todo es la importancia que tiene este hábito de no dejar pasar un solo día sin concentraros en temas elevados, pues en este instante estáis desencadenando fuerzas de orden superior y entráis en comunicación con las regiones más puras, de las que captáis una ayuda, un sostén. ¿Realmente son tan grandes las ventajas obtenidas? Son inmensas. 
En primer lugar mejora vuestra salud, pues dejáis de perder cantidad de energía en peleas externas einternas. 
A continuación, os limpiáis de elementos impuros y os enriquecéis con elementos nuevos, más espirituales. 
Finalmente las entidades que habitan en los planos superiores os conocen más y mejor, porque continuamente estáis proyectando rayos luminosos tan poderosos que estas entidades empiezan a darse cuenta de que, en medio de las tinieblas de la tierra, hay un ser que hace señales, y se sienten obligadas a preocuparse de él.

Es muy importante que nos acostrumbremos a esta práctica de la meditación. Claro está que no os aconsejo vivir como los yoguis, que meditan todo el día; pero cortar los lazos con el Cielo sólo para ganar dinero, o hacer negocios, tampoco es recomendable. Como podéis ver, los consejos que os doy son los mejores. Podéis ganar dinero, hacer amistades, y todo lo que queráis, pero dedicad también un poco de tiempo en conseguir la quintaesencia. Porque aún admitiendo que poseáis el mundo entero, si no tenéis esta quintaesencia, os preguntaréis: «¿Qué puedo hacer con todo esto? Me siento agobiado», y seréis desgraciados. No os servirá de nada haber conquistado el mundo si no tenéis la quintaesencia.

Y recordad que esta quintaesencia sólo se obtiene por medio del pensamiento. 

Por ejemplo, cuando os encontráis en dificultades, sois desgraciados y habéis perdido lo que poseíais, aún os queda el pensamiento. En tal caso, trabajad con él, concentradlo, dirigidlo hacia el Cielo para poneros en comunicación con las entidades superiores, y siempre experimentaréis una mejora.

Por medio de la oración y de la meditación se puede encontrar todo. Algunas personas eran tan desgraciadas que querían desaparecer, suicidarse, pero han orado una y otra vez, y con ayuda del pensamiento se han puesto en comunicación con mundos tan extraordinarios, que han comprendido que en realidad no habían perdido nada, y no les habían causado ningún mal. Se sentían de nuevo ricos y dichosos. Poseer la quintaesencia consiste precisamente en esto.

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Los secretos del libro de la naturaleza
 

El Poder del Fuego (Omraam M. Aivanhov)


El poder del fuego.
 
Omraam M. Aivanhov

Todo el mundo tiene sus manías, y yo también las tengo. 

No hay excepciones. Siempre repito la misma frase: 
«Lo que está abajo es como lo que está arriba...», y las mismas palabras sobre el gran libro de la naturaleza viviente. 
Pero, verdaderamente, se trata de una idea fija muy útil, y os lo puedo probar al demostraros una vez más que esta frase constituye para mí una clave.

Recuerdo que cuando era joven, tenía 13 ó 14 años, me encantaba ensayar todo tipo de oficios. 

Lógicamente no duraba mucho tiempo en ellos: algunos días o algunas semanas, y eso ocurría durante las vacaciones, cuando terminaba la escuela, porque prefería contratarme en algún sitio y aprender diferentes oficios, a jugar con los demás niños... y así fue como me convertí en sastre. No fue por mucho tiempo, duró sólo un día, pues, sinceramente, el oficio de sastre no me gustó: ¡me dormí enseguida! Lo único bueno es la postura, la llamada «sentada de sastre », que consiste en sentarse con las piernas cruzadas un poco como los yoguis, en la posición de loto. Pero yo me dormía porque coser no es nada apasionante: ¡no se acaba nunca! Y además me pinchaba los dedos. Entonces me dije que este oficio no era para mí, y al acabar la jornada lo dejé.

De todos modos, el haber cosido durante todo un día deja huella, y a lo largo de toda mi vida he continuado cosiendo a mi manera. No se trata de que vaya a abrir una tienda para ganar dinero, pero sí que me coso mis propios trajes. 

¿Estáis sorprendidos? Pues bien, visito ciertos almacenes que conozco, escojo las mejores telas, y me hago yo mismo lo trajes, las americanas, los abrigos más hermosos... Los trajes los encargo a otros o los compro, pero me he dado cuenta de que la ropa interior sólo la puedo escoger yo, y lo hago a mi gusto. 
De este modo soy mi propio sastre... Ahora, espabilaos para interpretar todo esto.

Hay un oficio en particular que ha dejado huella en mí. 

A menudo, cuando paseaba, pasaba por delante del taller de un herrero, y me impresionó tanto el ver cómo este hombre daba martillazos sobre un hierro incandescente hasta darle la forma requerida, que quise trabajar con él; me gustó y permanecí en su taller varias semanas; pero, al llevar sandalias, las chispas que saltaban del fuego me quemaban los pies descalzos y me salieron ampollas: empecé con el fuelle ayudando al herrero, y jamás podré olvidar el espectáculo de las chispas saltando, ¡era magnífico!

De este trabajo en casa del herrero he sacado una lección para demostraros cómo utilizo la clave de la analogía. 

Todo el mundo sabe que para forjar el hierro hay que ponerlo al fuego y esperar a que se ponga al rojo, y después incandescente. Generalmente no nos entretenemos en descifrar el gran secreto iniciático que se esconde detrás de este fenómeno. Sin embargo, una de las páginas más importantes del libro de la naturaleza viviente se concreta en esta pregunta:

¿cómo puede la llama comunicar al hierro su calor, e incluso su luz? Es un misterio. El hierro se vuelve exactamente como el fuego, luminoso, radiante, ardiente; aquello que antes era gris, mate, frío y duro, se transforma y adquiere nuevas propiedades...

El hombre también es comparable a un metal, como el hierro, por ejemplo, y sólo el contacto con el fuego puede volver lo resplandeciente, ardiente, cálido. 

Es evidente que estoy hablando del fuego espiritual y no del físico, ya que hay varias clases de fuego. 
Unicamente los místicos conocen este contacto con el fuego espiritual: se trata de un calor, de un amor, de un éxtasis, de una clase de vida intensa. Este fuego es una vida que os quema y transforma en otro ser... Así como el fuego físico tiene la propiedad de volver al hierro lo suficientemente flexible y maleable como para darle nuevas formas, del mismo modo el fuego celeste, que es el amor divino, puede sumergir al hombre en un estado espiritual en el que se liberará de su antigua forma, dura, opaca y fea, para recibir otra nueva, luminosa, radiante.

Los verdaderos místicos, los verdaderos profetas e Iniciados, han conocido siempre este secreto. Han sabido encontrar el verdadero fuego, que es el del alma y del espíritu, y al sumergirse en él han conseguido llegar a un estado de perfecta maleabilidad, golpeándose hasta darse una nueva forma. Finalmente bañaban el metal para fijar definitivamente dicha forma. Este es un detalle que tampoco se ha sabido interpretar. Después de calentar el hierro al rojo vivo, hay que sumergirlo en agua fría para que su nueva forma se vuelva dura y resistente, y esto mismo también sucede en el mundo espiritual. El agua fría son las adversidades, las dificultades. 

El fuego lima los metales, y el agua los endurece, mientras que referido a la tierra el fenómeno es al revés: el agua la torna más blanda y el fuego la reseca. Es un aspecto más del lenguaje del libro de la naturaleza viviente.

Existen varias clases de fuego, que podemos clasificar en tres categorías: el fuego físico, visible, que consume y devora los objetos; el fuego astral, que nos quema y nos atormenta, como por ejemplo el fuego del amor humano puramente pasional, sexual; y finalmente el fuego divino, el fuego del sol que no consume, que no hace sufrir, sino que nos da la luz, la alegría, el éxtasis y la sublime sensación de estar en comunicación con el mismo Dios. Este es el fuego celeste.

Mientras que el fuego pasional, que los seres humanos conocen perfectamente porque les quema y consume, a menudo sólo es una llamarada; y, sin embargo, aman este fuego que los hace sufrir, adelgazar, arrancarse los cabellos... Muy pocos saben ir más allá para sumergirse en el fuego que inunda las regiones superiores. Yo conozco este fuego porque en varios momentos de mi existencia, Dios me ha concedido la dicha de poder gozar de este fuego celeste.

Para poder transformamos, remodelar nuestro temperamento, nuestras tendencias, nuestros hábitos, incluso nuestra herencia, debemos atraer, llamar a este fuego celeste, suplicarle que descienda sobre nosotros y soplar, soplar sin cesar sobre él para que haga que nos fundamos. A continuación debemos pedir a alguien que nos modele, o bien modelamos nosotros mismos, siempre y cuando seamos lo bastante conscientes para hacerlo. De este modo es como interpreto yo el oficio del herrero.

Yo he verificado personalmente todo lo que os cuento, por esto puedo indicaros de qué manera llegaréis a transformaros completamente: debéis prepararos intensamente, es decir, rogar, suplicar para atraer el fuego celeste, y cuando éste entre en vuestro interior, experimentaréis tal efervescencia que os derretiréis. Después de semejantes momentos ya no tendréis interiormente la misma forma, e incluso físicamente, poco a poco, os transformaréis, y llegaréis a moldearos un nuevo semblante.

Os repito que he experimentado todo cuanto os digo. 

He tenido la dicha, el privilegio de haber conocido, de haber probado este fuego, y entonces he comprendido que el fuego podía fundir y cambiar las antiguas formas. Por este motivo, deberíais desear únicamente este fuego celeste, pensar en él, y contemplado hasta que acuda a abrazar y conmover vuestro corazón, vuestro ser.

No confiéis en las lecturas y las explicaciones porque no sirven para nada mientras no se encienda el fuego que os haga vibrar, temblar, haciendo de vosotros un ser vivo como el sol.

Porque el sol es un fuego y por esta razón cada mañana debéis acudir a verlo para restablecer el contacto con el fuego celeste. Si os unís al sol, os dejáis abrazar por él con todo vuestro amor e inteligencia, las llamas empezarán a rodearos y a brotar de vosotros. El Espíritu Santo no es otra cosa que el fuego sagrado del sol.

Hay que tener en cuenta al sol, pues sólo él puede comunicaros este fuego, incendiaros, haceros arder y brillar. Dedicaos cada día al sol, conscientemente, hasta que llegue el fuego divino capaz de revelaros todas las cosas. Todos los Iniciados dicen lo mismo: si no alcanzáis este fuego, no conseguiréis nada. 

Hay que llegar a este fuego sin el temor de quemarse, porque no quema, sino que transforma. En realidad sí que quema, pero sólo los desechos, las impurezas, y no lo que es puro, noble y divino. Un fuego no daña a otro fuego, no puede destruir lo que es de su misma naturaleza.

Si leéis a Ezequiel, a san Juan u a otros profetas, veréis que cuentan cómo purificó Dios sus labios con un carbón ardiente o haciéndoles tragar un pequeño libro... Se trata siempre de lo mismo, aunque adopte distintas formas: se puede recibir un espíritu - llamadlo Espíritu Santo, si queréis - por medio de la respiración o del aire. Los hindús dicen que es una especie de «prana» celeste, otros dicen que es el fuego o la luz... 

No importa como se le llame; se trata de un espíritu que el hombre recibe del aire al respirar. Por este motivo ciertas Enseñanzas Iniciáticas dan tanta importancia a la respiración; la inspiración y la espiración son el principio y el fin, son el mismo Dios, la vida eterna. La vida empieza con la primera inspiración, y cuando el hombre muere se dice que «expira». Así pues, tenéis que comprender perfectamente la importancia de la respiración y estar muy atentos.

Por ejemplo, al comer, ¿tenéis el hábito de respirar correctamente? No; las personas enferman porque hablan, gesticulan, tragan y respiran mal cuando comen... 

La nutrición no puede hacerse correctamente sin una respiración armoniosa. 
Es otra cosa que no habéis tomado muy en serio; y, sin embargo, es muy importante no hablar durante las comidas para que podáis respirar correctamente, pues por medio de la respiración atraéis elementos sutiles y acumuláis reservas para toda la jornada. Realizad algunas respiraciones profundas durante las comidas; aparentemente puede parecer poco interesante, pero es un método que encierra grandes secretos.

¡Pero las personas están tan alejadas de todo esto! Por ello yo aconsejo a todos los que abordan nuestra Enseñanza que no se sorprendan, que no critiquen ni comparen nuestros métodos con la instrucción que han recibido en el mundo. Que tengan paciencia y estudien, y cuando se haga la luz, quedarán deslumbrados al ver la riqueza de nuestra Enseñanza y de nuestras prácticas:
parecen insignificantes, pero en realidad permiten el acceso a otras posibilidades distintas de las que conocían hasta ahora.

Como podéis comprobar mi filosofía no proviene de la lectura, sino de la experiencia. Todo lo que os revelo lo he practicado ininterrumpidamente, y aún hoy en día estoy dispuesto para conocer, probar y abordar otras verdades con la esperanza de enseñároslas algún día. Confiad en mí y decidíos de una vez por todas a conocer, sentir y poseer el poder del fuego celeste. 

Para ello concentraos más profundamente en el Sol, en el fuego que invade el universo. Intentad comprender su naturaleza, de qué modo acude a nosotros para conmovernos intensamente, y cómo puede comunicarnos sus propiedades. 
Hay que llegar a absorberlo para que con su calor haga fundir las viejas formas endurecidas y las podamos remodelar. 
En ciertos niveles hay que trabajar con el agua porque ésta sabe modificar lo que hay de pétreo y de térreo en nosotros; pero con todo lo que es metálico, hay que utilizar el fuego.

Aprended a valeros del poder del fuego. Demasiado a menudo los seres humanos se dejan abrasar y atormentar por el otro fuego, el astral, que desprende gran cantidad de humo y deja muchas cenizas. El fuego celeste no produce humos ni desechos, sólo produce luz, calor y vida.

Por desgracia, los hombres y las mujeres prefieren siempre desencadenar el fuego devastador del plano astral, y entonces dicen: «Me quemo, me quemo...» Por otra parte, nadie duda ni se extraña cuando les preguntamos qué es este fuego, pues todos lo conocen. Sin embargo, en cuanto al fuego celeste, no encontraréis muchos candidatos que sepan de qué se trata.

Existen tres tipos de fuego; en realidad hay miles, pero para simplificar los clasifico en tres categorías: el fuego físico, que no distingue los buenos de los malos, sino que quema todo y a
todos; el fuego astral, o infernal, que siente una gran predilección por las personas desbordantes de pasión, de deseos, de codicia y de maldad; y sobre las que está dispuesto 

a abalanzarse en cualquier momento para consumirlas, porque para él se trata de un alimento apetecible; en cambio no tiene ningún poder sobre los seres unidos a Dios o a los ángeles. 
En cuanto al fuego celeste, busca aquellos que son absolutamente puros y luminosos, y cuando los encuentra, avanza sobre ellos, los abraza, convirtiéndolos en hijos de Dios, hermosos, luminosos y resplandecientes como el Sol.

Por consiguiente el fuego físico no elige: le da igual que alguien sea justo o injusto, no le preocupa; lo quema, eso es todo. 

Los otros dos fuegos sí que eligen. El fuego divino no desciende sobre cualquiera. Sí, se trata de una especie de rayo; aquellos que reciben la gracia, las bendiciones de Dios, son fulminados por un rayo divino. 
Se habla del flechazo en el amor: «En el mismo momento en que la vi, he sentido el flechazo», dice el joven, y, desgraciadamente, desde entonces su destino está ya trazado: tendrá que sufrir, llorar, e incluso quizás llegará a cometer un asesinato, etc... ¿Para qué este flechazo? Para aprender ciertas cosas gracias al sufrimiento.

También otros reciben un flechazo, pero en este caso se trata de un flechazo celeste, y también están continuamente a punto de llorar, pero de éxtasis. ¡Cuántos santos y místicos han recibido esta gracia! Al leer su biografía veréis cómo san Juan de la Cruz, la pequeña Santa Teresa, y tantos otros han recibido un flechazo de Cristo; también algunos poetas o artistas lo han sentido.

En mi opinión no existe nada más precioso, más raro, más maravilloso. Ninguna gracia puede compararse al flechazo celeste del fuego sagrado, no existe nada más elevado.

Pero no lo sabemos o comprendemos todo porque hayamos recibido este flechazo; el fuego celeste no nos vuelve de golpe omniscientes y todopoderosos, simplemente nos da la posibilidad de transformamos, y nos corresponde a nosotros el trabajar con él para desarrollarnos perfectamente, idealmente... 

El mayor contratiempo que pueda sucedernos, la pérdida más terrible que podamos sufrir, es llegar a perder esta gracia o Espíritu Santo. Muchos ocultistas, místicos o iniciados han poseído este fuego y lo han perdido de un modo u otro; algunos lo han reconquistado, ¡pero a costa de cuántos sufrimientos, lágrimas, arrepentimientos y trabajos! Este fuego es tan consciente que podríamos decir que se siente «vejado» cuando la persona ha sido tan negligente hasta el punto de dejarlo escapar... Esta debe humillarse, llorar y suplicar largo tiempo para que aquél consienta en volver; pero si consiente, se aferra tan fuerte, hunde tan profundamente sus raíces en el interior del ser humano, que ya no lo abandona jamás.

He estudiado muchos casos, he vivido numerosas experiencias, y cada día dialogo sin cesar con el fuego... tanto interiormente como exteriormente sólo me interesa el fuego. 

He sentido predilección por él desde que nací; pero, mientras que en mi infancia incendiaba los graneros, más tarde comprendí que ya no tenía que preocuparme del fuego externo y que ante todo debía iluminar mi corazón, y a continuación el de los demás.

Ahora os doy el siguiente consejo: contemplad diariamente la salida del sol sabiendo que hay en él una chispa, una llama con la que podéis encender vuestro corazón. 

Al igual que la mañana de Pascua en las Iglesias ortodoxas. 
En esta mañana la Iglesia está llena, el pope enciende un cirio y pasa la llama al fiel más cercano, éste a su vez enciende el cirio del vecino, y así sucesivamente hasta que toda la Iglesia se ilumina. Por consiguiente, un solo cirio ha encendido todos los demás: es simbólico. El Sol también es un cirio con el que podemos encender nuestro propio cirio. A veces tardamos años en conseguirlo porque interiormente hace viento o llueve, pero un buen día, de pronto, conseguimos encenderlo y empieza a desprender un poco de luz. En aquel momento, el vecino advierte que hay algo con lo que iluminarse, y acude también él a encender su cirio, después acude un segundo, un tercero, etc..., y así, de este modo, un día el mundo entero puede estar repleto de cirios encendidos.

Os daré un ejemplo más prosaico: el de un hombre que saca chispa con el eslabón para encender su cigarrillo. Consideremos este ejemplo, aunque no sea muy brillante. 

El sol es el sílex (¡lo cual es incomprensible para vosotros !), y vosotros tenéis un trozo de hierro. Cada mañana golpeáis el hierro con el sílex y, de pronto, surge la chispa. El sílex es fiel a la cita. Por lo tanto, debéis presentaros cada día con este hierro y golpear, es decir, trabajar con la voluntad, para que salte la chispa; os corresponde a vosotros golpear. 
No es el sol quien tiene que arreglarnos las cosas, sino que debemos hacerlo nosotros. El sol ya lo hizo hace mucho tiempo. Nosotros somos quienes debemos acudir a su encuentro, quienes tenemos que realizar nuestro trabajo encendiendo nuestro cirio gracias al gran cirio del Sol... ¿Está claro? ¿No es cierto que interpreto correctamente las imágenes y símbolos del gran libro de la naturaleza viviente?

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Los secretos del libro de la naturaleza
 

Pensamiento Semanales del16-23 Mayo 2016 Omraam Mikhaël Aïvanhov‏


Pensamiento del lunes 16 de mayo de 2016.
"Se acusa a las religiones de haber masacrado a muchos seres humanos en nombre del amor de Dios, y desgraciadamente es cierto. Pero también es cierto que los ateos persiguieron a sus semejantes con igual ferocidad que los creyentes. 
Y los ciudadanos de los Estados sometidos a regímenes políticos hostiles a toda espiritualidad, no han sido ni más libres ni más felices.
No es pues la religión la culpable, son los humanos: no tratan de analizar el origen y la naturaleza de sus convicciones y de sus comportamientos, y no buscan los métodos para mejorarse, para ser capaces de vivir en paz unos con otros; y entonces destruyen todo lo que tocan, no sólo la religión, sino también la filosofía, la política, la ciencia, el arte, etc. Cada uno de estos dominios se convierte en lo que los humanos hacen de él. 
Por esto deben comprender que lo más importante es empezar a trabajar sobre sí mismos, con el fin de que sus pensamientos, sus sentimientos y sus actos estén realmente a la altura de las causas a las que pretenden servir."
Pensamiento del martes 17 de mayo de 2016.
"«No está bien tomar el pan de los niños y tirarlo a los perros», decía Jesús. Para interpretar correctamente estas palabras, hay que comprender a qué corresponden este pan y estos perros en nuestra vida interior. El pan, son todas las cosas buenas que preparamos en nuestro corazón, nuestro intelecto, nuestra alma y nuestro espíritu. No hay que darlas a comer a los perros, es decir, simbólicamente, a las entidades inferiores del plano astral, sino que hay que guardarlas preciosamente para alimentar a los ángeles, a los arcángeles y a todas las entidades celestiales. Porque los visitantes del mundo divino se sienten felices de estar entre nosotros, pero si al aproximarse, comprueban que no son atendidos y que entidades inferiores ya se lo han comido todo, se alejan.
Los espíritus luminosos descienden cada día cerca de los humanos. Son visitantes reales cargados de regalos. Pero es preciso al menos ser capaces de acogerles con el alimento que ellos aprecian: los pensamientos y los sentimientos de la mayor pureza. Si no, se van."
Pensamiento del miércoles 18 de mayo de 2016.
"¿Cómo definir la experiencia mística?... A través de la oración, la meditación y la contemplación, el místico se esfuerza en capturar al espíritu divino y retenerlo en su alma. 
Esta captura se manifiesta en él como una iluminación, un arrobamiento, un éxtasis. Desgraciadamente estos estados superiores no duran, rápidamente recae a su nivel de conciencia ordinaria, y para volverlos a sentir, debe sin cesar renovar sus esfuerzos.
Sólo los seres que han conseguido preparar en ellos un receptáculo conveniente, pueden retener el espíritu divino. 
Este receptáculo ha sido llamado, en la tradición esotérica, la copa del Grial. Los alquimistas, que emplean otro lenguaje, hablan de «fijar lo volátil». Pero para fijar lo volátil – el espíritu cósmico –, hay que condensarlo y materializarlo, y esto sólo es posible si se trabaja al mismo tiempo en el proceso inverso, es decir «volatilizar lo fijo», el cuerpo físico. 
Es pues sobre la materia del cuerpo físico que debemos también concentrar nuestros esfuerzos a fin de purificarla e iluminarla. Porque el espíritu sólo acepta habitar un cuerpo que vibre al unísono con él."
Pensamiento del jueves 19 de mayo de 2016.
"Antes de ser regiones del mundo invisible descritas por la religión, el infierno y el paraíso, son dos formas de vida que ya existen dentro de nosotros. La vida del infierno es pesada, turbia, oscura: es, por analogía, la del tubo digestivo, del vientre, del sexo. La vida del paraíso es sutil, pura, luminosa: es, por analogía, la de los pulmones, del corazón, del cerebro.
En nosotros lo de abajo (el infierno) y lo de arriba (el paraíso), están separados por el diafragma. Pero deben trabajar juntos, la estructura de nuestro cuerpo nos lo dice. Sólo hay que vigilar siempre que el lado superior domine al lado inferior. Es necesario que sea ahí, en lo alto, donde la conciencia establezca su morada y que lo de abajo suministre entonces los materiales, las fuerzas brutas que el paraíso dirigirá y fecundará. Esforzaos pues en vivir en vuestro paraíso y, desde allí, aprended a utilizar los materiales y las fuerzas de vuestro infierno."
Pensamiento del viernes 20 de mayo de 2016.
"Ahora que os habéis comprometido en el camino divino, debéis seguir incansablemente vuestra marcha. Los obstáculos ceden uno tras otro ante aquél que no se detiene en el camino, porque ha puesto en movimiento las poderosas leyes de la vida.
La vida espiritual es como la ascensión a una alta montaña. Por esos senderos arduos, escarpados, es imposible que no paséis por momentos de debilidad, de desánimo, o incluso de caída, pero ésta no es una razón para deteneros. Durante algunos días quizás os sintáis morir, y después resucitaréis. Si. En el más profundo de vuestro desánimo, debéis aferraros a este misterioso resplandor que todavía permanece en vosotros. Os dice que a «la muerte» que estáis viviendo seguirá una resurrección. Nadie mejor que vosotros mismos puede socorreros, porque todos los poderes están en vosotros."
Pensamiento del Sábado 21 de mayo de 2016.
"Las fuerzas de la naturaleza no son en sí mismas ni buenas ni malas: se vuelven buenas o malas según el uso que se hace de ellas. Y lo mismo ocurre con los espíritus de los cuatro elementos: los gnomos, los silfos, las ondinas, las salamandras. Todas esas entidades que habitan la tierra, el aire, el agua y el fuego, no son en sí mismas ni buenas ni malas; aceptan ponerse al servicio de los humanos, aprecian que les den trabajo, pero no se preocupan nunca del fin, benéfico o maléfico, que se les propone.
Cualquiera que sea la tarea que se les confíe, los espíritus de la naturaleza la ejecutan: se someten a la voluntad humana que consigue dominarlos, y es por ello que tantos magos y brujas los utilizan para tareas criminales. No se puede reprochar a estos espíritus que obedezcan, porque están hechos de este modo, no tienen ninguna conciencia moral. Corresponde pues a los humanos, mostrarse vigilantes y aprender a comprometerlos únicamente en un trabajo divino."
Pensamiento del domingo 22 de mayo de 2016.
"El alma del hombre es una ínfima parte del Alma universal, y se siente tan limitada, tan constreñida en su cuerpo físico que su mayor deseo es extenderse en el infinito para fundirse con ella. Es un error creer, como sucede generalmente, que el alma se encuentra completamente en el hombre. En realidad, sólo una pequeña parte de su alma se encuentra en él; la casi totalidad lleva una vida independiente en el océano cósmico.
Es importante tener nociones exactas sobre la naturaleza de ese principio espiritual que llamamos el alma y sobre sus actividades. No solamente no permanece encerrada en el cuerpo físico, sino que le sobrepasa ampliamente, y aunque continúa animándolo siempre, ella viaja para visitar las regiones más lejanas del espacio y las entidades que los habitan. Decíos pues que vuestra alma, supera con creces lo que podéis imaginar de ella. Porque es una parte del Alma universal, trata de desplegarse en el espacio, tiende hacia la inmensidad, hacia el infinito."
Pensamiento del lunes 23 de mayo de 2016.
"Bajo una manera u otra, todos los humanos sufren una ocupación: ciertos intrusos se han instalado en ellos. En efecto, todas esas costumbres perjudiciales para su salud física y psíquica, ¡estos son los intrusos! Los ocupantes a los que el hombre debe hacer frente son innumerables: cada mal instinto que no ha logrado rechazar, los celos, la cólera, el rencor, la avidez, la gula, la sensualidad, el orgullo, la vanidad, etc.
Pero entre todos los posibles ocupantes, el más peligroso es ciertamente la pereza, ¿Por qué? Porque se aferra a la voluntad. Comprendemos lo que debemos hacer, sentimos lo que habría que hacer, pero la voluntad está ausente; y como la voluntad es el motor de toda decisión, las fuerzas vivas resultan perjudicadas. Pero cuando el intelecto comprende verdaderamente lo que es bello y bueno, y cuando el corazón lo desea, finalmente la voluntad se ve obligada a seguir. Entonces, ¡he ahí la liberación!"
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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Reparando Alas…



La claridad reinante en este nuevo tiempo nos ha vuelto a todos muy conscientes de que poseemos un maravilloso par de alitas que hemos fortalecidoentrenado y ajustado para alzar el vuelo.
Se diría que nadie nos ha regalado estas alas. Nacimos con ella en el nivel energético… poco a poco nos atrevimos a manifestarlas en la vida cotidiana dejando atrás el miedo y la vergüenza, dos energías  de la vieja era pisciana que ahora han quedado obsoletas… Es más preciso decir que conquistamos nuestro propio par de alas. Son las alas del despertar, de la liberación de creencias limitantes, de pensamientos castradores, de energías paralizantes… Son alas de libertad, de confianza en uno mismo, de felicidad por descubrirnos, de gozo por Ser y estar aquí… de Amor.

Ser libre y darte cuenta de que tienes alas son uno solo… y cuando empiezas a usar tus alas de pronto ves como éstas pueden debilitarse, quebrarse,  soltarse y romperse, porque te estrellas contra el muro de la discriminación, de la intolerancia, de la falta de amor y respeto por el prójimo… Te paralizas en la frontera de las críticas, de la envidia, del desamor, de la carencia, de la discriminación… Hay un mundo allá afuera que sigue durmiendo acunado por el sistema y bajo el arrullo de los miles de distractores que han creado para mantener tu atención presa del “afuera” y no conozcas el paraíso que es vivir desde “dentro”… y siguen en ese sueño profundo que les mantiene convencidos que su único fin en esta vida es ser “buenas personas” y muy productivos...

Pero tú, que has despertado y te lanzaste en vuelo al descubrir que llevas el poder dentro de ti, que nada puede detenerte, que eres el artista que modela y da color a su vida, de pronto sientes que tus fuerzas no alcanzan, caes y te encuentras con las alas rotas… decepcionado… abatido y sin ánimos para volver a elevarte y, lo que es aún peor, sin motivaciones para reiniciar vuelo… Entonces es tiempo de reparar alas…

Cuando las alas se rompen perdemos la esperanza. Caemos en una especie de desencanto. Nos cuesta estimularnos para seguir… y es que una vez que hemos probado la libertad se hace difícil retornar a la cárcel.

Reconocernos libres, descubrir que estamos aquí en este mundo para cumplir una misión le dan poder a nuestras alas… ¿Quién no ha sentido deseos de volar cuando conecta con su poder intrínseco? Muchos se sintieron tan libres que dejaron sus casas, cambiaron sus nombres, abandonaron una vida a sueldo, por correr tras sus sueños y los perdimos de vista porque se elevaron tan alto batiendo sus alas… de pronto los vemos planeando cerca nuestro y son esos a quienes llamamos locos…

Y es que hay que estar un poco –o muy– loco para cortar las cadenas y lanzarse en vuelo porque al sistema no le gusta ni le conviene que abandones tu zona de comodidad (más bien la zona de confort de ellos) y te despreciarán, te perseguirán y te crucificarán de mil maneras…

Solo aparecen las alas a quienes descubren la magia del amor propio. Amor por lo que Yo Soy y no por como soy o lo que represento… Amor por esa divinidad emanando desde mi hacia ti y desde ti hacia mi… Amor por todo lo que veo y lo que toco. El amor es solo uno y no importa a quien lo des no cambia en esencia. Puedes amar a muchos seres y siempre sentirás el mismoAmor por todos… lo demás es apego.

Toda la potencia que tienen tus alas se llama Amor. Amor por ti mismo, amor por ese SER que eres tú y que es a quien tuviste descuidado por mucho tiempo. El reencuentro con nosotros, ese abrazarnos para reconocernos, aceptarnos, honrarnos y empezar a cuidarnos nos hace crecer unas alas enormes, aptas para todo tipo de vuelo… Y solo cuando estamos llenos de Amorpodemos amar a otros. Nadie está en capacidad de dar lo que no tiene y solo cuando te repletas de una buena cantidad de amor propio fortaleces tus alas. Estar con alguien a quien brindas toda tu atención no es amor. Puede ser escapismo, refugio, apego… porque el amor no atrapa, no genera dependencia, no encarcela… El amor te libera y tonifica tus alas.

Entonces... Bríndate todo el Amor que puedas (nunca es demasiado). Regálate tiempo, espacio y concédete mimos de todo tipo. Permítete fluir desde el corazón y relaciónate con las personas de alma a alma. Dale vacaciones a tu ego y llámalo solo en casos de extrema necesidad… Tú ya puedes caminar solo… Siéntete merecedor de todo lo bueno y bello de este mundo. Puedes alcanzar las metas que te propongas con el deseo y la voluntad puesto en ello.

Convéncete que no viniste al planeta a caminar, menos a arrastrarte… Estás aquí para volar

Así que levántate… ese solo gesto reparó totalmente tus alas. Ahora ajústalas con tremenda dosis de autoestima, muévelas… Notarás que tus alas crecieron más, se volvieron más fuertes y resistentes… Entonces estás listo para volar.

Te espero allá arriba, en el alto cielo… Donde me fusiono con el viento y puedo ver todo con mayor claridad y pureza…

Feliz vuelo!


En Amor y Conciencia.

Me® 
http://mer-sanandoelalma.blogspot.com.es/

 Si reenvías este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.


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Expectativas...



Una de las razones por las que más sufrimos los seres humanos es por crearnos expectativas acerca de todo…

Tener expectativas es crear una ilusión acerca de algo, alguien o nosotros mismos.
Desde la infancia primaria empieza nuestra mente a crearlas con frases como “cuando seas grande”, “cuando entres al colegio”, “cuando aprendas a leer”, “cuando te enamores”, “cuando salgas del colegio”, cuando te cases”, “cuando tengas tu negocio”, “cuando te jubiles… etc… y así se nos va pasando la vida. Siempre expectantes de algo o alguien…

Difícil vivir sin expectativas… sería quitarnos las esperanzas de eso, dejar de ilusionarnos con lo otro, no tener ambición de aquello… y dejar de vivir en tiempos lejanos para quedarnos aquí, en el instante presente…

De pronto nuestras grandes decepciones son a causa de que las personas no cumplen con las expectativas que tú tenías de ellas y no somos capaces de darnos cuenta de que no es la persona la que nos ha defraudado sino que somos nosotros mismos. Lo mismo pasan con lugares a los que viajamos y al llegar quedamos decepcionados y decimos “no es lo que yo esperaba”… y ese es el tema ¿Por qué esperar? ¿No sería más simple y bello entregarnos con confianza a todo lo que la vida nos regala?

Ser maduros es aceptar que los demás tienen conceptos de vida diferentes, una formación valórica heredada de sus familias que no es la tuya, y aunque lo fuese… Cada ser viene a vivir su propio proceso… Detenerse en esperar cosas de los demás es estancar la propia evolución, sufrir por cosas que nada aportan al crecimiento y sobre todo perder un tiempo precioso.

La vieja idea de que debemos complacer a los demás, hace que los otros también se formen expectativas acerca de nosotros y así muchas veces somos nosotros quienes decepcionamos al resto simplemente porque esperaban que dijésemos o actuásemos de una determinada manera. Todos hemos sido “descartados” por alguna amistad o grupo social por no llenar las expectativas de ellos…

Me pasa continuamente que la gente se hace ideas de que por moverme en el mundo espiritual no puedo ser tan espontánea y alegre… que debería mirar con ojos lánguidos, vestir alguna túnica y llevar un japa mala en la mano… y tantas cosas que son estereotipos de grupos religiosos más que de espiritualidad… y hay muchos que todavía creen que la espiritualidad es un uniforme que debemos llevar, cuando sería justamente lo contrario.

Quizás una de las cosas que debemos soltar en este Otoño sean las expectativas… dejar de esperar cosas de los demás, de la vida e incluso de uno mismo. Viviremos más libres, más ligeros sin tener un boceto de lo que la vida me traerá…

Y recuerda que no es lo mismo tener expectativas de algo que soñar con algo que podemos llegar a concretar.

Los sueños vienen impregnados de la magia que nosotros les ponemos para volverlos realidad…
Las expectativas es ponerle límites a esos sueños…


Así que desde ahora les deseo un mundo libre de expectativas y lleno de sueños…

Me®
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Mi Amigo el Mar

Desde muy niña he sentido fascinación por el mar. 
Lo conocí cuando tenía apenas un mes de vida y me contaba mi abuela que ella, contra la voluntad de mis padres, tomó agua entre sus manos y la roció sobre mi cabeza recién rasurada… Fue casi un bautizo mientras era sostenida en los brazos de mi abuelo quien me presentaba a este majestuoso amigo tan azul y ondulante como serían mis emociones… y desde ahí quedé atrapada en estos poderosos brazos Neptunianos…

Tengo la suerte de vivir a una hora de camino de las más bellas playas de la zona central del país y así es que podido pasar la mitad de mi vida perdida en los azulados paisajes marinos.
Hubo un tiempo, cuando vivía en otro país, en una ciudad muy lejos del mar, en que siempre me las arreglaba para pasar en una playa varios días al mes…
Para mi el mar es sagrado. Por algún tiempo lo consideré casi una deidad y lo honré y respeté como tal.

Revisando el álbum de mi vida veo como todos los sitios a los que he viajado y los momentos más importantes, esos que llenan el corazón de felicidad, tienen como telón de fondo un mar azul, verde, turquesa, con reflejos dorados y a veces gris… El ha sido mi gran compañero en más de una vida ya que mi Nodo Sur se encuentra en Piscis. Así que me considero una gota más de ese infinito océano.

Recuerdo que, en la adolescencia, una amiga de mi madre le decía a ésta que me hiciera ver porqueno era normal pasar tantas horas junto al mar, que las niñitas normales iban de fiesta o de compras, pero no hacían eso de caminar por las orillas del mar o contemplar extasiada el vaivén de las olas sentada en una roca… mi madre le hizo caso y luego el psicólogo le explicó que tenía una hija muy intro y que me buscara medios de expresión porque me costaba la extroversión de manera común o normal… y fue cuando me inscribieron en clases de canto, música, baile y cuanta cosa relacionada con el arte encontraron y en todas me sentía bien… en tanto yo continuaba con mi eterno romance con este gran amigo de aguas azules y danzantes…

No concibo la vida sin pasar algún tiempo cerca de este gran amigo, pero he encontrado personas que no han visto nunca el mar y me han provocado un  sentimiento de mucho pesar. Me cuesta imaginar la vida sin poder dejarse acariciar por estos ondeantes brazos acuosos… Para mi es tan imposible como intentar vivir sin el aire que respiramos.

La vida junto al mar se vuelve más placentera. Desde que las ropas que usamos para protegernos del clima húmedo es más liviana y el calzado para caminar sobre arena es más cómodo hasta la embriaguez que provoca en los sentidos el aire purificado, la visión se llena de la majestuosa presencia azul, y los oídos escuchando el clamor de las olas, la piel recibiendo la suave caricia de la brisa marina o los dorados rayos del sol, los pies siendo masajeados por esos granos arenosos… todo se vuelve maravilloso junto al mar.


Estando en presencia del mar se facilita en viaje interior. Nos reconectamos con nuestra esencia. La vida en la ciudad nos desconecta de nosotros mismos ya que requiere de un accionar automático. Nos alejamos de los que somos por responder de manera mecánica a todos los requerimientos de la vida citadina… Estando junto al mar reconectamos con lo que somos, volvemos al origen y eso nos pone alegres, receptivos, confiados, serenos...
Independiente del concepto de “arena y sol” que asocia al mar con playas rebasadas de gente en bañador, pieles bronceadas, música, fiestas y desenfreno, para mi el mar es un compañero… es inspiración… es relajo… es pasión… es mi amigo, el Mar…

Me® 
http://mer-sanandoelalma.blogspot.com.es/

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