Mis Amigos Seguidores en Google

martes, 27 de octubre de 2015

EL SENDERO DEL MAGO: LECCIÓN V




Los magos no creen en la muerte.
A la luz de la consciencia, todo vive.
No hay principios ni final es. Para el mago,
éstos no son más que fabricaciones de la mente.
Para estar totalmente vivo, es preciso estar muerto
para el pasado.
Las moléculas se disuelven y desaparecen,
pero la consciencia sobrevive a la muerte de la materia
en la cual se aloja.
En todas las historias sobre Merlín, hasta en las más confusas, se da por sentado que el mago vivía hacia atrás en el tiempo. 
En su época, esto causó gran consternación entre los mortales. El anciano mago gritaba
“¡Cuidado!” un segundo después de quemarse Arturo con agua hirviendo. Aparecía en los funerales y le acariciaba el mentón al cadáver como si fuera un recién nacido. Y por si fuera poco, los aldeanos murmuraban
que se había visto a Merlín en los cementerios, entregando regalos de bautismo a las lápidas.
“¿Puedes explicarme por qué vives hacia atrás en el tiempo?”, preguntó una vez el joven Arturo.
“Porque todos los magos lo hacen”, contestó Merlín.
“Y, ¿por qué?”
“Porque lo preferimos. Tiene muchas ventajas”
“No le veo ninguna”, insistió Arturo, pesando en los extraños hábitos de Merlín, como desayunar antes de
acostarse.
“Mira, te mostraré”, dijo Merlín, y llevó a Arturo afuera de la cueva de cristal. Era un día caluroso de verano y
el Sol estaba en el punto más alto del cielo.
“Ahora”, dijo Merlín, entregándole una pala al niño, “comienza a cavar una zanja de aquí hasta allá y no te
detengas hasta que te diga”.
Arturo se entregó a la tarea con todo su empeño, pero al cabo de una hora estaba agotado y Merlín aún no le
había dicho que se detuviera. “¿Con esto es suficiente?”, preguntó. Merlín se quedó mirando la zanja.
“Sí, es suficiente”, dijo. “Ahora llénala de nuevo”. Aunque Arturo estaba acostumbrado a obedecer, la orden
no le agradó demasiado. Sudoroso y con el ceño fruncido, continuó trabajando hasta llenar totalmente la zanja.
“Ahora siéntate a mi lado”, dijo Merlín. “¿Qué piensas del trabajo que acabas de hacer?”.
“Que no tenía objeto”, se desahogó Arturo. “Exactamente, y lo mismo sucede con la mayoría de los esfuerzos
del ser humano. Pero la inutilidad sólo se descubre cuando ya es demasiado tarde, una vez realizado el
trabajo. Si vivieras hacia atrás en el tiempo, habrías reconocido que hacer esa zanja no tenía objeto, y no te
habrías molestado en comenzar a cavar”.
Para Comprender la Lección.
Las leyendas de la época arturiana en las que se afirma que Merlín vivía hacia atrás en el tiempo eran una
simplificación.
A los antiguos narradores de mitos les encantaba asombrar, y cualquier lector que tratara de descifrar lo que
significaba vivir hacia atrás en el tiempo se maravillaría con ese singular personaje que era Merlín. Como
resultado, hubo quienes lo vieron como profeta o adivino. Podría decirse que todo profeta vive hacia atrás en el
tiempo, puesto que aparentemente experimenta lo que aún no ha sucedido.
Pero en un plano más profundo, para la mente medieval vivir hacia atrás en el tiempo significaba desafiar el
ciclo natural del nacimiento y la muerte. Quienquiera que se hace más joven día tras día es porque ha
escapado a las leyes inmutables que ordenan que todas las cosas vivas se deterioran y mueren. Se diría que el
día del nacimiento de un mago es el día en que desaparece del mundo, suponiendo que en realidad muera.
A fin de desenredar esta paradoja es preciso comprender el tiempo como lo experimenta el mago. “Ustedes
los mortales tomaron su nombre de la muerte”, dijo Merlín en la cueva de cristal. “Se llamarían inmortales si
creyeran que son criaturas de vida”.
“Eso no es justo”, protestó Arturo. “Nosotros no escogimos la muerte. Nos fue impuesta”.
“No, sencillamente están acostumbrados a ella. Todos ustedes envejecen y mueren porque ven a los demás
hacer lo mismo. Sólo tienen que descartar esa costumbre desgastada, para liberarse de las redes del tiempo”.
“¿Descartar la muerte? ¿Y eso cómo se hace?”, quiso saber Arturo.
“Para empezar, debes volver a la fuente de esa costumbre. Ahí encontrarás algún trozo de falso
razonamiento que te convenció de ser mortal en primer lugar. En el origen de toda falsa creencia hay un
razonamiento falso. Después encuentra la falla en tu lógica y deshazte de ella. Es muy sencillo”.
Arturo se conoce en la leyenda como el “rey que fue y será”, lo que da a entender que también él había a
escapado al hechizo de la muerte. ¿Qué fue lo que él averiguó? ¿Cuál es la falsa lógica que los magos ven
detrás de la mortalidad? Básicamente es nuestra identificación con el cuerpo. Los cuerpos humanos nacen,
envejecen y mueren. Es ilógico identificarse con ese proceso, pero una vez aceptada esa noción, ella nos
condena a morir. Caemos bajo el hechizo de la mortalidad y no tenemos otra alternativa que aceptar la muerte.
A fin de romper el encantamiento es necesario pasar de identificarnos con lo temporal a identificarnos con lo
eterno. Por lo tanto, el mago emprende un viaje que lo lleva a descubrir la verdad sobre el tiempo — ése es el
significado real de la historia según la cual Merlín vivía hacia atrás en el tiempo. El deseaba devolverse en el
tiempo hasta el inicio.
Para Vivir la Lección.
Según la experiencia del mago, el tiempo es la eternidad cuantificada. “Todos estamos rodeados por lo
eterno”, sostenía Merlín. “La pregunta es qué hacer con él”. Al descomponer lo eterno en trozos pequeños
creamos el tiempo, y ésa aún es nuestra tendencia. Para nosotros, el tiempo fluye de manera lineal. Los relojes
marcan los segundos, los minutos y las horas, registrando la larga marcha desde el pasado hasta el presente y
hacia el futuro. Einstein desvirtuó ese concepto lineal del tiempo cuando demostró que éste es relativo y tiene
la capacidad de acelerar o disminuir su velocidad.
Además de parecerse un poco a Merlín, Einstein tuvo que haber entrado en el mundo del mago para plantear
esta asombrosa noción. Según su propio relato, él pudo sentir la teoría de la relatividad mucho antes de poder
demostrarla matemáticamente. Nosotros sentimos el tiempo como una cosa relativa, fluida — un suceso feliz lo
acelera, mientras que una experiencia dolorosa lo frena. Un día para un enamorado es como un segundo,
mientras que una mañana en el consultorio del odontólogo parece una eternidad.
Pero, ¿en realidad es posible que esta nueva forma de concebir el tiempo nos permita superar la muerte?
Para el mago, la muerte es sólo una creencia. La relatividad nos permite alterar nuestra creencia en el tiempo
lineal. No es difícil pensar en otros ejemplos que nos permitirían creer en la inmortalidad.
Si consideramos, por ejemplo, que el universo es un depósito de energía, entonces desde el punto de vista de la energía nada
muere, porque ésta no se destruye. Siempre estaremos aquí en forma de energía.
“Pero no deseo ser energía”, protestó Arturo cuando escuchó ese razonamiento.
“Ése es tu fatal error”, señaló Merlín. “Como te identificas con tu cuerpo, piensas que necesitas una forma. La
energía no tiene forma, de manera que tú no crees que puedas ser energía. Pero lo único que quería hacerte
ver es que la energía no puede nacer; no tiene principio o fin. Mientras no dejes de pensar que tienes principio,
no podrás encontrar tu parte inmortal, la cual no debe nacer a fin de que no muera jamás”.
Viendo el rostro abatido del niño, Merlín lo tranquilizó: “No te estoy robando el cuerpo para establecer que no
tienes forma. Lo único que debes hacer es ver lo que no tiene forma dentro de la forma, y así podrás tener la
inmortalidad en medio de la mortalidad”.
Las moléculas se forman y se disuelven, retornando al caldo primordial de átomos. Pero la consciencia
sobrevive a la muerte de las moléculas sobre las que cabalga. Lo que una vez fue un paquete de energía en un
rayo de sol se convierte en hoja, sólo para caer y transformarse de nuevo en tierra. Este cambio de estado
traspasa muchas fronteras. El rayo de sol es invisible, mientras que las hojas y la tierra son visibles. La hoja
vive y crece, mientras que el rayo de sol no. Los colores de la luz, la hoja y la tierra son diferentes, y así
sucesivamente.
Pero todas esas transformaciones existen como fabricaciones de la mente. La energía real presente en el
rayo de sol no cambia en lo absoluto — sencillamente es parte del juego constante de los fotones y electrones
que lo componen todo, ya sea que se perciban como vivos o muertos. La ciencia moderna le ha permitido a la
mente adentrarse dentro de esta nueva y correcta perspectiva; ahora debemos aprender a viviría. Los
pensadores visionarios como Einstein sólo pueden ayudarnos a superar las barreras mentales; nos toca a
nosotros romper las demás — las barreras de los instintos y las emociones, nosotros mismos.
El temor emocional a la muerte es una de esas barreras. Desde el punto de vista del mago, todo el fenómeno
de la muerte está envuelto en el temor, aunque ese temor tiene un origen tan profundo que sus efectos no son
obvios de inmediato. Sin embargo, hay un ejercicio sencillo para descubrirlo. Siéntese con una pila de hojas de
papel. Escoja un sitio donde no haya ruido ni distracciones. Después coloque la punta del bolígrafo sobre la
primera hoja y prométase no levantarlo durante cinco minutos. Comience a escribir la frase “Le temo a” y
termínela como desee.
Sin levantar el bolígrafo, comience nuevamente la frase “Le temo a”, y nuevamente escriba lo que le venga a
la mente. Mientras lo hace, respire lentamente sin hacer pausas entre una respiración y otra. Esto se conoce
como respiración circular, en la cual la inhalación y la exhalación están conectadas. Desde tiempos antiguos se
ha considerado que esta forma de respiración permite dejar atrás las inhibiciones de la mente consciente. Sin
esta técnica sería mucho más difícil llegar al nivel inconsciente del temor.
Mientras practica la respiración circular, inhalando y exhalando sin parar, complete una y otra vez la misma
frase, “Le temo a”, sin levantar el bolígrafo del papel. Una vez que se libere y pueda plasmar sobre el papel sus
temores ocultos, le será difícil detenerse.
Si realiza el ejercicio libremente, dejando que sus pensamientos se desenvuelvan sin tratar de controlarlos,
descubrirá muchas asociaciones extrañas con el temor que no había imaginado. Y esos temores inesperados
traerán consigo emociones, no sólo temor sino ira, tristeza y alivio. Podrán incluso brotar lágrimas reprimidas.
Deje que todo salga, pero vuelva siempre a la respiración y no levante el bolígrafo del papel hasta que
termine. Si comienza a sentirse demasiado mal, deténgase. Al terminar el ejercicio es buena idea acostarse a
descansar, a fin de recuperar el equilibrio normal. Este ejercicio es más eficaz la primera vez, aunque se puede
repetir cuantas veces lo desee.
¿Qué tiene todo esto que ver con la concepción que tiene el mago acerca de la inmortalidad? Podría decirse
que realizar una sesión de cinco minutos con el temor es como eliminar una capa de un sistema de creencias.
La inmortalidad está en el núcleo de la vida humana, pero está envuelta en sucesivas capas de creencias
contrarias a ella. Esas creencias se refuerzan en la vida cotidiana — vivimos nuestros temores, deseos,
sueños, asociaciones inconscientes y, en últimas, la creencia profunda de que debemos morir. La mente
racional seguramente defendería esta posición sosteniendo que la muerte nos rodea por todas partes.
Pero Merlín diría: “Analiza más de cerca tus dudas racionales. Detrás de ellas está el que duda, detrás del
que duda está el que piensa, detrás del que piensa hay una chispa de consciencia pura que debe ser
consciente para que haya un pensamiento. Yo soy esa chispa de consciencia. Soy inmortal e inmune al tiempo.
No te limites a especular sobre mí, a juzgar si debes aceptarme o rechazarme. Sumérgete hasta el fondo,
desecha tus capas de duda. Cuando finalmente nos encontremos, sabrás quién soy Y entonces mi inmortalidad
no será una simple noción, sino una realidad viva.
DEEPAK CHOPRA
http://www.cuantona.com/libro/ElSenderodelMago.
Publicado por Noa Rosa: https://www.facebook.com/groups/universoespiritualtodossomosuno

EL SENDERO DEL MAGO: LECCIÓN 4





¿Quien soy yo? es la única pregunta que vale la pena
hacerse y la única que nunca se responde.
Nuestro destino es representar una infinidad
de papeles, pero esos papeles no somos nosotros mismos.
El espíritu no tiene lugar, pero deja tras de sí
una huella a la cual llamamos cuerpo.
Un mago no se considera a sí mismo un suceso local
que sueña un mundo más grande.
Un mago es un mundo que sueña sucesos locales.
Merlín desapareció del mundo de Arturo durante muchos años; sin embargo, un buen día reapareció y salió
del bosque en dirección a Camelot. Dichoso de ver a su maestro, el rey Arturo ordenó un gran banquete en su
honor, pero Merlín se mostró perplejo y miró a su antiguo pupilo como si nunca lo hubiera visto.
“Tal vez podría asistir, si eres la persona que creo que eres”, dijo Merlín. “Pero, dime la verdad, ¿quién
eres?”. Arturo quedó desconcertado, pero antes de que pudiera protestar, Merlín se dirigió a la corte reunida y
dijo en voz alta: “Le doy esta bolsa de polvo de oro al que pueda decirme quién es esta persona”.
E inmediatamente apareció en su mano una bolsa repleta de oro en polvo. Aturdidos y mortificados, ninguno de
los caballeros de la Mesa Redonda se adelantó. Entonces un joven paje se aventuró a decir: “Todos sabemos
que él es el rey”. Merlín sacudió la cabeza y expulsó bruscamente al joven de la sala.
“¿Ninguno de ustedes sabe quién es él?”, repitió.
“Es Arturo”, gritó otra voz. “Hasta un idiota sabe eso”. Merlín identificó el sitio de donde venía la voz — del
rincón donde estaba una anciana sirvienta — y también le ordenó que abandonara el recinto. Toda la corte
zumbaba de confusión, pero el reto del mago no tardó en convertirse en juego.
Comenzaron a oírse varias respuestas: el hijo de Uther Pendragon, el gobernante de Camelot, el soberano
de Inglaterra. Merlín no aceptó ninguna de ellas, como tampoco algunas más ingeniosas como hijo de Adán,
flor de Albión, un hombre entre los hombres, y así sucesivamente. Finalmente le llegó el turno a la reina
Guinevere. “Es mi amado esposo”, murmuró. Merlín solamente sacudió la cabeza. Uno por uno, todos
abandonaron el gran salón hasta que quedaron solos el mago y el rey “Merlín, nos has puesto a todos en una
situación embarazosa’, admitió Arturo. “Pero estoy seguro de saber quién soy Por lo tanto, mi respuesta es
ésta: Soy tu viejo amigo y discípulo”. Tras vacilar unos segundos, Merlín desechó también esta última
respuesta, y al rey no le quedó otra alternativa que salir. Sin embargo, movido por la curiosidad, se dirigió hacia
una puerta abierta desde donde podía ver el gran salón. Para su asombro, vio cómo Merlín iba hacia una
ventana y lanzaba el oro al aire.
“¿Por qué hiciste eso?”, gritó sin poder reprimirse.
Merlín alzó la vista. “Tuve que hacerlo”, replicó. “El viento me dijo quién eres”.
“¿El viento? Pero si no dijo nada”.
“Precisamente”.
Para Comprender la Lección.
Los magos y los de su especie con frecuencia han preferido no tener nombre ni pertenecer a sitio alguno. No
es de su agrado permanecer en un solo lugar, donde podrían llegar a acostumbrarse demasiado a los mortales.
“Quien quiera que me llama por mi nombre es un extraño”, decía Merlín. “El hecho de que reconozcas mi rostro
no significa que me conozcas”.
Los magos se consideran ciudadanos del cosmos. Por lo tanto, el sitio exacto donde se les pueda encontrar
es irrelevante.
En la vida mortal, lo que nos limita en primero y último lugar son los nombres, los rótulos y las definiciones.
Tener un nombre es útil — nos permite saber cuál es el certificado de nacimiento que nos pertenece — pero no
tarda en convertirse en una limitación. El nombre es un rótulo. Define un lugar y una hora de nacimiento, en
una determinada familia. Al cabo de unos años, el nombre define que vayamos a una determinada escuela, y
que después sigamos una determinada profesión. Cuando llegamos a los treinta años, nuestra identidad está
encerrada en un cajón de palabras. Las paredes del cajón podrían estar hechas de lo siguiente: “Abogado
tributario católico, educado en x universidad, casado, padre de tres hijos y con una hipoteca”. Aunque es
probable que esos hechos sean exactos, son engañosos. Atrapan a un espíritu incondicionado dentro de unas
condiciones.
Muchas de esas limitaciones parecen pertenecernos a nosotros, cuando en realidad se refieren únicamente a
nuestro cuerpo — y todos somos mucho más que un cuerpo. El mago tiene una relación peculiar con su
cuerpo. Lo ve como un haz de consciencia que adopta una forma en el mundo, de la misma manera como las
piedras, los árboles, las montañas, las palabras, los deseos y los sueños fluyen y adoptan una forma. El hecho
de que un deseo o un sueño no tenga sustancia mientras que el cuerpo es sólido, no perturba al mago. Los
magos no tienen el prejuicio común que nos lleva a pensar que ‘sólido” es sinónimo de “realidad”.
El mago no se ve a si mismo como un suceso local que sueña con un mundo más grande. El mago es un
mundo que sueña con sucesos locales. No hay fronteras que lo limiten. Los mortales no podrían vivir sin
fronteras. Sus cuerpos definen el lugar donde se encuentran — sin cuerpo no podrían ni siquiera saber cuál es
su hogar, puesto que el hogar es el sitio a donde va el cuerpo para refugiarse y descansar.
Sin embargo, Merlín no se consideraba un ser sin hogar. Decía: “Este cuerpo es como un nido al cual llegan
mis pensamientos, pero entran y salen tan rápidamente que bien Podría decirse que viven en el aire”.
Suponemos que nuestros pensamientos van y vienen dentro de nuestra mente, pero, nuevamente, no
podemos demostrarlo. ¿Quién ha visto un pensamiento antes de que aflore? ¿Quién sigue un pensamiento
hasta el sitio a donde va después?
Merlín no comprendía por qué los mortales deseaban aferrarse a sus cuerpos. “Está bien decir que esta
envoltura de carne y hueso soy ‘yo”’, decía, “pero sólo si esa colina, esa pradera y ese castillo también son
‘yo”’. A los ojos de Merlín, el cuerpo mortal no era mejor que un perchero para colgar las creencias, los
temores, los prejuicios y los sueños. Si se cuelgan demasiados abrigos en un perchero, éste desaparece de
vista. Eso es lo que los mortales han hecho con sus cuerpos, decía Merlín. Es imposible ver la verdad del
cuerpo humano — que es un río de consciencia que corre a través del tiempo —, debido al exceso de peso del
pasado que se ha acumulado sobre él.
Para Vivir la Lección
Para experimentar esta lección, olvide su nombre durante un tiempo. Digamos que la pregunta ¿Quién soy
yo? es real en este momento. Escapar del nombre y de la forma implica descubrir quiénes somos en realidad.
La mayor parte del tiempo nos experimentamos a través de la limitación. Representar un papel es una
limitación y, aun así, todo el mundo asume y descarta papeles todo el tiempo. Recuerde cuando usted era
pequeño y su madre era lo más importante del mundo. Usted no imaginaba que ella tuviera otra vida aparte de
ser su mamá; la identidad de ella estaba grabada en su mente. Sólo cuando usted creció, se dio cuenta de que
ella representaba otros papeles como el de esposa, hermana, hija, profesional y demás. A la mayoría de los niños les es difícil aceptar el hecho de que su mamá tenga una vida propia, y que ésta no gire totalmente
alrededor de la maternidad — ése es el egoísmo natural de todos los niños pequeños. Pero con el tiempo
aprendemos a meternos en nuestros propios papeles, siguiendo el ejemplo de nuestros padres.
Asumir un gran número de papeles nos parece una forma de ampliar nuestra experiencia. Una mujer que se
limita a ser madre podría sentirse abrumada por la vida. En nuestra sociedad, ser “completos” significa
representar tantos papeles como sea posible. Pero el mago no ve la situación de esa manera. Para él, ser
completo significa liberarse de todos los papeles. “Soy un espíritu libre reducido a la apariencia de este
pequeño cuerpo”, diría Merlín. “Podemos tapar el Sol con un dedo, ¿pero acaso su luz no llena todo el cielo?”
Dejar de representar papeles no es fácil; sin embargo, para entrar en el mundo del mago es necesario
prescindir de los papeles que jugamos. ¿Cuál es, entonces, la experiencia de estar totalmente liberados de los
papeles? En realidad es bastante simple. Cuando despertamos en las mañanas, hay un instante antes de
comenzar a pensar en las cosas del día, un momento para sentirnos despiertos sin ningún pensamiento en la
mente. Somos apenas nosotros mismos, en un estado de consciencia simple. Esta experiencia de simplicidad
se repite a intervalos durante el día, pero son pocas las personas que toman nota, porque estamos
acostumbrados a identificarnos con el proceso de pensamiento, el cual también tiene lugar durante todo el día.
Sin embargo, en realidad no somos lo que pensamos.
Quizás le resulte difícil creer esto, pero los pensamientos que pasan por su cabeza no son suyos — le
pertenecen al nombre, a los papeles que usted representa. Si usted es una mujer que piensa en su hijo, en
cómo le va en la escuela, en qué prepararle para la cena, etc., no es usted la que tiene esos pensamientos. Es
la madre. Cuando en mi consulta pienso en los diagnósticos, las fórmulas y demás, es el médico el que está
pensando. Los papeles de madre y médico son útiles, claro está, pero llega el momento en que terminan y
entonces todos debemos confrontar el enigma de quién somos — enigma que jamás desciframos,
independientemente de cuán bien hayamos representado nuestros papeles.
Sin embargo, si usted lo desea, puede trascender el nivel de los papeles en un segundo. Mientras lee, dirija
su atención a quien está leyendo. O mientras escucha música, dirija su atención a quien está escuchando. O si
ve un arco iris, trate de ver a quien lo está mirando. En todos los casos sentirá inmediatamente una consciencia
alerta, despierta, desprendida, silenciosa y, no obstante, intensamente viva. ¿Qué es lo que usted ha hecho en
realidad? Ha interrumpido el acto de la observación para vislumbrar al observador. Esta maniobra arroja una
luz sobre la certeza absoluta de la existencia, porque más allá de la observación está el observador
inmodificable. Este observador es el factor sin tiempo presente en todas las experiencias limitadas por el
tiempo; este observador es usted.
La idea de existir fuera del tiempo puede ser atemorizante para quien se identifica fuertemente con el papel
que representa. Es enorme el número de personas que se sienten devastadas cuando pierden el empleo,
cuando los hijos crecen y se van, cuando fallece su cónyuge amado. Su sentido del yo’ está tan ligado a los
nombres, los rótulos y los papeles, que no han dedicado tiempo para averiguar quiénes son en realidad.
El hecho de ser totalmente humanos nos hace reales. Pero la realidad no se puede definir, sólo se puede
experimentar. Manténgase alerta a esos breves momentos durante el día cuando experimenta su yo
fundamental detrás de una respiración, un sentimiento, una sensación. Antes de saltar de la cama mañana,
trate de capturar esa fugaz insinuación del ser puro y simple, antes de que la mente comience a conversar. Ese
estado quieto, silencioso, sin nombre, es muy gratificante. No es afectado por el pensamiento, la conversación
o la acción. Es el castillo cuyos muros inexpugnables protegen la bóveda donde se encuentra el verdadero
tesoro de la vida.
DEEPAK CHOPRA
http://www.cuantona.com/libro/ElSenderodelMago.
Publicado por Noa Rosa: https://www.facebook.com/groups/universoespiritualtodossomosuno
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...