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viernes, 26 de febrero de 2016

EL ARTE DE ENSOÑAR – EL CONOCIMIENTO DEL SILENCIO - CARLOS CASTAÑEDA

A lo largo de varios blogs he intentado descifrar los términos y conceptos que los toltecas utilizaban para describir su conocimiento. Términos como “huevo luminoso”, “ver”, “punto de encaje”, “nahual”, “tonal”, “atención”, “voluntad”, “intento”, “acecho”, “ensueño”, etc. han desfilado por este sitio del sexto sol. Ahora toca su turno a uno de los tres pilares de la percéptica Tolteca: El Arte de Ensoñar.
Como he comentado en múltiples ocasiones, los toltecas dividían sus enseñanzas básicamente en tres grandes ramas: El Acecho, el Ensueño y el Intento. El Acecho se practica mayormente, aunque no únicamente, en estados de vigilia, cuando estamos despiertos, con nuestra conciencia ordinaria. El acecho, del cual hablaré en el siguiente blog, es un arte para el lado derecho, para el Tonal, para el cuerpo físico.
Por el contrario, y como su nombre lo dice, el arte de ensoñar se practica mayormente, aunque no únicamente, durante la fase de sueño, cuando dormimos, con nuestra conciencia acrecentada de manera natural por el sueño. El ensueño es un arte para el lado izquierdo, el Nahual, nuestro cuerpo de ensueño.
Para hablar de cualquiera de estas artes, es necesario saber y reconocer lo que los toltecas denominaron “el punto de encaje”. Absolutamente todo el conocimiento Tolteca se basa en este hecho: La existencia de un punto específico dentro del huevo luminoso donde la percepción ocurre. 
Sólo como recordatorio, para la continuidad de este texto, diré que el mundo coherente que percibimos es resultado de ambas, la posición y fijación del dicho punto de encaje en un lugar específico dentro de nuestro huevo luminoso, una posición que compartimos todos los seres humanos y que nos permite participar de un mundo más o menos similar, en cuando a lo que percibimos todos como mundo. También mencionaré que la posición exacta donde se fija el punto de encaje es arbitraria, y se relaciona con el interminable diálogo interno que todos los seres humanos mantenemos durante el transcurso de nuestra vida. Una vez que el punto de encaje se ha fijado en una posición, tiende a permanecer en ella durante toda la vida, y en muy raras ocasiones se llega a mover. Cuando dicho movimiento es involuntario, se convierte en eso que llamamos “alucinaciones”, es decir una realidad no coherente con nuestro sistema de percepción establecido. Cuando dicho movimiento se logra a voluntad, entonces estamos hablando de un ser humano que se ha convertido en vidente, en perceptor de otras posiciones del punto de encaje.
Los antiguos toltecas, al igual que muchas otras culturas antiguas, observaron que ciertas situaciones pueden provocar un movimiento del punto de encaje. No quiero decir con esto que otras culturas reconozcan la existencia del punto de encaje, pero sí conocieron los efectos de su movimiento. De hecho, casi todos nosotros hemos experimentado sacudidas y movimientos del punto de encaje. Fatiga extrema, falta de sueño, privación del alimento, enfermedad, calentura, ingesta de bebidas alcohólicas o drogas, y un largo etcétera son causas para que el punto de encaje se suelte del lugar que habitualmente ocupa. De hecho, somos verdaderamente frágiles, y nuestro punto de encaje se mueve con casi cualquier cosa, un buen susto incluso lo puede mandar muy lejos, y es precisamente en esa fragilidad donde estriba el meollo del asunto.
Los Toltecas, al tratar de desarrollar cualesquiera de esas formas de movimiento del punto de encaje, se dieron cuenta del daño que provocaban al cuerpo físico, y pagaron un precio demasiado alto para tan breves visiones. Una a una fueron descartando todas ellas, iniciando con las plantas de poder. Al final, los Toltecas se quedaron sin nada. No habían encontrado ninguna forma posible para mover el punto de encaje que no causara un daño permanente al cuerpo.
Así fue como algunos de ellos dieron, casi sin querer, con la solución ideal. Tras años de ver y observar huevos luminosos y puntos de encaje, se dieron cuenta que, de manera natural, y sin daño alguno para el cuerpo, el punto de encaje se mueve de su lugar habitual cuando dormimos. Los toltecas vieron que mientras el ser humano permanece despierto, el punto de encaje, anclado con el interminable diálogo interno, permanece inmutablemente fijo en su posición habitual. Pero una vez que vamos a dormir, el punto de encaje, al suspenderse ese diálogo interno, se mueve libremente dentro del huevo luminoso.
Los antiguos videntes observaron que la clave para mover el punto de encaje es el silencio interno. Dicho de otra forma, la llave que abre las puertas de la percepción es la suspensión temporal del diálogo interno.
Y ciertamente que muchas otras culturas de la antigüedad dieron con este mismo hallazgo. Basta voltear a ver a los hindúes o a los budistas. Ellos lo saben. Saben que en la meditación no está invitada la palabra, el juicio o el raciocinio. Y saben que todo surge de ahí. Del silencio interno. Así comienzan las visiones.
Ellos conocen lo que los toltecas llaman “ver”, ese estado de percepción directa de energía, tal como fluye en el universo. Es claro para mí que ellos conocen los chacras porque algunos de ellos llegaron a “ver” directamente energía. Movieron sus puntos de encaje al lugar en donde el “ver” ocurre, y los movieron a través del silencio. Los hindúes descubrieron la meditación para suspender el diálogo interno y mover sus puntos de encaje. Los Toltecas ciertamente inventaron técnicas como caminatas con posturas muy específicas para el mismo fin, pero lo que más utilizaron fue el impulso natural que brinda el sueño, y lo utilizaron para entrenarse en su movimiento.
Pero en qué consiste el ensueño, entonces.
De entrada es necesario diferenciar un sueño de un ensueño. La diferencia consiste en el nivel de “atención” que poseemos dentro del sueño. Un sueño se convierte en un ensueño cuando estamos perfectamente conscientes de que estamos soñando y de lo que estamos soñando.
Seguramente la mayoría hemos pasado por esos estados de atención total en un sueño, cuando, dentro de un sueño, de pronto nos damos cuenta y decimos: ¡wow, estoy soñando! Ese es un ensueño. Los Toltecas lo definen como pasar la atención de todos los días a los sueños. El problema es que esos momentos son por lo general involuntarios y muy pocos. Se podrían contar con los dedos de las manos en toda una vida.
Así que poco a poco, los antiguos videntes fueron diseñando técnicas para dominar lo que terminaron por llamar la “atención de ensueño”. Hay que aclarar algo aquí. Ensoñar no se trata de controlar un sueño. De hacer lo que uno quiera en él o con él. Ensoñar se trata de dejar que el sueño se desarrolle por sí solo, como ocurre siempre. El chiste de ensoñar es no perder la atención de lo que pasa ahí.
Por lo regular, cuando nos damos cuenta dentro de un sueño que estamos soñando y nos maravillamos y lo vemos todo tan claro como la vida misma, esa atención que logramos no dura mucho tiempo. Tal vez no seamos muy conscientes de esto, pero cuando soñamos, a pesar de ser un solo sueño largo, dentro de él se desarrollan varios sueños. Pasamos de una alberca en nuestra sala a una playa del pacífico y luego a un desierto en la luna. Todo en un mismo sueño. El sueño tiende a cambiar constantemente, y nuestra atención de ensueño se desgasta con cada cambio, hasta perder por completo esa conciencia del ensueño y se convierte en un sueño normal, donde ya no tenemos atención alguna.
Los sueños cambian por una sencilla razón: porque el punto de encaje se está moviendo durante todo el sueño. Y aquí voy a decir algo muy importante: que estemos dormidos no significa que no estemos percibiendo.
La percepción ocurre todo el tiempo, 365x7x24. Somos puntos de encaje, no porque cerremos los ojos y nos vayamos a dormir dejamos de percibir. El punto de encaje no duerme. Así que lo que vemos en nuestros sueños es eso, fibras de energía que normalmente no ilumina el resplandor de nuestro punto de encaje. Vemos imágenes cambiantes porque nuestro punto de encaje se mueve y nunca se fija en esa nueva posición, sino que se sigue moviendo. Por eso los sueños dentro de nuestro gran sueño no duran mucho.
Si bien estamos dormidos, seguimos percibiendo, aunque no seamos conscientes de ello. Para ser consciente de ello se necesita otro ingrediente en la mezcla: la atención.
Así que, lo que realmente desarrollamos durante los ensueños, es lo que los antiguos videntes llamaron la “atención de ensueño”. Y aunque la llamaron así para diferenciarla de la atención ordinaria, estamos hablando de lo mismo.
Para finalizar este post, diré que para la enseñanza del ensueño, los Toltecas dividieron su instrucción en varias etapas, y llamaron a cada una de ellas “compuertas”. En su libro “El arte de ensoñar”, Don Juan menciona a Casteneda que existe 7 compuertas, aunque más que compuertas son barreras naturales propias del ensueño. Les llamaron compuertas porque no sólo hay que llegar a cada una de estas barreras, también hay que pasarlas.
Termino entonces esta participación explicando la primera compuerta del ensueño. La primera compuerta del ensueño es la entrada al ensueño mismo. Llegamos a la primera compuerta cada vez que vamos a dormir. Para pasar esta primera compuerta, necesitamos mantener la atención ordinaria mientras entramos en estado de sueño. Entramos conscientes al sueño y mantenemos esa conciencia el mayor tiempo posible.
Parece imposible, pero no lo es. Cómo se logra esto, pues muy fácil, igual que se logra todo: intentándolo. La persistencia es indispensable. La mente, con todas sus defensas racionales, no puede defenderse de la persistencia. Tarde o temprano, las barreras de la mente caen bajo su impacto. Hay gente que logra esto con cierta facilidad. Incluso hay algunos que en lugar de entrar conscientes al sueño, se dan cuenta de que están soñando una vez dormidos. Es lo mismo. Lo que necesitamos es estar conscientes de que estamos soñando. Una vez logrado lo anterior el objetivo es fijar ese sueño. No dejar que cambie. Y esto se logra fijando la vista en un objeto dentro del sueño y echando breves vistazos a todos los demás objetos, regresando siempre al primer objeto fijado. Don Juan dice que lo mejor es verse primero las manos, y después de ahí partir a cualquier otro objeto, y regresar después a las manos. Sugiere las manos porque siempre van a estar ahí. Pero no importa si no son las manos. De hecho a mi me cuesta un enorme trabajo verme las manos. Prefiero utilizar objetos dentro del sueño mismo. Mientras más se ejercita esta atención, más permanece fijo el sueño.
La explicación tolteca es que una vez que el punto de encaje se ha desplazado a un nuevo sitio, gracias al sueño, el siguiente paso es fijarlo en la nueva posición a la que se ha movido. Y esto se logra entrenando la atención de ensueño. Cuando fijamos el sueño, fijamos también el punto de encaje en la nueva posición. La verdad es que esto no es muy diferente a lo que hacemos para fijar el mundo que percibimos con la atención ordinaria. Cuando nacemos, los adultos entrenan nuestro tonal, nuestro cuerpo físico, a usar la atención para que fijemos el mundo, para que fijemos nuestro punto de encaje en la posición que ocupará toda la vida. Esto nos lleva años de práctica. Lo mismo es para entrenar la atención de ensueño. Cuando ensoñamos, le pasamos la estafeta de la atención a nuestro cuerpo energético, a nuestro nahual. Estamos enseñando al nahual a fijar el mundo que está percibiendo. A fijar el punto de encaje. Y esto lleva años de práctica.
Les dejo aquí mismo un extracto del libro “El arte de ensoñar” donde don Juan habla acerca de la primera compuerta del ensueño. Lean del maestro lo que quiero decir.
Un fuerte abrazo.
Kali.
-Te voy a enseñar el primer paso hacia el poder -dijo don Juan al empezar su instrucción en el arte del ensueño . Te voy a enseñar cómo preparar el ensueño.
¿Qué quiere decir preparar el ensueño, don Juan?
-Preparar el ensueño quiere decir tener un mandato práctico y preciso de los sueños; no dejar que se esfumen o cambien. Por ejemplo, puede que sueñes que estás en un salón de clases. Preparar el ensueño significa no dejar que ese sueño se transforme en otro. Es decir que controlas la visión del salón de clase y no la dejas ir hasta que tú quieras.
¿Pero es posible hacer eso?
-Por supuesto que es posible. Ese control no es tan diferente al control que uno tiene en la vida diaria. Los brujos están acostumbrados a él y lo ejercen cada vez que lo necesitan. Para llegar a tenerlo debes comenzar por hacer algo muy simple. Esta noche debes mirarte las manos en tus sueños.
Expresé mis sentimientos acerca de lo absurdo de esta tarea, y don Juan me sugirió que debería enfrentarla como un entretenimiento, en vez de algo solemne o mórbido.
-Ponte tan serio como se te dé la gana cuando hablemos del ensueño -dijo. Las explicaciones siempre requieren de profunda reflexión. Pero cuando ensueñes, sé tan liviano como una pluma. El ensueño tiene que llevarse a cabo con integridad y cordura, pero con risa y con la confianza de quien no tiene preocupación alguna. Solamente bajo estas condiciones pueden nuestros pinches sueños convertirse en ensueño.
Don Juan puso en claro que él había seleccionado arbitrariamente mis manos como algo que yo podía buscar en mis sueños, y que buscar cualquier otra cosa era igualmente válido. El propósito de este ejercicio no era encontrar una cosa específica sino emplear la atención de ensueño.
Don Juan describió la atención de ensueño como el control de los sueños; control que uno adquiere al fijar el punto de encaje en cualquier nueva posición a la cual se haya desplazado durante los sueños normales. En términos más generales, llamó a la atención de ensueño una faceta incomprensible de la conciencia, que parece estar esperando el momento en que la convoquemos y le demos propósito; la llamó también una facultad velada que todos tenemos en reserva, pero que nunca nos atrevemos a usar.
Mis primeros intentos de verme las manos en mis sueños fueron un desastre. Después de meses de vanos esfuerzos, me di por vencido y le eché en cara a don Juan lo absurdo de tal tarea.
Hay siete compuertas dijo a manera de respuesta. Y los ensoñadores tienen que abrirlas todas, de una en una. Te has dado un soberano chingadazo contra la primera compuerta, la cual debes abrir si es que vas a ensoñar.
-¿Por qué no me dijo usted esto antes, don Juan?
Hubiera sido inútil hablarte de las compuertas del ensueño antes de que toparas con la primera. Ahora ya sabes que es un obstáculo, y que tienes que vencerlo.
Don Juan explicó que en el flujo energético general del universo hay entradas y salidas, que funcionan a manera de compuertas; y que en el específico caso del ensueño hay siete entradas; siete obstáculos que los brujos llaman las siete compuertas del ensueño.
Llegamos a la primera al darnos cuenta de una sensación muy particular que se nos viene encima antes de quedarnos profundamente dormidos -dijo . Una placentera oscuridad y pesadez que nos mantiene suspendidos y no nos permite abrir los ojos.
-¿Cómo puede darse uno cuenta de estar quedándose dormido? ¿Cuáles son los pasos que hay que seguir?
-No hay pasos que seguir. Uno solamente intenta estar consciente del acto de quedarse dormido.
-¿Pero cómo puede uno intentar eso?
El intento o el acto de intentar, es algo muy difícil de explicar. Yo, o cualquier otro brujo, pareceríamos un par de idiotas si tratáramos de explicarlo. Ten esto en cuenta cuando oigas lo que te voy a decir a continuación: los brujos intentan cualquier cosa que se proponen intentar, simplemente intentándolo.
Me aseguró que intentar la primera compuerta del ensueño era uno de los medios descubiertos por los brujos de la antigüedad para llegar al cuerpo energético y entrar en la segunda atención.
-Decirle a un ensoñador que encuentre en sus sueños un objeto determinado es un subterfugio, dijo. El asunto es darse cuenta de que uno se está quedando dormido. Y hacer esto no es posible, simplemente ordenándose a uno mismo hacerlo, sino sosteniendo la vista de cualquier cosa que uno esté mirando en su sueño.
Me dijo que los ensoñadores echan fugaces vistazos a todo lo que está presente en un sueño. Si enfocan su atención de ensueño en algo específico, usan este enfoque como punto de partida. Luego la enfocan en otros objetos del sueño, regresando al punto de partida cuantas veces les sea necesario.
-Voy a repetir lo que debes hacer en tus sueños para cruzar la primera compuerta del ensueño. Primero, enfoca tu atención de ensueño en cualquier cosa, como punto de partida. Luego, pon tu atención en cuantos objetos puedas. Recuerda que si sólo echas vistazos breves, las imágenes no cambian. Después de ver cada objeto regresa al primero que viste.
¿Qué quiere decir cruzar la primera compuerta del ensueño?
Llegamos a la primera compuerta del ensueño, al darnos cuenta de que nos estamos quedando dormidos, o al tener un sueño inmensamente real. En cuanto llegamos a esa compuerta, la cruzamos al ser capaces de sostener la vista en cualquier objeto en nuestros sueños.
-Ya casi puedo sostener la vista en los objetos de mis sueños, aunque se disipan demasiado rápido.
-Eso es precisamente lo que estoy tratando de decirte. A fin de compensar la evanescencia de los sueños, los brujos idearon el uso de un objeto como punto de partida. Cada vez que se le aísla y se le mira, uno recibe una carga de energía. Al principio, no se deben enfocar demasiadas cosas en los sueños. Cuatro objetos son suficientes. Más tarde, uno puede agrandar el campo de acción hasta abarcar todo lo deseable. Pero tan pronto como las imágenes comienzan a cambiar, y uno siente que se está perdiendo el control, se debe regresar al punto de partida, y empezar otra vez. A medida que continúes vas a estar consciente de cuán fácil te va a ser ahora ensoñar.
Pensé que don Juan estaba o exagerando o dándome aliento. Pero él me aseguró que no.
Lo más asombroso que les ocurre a los ensoñadores dijo , es que al llegar a la primera compuerta, también llegan al cuerpo energético.
-¿Qué es exactamente el cuerpo energético?
-Es la contraparte del cuerpo físico; una configuración fantasmal hecha de pura energía.
¿Pero no está también el cuerpo físico hecho de pura energía?
Claro que lo está. La diferencia es que el cuerpo energético tiene únicamente apariencia, pero no masa. Ya que es pura energía, puede llevar a cabo actos que van más allá de las posibilidades del cuerpo físico.
¿Cómo qué por ejemplo, don Juan?
Como transportarse en un instante a los confines del universo. Ensoñar es el arte de templar el cuerpo energético, de hacerlo coherente y flexible, ejercitándolo gradualmente.
“Por medio del ensueño, condensamos el cuerpo energético, hasta llegar a hacerlo una unidad capaz de percibir. A pesar de que la manera normal de percibir el mundo afecta al cuerpo energético, su modo de percibir es independiente. Tiene su propia esfera.
¿Cuál es esa esfera, don Juan?
Esa esfera es energía. El cuerpo energético trata con la energía en términos de energía. Hay tres formas en las que trata. Puede percibir energía a medida que ésta fluye; puede usarla como un cohete para propulsarse dentro de áreas insondables; o puede percibir como percibimos normalmente el mundo.
“El arte de ensoñar”, por Carlos Castaneda.

LUZ EN EL SENDERO…



LUZ EN EL SENDERO…
Antes que los ojos puedan ver, deben ser incapaces de verter lágrimas.
Antes que el oído pueda oír, debe haber perdido su sensibilidad.
Antes que la voz pueda hablar en presencia de los Maestros, deberá haber perdido la facultad de herir.
Antes que el alma pueda estar en presencia de los Maestros, sus pies deberán haberse lavado en la sangre del corazón…
Mata todo sentido de separación.
Desea solamente lo que existe dentro de ti.
Desea solamente lo que está más allá de ti.
Desea solamente lo que es inalcanzable.
Pues, dentro de ti está la luz del mundo…
Sí eres incapaz de percibirla dentro de ti, es inútil que la busques en otra parte…
Es inalcanzable porque retrocede eternamente.
Entrarás en la luz, pero jamás tocarás la llama…
Busca el camino.
Busca la flor para que florezca en el silencio que sigue a la tormenta: no hasta entonces…
Y en ese silencio profundo se producirá el misterioso acontecimiento que demostrará que se encontró el camino.
Llámala como quieras: es una voz que habla donde nadie habla: es un mensajero que llega, un mensajero sin forma ni sustancia; o es la flor del alma que se abrió.
Ninguna metáfora puede describirla…
Oír la voz del silencio es entender que la única guía verdadera proviene del interior… pues cuando el discípulo está preparado, también lo está el Maestro…
Aférrate a lo que no tiene sustancia ni existencia.
Escucha solamente la voz que es insonora.
Mira solamente lo que es invisible.
MABEL COLLINS

UNA MIRADA AL MUNDO



UNA MIRADA AL MUNDO
El mundo siempre habla de sí mismo, como tratándose de un ente único y egocéntrico en torno al cual girase la vida. O quizá porque son lo mismo, y desde esa identidad el mundo no es un lugar, sino un estado concreto de la vida: el único que hemos llegado a realizar y conocer, mientras otros mundos permanecen en nuestra intuición o en nuestros sueños.

Hoy me asomo a él con el sentimiento de que ya no habla de sí mismo, sino del mundo que le ha de suceder; como si su identidad se desvaneciera; como si su protagonismo ya no fuese algo propio, sino el heraldo de otra realidad emergente nacida de sus cenizas. Hoy percibo su omnímoda presencia como una suerte de advertencia, como si al mostrar aquello que se desmorona estuviera anunciando la novedad que empieza a nacer. Hoy, contemplo el acontecer de este mundo, presintiendo que tal vez ha comenzado la noche oscura que antecede al amanecer.

No hay temor en este sentimiento que presiente cercano el parto. Quizá porque el dolor posible y aun el riesgo inherentes a él resultan menores frente al gozo de recibir al nacido. Y sí hay, en cambio, una serena esperanza no exenta de curiosidad ante la experiencia del tránsito; del cómo será, porque el qué ya es adivinado.

Vivimos una experiencia de realidad en un mundo y en un planeta, y somos todo ello a la vez: el planeta, el mundo, la experiencia vivida y el experimentador. Unidos indisolublemente porque somos una unidad, y no partes aisladas que conviven. No hay destinos paralelos, diferentes, para lo que es uno. Somos un tren en continuo movimiento que viaja con todo su contenido hacia la próxima estación, que tampoco ha de ser última, en un viaje sin final cuya meta es el propio viaje.

Y el viaje es movimiento. Y el movimiento cambio. Cambio necesario e inevitable escrito con mayúsculas en el guión de la vida; a veces lento, casi inapreciable, como suministrado con calmantes. Otras quirúrgico, drástico y sin anestesia.

Las crónicas anticipadas aluden al tiempo presente en tanto que escenario de cambios profundos que afectan a la raíz, a la estructura del mundo actual en todas sus facetas: economía, política, justicia, religión…,y en las instituciones que las representan. Los poderosos arquetipos que rigen el devenir, los “dioses del cambio”, han entrado en actividad provocando ya situaciones de caos inesperadas y catastróficas, y una sensación generalizada de inestabilidad que es de por sí un aviso. Todo es convocado a una severa revisión tras la cual pocos elementos del paradigma actual podrán prevalecer.

Una nueva generación de hombres ha comenzado ya a nacer en nuestros hogares. Ellos son el recambio, los nuevos gestores del mundo naciente. A nosotros, los que vinimos antes, nos corresponde el gestionar ese cambio, el vivir la noche oscura hasta la llegada de un amanecer que deje en sus manos un mundo renovado, probablemente más equilibrado, más justo y más humano.

Hoy son escritos para nosotros aquellos versos de Walt Whitman: “Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo”.

Permaneceré despierto, mi lámpara encendida.
Publicado por Félix Gracia
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