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sábado, 14 de mayo de 2016

El libro de los secretos (Deepak Chopra) Introducción




El libro de los secretos
Descubre quiénes somos, de dónde venimos y por qué estamos en esta vida.
Introducción 
Abre el libro de los secretos Lo que más anhelamos en la vida no es comida, dinero, éxito, posición, seguridad o sexo; ni siquiera el amor del sexo opuesto. 
Una y otra vez conseguimos estas cosas y terminamos sintiéndonos insatisfechos, en ocasiones más de lo que estábamos al principio. Lo que más anhelamos es un secreto que se revela sólo cuando estamos dispuestos a descubrir una parte oculta de nuestro ser. En las antiguas tradiciones sapienciales, este empeño se comparó con la recolección de la más hermosa perla, una manera poética de expresar que debemos nadar bajo las aguas superficiales” sumergirnos en nuestro ser y buscar pacientemente esa perla invaluable. 
La perla también recibe el nombre de esencia, hálito de Dios, agua de vida o néctar sagrado, lo que con la trivialidad propia de la era científica llamamos “transformación”. Transformación significa cambio radical de forma, como cuando la oruga se transmuta en mariposa. En el ámbito humano significa convertir temor, agresión, duda, inseguridad, odio y vacío en sus opuestos. ¿Es esto posible? Lo indudable es que el anhelo secreto que carcome nuestra alma es totalmente ajeno a cuestiones externas como dinero, posición o seguridad; nuestro ser interior reclama un significado, el final del sufrimiento y respuestas a enigmas como amor, muerte, Dios, alma, bien y mal. Una vida superficial jamás responderá a estas preguntas ni satisfará las necesidades que las suscitan. 
La única manera de satisfacer el anhelo más profundo es encontrando nuestras dimensiones ocultas. Cabría esperar que este anhelo de conocimiento hubiera desaparecido con el nacimiento de la ciencia, pero en realidad se ha fortalecido. 
No hay más “hechos” por descubrir sobre las dimensiones ocultas de la vida. Es ocioso analizar más tomografías de pacientes durante “experiencias cercanas a la muerte” o resonancias magnéticas de yoguis en meditación profunda. Esa fase de experimentación ha cumplido su cometido: sabemos que adonde vaya la conciencia, allá irá el cerebro. Las neuronas son capaces de registrar las experiencias espirituales más elevadas. Pero de alguna manera, sabemos menos que nuestros antepasados sobre el misterio de la vida. Vivimos en la Era del Cerebro Superior, esa corteza que creció desmedidamente en los milenios recientes y eclipsó al cerebro inferior instintivo. También se le llama “cerebro nuevo”, en contraposición al que imperó sobre los seres humanos durante millones de años y sigue haciéndolo en la mayoría de los seres vivos. El cerebro antiguo no puede concebir ideas ni leer, pero tiene el poder de sentir y, sobre todo, de ser. Fue gracias a él que nuestros antepasados percibieron la cercanía de una presencia misteriosa en la naturaleza. Esa presencia, que habita cada partícula de la creación, inunda también tu vida. Eres un libro de secretos que espera ser abierto, aunque probablemente te concibas de manera muy distinta: en la vida cotidiana eres trabajador, padre o madre, esposo o esposa, un cliente que “peina” el centro comercial en busca de algo nuevo, o un miembro del público que espera con impaciencia el siguiente espectáculo. Cuando vives la verdad de la realidad única, todos los secretos se revelan sin esfuerzo ni lucha. Todo se reduce a la proverbial elección entre separación o unidad. ¿Deseas sentirte fragmentado, en conflicto o desgarrado entre las fuerzas eternas de la luz y la oscuridad, o prefieres escapar de esto para acceder a la totalidad? Eres una criatura que actúa, piensa y siente; la espiritualidad funde estos tres elementos en una realidad única. El pensamiento no subyuga al sentimiento, y el sentimiento no se resiste tozudamente al cerebro superior; la acción ocurre cuando pensamiento y sentimiento dicen: 
“Esto es correcto”. En la realidad única experimentamos el flujo de la vida sin obstáculos ni resistencia; en ella, inspiración, amor, verdad, belleza y sabiduría son aspectos naturales de la existencia. La realidad única es espíritu, y la superficie de la vida es sólo un disfraz de mil máscaras que oculta la realidad. Hace mil años, esta afirmación no hubiera encontrado oposición; todos aceptaban que el espíritu era la auténtica fuente de la vida. Ahora debemos ver el misterio de la existencia con nuevos ojos, pues como hijos orgullosos de la ciencia y la razón, hemos quedado huérfanos de sabiduría. Este libro tiene dos objetivos: primero, persuadirte de que hay un misterio en las dimensiones ocultas de la vida; segundo, inspirarte la pasión y dedicación necesarias para descubrirlas. No pospongas este proyecto hasta que te sientas listo; estuviste listo desde el día que dejaste de preguntar quién eres y por qué estás aquí. Por desgracia, la mayoría rechazamos miles de experiencias que podrían hacer de la transformación una realidad. Sí no fuera por el empeño que ponemos en la negación, la represión y la duda, nuestra vida sería una revelación constante. En última instancia, debes convencerte de que tu vida es digna de analizarse con pasión y compromiso totales. Fueron muchas las decisiones que mantuvieron cerrado el libro de los secretos, pero basta un segundo para abrirlo de nuevo. Yo entiendo de manera literal las palabras del Nuevo Testamento: “Pide y recibirás, toca y la puerta se abrirá”. Es así de simple. Conocerás todos los secretos de la vida cuando digas sinceramente: “Debo saber, no puedo esperar un minuto más”. Buda bajo el árbol Bodhi y Jesús luchando con los demonios en el desierto simbolizan el mismo drama del alma que revivimos al nacer. Ten esto por seguro: eres el ser más importante del mundo pues en el plano del alma, tú eres el mundo. El derecho de saber ya es tuyo. Tu siguiente pensamiento, sentimiento o acción puede revelar la sabiduría espiritual más profunda, que fluye tan pura y libre como los ríos primaverales en las montañas. No basta lo que hemos aprendido, pero es imposible que los secretos se mantengan ocultos por siempre.
Deepak Chopra.
http://rosacastillobcn.blogspot.com.es/

Libro Todos los Seres Vivos Somos Uno (Eckhart Tolle) CAPITULO 1º





MÁS ALLÁ DEL PENSAMIENTO
CAPÍTULO UNO
Pensar no es más que un minúsculo aspecto de la totalidad de la conciencia, la totalidad de lo que eres. 

Lo que está surgiendo ahora no es un nuevo sistema de creencias, una nueva religión, ideología espiritual o mitología. Estamos llegando al final no solo de las mitologías sino también de las ideologías y sistemas de creencias. 
El cambio va más allá del contenido de tu mente, más allá de tus pensamientos. 
De hecho, lo esencial de la nueva conciencia es la trascendencia del pensamiento, la recién adquirida capacidad de elevarse por encima de los pensamientos, de hacer realidad una dimensión dentro de ti que es infinitamente más vasta que el pensamiento. Entonces ya no derivas tu identidad, tu sentido de quién eres, del incesante flujo de pensamiento que en la vieja conciencia creías que eras tú. 
Qué liberación, darse cuenta de que no soy esa «voz en mi cabeza». Pero entonces ¿quién soy yo? El que ve eso. 
La conciencia que es anterior al pensamiento, el espacio en el que tiene lugar el pensamiento (o la emoción, o la percepción sensorial).
La causa primaria de la infelicidad nunca es la situación, sino lo que piensas sobre ella.
Sé consciente de los pensamientos que estás pensando. Sepáralos de la situación, que es siempre neutra, que siempre es como es. 
Por un lado está la situación o el hecho, y por otro mis pensamientos acerca de ello. 
En lugar de inventar historias, quédate con los hechos. 
Por ejemplo, «estoy en la ruina» es una historia. 
Te limita e impide que emprendas acciones efectivas. 
«Me quedan cincuenta céntimos en mi cuenta bancaria» es un hecho. Enfrentarse a los hechos siempre da fuerza. 
Sé consciente de que lo que piensas, en gran medida, genera las emociones que sientes.
Observa la conexión entre tu pensamiento y tus emociones. 
En lugar de ser tus pensamientos y emociones, sé la conciencia que hay detrás de ellos.
«La sabiduría de este mundo es necedad para Dios», dice la Biblia.1 ¿Qué es la sabiduría de este mundo? 
El flujo de pensamiento y el significado que se define exclusivamente mediante el pensamiento. 
El pensamiento aísla una situación o un suceso y lo llama bueno o malo, como si tuviera una existencia separada. 
A fuerza de fiarse en exceso del pensamiento, la realidad queda fragmentada. 
Esta fragmentación es una ilusión, pero parece muy real cuando estás atrapado en ella. 
Y sin embargo, el universo es un todo indivisible en el que todas las cosas están interconectadas, en el que nada existe aislado. La profunda interconexión de todas las cosas y todos los sucesos implica que las etiquetas mentales de «bueno» y «malo» son, en el fondo, ilusorias. 
Siempre implican una perspectiva limitada y por lo tanto solo son ciertas relativa y temporalmente o existen sucesos casuales, no hay sucesos ni cosas que existan por y para sí mismos, aislados. 
Los átomos que componen tu cuerpo se forjaron dentro de estrellas, y las causas de todo suceso, incluso el más insignificante, son prácticamente infinitas y están conectadas con la totalidad de maneras incomprensibles. 
Si quisieras rastrear el origen o causa de cualquier suceso, tendrías que remontarte hasta el principio mismo de la creación. El cosmos no es caótico. 
La misma palabra cosmos significa orden. Pero no se trata de un orden que la mente humana pueda llegar a comprender, aunque a veces pueda vislumbrarlo.
Elige un objeto que tengas cerca —una pluma, una silla, una taza, una planta— y explóralo con la vista, es decir, míralo con gran interés, casi con curiosidad. 
Evita los objetos con fuertes asociaciones personales que te recuerden el pasado: dónde lo compraste, quién te lo regaló, etc. 
Evita también todo lo que tenga escritura, como libros o botellas, ya que eso estimularía el pensamiento. 
Sin forzarte, relajado pero alerta, dedica toda tu atención al objeto, a todos sus detalles. 
Si surgen pensamientos, no te dejes arrastrar por ellos. 
No son los pensamientos lo que te interesa, sino el acto mismo de la percepción. ¿Puedes separar el pensamiento de la percepción? 
¿Puedes mirar sin que la voz en tu cabeza comente, saque conclusiones, compare o intente explicar algo? 
Al cabo de un par de minutos, deja que tu mirada vague por la habitación, o donde sea que estés, y que tu atención alerta ilumine cada cosa en que se pose. 
A continuación, escucha los sonidos que estén presentes. Escúchalos del mismo modo en que has mirado las cosas que hay a tu alrededor. 
Algunos sonidos son naturales —agua, viento, pájaros—y otros son artificiales. 
Unos pueden ser agradables y otros desagradables. 
Pero no diferencies entre bueno y malo. 
Deja que cada sonido sea como es, sin interpretarlo. 
También aquí la clave es la atención relajada pero alerta. 
Cuando percibimos sin interpretar y sin aplicar etiquetas mentales, es decir, sin añadir pensamientos a nuestras percepciones, podemos sentir la profunda interconexión que existe por debajo de nuestra percepción de cosas aparentemente separadas.
Observa si puedes captar, es decir, percibir, la voz en la cabeza, tal vez en el momento preciso en que se está quejando de algo, y reconocerla como lo que es: la voz del ego, nada más que una pauta mental condicionada, un pensamiento. 
Cada vez que notes esa voz, te darás cuenta también de que la voz no eres tú, que tú eres el que es consciente de ella. En realidad, tú eres la conciencia que es consciente de esa voz. En el fondo está la conciencia. En primer plano está la voz, el pensador. De este modo vas librándote del ego, te liberas de la mente no observada.
Ni los conceptos ni las fórmulas matemáticas pueden explicar el infinito. Ningún pensamiento puede abarcar la inmensidad de la totalidad. 
La realidad es un todo unificado, pero el pensamiento lo divide en fragmentos. Esto da origen a equivocaciones fundamentales, como por ejemplo que existen cosas y sucesos separados, o que esto es la causa de aquello. 
Todo pensamiento implica un punto de vista, y todo punto de vista, por su propia naturaleza, implica limitación, lo que en último término significa que no es verdad, al menos no de modo absoluto. Solo el todo es verdad, pero el todo no se puede expresar con palabras o pensamientos. 
Visto sin las limitaciones del pensamiento, y por lo tanto incomprensible para la mente humana, todo está ocurriendo ahora. Todo lo que ha existido o existirá existe ahora, fuera del tiempo, que es un artefacto mental.
Cuando dejas de cubrir el mundo de palabras y etiquetas, vuelve a tu vida un sentido de lo milagroso que se perdió hace mucho tiempo, cuando la humanidad, en lugar de utilizar el pensamiento, quedó poseída por el pensamiento. 
Vuelve a tu vida la profundidad. 
Las cosas recuperan su novedad, su frescura. 
Y el mayor milagro es experimentar tu ser esencial como algo anterior a todas las palabras, los pensamientos, las etiquetas mentales y las imágenes. Para que esto ocurra, tienes que desenredar tu sentido del Yo, del Ser, de todas las cosas con las que se ha enredado, es decir, con las que se ha identificado.
¿Es posible prescindir de creer que deberías saber o necesitas saber quién eres? En otras palabras, ¿puedes dejar de recurrir a definiciones conceptuales que te den una sensación de identidad? ¿Puedes dejar de recurrir al pensamiento para una identidad? 
Cuanto más mezclas tus pensamientos con tu identidad, más te desligas de la dimensión espiritual que hay dentro de ti. 
Definirte mediante el pensamiento es limitarte. 
Cuando aceptas plenamente que no sabes, entras en un estado de paz y claridad que se acerca más a lo que verdaderamente eres de lo que el pensamiento podría acercarse jamás.
No busques la felicidad. Si la buscas, no la encontrarás, porque buscar es la antítesis de la felicidad. 
La felicidad es siempre evasiva, pero ahora es posible librarse de la infelicidad, afrontando lo que hay, en lugar de inventar historias acerca de ello. La infelicidad tapa tu estado natural de bienestar y paz interior, que es la fuente de la verdadera felicidad.
Eckhart Tolle.

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