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jueves, 9 de abril de 2015

El Propósito de tu vida es AMAR...

El Propósito de tu vida es AMAR...



"Éste es el milagro que siempre le ocurre a aquello que realmente aman: mientras más dan, más poseen”. Rainer Maria Rilke
La vida te sigue. Absolutamente todo lo que te ocurre en la vida es un resultado de lo que has dado en tus pensamientos y sentimientos, estés consciente de ello o no. La vida no es algo que te está ocurriendo… la vida te está siguiendo. Tu destino está en tus manos. Lo que piensas, lo que sientes, decidirá tu vida.
¡Todo en la vida se te presenta para que puedas escoger lo que tú amas! ¡La vida es un catálogo y tú eres el que escoge lo que te gusta en ese catálogo! Pero ¿estás escogiendo las cosas que amas? ¿O estás demasiado ocupado juzgando y poniéndole etiquetas a las cosas malas? Si tu vida está lejos de ser maravillosa, entonces inadvertidamente has estado poniendo etiquetas a todas las cosas malas. Has permitido que las cosas que consideras malas te distraigan del propósito de tu vida. ¡Porque el propósito de tu vida es amar! El propósito de tu vida es la alegría. El propósito de tu vida es escoger las cosas que amas y rechazar las que no amas.
Cuando te sientes bien acerca de cualquier cosa que otra persona tiene, la estás atrayendo hacia ti. Cuando te sientes bien por el triunfo de otra persona, la felicidad de otra persona o por todas las cosas buenas que alguien tiene, estás escogiendo esas cosas del catálogo de la vida y atrayéndolas hacia ti.
Si conoces a alguien que tiene cualidades que tú quisieras tener, ama esas cualidades y siéntete bien acerca de ellas en esa persona, y estarás atrayendo esas cualidades hacia ti. Si alguien es inteligente, tiene belleza y talento, ¡ama esas cualidades y escoge esas cosas para ti!
Todo en la vida se te presenta para que puedas escoger lo que amas o lo que
no amas, pero sólo el amor te trae lo que quieres. El catálogo de la vida contiene muchas cosas que no amas, así que no las escojas proyectando malos sentimientos. Si juzgas a otra persona y piensas que es mala, estás trayendo negatividad a tu vida. Si sientes envidia o celos de algo que otra persona tiene, atraes negatividad hacia ti al tiempo que te alejas precisamente de aquello que quieres con una fuerza poderosa. ¡Sólo el amor te trae lo que quieres!
Ronda Bhyrne

EL SECRETO DE LA FELICIDAD

EL SECRETO DE LA FELICIDAD


"Algo debe suceder en mi vida para que yo pueda alcanzar la paz (la felicidad, la realización, etcétera). Y resiento que no haya sucedido todavía. Quizás con mi resentimiento logre que suceda finalmente".
"Algo sucedió en el pasado que no debió suceder y lo resien­to. Si eso no hubiera sucedido, tendría paz ahora".
"Me está sucediendo algo que no debería sucederme y me está impidiendo tener paz".
Muchas veces, las creencias inconscientes apuntan a una persona, de manera que la palabra "suceder" se reemplaza por "hacer".
"Deberías hacer esto o aquello para que yo pueda tener paz. Y resiento que no lo hayas hecho. Quizás con mi resentimien­to logre que lo hagas".
"Algo que tú (o yo) hicimos, dijimos o dejamos de hacer en el pasado me está impidiendo tener paz".
"Lo que haces o no haces ahora me está impidiendo tener paz".

Eckhart Tolle
Todas las citas anteriores son supuestos que no se han examinado y que confundimos con la realidad. Son historias creadas por el ego para convencernos de que no podemos estar en paz en el presente y tampoco ser nosotros mismos. Estar en paz y ser quienes somos es lo mismo. El ego dice: quizás en un futuro podré tener paz si tal o cual cosa sucede o si obtengo aquello o me convierto en lo de más allá. También dice: no podré estar en paz jamás a causa de algo que sucedió en el pasado. En general, todo el mundo cuenta la misma historia, "por qué no puedo tener paz ahora". El ego no sabe que nuestra única oportunidad para estar en paz es ahora. O quizás sí lo sabe pero teme que lo averigüemos. Después de todo, la paz representa la aniquilación del ego.
¿Cómo podemos alcanzar la paz ahora? Haciendo la paz con el momento presente. El momento presente es el campo en el cual transcurre el juego de la vida. No puede jugarse en ningún otro lugar. Una vez hecha la paz con el momento presente, podemos ver lo que sucede, lo que podemos hacer o lo que optamos por hacer, o más bien, lo que la vida hace a través de nosotros. Hay cuatro palabras en las cuales se encierra el secreto del arte de vivir, el secreto del éxito y la felicidad: uno con la vida. Ser uno con la vida significa ser Uno con el Ahora. Entonces nos damos cuenta de que no vivimos la vida, sino que ésta nos vive. La vida es la bailarina y nosotros somos la danza.
Al ego le encanta estar resentido con la realidad. ¿Qué es la realidad? Cualquier cosa que es. Buda la denominó tatata, el tal o cual de la vida, es decir, nada más que el tal o cual de este momento. Oponerse a ese tal o cual es una de las principales características del ego. Esa oposición crea la negatividad de la cual se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De esta manera sufrimos y hacemos sufrir a los demás sin siquiera saberlo, sin darnos cuenta de que estamos creando el infierno en la tierra. Crear sufrimiento sin reconocerlo es la esencia de la vida inconsciente y es estar completamente bajo el control del ego. La incapacidad del ego para reconocerse y ver lo que hace es verdaderamente aterradora e increíble. El ego hace exactamente lo que condena en los demás y ni siquiera se da cuenta. Cuando se lo señala, recurre a la negación, la ira, los argumentos y las justificaciones que distorsionan los hechos. Y todo el mundo lo hace, las personas, las empresas y los gobiernos. Cuando todo lo demás falla, el ego recurre a los gritos y hasta a la violencia física. ¡Que manden al ejército! Es entonces cuando reconocemos la sabiduría de las palabras de Jesús en la cruz: "Perdónalos porque no saben lo que hacen".
Para poner fin a la desgracia que se ha cernido sobre la condición humana durante miles de años, debemos comenzar con nosotros mismos y asumir la responsabilidad por nuestro estado interior en todo momento. Eso significa que debe ser ahora mismo. Pregúntese si hay negatividad en su interior en este mismo momento. Entonces preste atención a sus pensamientos y también a sus emociones. Esté alerta a esa infelicidad latente a la cual me referí anteriormente, en cualquiera de sus formas: descontento, nerviosismo, hastío, etcétera. Esté alerta a los pensamientos que aparentemente justifican o explican esa infelicidad pero que en realidad son los causantes de la misma. Tan pronto como tome conciencia de un estado negativo en su interior no piense que ha fallado. Significa que ha tenido éxito. Mientras no hay esa conciencia, prevalece la identificación con los estados interiores, y esa identificación es el ego. Con la conciencia se suspende la identificación con los pensamientos, las emociones y las reacciones. Este estado no debe confundirse con la negación. Al reconocerse los pensamientos, las emociones y las reacciones, se suspende automáticamente esa identificación. Entonces cambia nuestro sentido de lo que somos, nuestra sensación de ser: antes éramos pensamientos, emociones y reacciones; ahora somos conciencia, la Presencia consciente que observa esos estados.
"Un día me liberaré del ego". ¿Quién habla? El ego. Liberarse del ego realmente no representa un gran esfuerzo. Lo único que se necesita es tomar conciencia de los pensamientos y las emociones en el mismo momento en el que suceden. No se trata realmente de "hacer", sino de "ver". En ese sentido, es cierto que no hay nada que podamos hacer para liberarnos del ego. Cuando se produce el cambio de pasar de pensar a observar, entra a operar en nuestras vidas una inteligencia muy superior a la astucia del ego. Las emociones y hasta los pensamientos se despersonalizan a través de la conciencia. Reconocemos su naturaleza impersonal. Dejan de estar cargados del "yo". Son solamente emociones y pensamientos humanos. Toda la historia personal, la cual no es más que un cuento, un paquete de pensamientos y emociones, pasa a ocupar un lugar secundario y deja de ocupar el primer lugar en la conciencia. Deja de ser la base de nuestro sentido de identidad. Pasamos a ser la luz de la Presencia, la conciencia profunda que antecede a los pensamientos y las emociones.
ECKHART TOLLE
La conexión (Un mensaje espiritual)
http://universo-espiritual.ning.com/

A MIS HERMANOS

A MIS HERMANOS


Al parecer me quedan “dos días” –me lo dijo un ángel–, no sé si es mucho o poco tiempo y, ya que no es posible un encuentro físico, quiero que sepáis que a pesar de lo vivido, mi alma sigue preguntándose por qué hemos llegado a esta situación de silencio y alejamiento.
Nacimos en el seno de una familia que se estaba construyendo sobre los escombros de una guerra civil. Crecimos con el hambre llamando a la puerta, nuestros padres hicieron lo que pudieron y supieron, ni tú ni yo tenemos capacidad para juzgarlos –tendríamos que estar en sus pieles para saberlo y no es el caso–. Posiblemente no hayamos cometido los mismos errores, ni acertado en lo que ellos sí supieron.
Me queda de la infancia impresiones, dejo a un lado los recuerdos –que de todo hay–. Viví durante ese tiempo, imagino que como los demás, como tú, en un mundo alejado de la realidad siempre que podíamos… En realidad no sé si nos apoyamos unos a otros por sentido familiar, o pura supervivencia, pues según crecíais ibais “desapareciendo”, quizás de la “quema” en busca de una felicidad que no habíais encontrado. El contacto siguió de un modo formal entre unos y otros, yo siempre creí que era sincero y no consecuencia de un automatismo que desconozco.
Crecí, como todos, en el momento oportuno, desperté de un sueño que a veces se convertía en pesadilla, enfrentándome a los mismos demonios que vosotros conocisteis. Quizás por eso asimilé rápidamente la crudeza de una realidad que nunca hubiera elegido libremente y me comprometí conmigo mismo en hacer lo posible para que desapareciera un mundo de oscuridad y miedo. Creí oportuno dejar un buen trabajo prometedor por la incertidumbre. Sentí la existencia de un Dios que llamaba a mi puerta. Le preguntaba y esperaba respuestas. Quería comprender por qué tanto sufrimiento, su causa. Un día subí a un tren entrando en el primer peldaño de mi madurez y me di de bruces con otra realidad, pronto me di cuenta que ese no era mi camino. ¿Rezar mientras el mundo tiene hambre? ¿Prepararme para ser un fiel ejecutor de quienes decían servir al amor y servían a sus propios intereses? No podía esperar a que llegara el paraíso o nos fuéramos a él. Volví a casa, pero ya no era el mismo y ninguno lo entendisteis, tampoco os preocupaba, estabais viviendo vuestras vidas, no es un reproche, yo vivía la mía. Aquí me di cuenta que éramos como muchos animales, que cuando se valen por sí mismos salen del nido para no volver ni recordar lazos pasados. Con una salvedad, si hay algo que podáis acaparar que no os pertenece entonces sí existe la familia, triste pero real, y no lo neguéis. Os creíais con el derecho de recuperar parte de lo que habíais aportado a la familia, eso os ha hecho y hace aún que os miréis con recelo. Dejé claro que no iba a participar en tal insensatez. Os vino bien, menos a repartir. Consideraba y aún lo siento así, que hay valores más importantes en la vida.
La revolución que necesitábamos, aun siendo consciente que era necesario un cambio interno, creí, ya no, que era necesario un “empuje” externo. Y volví a ver cara a cara un rostro humano, que aunque viejo, no conocía bien: la codicia, la ingratitud, la mentira, la soberbia, el egoísmo llevado a sus extremos. Nada vale más que una vida humana, ni el mejor pensamiento. Comprendí que el medio y el fin han de ser uno: sólo el amor llama al amor oculto en cada uno.
Por entonces nuestras vidas seguían su propia ruta. Supe de vosotros aunque no lo supierais. Siempre “la abuela”, puro corazón, se encargaba de ello. Con ella todo era un bálsamo de paz, un oasis entre tanto desierto… Separaciones, secretos no confesados… Nuestros demonios parece que seguían trabajando en cada uno aflorando cuando así sentían necesidad. Habéis criado hijos, algunos ya sois abuelos. Y cada uno a su modo, buscando la paz, una paz que no encontramos en nuestra niñez y que ha marcado nuestras vidas. He aprendido a no juzgar, ni siquiera a mí mismo, el perdón sincero es la mejor medicina que uno pueda darse. Somos consecuencia de tantas confluencias en el tiempo y el espacio que únicamente en nuestro silencio más honesto podremos ver con claridad en qué nos hemos convertido hoy; si seguimos los dictados de nuestra alma o no, sólo uno lo sabe.
Os llevo en mi alma, como siempre os he llevado y sé, con seguridad, que nuestros caminos se volverán a cruzar una vez más. Nos daremos otra oportunidad para curar viejas heridas. Elegiré no recordar, quiénes fuisteis, quién fui, pues mi mayor deseo es sentirnos amantes de un momento que supere a todos. Sentir que hay algo en vosotros, en mí, que nos hará reír a carcajadas y, por fin, ir de la mano como debimos hacer un tiempo atrás.
Y, ahora, como dijo el místico: “Muero porque no muero”.
P.D. ¡Nos vemos un día de estos, cuando así lo decidamos!
Ángel Hache
http://escrito-en-el-viento.blogspot.com.es/
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