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martes, 7 de junio de 2016

Maestría en Felicidad: Claves y enseñanzas para recorrer el camino de la vida plena (Chamalú) Carta-6




Carta-6
Sin salud, nada tiene sentido. 
Respiro profundo, me siento vivo, agradezco el regalo de un nuevo día; escucho una melodía que me agrada. «Sin letra estaría mejor», pienso. 
La gente se aglomera, todos van en la misma dirección; escucho motores, bocinas, murmullos inentendibles, un camión se detiene sin apagar el motor, una mujer lleva tres niños a la escuela, va de prisa, ignora que el futuro de ellos está en otra parte. Es extraño, casi nadie se cuestiona las cosas, casi nadie se pregunta, sospecho nuevamente: la ignorancia es alimentada desde afuera. Increíble, nos regalan un breve intervalo entre dos eternidades y nos lo contaminan, abreviando aún más ese paso fugaz llamado vida. Hoy quiero referirme a la salud, requisito para estar en este plano, usando el vehículo corporal que nos dieron. Me sorprende lo poco valorada que está la salud. La vida quedará derrotada si no aprende el humano a conservar su salud; su energía permanecerá machacada, la muerte es el escarmiento para quien no aprendió a administrar bien y oportunamente su salud. 
La salud es la esperanza celular navegando en un contexto de armonía; es la bodega visible del espíritu, envuelta con la sensibilidad que nos autoriza el placer, en conexión con la mente, libre de cadenas; la salud es el síntoma de haber aprendido a vivir, hilvanando lo invisible con lo sensorial; es la trasparencia corporal, traducida en brillo llamado felicidad; es la sinfonía que nuestros átomos deciden recrear para sincronizarse con el orden cósmico; es la ecuación perfecta que posibilita un funcionamiento armónico entre lo espiritual, lo mental, lo emocional, lo físico, lo social y la dimensión ecológica donde habita la Madre Tierra. 
La felicidad no es posible ni tiene sentido el éxito si no hemos tenido la capacidad, la habilidad para mantenernos sanos, de manera que el primer aprendizaje que requerimos todos, y con urgencia, es conocer el antiguo arte de conservar la salud. Ignorar este elemental conocimiento podría ser motivo para transitar un camino equivocado, incluso durante toda la vida. Aún recuerdo las muchas veces que recurrieron a mí personas de diferente nacionalidad y edad, generalmente en excelente posición financiera, que nos ofrecían incluso todo lo que tenían, a cambio de devolverles la salud. Lamentablemente, la mayoría de ellos tomaron conciencia demasiado tarde, porque todo tiene un tiempo, un punto de no retorno, de manera que cuando ya es demasiado tarde, la propia vitalidad del individuo determina la imposibilidad del retorno a la salud. 
Este quizá sea el primer secreto que todos deben saber, que sin salud, nada tiene sentido. Un segundo secreto radica en que, en muchos casos en los que la propia medicina oficial diagnostica las enfermedades como incurables, son curables bajo otros métodos. Resulta que, viendo el mismo problema desde otro punto de vista, nos permitimos contar con herramientas diferentes y con ello las posibilidades de retorno a la salud regresan inmediatamente. Podemos afirmar entonces que, luego de estar viviendo durante miles de años sobre la Tierra, el ser humano ha desarrollado diversos conocimientos para enfrentar sus problemas diarios; el retorno de la salud se ha practicado en distintas épocas y civilizaciones, de formas diversas y a menudo muy creativas. 
En los últimos tiempos, como consecuencia de la occidentalización del mundo entero, se tiende a pensar solo de una manera. En este sentido se nos quiere hacer creer en respuestas únicas, y cuando ellas fracasan, convencernos de la resignación, de la enfermedad y hasta de la muerte, que son actualmente, rentables mercancías que generan ingentes ganancias. Cada problema y, en este caso, cada enfermedad, puede ser comprendida y superada la mayoría de las veces de muchas y variadas formas o con combinaciones de técnicas y conocimientos de diversa procedencia.
Otro secreto que es urgente difundir es el carácter psicosomático del ser humano. Esto recientemente lo admite la ciencia, sin embargo, nuestros abuelos lo saben y practican desde hace mucho tiempo. Psicosomático significa que algunas enfermedades, incluso varias de ellas muy peligrosas, pueden ser creadas o agravadas por la mente humana. 
Y no se trata solamente de creer o no en la situación; somos una entidad muy compleja, no somos solo lo que se ve. 
Disponemos además de un campo de energía que nos envuelve, que nos atraviesa y que en realidad es lo que somos: un campo electromagnético que dispone a su vez de distintos tipos de vibraciones que en realidad constituyen una indivisible unidad, de manera que podemos pensar que muchas enfermedades en realidad se gestan y empiezan en nuestro campo energético, en el cual pasan incluso una gestación más o menos prolongada, para recién en una segunda fase, quizá cuando el problema ya está grave, comenzar a somatizarse, es decir a instalarse en el cuerpo. Existe la tendencia a pensar que cuando aparece en el cuerpo, empieza la enfermedad, lo cual es un error. 
La aparición en el cuerpo de un desequilibrio puede revelar, en muchos casos, su ingreso a niveles avanzados del problema, y esta situación contribuir a que la enfermedad tenga fama de incurable. Muchos problemas llamados incurables son totalmente superables, con la condición de que actuemos a tiempo y con un abordaje integral. Está claro que algunas enfermedades pueden comenzar en la mente, la cual, de momento, podemos asociar como ese conjunto de cuerpos energéticos que nos rodea y penetra. 
Es bueno saber que la materia, como se presenta a nuestros ojos, no existe, porque lo que hay es energía en forma de ondas o partículas. Quizá por ello nuestros abuelos indígenas comenzaban muchas sesiones de sanación con una ceremonia de desagravio a la Madre Tierra, esto consistía en hacer las paces con el entorno, al cual habíamos agredido con nuestra imprudencia, porque enfermarse es romper el equilibrio de la naturaleza. Que las enfermedades pueden tener un carácter psicosomático significa también que nuestras creencias, nuestros miedos pueden influir, y mucho, en el desarrollo de un problema de salud. 
Hemos conocido personas que se fabricaron una enfermedad o que la agravaron profundamente en poco tiempo. 
Es suficiente temer enfermarse para que nuestra salud se resienta; es probable que muchas enfermedades se compliquen si estamos pesimistas; es seguro que nuestras defensas estarán más débiles al deprimirnos o entristecernos. 
Todo esto antiguamente se tomaba como absurdas creencias populares, pero ahora la propia ciencia las acepta y advierte sobre la importancia de la actitud mental adecuada. 
Sin embargo, no todas son malas noticias, así como nuestra actitud mental puede enfermarnos, también puede contribuir a nuestra recuperación. Recuperar la alegría y las ganas de vivir, enseñan los abuelos, es la mitad de la curación. 
Obviamente, en el ínterin se tendrá que haber comprendido el mensaje de la enfermedad y realizado en nuestra vida los cambios que requiera la situación. 
De manera que estamos en condiciones de afirmar que con una actitud mental adecuada, es posible mantener más tiempo la salud y recuperarla en caso de enfermedad. 
Esto significa que la alegría, las ganas de vivir, el optimismo, la capacidad de disfrutar y el que nuestra vida tenga sentido, son componentes fundamentales de la conservación y recuperación de la salud y la felicidad. 
Otro secreto que no debemos olvidar es que gran parte de las enfermedades revelan un estilo de vida inadecuado, asociado a su vez a actitudes equivocadas, a prioridades mal planteadas, a necesidades innecesarias y en definitiva a no conocer el sagrado arte de mantenerse sano. Esta situación nos compromete con la necesidad de plantearnos los cambios necesarios, es decir, no es posible recuperar la salud sin realizar en nuestra vida los cambios que la situación imponga. 
El camino de la recuperación de la salud a menudo exige que renunciemos a determinadas creencias, porque si ellas nos enferman, modificarlas es un asunto de prioritaria importancia. 
De igual manera, si se trata de hábitos antisaludables, de pensamientos inadecuados y de una actitud errónea ante la vida. No es posible recuperar la salud sin efectuar en nuestra vida las transformaciones necesarias. 
Es importante no olvidar que la supresión de síntomas, el que deje de doler y molestar el cuerpo, no equivale a tener salud. En resumen, en esta carta dedicada a la salud podría decirte que salud y felicidad son sinónimos. Come sano, orgánico, disfrutando, sin excesos ni carencias; trata a tu cuerpo como lo único que tienes para vivir. Recuerda que los dolores y otros malestares son los gritos del cuerpo que no fue oído en su lenguaje inicial. Quiero decirte también que la salud podría mejorar con el paso del tiempo, sin embargo, para ello, tu estilo de vida deberá mantenerte activo física y mentalmente, buscando equilibrios entre acción y relax, entre adentro y afuera. ¿Sabías que la gente infeliz tiene más infartos? ¿Que la felicidad estabiliza la presión y baja el colesterol? ¿Que solo debes comer cuando realmente tienes hambre, sin descuidar nunca la conexión entre tu cuerpo y tu mente? 
Antes de despedirme quiero decirte: come sano, pero sin obsesionarte; ten disciplina, pero sin rigidez; emerge en tu vida como una persona lúcida, inteligente, responsable a todo nivel, en especial con tu salud; cuida tu cuerpo, sin dejar de disfrutarlo; el río de la salud requiere del cause de la lúcida sensibilidad para desplazarse mágicamente por esta vida. 
Tu cuerpo sabe lo que necesita, entonces no dejes de hablar con él. Descarta las modas, las dietas, las creencias sin fundamento. Diseña para ti un estilo de vida donde tu salud sea una prioridad. Deja a tu cuerpo salvaje, que siga teniendo sed de agua, ganas de danzar, nostalgia por la naturaleza y una interminable alegría surcando tu cuerpo. 
Salud es la gota pura del orden cósmico invitándonos a defender la fiesta de la vida, a la cual fuimos invitados en cuerpo y alma. En la próxima carta, quiero compartir más claves contigo. La salud es tan importante y, sin embargo, aún camina tambaleándose con sobredosis de ignorancia.
Chamalú.
Continua....
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