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martes, 7 de junio de 2016

Maestría en Felicidad: Claves y enseñanzas para recorrer el camino de la vida plena (Chamalú) Carta-5



Carta-5
Deja que el amor se haga cargo de tu vida», dije al comenzar la conferencia ese día. 
Entonces, poniéndose de pie, ella preguntó: «Chamalú, qué es el amor?» El amor es la energía más poderosa, la vibración más hermosa, es besar a la vida en la boca, interminablemente, es recordar solo buenos momentos, es cambiarle el nombre a todo y ver colores en todas partes. 
Es llenar la vida de sueños, pintarlos de colores, habitar castillos en el aire, luego de ponerles los cimientos del realismo. Amar es ver lluvias de flores, coleccionar pétalos e ir por el mundo repartiendo la sonrisa de las flores, es olvidar las ofensas, clausurar a la víctima y al verdugo y reemplazarlos por el lúcido que navega aguas diversas. 
Amar es desatar todos los miedos y que se extravíen, es añadir locura a la cordura, es tomar por la cintura a la sorpresa y que te presente a la inseguridad, para hacer las pases y nunca más en el futuro buscar la utópica seguridad. 
El amor me permite pasear a mi crecimiento por las calles del presente. Soy el que te dio el abrazo, el hombre que caminó hasta ti para decirte: «Es hora de vivir»; el que desgarrara tu soberbia y cruzará el umbral de los buenas modales. 
Es que no puedes morirte sin haber aprendido el sagrado arte de amar. Quien no ama, no sabe lo que se pierde. 
Entonces concluimos que el amor es la puerta al paraíso, es el perfume de las huellas de quien va despierto por la vida. ¿Sabías que la vida te ama?... Pero para hablar su lenguaje profundo, precisas ser tan feliz que el amor germine en ti y florezca en forma de miradas, de sonrisas y palabras. 
La plaga del sinsentido se fumiga con amor. Te aclaro que el amor es transparente, por ello mucha gente se confunde y elige los señuelos. Cuánta gente cree que duerme con el amor y en verdad se acuesta con el autoengaño, que suele estar en buen estado físico para ser más persuasivo. Lo primero que aprendí es que el amor exige una condición antes de presentarse: que seamos felices. Lo primero que viene a mi memoria cuando escribo sobre el amor, es que este es inefable, lo sientes y tu energía te delata inmediatamente. Hoy amanecí sereno. 
Al levantarme, guardé un poco de silencio para usarlo cuando me desplace por la ciudad. Anoche había un sonido persistente. Al detenerme descubrí la causa de ese detalle sonoro: era una preocupación reciente vinculada a lo financiero. 
De este tema quiero hablarte en otra carta. Quiero contarte también que a veces el ajetreo de pensamientos me recuerda al tráfico de las grandes ciudades y sus interminables diálogos de neumáticos con asfalto, estrés con velocidad, semáforos cansados con policías exhalando agotamiento existencial. Recuerdo gente trabajando en la alcantarilla, reventados por el frío o golpeados por el calor, sudorosos o tiritando.
¿Esa es la vida? ¿Quién decidió que la vida era eso? Me rebelo por un momento, no podemos permitir que nos roben la mejor etapa de la vida, que es hoy día, me digo a mi mismo. 
Una pregunta me rodea con insistencia… «Chamalú, aun no comprendo qué es el amor». Su color es como el de la eternidad, que se presenta a la hora vespertina y desde las alturas nos recuerda que la vida es mucho más de lo que nos contaron. 
El amor es lo que da sentido a la vida. Quizá suene extraño, pero me encanta la idea de estar vivo, de saborear la felicidad y permitir que el amor se haga cargo de mi vida. 
Haz lo que amas, repito y repito con frecuencia, y compleméntalo amando lo que te toca hacer, entonces el amor será tu nuevo ropaje y te vestirá de presencia plena. 
«¿Qué debo hacer para amar?», me preguntan con frecuencia, «Instalarse en la dimensión de la felicidad donde germina el amor», respondo. ¿Sabías que el amor nace después de haber descartado al miedo, que por antihigiénico no tiene pisada dentro la vida de quien se respeta a sí mismo? 
Para ello es necesario también conocerse, trabajarse y aprender a renunciar y en especial a amar, porque no se puede amar sin haber aprendido a amar. Vivir es crecer y crecer es amar, amar es perdonar y rápidamente olvidar, para no contaminar el presente con nada de lo que ya fue. 
El amor verdadero tiene apellido: AMOR INCONDICIONAL, por eso cuando sale a la calle no espera nada. No se cansa de dar porque no da según merecimientos de los demás, da porque dar, es decir amar, es su manera de vivir. 
El amor es un apasionado por la vida, pero al mismo tiempo es experto en desapegos, para preservar su libertad que le permite volar. La felicidad se enamora del amor que se enamora de la libertad, que se enamora de la paz y todos, todos viven enamorados de la vida.
Solo podemos amar cuando estamos hipnotizados por la felicidad, en ese estado también podemos dejarnos amar sin prejuicio. Amar es admirar, es sorprenderse, es entregarse, es vivir al máximo, sacarle chispas al instante. No te mueras sin haber amado intensamente, sin haber auscultado todos los rincones del territorio del amor, sin haber desgranado todo tu potencial afectivo, sin haber desplegado a lo ancho de todo tu horizonte vivencial lo mejor de tu potencial interior. 
Amar es dejarse llevar por el viento de las circunstancias, sabiendo cuál es nuestro Norte; es jugar con los problemas, tenderse sobre ellos, invitarles a bailar, guardar por un momento la cordura, debidamente doblada para evitar arrugas innecesarias, y soltar tu enloquecida alegría, para después arrullar a la serenidad y volver a escuchar el gemido del silencio mientras recuerdas los momentos vividos aún ardiendo y la felicidad arreglándose el pelo, para recibir al próximo instante. El amor está más allá de toda regla, porque permanece regulado por la conciencia que da las últimas instrucciones en cada situación. Desde el amor, tenemos permiso para todo, por ejemplo, critica, pero critica con amor. El amor actúa como organizador existencial porque en el fondo, es el que da sentido a la vida y con ello incrementa la posibilidad de comprender la misión que traes, garantizando la evolución. Todo esto, obviamente no son solo palabras, precisan convertirse en estilo de vida. En esta perspectiva, te pido que profundices en tu capacidad de amarte, sin olvidar que si amas, te amarán más. Te sugiero amar la vida y sus sorpresas, hacer especialmente lo que amas, entonces, no será necesario tomar vacaciones. Adicionalmente, cuando te amas, sanas heridas emocionales, algunas incluso desconocidas para ti; cuando te amas, ya no hay motivos para sufrir, pase lo que pase. 
Sé amoroso y compasivo, pon pasión en todo lo que hagas, sin dejar muy lejos la vigilancia del desapego, un buen guardaespaldas que preserva la libertad, que a su vez garantiza la autenticidad. Vivir es aprender a crecer, en este sentido, cambia lo que no te gusta de ti, pero cambia desde el amor. Para vivir bien, no necesitas una religión, necesitas saber amar y para ello haber aprendido a ser feliz y quizá antes de ello saber estar solo. 
En ese contexto de autoconocimiento, aprenderás a conocerte a tal punto que terminarás volviéndote experto en manejar tus emociones, simultáneamente, aprenderás a desmantelar tu armadura de miedo, represión y rigidez.
Todos venimos de una larga historia tribal, en nuestros genes está la memoria ancestral de cuando vivíamos en comunidad, cuando nos protegíamos juntos, cuando lográbamos sobrevivir gracias al trabajo colectivo. Actualmente, igual que en la remota prehistoria, necesitamos reunirnos, sentirnos parte de algo más grande, necesitamos contar lo que nos pasa, dar y recibir afecto. Durante los últimos tiempos la familia cumplió ese rol reemplazando el de la desaparecida tribu, sin embargo, vivimos tiempos de gran crisis conyugal, presenciamos la desintegración de cada vez más familias, quedando huérfanos de afecto. De la tradición polinesia aprendimos que el déficit de afecto equivale a la desnutrición y terminamos enfermándonos. Ante este panorama, te propongo constituir tu red de afecto y confianza, esa tribu invisible pero real constituida por seres que amas y en los que confías. No importa la cantidad que sea, pero el saberse extrañado, amado, el saber que cuentas con un hombro donde apoyarte y administrar la humedad de la nostalgia, garantiza la preservación de la felicidad, de la cual depende nuestra capacidad de amar. Sin demora, constituye tu red de afecto y confianza y que tus pupilas contemplen tu soledad acompañada, quizá no en lo geográfico sino en lo vibratorio. Es bueno que la confianza duerma tranquila, que la nostalgia solloce en paz, que tengamos el contexto adecuado para esparcir nuestra felicidad y que en el jardín de tu corazón cultives ininterrumpidamente las flores del amor, de pétalos transparentes y fragancia luminosa. Amar es, sin duda, la mejor manera de vivir, es guardar la luna llena en el estanque del jardín de tu corazón e ir por la vida dejando huellas de luz. ¿Sabías que la luz es la sombra del amor? Nos reencontramos si quieres en la próxima carta, donde quiero poner sobre el papel lo que aprendí de los sabios ausentes, para no enfermarse y administrar con éxito una salud duradera.
Chamalú.
Continua...
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