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miércoles, 29 de junio de 2016

Vive los milagros con fe. (Francesco)


Vive los milagros con fe.


Podríamos definir la vida como un parque de diversiones. Muchas veces anhelas subirte a un juego pero te da miedo.

Otras te quedas mirando cómo los demás se divierten. Un parque de diversiones tiene la particularidad de nunca parecerte igual.

Nada que le ocurra al otro será igual a lo que te pueda ocurrir a ti.

Camila entró a la cocina del hospital, exaltada, contando con pasión cómo había vuelto a la vida mágicamente el muchacho.

—Sólo necesitamos terminar algunos estudios para confirmar que ya está sanado.

—¿Y tú, Camila, qué crees que lo ha sanado?, —le preguntó una enfermera, compañera del hospital—. Todavía no están listos todos los resultados, ¿qué te hace pensar tan positivamente?

—No lo sé, quizás sea un presentimiento. Hoy pude ver cómo le había cambiado el semblante. Y además cuando me vio lo primero que me dijo fue "¡ya me curé!".

La enfermera gorda del hospital preparó dos cafés, le invitó a Camila y, mientras la miraba con mucha pena, le dijo:

—Es hora de que dejes de hacerte ilusiones, las desilusiones pesan cuando se caen.

—¡Ahora la negativa eres tú!

—Deja que te muestre en estos días sus estudios y haré que la Fe se te instale en el corazón como un sello grabado a fuego.

—¿Y cuánto crees que puede ser de importante mi Fe para ti?

—¿Por qué quieres ayudar a tanta gente?

—¿Qué culpa quieres pagar dando todo lo que tienes adentro?

—Sabes, no creo en eso de que uno da porque se siente culpable. Si de algo estoy segura es de que uno tiene que dar sin esperar nada.

—Dime, querida compañera, ¿Qué pasaría si en vez de enfermarte como le pasó a Damián a ti te llamara por teléfono la vida?

—Qué ocurrencias tienes. Me haces reír. Ji, ji, ji. Te diré, le diría que me dejara en paz, que me dejara de traer problemas.

—Ah, entonces no tienes que hablar con la vida sino con la muerte, porque en el único lugar donde no hay problemas es en el cementerio.

—Sabes, soy pobre, trabajo más de catorce horas, mis hijos están la mayoría del tiempo solos y apenas gano para darles de comer. ¿Tú crees que puedo ser agradecida?

—¡Tus hijos están sanos! Nadie que se va de aquí se lleva algo material, ni siquiera te llevarás un diez por ciento de tu sueldo, así que también puedes elegir no trabajar, mendigar o robar.

—No, ¡Eso nunca!

—Entonces no te quejes, porque vives de acuerdo a tus valores y eso está muy bien.

Eres rica en valores morales y no hablo de esa moralidad tiene que ver con hacer juicios, sino de la que tiene que ver con el amor.

—Mira, Camila, ¡tú sí que eres especial! Eres tan positiva que ni te imaginas cuánto te admiro.

—Bueno no me admires tanto, también tengo mis momentos no tan buenos y lo que aprendí es a hacerlos durar menos tiempo y hacer más extenso los tiempos de los buenos momentos.

En India aprendí un ritual para que crezca dentro de cada persona todo lo positivo, para que tengas montañas de logros y sabiduría.

Por favor, respira profundo y lleva el aire a la parte superior del pecho, exhala, empieza a recordar los momentos buenos que hay en tu corazón, esos momentos de amor, de alegría y de regocijo. Mira por dentro con los ojos del Alma cada sensación positiva, haz de cuenta que estás mirando una película pero ésta es la tuya. Mira qué colores predominan en la pantalla que estás mirando. Si escuchas sonidos, o voces, fíjate qué temperatura sientes, que hay en esa escena, qué sensaciones recorren tu cuerpo. Ahora transforma en colores toda la sangre que recorre tu cuerpo, colores que juegan, que van y vienen por todo tu cuerpo. Ahora cierra un puño de cualquier mano y dice tres veces la frase, “voy por más…”, repite… “¡voy por más!”. Cada vez que te suceda algo digno de recordar, diciéndote estas palabras te sentirás espléndida y esta frase te funcionará como el abracadabra de los magos.

Y pasaron los días y a Damián le dieron el alta en el hospital, —No existe ninguna enfermedad en tu cuerpo, ¡Es un milagro! Pero cuídate, tienes que venir a controlarte al principio cada meses y luego cada año.

Y Damián contestó:

—¿Tu quieres que sienta que tengo una bomba de tiempo en el cuerpo?

La doctora jefa de la sección lo miró a los ojos y le tomó la mano helada. Luego le dijo:

—¡No! Esa es la interpretación de muchos, sólo que es bueno cuidarse y no temerle a los estudios. Todo estará bien.

—Gracias, Doc, ¿No sabe dónde se encuentra Camila?

—Hoy no la he visto, es su día libre, pero si deseas te pasaré su celular. Aprovecha tu libertad, querido, te voy a extrañar y eso me alegra. No quiero volver a verte salvo para esos estudios de los que te hablé.

Damián se fue repleto de bendiciones, poco a poco retomará su ritmo, volverá a la facultad y hasta podrá practicar su deporte preferido. Sólo era necesario dejar que los días pasen un poco más para que el muchacho recupere kilos y fuerzas.

Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"
 

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