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lunes, 15 de febrero de 2016

Despertar nuestro corazón con la Compasión

Según el budismo, el ser humano debe desarrollar igualmente dos cualidades: compasión y sabiduría.
La compasión y la sabiduría son los dos aspectos de la naturaleza despierta o iluminada. La compasión sin la sabiduría deviene en mero sentimentalismo; la sabiduría sin compasión se vuelve fría e inconmovible. Se necesita de ambas alas para que la conciencia pueda desarrollar plenamente su vuelo. Los Bodhisattvas budistas unen la compasión a la sabiduría para descubrir al Buda que se oculta detrás del sufrimiento de los seres humanos.

Cuatro son las denominadas “emociones sublimes” en el Budismo:
- metta, amor benevolente o bondadoso
- karuna, compasión
- mudita, regocijo
- upekkha, ecuanimidad.
Metta o amor bondadoso, es la habilidad que nos permite relacionarnos con todo lo que nos irrita o desagrada, tanto de nosotros mismos como de nuestro entorno. Cuando tienes metta, no te estás cegando con un ideal, sino que tratas de ver el aspecto desagradable de una situación, de una cosa, de una persona o de ti mismo sin añadirle nada. Metta es también un tipo de paciencia y amabilidad, un estar dispuesto a vivir con las cosas desagradables, sin pensar en lo horribles que son, y sin dejar que el deseo de liberarse de ellas nos domine. Es una respuesta apropiada a la vida. No es un tipo de simpatía suave sino un estado de alerta, una sensibilidad ante el dolor, el placer y otras situaciones que tenemos que soportar.
Karunà o Compasión es un estado mental que hace que el corazón de los seres sensibles se conmueva cuando percibe y siente que hay sufrimiento en los demás. Es un deseo genuino de aliviar el sufrimiento en los otros. Incluye a todos los seres, humanos y no humanos. La verdadera compasión nace de un sentido saludable del sí mismo, de una conciencia transparente y equilibrada del quiénes somos. La verdadera compasión surge del sentimiento de que poseemos la valerosa capacidad de abarcarlo todo, de comunicarnos sin diferencias entre todos los seres, todas las cosas. Esta es la ley de la empatía universal donde experimentamos que “en el verdadero yo, están los demás.”
“Cuando tu miedo toca el dolor del otro, se convierte en lástima.
Cuando tu amor toca el dolor del otro, se convierte en compasión.”
Mudita o regocijo es la alegría empática, es la felicidad que sentimos al ver a otros ser felices. Esta libre de toda envidia y llena de pura felicidad por el bienestar de todos los seres sintientes.Es un estado que se consigue cuando nos alegramos de las buenas cualidades y circunstancias de los demás, y está estrechamente relacionado con la compasión.
Upeksha o ecuanimidad no es la simple ausencia de algo. Implica, en sí, una calidad y un estado positivo y vibrante”. Es sentirnos realmente plenos; pero no porque todo es como queremos que sea, sino por el simple hecho de que las cosas son.

Según Vimalakirti Sufra:
“La compasión de la Bodhichitta genera un tipo de amor que constituye el verdadero refugio para todos los seres vivos: 
un amor sereno que trasciende todo intento de apresar algo;
un amor sosegado que está más allá de toda pasión;
un amor ecuánime que coincide con la misma realidad;
un amor que no pretende nada porque está más allá del apego y del rechazo;
un amor no dual porque no depende de lo externo ni de lo interno;
un amor que es inmutable porque está más allá del más allá”
Bodhi significa nuestra esencia iluminada, y cîtta significa corazón. De modo que Bodhichitta podemos traducirlo como “el corazón de nuestra mente iluminada”, o “Corazón Despierto”.
La Bodhichitta o Corazón Despierto tiene tres cualidades:
Compasión: es suave y delicada.
Claridad: Es clara y afilada, como la sabiduría
Apertura: Es abierta, llena de vacio.
La Bodhichitta es nuestro corazón herido y suavizado
¿Dónde se puede encontrar este corazón abierto? Aparece debajo de la sensación de ternura y tristeza que experimentamos cuando aceptamos atravesar aquellas sombras que no queríamos ver
Cuánto más profundo cave el dolor en vuestro corazón, más alegría podréis contener. ¿No es la copa que guarda vuestro vino la misma copa que se fundió en el horno del alfarero?
Kahlil Gibran, El Profeta
Según las prácticas Lojong del budismo, nos podemos hacer amigos de lo que rechazamos, de lo que consideramos “malo” de nosotros mismos. A la vez aprendemos a ser generosos con lo que consideramos “bueno”. De este modo va madurando nuestra Bodhichitta o Corazón despierto.
Si sientes dolor puedes aprender a mantenerte en tu lugar y acercarte más a ese dolor. Esto invierte nuestro hábito, que consiste en resistirnos y escapar de las sensaciones displacenteras que pueden romper nuestra autoimagen. Es aprender a abrazar aquello que no deseas.
Si sientes algo que te gusta, podemos pensar en otras personas y desear que también ellas sientan lo mismo: aprender a ser generosos con nuestra alegría, con nuestra riqueza, con nuestras comprensiones. Nos desapegamos, compartimos.
Tanto los aspectos placenteros como los dolorosos son claves para desarrollar la compasión y despertar nuestro corazón. Nuestra vida cotidiana se convierte en un camino para despertar.
Pero lo fundamental para desarrollar la compasión es la práctica meditativa. Sin esa base no tenemos nada sobre lo que construir, pues no tendríamos acceso ni a nuestra locura ni a nuestra sabiduría.
La práctica de la meditación es una manera formal de acostumbrarnos a estar más ligeros: nos centramos en soltar el aire y contemplamos nuestros pensamientos como si fueran burbujas, que al etiquetar con la palabra “pensamiento” se disuleven en el aire como si fueran tocados por una pluma. No tiene cabida la perfección, sólo la sinceridad de habernos “ido”.
Para despertar el corazón empezamos a dejar que los opuestos coexistan sin intentar liberarnos de nada, sino que observamos y estamos atentos, y alimentamos el hábito de abrirnos a cualquier cosa que esté ocurriendo, incluyendo el hecho de que nos estamos cerrando.
http://universo-espiritual.ning.com/
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