sábado, 9 de mayo de 2015

LA LLAVE QUE ABRE TODAS LAS CERRADURAS




El método occidental consiste en pensar en un problema, encontrar las causas del problema, penetrar en la historia del problema, en el pasado del problema, llegar a las raíces del problema, hasta el principio mismo.
Descondicionar la mente, o recondicionar la mente, recondicionar el cuerpo, sacar a la luz todas las huellas que han quedado en el cerebro... Ése es el método occidental.
El psicoanálisis penetra en la memoria; trabaja en ella. Va hasta tu infancia, a tu pasado; se mueve hacia atrás. Encuentra dónde surgió un problema. A lo mejor fue hace treinta años, cuando eras un niño, y el problema surgió en tu relación con tu madre, y puede que el problema venga de vidas anteriores; el psicoanálisis retrocederá hasta allí.
Es una tarea muy larga y muy lenta, y ni siquiera eso sirve de mucha ayuda, porque hay millones de problemas. No es cuestión de un solo problema.
Puedes reconstruir la historia de un problema; puedes consultar tu autobiografía y encontrar las causas. Tal vez puedas eliminar un problema, pero hay millones de problemas.
Si empiezas a profundizar en cada problema, para resolver los problemas de una sola vida, necesitarás millones de vidas!
Para resolver los problemas de una vida, tendrás que nacer una y otra vez, millones de veces!
Y todas esas millones de vidas que dedicarás a resolver los problemas de esta vida, todas esas vidas generarán sus propios problemas... y así una vez tras otra. Te quedarás cada vez más atascado en los problemas!
El problema procede del pasado, así que de algún modo hay que manipular el pasado...
Cuando te tomas muy en serio los problemas humanos, cuando empiezas a pensar en el hombre como un problema, cuando has aceptado ciertas premisas, has dado el primer paso en dirección equivocada.
Oriente tiene una actitud totalmente diferente:
En primer lugar, dice que ningún problema es grave.
En el momento en que dices que ningún problema es grave, el problema está muerto en casi un noventa y nueve por ciento. Cambia toda tu visión del problema.
La segunda cosa que dice Oriente es que el problema está ahí porque tú te has identificado con él.
No tiene nada que ver con el pasado nada que ver con su historia. Estás identificado con él, eso es lo que importa. Y esta es la clave para resolver todos los problemas.
Por ejemplo, eres una persona irascible. Si vas al psicoanalista, te dirá: «Retrocede en el pasado... ¿cómo se originó esta ira? ¿En qué situaciones se fue volviendo cada vez más condicionada y se fue imprimiendo en tu mente? Vamos a tener que borrar todas esas huellas; tendremos que eliminarlas. Vamos a tener que cambiar tu pasado por completo.»
Si acudes a un místico oriental, te dirá: «Crees que estás irritado, te sientes identificado con la ira eso es lo que va mal. La próxima vez que se presente la ira, tú limítate a ser un observador, a ser un testigo. No te identifiques con la ira. No digas "Estoy furioso". No digas "Soy la ira". Limítate a ver lo que ocurre, como si estuviera ocurriendo en una pantalla de televisión. Mírate a ti mismo como si estuvieras mirando a otro.»
Eres pura conciencia. Cuando se forma a tu alrededor la nube de ira, limítate a mirarla, y mantente alerta para no identificarte con ella.
Todo consiste en no identificarse con el problema.
En cuanto hayas aprendido esto, a no identificarte, solucionarás todos tus problemas, porque la llave, la misma llave, abre todas las cerraduras.
Lo mismo vale para ira que para la codicia, que para el sexo, etc. Vale para cualquier cosa de la que la mente sea capaz.
Recuerda que eres un testigo, eso es lo que dice Buda.
Mantente alerta mientras pasa la nube. Puede que la nube venga del pasado, pero eso no tiene importancia ¿por qué molestarse con ello? Ahora mismo, en este momento, puedes distanciarte de ello. Puedes separarte de ello, puedes romper el puente ahora mismo... y solo se puede romper en el ahora.
Hace treinta años, surgió la ira y tú te identificaste con ella aquel día. Ahora no te puedes desidentificar de aquel pasado, pero sí que te puedes desidentificar en este momento, en este preciso momento... y si lo haces, toda la serie de iras del pasado, dejará de formar parte de ti. Ya no tendrás que retroceder y deshacer algo que hicieron tus padres y la sociedad, eso sería una pura pérdida de precioso tiempo presente. Primero te destruyó muchos años y ahora te destruye tus momentos presentes. Más vale que te liberes simplemente de ello, como se libera una serpiente de su piel vieja.
El pasado y sus condicionamientos existen... pero existen solo en el cuerpo o en la mente; no existen en tu conciencia, porque la conciencia no se puede condicionar.
La conciencia se mantiene siempre libre... la libertad es su cualidad más esencial. La libertad es su naturaleza misma.
Puedes mirar tantos años de represión, tantos años de cierta educación. En este momento en el que estás mirándolo, esta conciencia ya no se identifica.
De no ser así, ¿quién iba a ser consciente?
Si verdaderamente hubieras estado reprimido, ¿quién sería consciente? No existiría ninguna posibilidad de hacerse consciente.
Esta es la belleza de la conciencia.
La conciencia puede liberarse de cualquier cosa. No tiene barreras, no tiene, límites.
Cuando ya no te identificas con las cosas, ves que todo es una estupidez.
Oriente hace hincapié en el cielo (la Conciencia) y Occidente hace hincapié en las nubes (los pensamientos).
Las nubes tienen una génesis; si quieres averiguar de dónde proceden, tendrás que ir al océano, después a los rayos de sol y la evaporación del agua, y la formación de nubes... y así puedes seguir, pero te estarás moviendo en círculo.
El proceso continúa dando vueltas y más vueltas. Es una rueda. Una cosa conduce a otra y tú sigues en la rueda.
El análisis es un círculo vicioso. Si te metes de verdad en el análisis, te encontrarás desconcertado.
Si, por ejemplo, intentas retroceder al pasado, ¿dónde terminarás? ¿Dónde exactamente? Si retrocedes al pasado, ¿dónde comenzó tu sexualidad? ¿Cuándo tenías catorce años? ¿Acaso surgió de la nada? ¿Debió haberse estado preparando en el cuerpo? ¿Cuándo? ¿Cuándo naciste? ¿Acaso se estuvo preparando antes, cuando estabas en el seno de tu madre? ¿Cuándo? ¿En el momento en que fuiste concebido? Pero antes de eso, la mitad de tu sexualidad estaba madura en el óvulo de tu madre y la otra mitad de tu sexualidad estaba madurando en el espermatozoide de tu padre... Si seguimos así, ¿dónde terminarás? ¡Tendrás que remontarte a Adán y Eva! Y ni siquiera ahí termina la cosa. Tendrás que remontarte hasta Dios Padre.
El análisis siempre se queda a medias, y por eso el análisis nunca ayuda de verdad a nadie. No puede ayudar. Por, este camino no hay transformación, no hay cambio radical.
En cambio ser testigo es una revolución. Es un cambio radical desde las raíces mismas. Trae a la existencia un ser humano totalmente nuevo, porque deja tu conciencia libre de todos los condicionamientos.
Los condicionamientos están ahí, en el cuerpo y en la mente, pero la conciencia se mantiene sin condicionar. Es pura, siempre pura.
El enfoque oriental consiste en hacerte consciente de esta conciencia pura, de esta inocencia.
Oriente hace hincapié en el cielo y Occidente hace hincapié en las nubes.
El cielo no tiene génesis. El cielo no se ha creado; no ha sido producido por nada. De hecho, para que algo exista tiene que haber antes un cielo. Tiene que existir antes de que exista cualquier otra cosa.
Si le preguntáis a un teólogo cristiano os dirá: «Dios creó el mundo.»
Preguntadle si antes de que Dios creara el mundo, existía o no un cielo. Si no había cielo, ¿dónde estaba Dios? Tenía que necesitar algún espacio. El espacio es imprescindible, incluso para que exista Dios. No puedes decir: «Dios creó el espacio.» Eso sería absurdo, porque no habría tenido ningún espacio donde existir. El espacio debe preceder a Dios.
El cielo siempre ha estado ahí.
El enfoque oriental consiste en prestar atención al cielo. El enfoque occidental te hace prestar atención a las nubes, y te ayuda un poco, pero no te hace consciente de tu núcleo interno.
De la circunferencia sí, te haces un poco más consciente de la circunferencia, pero no eres consciente del centro.
Tienes que encontrar el centro, y eso solo se consigue siendo testigo.
Ser testigo no cambiará tu condicionamiento. Ser testigo no cambiará la musculatura de tu cuerpo. Pero ser testigo te proporcionará una experiencia, la de que estás más allá de toda musculatura, más allá de todo condicionamiento.
Y en ese momento de distanciamiento, en ese momento de trascendencia, no existen problemas.
Si en algún momento echas de menos el problema, puedes entrar en el cuerpo-mente y disfrutar del problema.
Si no quieres tenerlo, puedes quedarte fuera. El problema seguirá ahí, como una huella impresa en el fenómeno cuerpo-mente, pero tú estás aparte, distanciado de él.
Así es como funciona Buda. Tú utilizas la memoria (la mente) y Buda también utiliza la memoria, pero él no se identifica con ella.
Él utiliza la memoria como un simple, mecanismo.
Cuando tengo que utilizar la memoria, la utilizo, pero Yo no soy la mente; la conciencia está presente. Yo sigo siendo el que manda y la mente sigue siendo un sirviente.
Cuando se llama a la mente, ella acude; se la utiliza para lo que sirve, pero no se la deja dominar.
Siguen existiendo problemas, pero existen solo en forma de semillas en el cuerpo y la mente.
El pasado no se puede cambiar, pero ahora puedes salir de ahí. Ahora sabes que aquello era simple identificación.
Ser testigo es la técnica para centrarse. No vivas desde el ego (la identificación), vive desde el Ser (el centro, la presencia).
Osho

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