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lunes, 20 de junio de 2016

La vida de los Maestros también es agitada. (Francesco)



Francesco
La vida de los Maestros también es agitada.


La vida de los Maestros también es agitada. Todos cumplen tareas.


Ellos son curiosos y quieren saber de ti, qué haces y qué dejas de hacer.

Miden tu Luz espiritual y de esa forma se dan cuenta de cuánta Fe eres capaz de cultivar en tu corazón.

Quizás tu Luz no siempre sea brillante.

Quizás los Maestros necesiten alguna cosa de ti.

Pero no te preocupes, ellos saben bien lo que hacen.




Mientras tanto, Camila recibe la visita de Damián. Ella estaba saliendo de su casa cuando lo vio cruzar la esquina. Llevaba un paquete en la mano.

—¡Está flaco! —pensó Camila—. Se le caen los pantalones, su cabeza calva lo deja muy fresco. Creo llegar a verle la mirada un poco dura. Creo ver sus ojos algo hundidos. Ahí viene, ¡qué alegría encontrarlo!

Ella se baja del auto, lo abraza y casi sin querer le tira el paquete que tenía en la mano.

—Mira, te traje un pastel pero veo que ya te vas. ¿Llegué en un mal momento?

—¡Claro que no, siempre es buen momento para verle, para quererte, para hablar contigo!

—No llores, no llores —le dijo Damián al abrazarla—. Déjame hacerlo, esto es muy fuerte, le he pedido tanto a mi Dios que te sane y a mi gurú también, el de la India ¿Recuerdas? Ahora no sé a quién agradecerle.

—Por las dudas le daremos las gracias a todos, pero yo vengo a agradecerte a ti, porque me has dado tanto amor. Y aunque el amor que me dio mi familia fue increíble, cuando alguien que no te conoce te cuida con tanta dedicación y amor como lo has hecho tú, eso tiene el doble de valor.

—No digas eso. Yo soy siempre así, pero contigo me ha pasado algo diferente. Sentí que no estaba ante un chico común y te vi muy sabio tomando de un modo increíble tu enfermedad. No sé si tu religión o tu forma de ver la vida fueron para mí todo un descubrimiento, pero no creas que yo tuve que ver con tu evolución. La medicina también hizo lo suyo, no le quites mérito.

—Claro que no, pero creo que el amor todo lo puede y si a alguien le toca irse de este mundo y a esa persona le dieron amor hasta el último suspiro entonces todos deberían quedar en paz.

—Sin embargo muchas veces veo en el hospital que hay mucha gente que muere sola.

—¿Sabes qué dicen en mi religión? Que cada uno se va como quiere irse. Yo tuve la suerte de quedarme, siempre me gustó la vida, aunque quedé bastante confundido con todo lo que me pasó en estos últimos tiempos. Lo de la visita del Maestro, el verme fuera de mi cuerpo y escucharme gritar que tiren ese cuerpo a la basura, ¿eso no te lo he contado o si lo he hecho?

—No, no lo sabía, pero te creo. El hospital está lleno de estas historias. Los médicos dicen que es producto de la anestesia, del encierro, de los medicamentos, pero la verdad no se sabe. Tú no habías pasado por ninguna experiencia así.

Ahora que recuerdo los médicos les habían dicho a tus padres, estando totalmente seguros de los resultados de los estudios, que habían hecho todo lo posible para salvarte y cuando la última doctora, la jefa de médicos, dijo “lo siento mucho”, entonces tú empezaste a gritar “estoy bien, estoy bien”.

La doctora quedó blanca, no se desmayó porque no tuvo tiempo, pero creo que poco le faltó,

Agustín miró hacia el piso. De sus ojos empezaron a brotar grandes lágrimas.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Camila acongojada.

—Quisiera contarte algo, no puedo callármelo pero no se lo puedo contar a otras personas porque no se si me creerían. Sólo te pido una cosa: si no me crees dímelo, no me ofenderé.

—Cuéntame, por favor.

—¿Recuerdas que te había contado que todos los días venia a visitarme un ser delgado luminoso parecido a Jesús?

El apareció para buscarme como habíamos quedado de acuerdo en la última visita. Entonces entró por el tragaluz, como siempre, se acercó flotando en el aire y de pronto estiró la mano y quiso tocarme la mía, pero no podía porque su mano era transparente. Sin embargo, podía sentir su calor. Pero grande fue mi sorpresa cuando me dijo: "te daré la formula para sanarte, vamos, sigue mis instrucciones". Yo lo hice paso a paso como me fue indicando. Fueron unos minutos nada más. Cuando lo terminé de hacer se me empezó a deshinchar todo el cuerpo, comencé a sentir que el aire entraba por mis pulmones como si fuera la primera vez que respiraba.

Me tomé todo el aire de golpe, miraba mis manos y no podía creer cómo cambiaban de color.

El me hizo un corazón en el aire con la misma mano que me había tocado y antes de irse me dijo: “te dejo una tarea, haz esto con cada persona que se enferme”. Y me dio una receta para sanar a las personas.

Y Camila escuchaba la narración tan emocionada que su piel se había erizado. Le dijo:

—Por favor sigue.

—Cami, no sabes cómo se ve la vida después de pasar por una experiencia así. Ahora me veo en el espejo y me veo totalmente feliz.

Cuando algo así te pasa todo el entorno cambia. Mis padres se peleaban por dinero, por tonterías. Mi hermano no quería estudiar, mi abuela se quejaba de sus hijos y ahora cada uno ha cambiado de modo asombroso. Todos están en plena armonía. Y yo…

Damián se quedó pensando y Camila lo interrumpió.

—Y tú tienes mucho camino por recorrer —le dijo.

—Claro que sí. Lo único que me queda es esperar un tiempo para estudiar o hacer algún deporte. Mientras tanto pensaré qué quiero hacer.

—¿Y qué quisieras hacer?

—Quisiera viajar. Cuando estaba por morir pensé en que poco había viajado. Nadie tendría que irse de esta vida sin conocer el mundo, sin conocer a los otros hermanos de otras religiones culturas, eso es vivir.

Además cuando partes de este mundo no te llevas más que sensaciones, lo que viste, lo que oliste, lo que gustaste, lo que tocaste. La mortaja no tiene bolsillos, dice mi abuela.

—¿Y a dónde irías?

—Quiero que me acompañes a la India, quiero conocer el lugar al que fuiste, el de tu gurú, el de los olores a sahumerios.

—Pero es que recién he llegado, y tú debes dejar pasar un tiempo para hacerte los estudios.

—Podríamos poner una fecha, porque recuerda que los sueños no tienen fecha de nacimiento, pero tampoco quiero ser viejo para hacerlo.

—No, claro, si tú fueras viejo yo te acompañaría desde otro lugar.

—Te ahorrarías el precio del viaje.

—Pero no sería lo mismo.

—No, seguramente que no. Desde cualquier lugar que viajes debe sentirse diferente.

Damián le pidió a Camila un cuchillo para cortar el pastel y le sirvió el té.

Luego tomó entre sus manos un portarretratos de sus hijas, las miró y le dijo cuan bonitas eran.

Ella como madre orgullosa dijo que eran los motorcitos por los cuales vivía.

—Pero los hijos no son todo, necesitas un amor, alguien que te quiera de verdad, no puedes seguir sola.

—¿Qué sabes tú de la vida? Eres todavía muy pequeño —le dijo Camila.

— No te creas. Para vivir el amor no hay edades. Y además Acuerda que estoy por cumplir veinte años y que sé cómo se siente solo.

—Y quién te dijo que yo quiero estar acompañada.

—Bueno no te enojes, parece que estás fóbica. —No es que le tenga miedo a las relaciones, sin embargo estando enamorado se sufre.

—Si, pero también sirve para que puedas darte cuenta de que estás viva.

—Sí, es cierto. ¿Y tú qué sabes de estar enamorado?

—Nada, pero ahora que me dieron otra oportunidad me enamoraré nuevamente.

—Eso no se programa.

—Todo, Camila, todo se puede programar. Esa es una de las recetas que me dio el señor del Cielo, el que me sanó.

—Podrías contarme la receta para sanar que te dio el señor que entraba a tu habitación el visitante del tragaluz.

—¿Quieres saber de qué se trata?

—Sí estoy ansiosa.

—¿Tú me creerías? ¿De verdad serías capaz de entender lo que te voy a contar?

—Pero qué dices, Damián, si después de vivir el milagro que has vivido, mejor dicho que hemos vivido, al verte renacer como el ave fénix, podemos creer cualquier cosa.

—Ok, entonces prepárate, abre bien tus orejas y tus ojos, porque no lo podrás creer.

Este extraño ser me pidió que esta receta trascienda y llegue a la mayor cantidad de personas, así que como ahora tengo una Misión te estaré involucrando para que me ayudes a pasar de boca en boca esta receta.

Ahora necesito ir a mi auto a buscar un papel en el anoté la receta que él me dio para sanarme.



Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"

http://trabajadoresdelaluz.com.ar/
http://rosacastillobcn.blogspot.com.es/
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