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domingo, 29 de mayo de 2016

El libro de los secretos (Deepak Chopra) SECRETO 8º


El mal no es tu enemigo
Secreto 8
El fracaso más grave de la espiritualidad está relacionado con el mal. Personas idealistas y cariñosas que jamás lastimarían a otra persona, se ven arrastradas a la vorágine de la guerra. Doctrinas que predican la existencia de un Dios organizan campañas para matar infieles. 
Religiones de amor degeneran en odio partisano contra los herejes y contra quienes amenazan la fe. Aun si piensas que tienes la verdad última en tus manos, no hay garantía de que escaparás al mal. Ha ocurrido más violencia en nombre de la religión que por cualquier otro motivo. De aquí el amargo aforismo: Dios transmitió la verdad, y el Demonio dijo: 
“Yo la organizaré”. 
También está el fracaso más sutil de la pasividad: cruzar los brazos y dejar que el mal haga lo que quiera. 
Tal vez esto refleje una creencia secreta de que el mal es, en última instancia, más poderoso que el bien. 
A uno de los personajes más espirituales del siglo xx se le preguntó cómo debía enfrentar Inglaterra la amenaza del nazismo. Él contestó: Quiero que combatan al nazismo sin armas. Me gustaría que dejaran sus armas por ser inútiles para salvarse o salvar a la humanidad. Invitarán a Herr Hitler y al Signor Mussolini a que tomen lo que quieran de los países que ustedes llaman propios. Déjenlos tomar posesión de su hermosa isla, con sus muchos edificios hermosos. Entregarán todo esto, pero no sus almas ni sus mentes. 
El autor de este pasaje fue Mahatma Gandhi, y sobra decir que su “carta abierta” a los británicos fue recibida con sorpresa e indignación. No obstante, Gandhi estaba siendo fiel al principio de ahimsa o no violencia. 
Él había usado exitosamente la no violencia para convencer a los británicos de conceder la libertad a India, y al rehusarse a ir a la guerra contra Hitler —posición que mantuvo durante toda la Segunda Guerra Mundial—, era coherente con sus creencias espirituales. ¿Hubiera servido el ahimsa para disuadir a Hitler, un hombre que había declarado que “la guerra es la madre de todas las cosas?” Nunca lo sabremos. 
Sin duda, la pasividad tiene un lado oscuro. 
La Iglesia católica tuvo uno de sus periodos más oscuros durante los años que permitió que millones de judíos fueran asesinados bajo el nazismo, hasta el extremo de que ocurrieron redadas de judíos italianos ante las ventanas del Vaticano. 
Así pues, reconozcamos que la espiritualidad no ha podido enfrentar al mal en innumerables ocasiones. 
Apartándose de doctrinas que sólo han propagado el mal, la realidad única abre un nuevo camino, pues si hay sólo una realidad, el mal no tiene un poder especial ni una existencia separada. No existe un Satanás cósmico que rivalice con Dios, 
e incluso la guerra entre el bien y el mal es una ilusión nacida de la dualidad. En última instancia, bien y mal son formas que la conciencia puede adoptar según elija. En ese sentido, el mal no es distinto del bien. La similitud se remonta a su origen. 
De dos bebés nacidos el mismo día, uno puede crecer para cometer el mal y otro para hacer el bien, pero no es verdad que uno haya sido creado malo. El potencial del bien y el mal existen en la conciencia de ambos y, conforme crezcan, sus conciencias serán moldeadas por muchas fuerzas. 
Estas fuerzas son tan complejas que resulta absurdo decir que alguien es únicamente malo. 
Permíteme enumerar las fuerzas que moldean a todos los recién nacidos: Orientación de los padres, o falta de ella. 
Presencia o ausencia de amor. 
Dinámica familiar. 
Presión de los compañeros en la escuela y presión social durante toda la vida. 
Tendencias y reacciones personales. 
Creencias inculcadas y enseñanzas religiosas. 
Karma. 
La marea de la historia. 
Modelos de conducta. 
Conciencia colectiva. 
El atractivo de mitos, héroes e ideales. 
Karma. 
La marea de la historia. 
Cada una de las fuerzas de esta lista influye en tus elecciones y te empuja de manera invisible a actuar. Como la realidad está entrelazada en todas estas influencias, también lo está el mal. Todas estas fuerzas influyen para que surja el bien o el mal. 
Si tu héroe de la niñez fue Stalin, no percibirás al mundo como si tu héroe hubiera sido Juana de Arco. 
Si eres protestante, tu vida no hubiera sido la misma bajo la persecución de los hugonotes que en un suburbio estadounidense de hoy. 
Imagina que una persona es como un edificio al que cientos de líneas eléctricas transmiten innumerables mensajes, los cuales permiten desarrollar una gran cantidad de proyectos. 
Cuando vemos un edificio lo consideramos una cosa, un solo objeto. Pero su vida interior depende de los cientos de señales que recibe. Tu vida también. En y por sí misma, ninguna de estas fuerzas es mala. 
Pero cada persona elige bajo esta variedad de influencias. 
+Creo que toda inclinación al mal se reduce a una elección hecha en la conciencia. Y esas elecciones parecían buenas cuando se hicieron. Ésta es la gran paradoja de los actos malignos, pues, con raras excepciones, las personas que actúan con maldad pueden encontrar sus motivos en decisiones que eran las mejores en determinada situación. 
Los niños víctimas de abuso, por ejemplo, frecuentemente terminan como adultos que abusan de sus propios hijos. 
Uno pensaría que serían los últimos en recurrir a la violencia familiar por haber sido sus víctimas. Pero en sus mentes no hay disponibles opciones no violentas. La dinámica del abuso, que actúa sobre ellos desde la primera infancia, es demasiado poderosa y eclipsa el libre albedrío. 
Las personas con distintos estados de conciencia no compartirán la misma definición de bien y mal. 
Un claro ejemplo es la esclavización social de las mujeres en todo el mundo, la cual parece totalmente equivocada en el mundo moderno pero es alimentada en muchos países por tradición, venia religiosa, valor social y prácticas familiares que se remontan a siglos atrás. 
Hasta hace muy poco, incluso las víctimas de esas fuerzas consideraban el papel de la mujer indefensa, obediente e infantil como “bueno”. El mal depende del nivel de conciencia de cada uno. Para asimilar este mensaje, considera estas siete definiciones del mal. ¿Con cuál estás de acuerdo instintivamente? 
¿Cuál es el peor mal? Siete perspectivas 
1. El peor mal es lastimar físicamente a alguien, o poner en peligro su supervivencia. 
2. El peor mal es esclavizar económicamente a las personas, privándolas de cualquier oportunidad de triunfar y prosperar. 3. El peor mal es destruir la paz y provocar desorden. 
4. El peor mal es aprisionar la mente de las personas. 
5. El peor mal es destruir la belleza, la creatividad y la libertad de explorar. 
6. Con frecuencia, el peor mal es difícil de distinguir del bien, pues toda la creación es relativa. 
7. El mal no existe, sólo hay pautas cambiantes de conciencia en una danza eterna. 
La enorme mayoría de las personas probablemente elegiría las dos primeras definiciones, porque el daño físico y la privación resultan inquietantes. 
En este nivel de conciencia, el mal significa no ser capaz de sobrevivir o de ganarse la vida, y el bien significa seguridad física y económica. En los siguientes dos niveles, el mal no es físico sino mental. El temor más grande no es verse privado de alimento sino perder la libertad de pensamiento y ser forzado a vivir en el caos y el malestar. 
El bien significa paz interior y libre flujo del entendimiento y la intuición. Los siguientes dos niveles son aún más refinados; se relacionan con la creatividad y la visión. 
El temor más grande es no poder expresarse o ser forzado considerar a otros como malos. 
Una persona profundamente espiritual no considera el bien y el mal como categorías rígidas sino que ha empezado a aceptar que Dios tenía un propósito al crear ambos. 
El bien es libre expresión, apertura a todas las cosas nuevas, veneración por aspectos oscuros y luminosos de la vida. Finalmente, el último nivel considera la dinámica completa del bien y el mal, la luz y la oscuridad, como una ilusión. 
Cada experiencia nos une con el creador; vivimos como cocreadores inmersos en la conciencia de Dios. 
La realidad única acepta todas estas definiciones, como debe ser, porque todo lo que la conciencia percibe es real para quien percibe. 
El mal es parte de una Jerarquía, una escalera de crecimiento en la que todo cambia según el peldaño en que estemos. Asimismo, el proceso de crecimiento nunca termina. 
Está operando en ti en este preciso instante. 
SÍ despiertas un día y descubres súbitamente que odias a alguien, que una situación no tiene otra salida que la violencia, que el amor no es una opción, considera cuan sutilmente llegaste a esa postura. Hizo falta todo un mundo que te arrojara o arrojara a alguien más a los brazos de lo que se considera bien o mal. 
Una vez interiorizadas estas fuerzas, tú reflejas el mundo tal como él te refleja a ti. Esto es lo que significa, en términos prácticos, tener el mundo en ti. 
Pero el mal no puede ser tu enemigo; sólo puede ser un aspecto más de ti. 
Cada aspecto del ser es digno de amor y compasión. 
Cada aspecto es necesario para la vida, y ninguno es excluido o desterrado a la oscuridad. 
En principio, esta postura puede parecer aun más ingenua que la pasividad de Gandhi, pues en apariencia se nos pide amar y comprender a un asesino como lo haríamos con un santo.
Jesús enseñó justo esa doctrina. 
Pero trasladar el amor y la compasión a situaciones difíciles ha sido esencial en el gran fracaso de la espiritualidad: la violencia hace que el amor se venga abajo, convirtiéndose en temor y odio. Pero quien hace esto no es el mal. Son las fuerzas que operan en la conciencia. Aquí es donde el bien y el mal se hacen iguales. 
Puedo dar un ejemplo asombroso de lo que quiero decir. 
En 1971 se pidió a algunos alumnos de la Universidad de Stanford que participaran como voluntarios en un inusitado experimento de desempeño de papeles. 
Un grupo de alumnos representaría a los guardias de una prisión y estaría a cargo de otro grupo que representaría a los prisioneros. Aunque se entendía que todo era ficción, se dispuso de una cárcel y los dos grupos vivieron Juntos durante el experimento. Según el plan, todos desempeñarían sus papeles durante dos  semanas, pero a los seis días el experimento de la prisión tuvo que darse por terminado. ¿El motivo? Los jóvenes elegidos por su salud mental y valores morales se convirtieron, por un lado, en guardias sádicos y fuera de control, y por otro, en víctimas deprimidas por un estrés intolerable. Los profesores encargados del experimento estaban sorprendidos pero no podían negar lo ocurrido. 
El investigador en jefe, Philip Zimbardo, escribió: 
“Mis guardias repetidamente desnudaban, encapuchaban, encadenaban, privaban de comida o de implementos para dormir a sus prisioneros; los incomunicaban y los hacían lavar los excusados con las manos descubiertas”. Aquellos que no cayeron en un comportamiento tan atroz no hicieron nada por detener a los que sí. (El paralelismo con los infames actos de los guardias estadounidenses en Irak, en 2004, indujo a Zimbardo a sacar de nuevo a la luz el experimento de Stanford, después de más de 30 años.) Los guardias cayeron en todos los extremos salvo la tortura física abierta. 
Zimbardo recuerda con tristeza: “Conforme el tedio por su trabajo aumentaba, empezaron a utilizar a los prisioneros como juguetes e idearon juegos cada vez más humillantes y degradantes para ellos. Con el tiempo, estas distracciones tomaron un giro sexual; por ejemplo, hacían que los prisioneros simularan actos de sodomía entre sí. 
Cuando me di cuenta de ese comportamiento anormal, clausuré la prisión de Stanford”. 
¿De dónde provino este comportamiento incontrolado? 
Por comodidad solemos decir que está presente en algunas “manzanas podridas”, pero el experimento de Stanford sugiere algo más turbador: el mal existe en todos como una sombra, por la sencilla razón de que el mundo está en todos. 
Haber sido educados como buenas personas se opone a la sombra del mal, por supuesto, y si revisamos la lista de las fuerzas que moldean la conciencia, cada persona presentará un mapa distinto de influencias. Pero aun si tienes la fortuna de hacer buenas elecciones, debes reconocer que, en alguna parte de ti, la sombra existe. La sombra fue formada por las mismas situaciones cotidianas que moldearon nuestra conciencia, y es liberada por situaciones nuevas semejantes. 
Si de niño sufriste abusos, la compañía de niños puede despertar esos recuerdos. Los investigadores de Stanford elaboraron una lista de situaciones que orillan a las personas a hacer cosas que llamaríamos malas o, al menos, ajenas a nuestro ser real. Yo la he desarrollado a la luz de lo que conocemos sobre el dualismo y la separación.
Incubación del mal Situaciones que liberan las energías de la sombra ‰ Eliminación del sentido de compromiso. ‰ 
Anonimato. ‰ 
Entornos deshumanizadores. ‰ 
Ejemplo de mal comportamiento por parte de iguales. ‰ 
Testigos pasivos. ‰ 
Estratos rígidos de poder. ‰ 
Caos y desorden imperantes. ‰ 
Ausencia de significado. ‰ 
Autorización implícita para hacer daño. ‰ 
Mentalidad “nosotros contra ellos”.
Aislamiento. ‰ 
Falta de responsabilidad.
¿Son estas situaciones intrínsecamente malas? 
En comparación con la primera lista, ésta parece tener un elemento maligno. Dejando a un lado las prisiones, en las que uno espera que lo peor de la naturaleza humana se manifieste, como médico he presenciado abusos similares en los hospitales. Sin lugar a dudas, los hospitales no son malos; fueron establecidos para hacer el bien. Pero la sombra no se relaciona con quién es bueno o malo. 
Se relaciona con energías confinadas que buscan una salida, y en los hospitales abundan las situaciones antes mencionadas: los pacientes están indefensos antela autoridad de doctores y enfermeras, son deshumanizados por la rutina fría y mecánica, están aislados de la sociedad, son “casos” anónimos entre otros miles, etcétera. Si se presentan las circunstancias adecuadas, la energía de la sombra de cualquier persona saldrá a la superficie. Concentrémonos entonces en la sombra, el área donde la conciencia se ha distorsionado hasta el grado en que podemos realizar elecciones malignas. (Ten en mente la palabra “podemos”, pues aun en las condiciones más deshumanizadoras, hay personas buenas que siguen siendo buenas, esto es, que son capaces de resistir o controlar la liberación de su energía de las sombras.) 
El famoso psicólogo suizo C. G. Jung fue el primero que utilizó “la sombra” como término médico, pero yo quiero hablar en general de los lugares ocultos donde reprimimos aquello de lo que nos sentimos culpables o avergonzados. 
Llamaré a este lugar la sombra, y creo que pueden decirse algunas verdades sobre ella: 
La sombra es personal y universal al mismo tiempo. ‰ 
Cualquier cosa puede guardarse ahí. ‰ 
Todo lo que se guarda en la oscuridad se distorsiona. ‰ 
La intensidad de las energías de la sombra es una manera de hacerse notar. ‰ 
Cuando dirigimos nuestra .conciencia a cualquier energía» ésta se distiende. ‰ 
La sombra en sí no es mala, y por tanto, no es tu enemigo. ‰ 
Si analizamos cada concepto, podremos modificar la temerosa designación de lo demoníaco —casi siempre en otra persona— como encarnación del mal. 
La sombra es personal y universal al mismo tiempo. 
Todos albergamos una patrón único de vergüenza y culpa. Cosas simples como la desnudez, el acto sexual, la ira y la ansiedad dan origen a sentimientos terriblemente complejos. En una sociedad, ver a la propia madre desnuda puede resultar trivial, mientras que en otra podría ser una experiencia tan traumática que sólo podría enfrentarse enterrándola en la sombra. 
No hay una diferencia clara entre sentimientos personales, familiares y sociales. 
Los tres se mezclan y entrelazan. Pero aun si sientes vergüenza por haber golpeado a un pendenciero en el patio de la escuela cuando tenías siete años, y otra persona piensa que haber hecho lo mismo fue un momento importante en el desarrollo de su valentía personal, tener una sombra es tanto universal como personal. 
La psique humana cuenta con un escondite; y para la mayoría de las personas ese lugar es absolutamente necesario, dada la enorme dificultad de enfrentar nuestros impulsos más oscuros y humillaciones más profundas. 
Cualquier cosa puede guardarse ahí. 
La bóveda de seguridad del banco donde guardas tus pertenencias más preciadas es como la mazmorra de una prisión. 
Lo mismo puede decirse de la sombra. Aunque generalmente se utiliza el término para describir un escondite de energías negativas, tienes el poder de convertir lo positivo en negativo y viceversa. 
Cierta vez conocí a dos hermanas que habían sido muy cercanas de niñas pero que en su vida adulta se distanciaron. Una era exitosa maestra universitaria; la otra trabajaba en una agencia de empleados eventuales y se había divorciado dos veces.
La hermana exitosa dice que su niñez fue maravillosa; la otra dice que la suya fue traumática. “¿Recuerdas cuando papá te encerraba en el baño durante seis horas luego de hacer algo malo?”, escuché que la hermana desdichada decía a la otra. “Eso fue decisivo para mí. Sólo podía imaginar cuan enojada y desesperada te sentías.” La hermana feliz parecía muy sorprendida. “¿Por qué no me preguntaste acerca de ello? 
Me gustaba estar sola; me recogía y me contaba historias imaginarias. El incidente no significaba nada” De igual modo, nuestras historias siguen caminos separados e idiosincrásicos. El mismo incidente no tenía ninguna carga emocional para una hermana, mientras que para la otra era fuente de ira y vergüenza. 
Las escenas de violencia pueden dar origen al arte más elevado —piensa en Guernica de Picasso— y las virtudes sagradas pueden dan lugar a los peores horrores —piensa en la crucifixión de Jesús—. 
En el inconsciente hay una población entera de impulsos sin examinar. 
El mismo alumno de Stanford que se envilece como guardia sadista puede albergar también un talento artístico que no surgirá a menos que la situación adecuada permita a la mente inconsciente liberar lo que retiene. Todo lo que se guarda en la oscuridad se distorsiona. La conciencia, como el agua dulce, está hecha para fluir, y donde no puede hacerlo» se estanca. 
En tu mundo interno hay innumerables recuerdos e impulsos reprimidos. Tú no les permites fluir, o lo que es lo mismo, liberarse, y por tanto no tienen otra opción que estancarse. 
Los impulsos buenos mueren por no llevarlos a la práctica. 
El amor se hace tímido y temeroso cuando no se expresa. 
El odio y la ansiedad crecen hasta el infinito. 
La característica fundamental de la conciencia es que puede organizarse en nuevos patrones y diseños. 
Si no permites que tu conciencia vaya adonde necesita ir, el resultado es energía desorganizada. 
Por ejemplo, si preguntas a las personas qué sienten por sus padres, un tema que la mayoría de los adultos rechazan como cosa del pasado, encontrarás que sus recuerdos de la infancia son una mezcla confusa. 
Los sucesos triviales sobresalen como traumas enormes, otros miembros de la familia son reducidos a caricaturas, los sentimientos auténticos son difíciles o imposibles de excavar. Así, cuando un paciente acude a un psiquiatra para curar una dolorosa herida de la infancia, con frecuencia son necesarios meses o años para separar los hechos de la fantasía. 
La intensidad de las energías de la sombra es una manera de hacerse notar. Ocultar algo no es lo mismo que matarlo. 
Las energías de la sombra permanecen vivas. 
Aunque te rehúses a verlas, no se han extinguido. De hecho, su deseo de vivir se vuelve aún más desesperado. 
Para llamar la atención de sus padres, un niño ignorado mostrará un comportamiento cada vez más extremo: 
Primero, una llamada de atención, luego un grito, luego un berrinche. Las energías de la sombra siguen la misma pauta. Resulta razonable, por ejemplo, pensar que un ataque de pánico es un temor oculto haciendo un berrinche. 
Ese mismo temor llamó primero la atención de manera normal, pero cuando la persona se rehusó a notarlo, el llamado se convirtió en un grito y finalmente terminó como un ataque frontal. 
El temor y la ira son expertos en incrementar el voltaje hasta el grado en que sentimos que son fuerzas externas, malignas y demoníacas, independientes de nuestra voluntad. 
En realidad son sólo aspectos de la conciencia que adquirieron una intensidad inhumana debido a la represión. Ésta dice: “Si no te veo, me dejarás en paz”. A lo que la sombra responde: “Puedo hacer cosas que te obligarán a verme”. 
Cuando dirigimos nuestra conciencia a cualquier energía, ésta se distiende. 
Ello es consecuencia natural de la última afirmación. 
SÍ una energía exige tu atención, prestarle atención empezará a satisfacerla. Un niño ignorado no se conforma con una mirada. Toma tiempo cambiar cualquier conducta, para bien o para mal, y, al igual que los niños, nuestras energías de la sombra se atascan en pautas y hábitos. 
Pero esto no cambia la verdad general de que si llevas luz a la sombra, sus distorsiones empiezan a atenuarse y, con el tiempo, a sanar. ¿Hay tiempo y paciencia suficientes para realizar concienzudamente este trabajo? 
No hay una respuesta fija para esto. 
La depresión, por ejemplo, es una respuesta compleja que puede curarse mediante comprensión, compasión, paciencia, atención cariñosa de otras personas, voluntad y terapia profesional. O se puede tomar una pastilla y quitarse de problemas. La elección es personal y varía de persona a persona. 
Deepak Chopra.
http://rosacastillobcn.blogspot.com.es/
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