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martes, 29 de marzo de 2016

El MECANISMO DE DEJAR IR (Dr. David R Hawkins.)



MIEDO
Capitulo VI (Tercer Escrito)
Apoderándonos de la "Sombra"
Uno de los bloqueos para el desarrollo emocional es el miedo a lo que se encuentra sepultado en nuestro inconsciente.
Carl Jung llamó a esta zona, que no estamos dispuestos a ver y apropiarnos, la "sombra". Dijo que el yo no puede ser sano y pleno a menos que veamos y reconozcamos la sombra. Esto significa que sepultado dentro de todos nosotros, en lo que Jung llamó el "inconsciente colectivo", está todo lo que menos nos gusta admitir sobre nosotros mismos.
El humano medio, dijo, habría preferido proyectar su sombra sobre el mundo, condenarla y verla como el mal, pensando que su problema es combatir el mal en el mundo.
En realidad, el problema no es otro que el de reconocer la presencia de tales pensamientos e impulsos en nosotros mismos. Al reconocerlos, se vuelven silenciosos. Una vez silenciados, ya no se ejecutan inconscientemente. Al examinar nuestros miedos a lo desconocido, que son en realidad a los miedos a lo que hay en las profundidades del inconsciente, es útil tener sentido del humor. Una vez vista y reconocida, la sombra ya no tiene ningún poder.
De hecho, es sólo nuestro miedo a esos pensamientos e impulsos el que les dan algún poder. Una vez que nos familiaricemos con nuestra sombra, ya no tendremos que proyectar nuestros temores sobre el mundo, y comenzarán a evaporarse rápidamente.
¿Que hace a los interminables programas de la televisión, que se ocupan de los delitos y sus diversas formas, tan atractivos?
Es porque lo que se está representado en la pantalla, donde es seguro, son todas las fantasías inconscientes y prohibidas de nuestra propia psique. Una vez que estemos dispuestos a ver las mismas acciones de la pantalla de TV en nuestras propias mentes y verlas donde realmente se originan, la atracción a ese "entretenimiento" desaparece. Las personas que han reconocido el contenido de su propia sombra no tienen ningún interés en el crimen, la violencia ni los desastres terribles. Uno de los bloqueos para familiarizarse con los miedos de la propia mente es el miedo a las opiniones de los demás. El deseo de su aprobación recorre nuestras mentes en una fantasía constante. Nos identificamos con las opiniones de los demás, incluidas las figuras de autoridad, y se unen estas de tal manera que realmente escuchamos nuestra propia opinión sobre nosotros mismos.
Al analizar los miedos, después, es bueno recordar que Carl Jung vio a este almacén de lo prohibido dentro de la sombra como una parte del inconsciente colectivo. El término inconsciente colectivo significa que todos tenemos estos pensamientos y fantasías.
No hay nada único en ninguno de nosotros en cuando a la manera en la que simbolizamos nuestras emociones.
Todo el mundo secretamente alberga el temor de que son tontos, feos, antipáticos, y fracasados. La mente inconsciente no está bien educada. Piensa en conceptos vulgares. Cuando piensa en la frase "¡Mata al vagabundo!", El inconsciente literalmente entiende eso. Obsérvate atentamente la próxima vez que alguien te interrumpa el tráfico, e imagina lo que realmente le harías a esa persona si fueras estrictamente honesto contigo mismo y no censuraras las imágenes que te vienen a la mente.
Te gustaría echarlo de la carretera, ¿no? Pulverizarlo. Empujarlo hacia la cuneta. ¿No es así? No es esa la forma en la que el inconsciente piensa. La razón por la que el sentido del humor es útil es porque estas imágenes son cómicas una vez nos fijamos en ellas. No hay nada terrible en ello; es sólo la forma en la que el inconsciente se encarga de las imágenes. Esto no quiere decir que seas una mala persona o que seas potencialmente un delincuente. Sólo significa que has conseguido ser honesto y enfrentarte a cómo la mente animal humana actúa en esta dimensión. No hay nada por lo que ser melodramático, auto-crítico, o trágico en relación a esto. El inconsciente es grosero e incivilizado. Mientras tu intelecto hacia el bachillerato, ¡tu inconsciente permaneció en la selva donde todavía se balanceaba entre los árboles! Al observar el lado de la sombra no es momento de ser remilgado o aprensivos. Tampoco es momento de tomarla literalmente, porque los símbolos del inconsciente son sólo eso: son símbolos, y son primitivos por naturaleza. Si los trabajamos conscientemente, pueden vigorizarnos en lugar de inhibirnos. Se necesita una gran cantidad de energía para mantener sepultada la sombra y suprimir nuestros múltiples miedos. El resultado es que se agota la energía. En el nivel emocional, esto es expresado como una inhibición de la capacidad de amar. En el mundo de la conciencia, lo semejante atrae a lo semejante, por lo que el miedo atrae solo miedo, e igualmente su corolario es cierto, el amor atrae al amor.
Cuanto más temor tenemos, más situaciones temibles atraeremos a nuestra vida. Cada miedo requiere de energía adicional para crear un dispositivo de protección hasta que, finalmente, toda nuestra energía se vierte en nuestras medidas defensivas extensas. La voluntad de observar el miedo y trabajar con el hasta que estemos libres de el trae recompensas inmediatas. Cada uno de nosotros tiene dentro de si mismo un almacén de miedo suprimido y reprimido. Esta cantidad de miedo se vierte en todos los ámbitos de nuestra vida, colorea toda nuestra experiencia, mengua nuestra alegría en la vida, y se refleja en la musculatura de la cara de manera que afecta a nuestro aspecto físico, nuestra fortaleza física y el estado de salud de todos los órganos del cuerpo.
El miedo sostenido y crónico suprime gradualmente el sistema inmunológico del cuerpo.
Con la pruebas de kinesiológica, podemos demostrar al instante que un pensamiento temeroso causa una importante reducción de la fuerza muscular y trastornar el flujo de energía de los meridianos energéticos a los órganos vitales del cuerpo.
Aunque sabemos que es totalmente perjudicial para nuestras relaciones, nuestra salud y nuestra felicidad, todavía nos aferramos al miedo. ¿Por qué es así? Tenemos la fantasía inconsciente de que el miedo nos mantiene con vida; esto es así porque el miedo se asocia a todo nuestro conjunto de mecanismos de supervivencia. Tenemos la idea de que, si dejáramos el miedo, nuestro mecanismo de defensa principal, nos volveríamos de alguna manera vulnerables. En realidad, la verdad es todo lo contrario.
El miedo es lo que nos ciega a los peligros reales de la vida.
De hecho, el propio miedo es el mayor peligro al que el cuerpo humano se enfrenta. Es el miedo y la culpa lo que provoca la enfermedad y el fracaso en cada área de nuestras vidas. Podríamos tomar las mismas acciones protectoras por amor y no por miedo. ¿No podemos cuidar de nuestros cuerpos porque los apreciamos y los valoramos, en lugar de por el miedo a la enfermedad y a la muerte? ¿No podemos estar al servicio de los demás en nuestra vida por amor, y no por miedo a perderlos? ¿No podemos ser amables y corteses con los extranjeros porque nos preocupamos por nuestros semejantes, en lugar de porque tenemos miedo a perder su buena opinión sobre nosotros? ¿No podemos hacer un buen trabajo porque nos preocupamos por la calidad de nuestro desempeño y nos preocupamos por nuestros compañeros de trabajo? ¿No podemos realizar bien nuestro trabajo porque nos preocupamos por los destinatarios de nuestros servicios, en lugar de sólo por miedo a perder nuestros empleos o perseguir nuestra propia ambición? ¿No podemos lograr más por la cooperación, que por la temerosa competencia? ¿No podemos conducir con cuidado porque tenemos un gran respeto por nosotros mismos y cuidamos nuestro bienestar y el de aquellos que nos aman, y no porque tengamos miedo a un accidente? En un nivel espiritual, ¿no sería más eficaz si, por compasión e identificación con los demás seres humanos, cuidáramos de ellos, en lugar de tratar de amarlos por miedo al castigo de Dios si no lo hacemos?.
La Culpa Una forma particular de miedo es lo que llamamos culpa. La culpa está siempre asociada a una sensación de injusticia y castigo potencial, ya sea real o una fantasía. Si el castigo no se recibe en el mundo exterior, se expresa como auto-castigo a nivel emocional. La culpa acompaña todas las emociones negativas y, así, donde hay miedo, hay culpa. Si piensas en un pensamiento culpable y tienes a alguien para probar su fortaleza muscular, verá que el músculo se debilita al instante. Su hemisferio cerebral se ha desincronizado y todos tus meridianos energéticos se han desequilibrado. La naturaleza, por tanto, dice que la culpa es destructiva. Si la culpa es tan destructiva, entonces ¿por qué hay tantas alabanzas atribuidas a ella? ¿Por qué los llamados expertos ven la culpa como beneficiosa? Por ejemplo, un psiquiatra escribió un artículo en una revista en la que alababa la culpa, diciendo: "La culpa es buena para ti". Después, calificó la afirmación de "culpa apropiada". Echemos un vistazo a todo lo que realmente rodea la culpa y veamos si estamos de acuerdo o no.
Al cruzar la calle, miras a ambos lados para ver si se acerca algún coche. ¿Cómo se llegó a esto? Cuando eras un niño, te dijeron que era "malo" cruzar la calle. Vemos así que la culpa es en realidad un sustitutivo del sentido de la realidad en una mente que no está desarrollada, como la de un niño. Se trata de un comportamiento aprendido que es supuestamente práctico: para prevenir un error mayor o la repetición de un error. El noventa y nueve por ciento de la culpa no tiene nada que ver con la realidad.
De hecho, las personas más piadosas, mansas y sencillas están a menudo llenas de culpa. La culpa es en realidad una auto-condena y auto-invalidación de nuestra valoración y valor como ser humano. La culpa es tan frecuente como el miedo, y nos sentimos culpables sin importar lo que estemos haciendo.
Una parte de nuestra mente dice que realmente deberíamos estar haciendo otra cosa. O, lo que en realidad estamos haciendo en este momento, deberíamos estar haciéndolo "mejor".
Nosotros "deberíamos" estar obteniendo una mejor puntuación en el golf. Nosotros "deberíamos" estar leyendo un libro en lugar de ver la televisión. Nosotros "deberíamos" hacer mejor el amor. Cocinar mejor. Correr más rápido. Crecer más alto. Ser más fuertes. Ser más inteligentes. Ser más educados. Entre el miedo a la vida y el miedo a la muerte está la culpa del momento.
Tratamos de escapar de la culpa permaneciendo inconscientes a ella mediante la supresión, la represión, proyectándola en los demás, y escando. Permanecer inconscientes a la culpa (represión), sin embargo, no la resuelve. La culpa reaparece en forma de autocastigo y a través de accidentes, mala fortuna, la pérdida del puestos de trabajo y las relaciones, los trastornos físicos y enfermedades, el cansancio, el agotamiento, y las múltiples formas que la mente ingenia y que llevan a la pérdida del placer, la alegría y la vitalidad. La culpa representa la muerte igual que el amor representa la vida. La culpa es parte del yo más pequeño y subyace a nuestra voluntad de creer en cosas negativas sobre nosotros mismos. La felicidad y la alegría del día a día son inmediatamente destruidas por un comentario negativo de un familiar, amigo o vecino. Es improbable que existiera la enfermedad física sin culpa, y la culpa es una negación de nuestra inocencia intrínseca interior. ¿Por qué compramos tanta basura? ¿No es por nuestra inocencia? ¿No será porque, a medida que crecíamos, confiábamos en que lo que los demás nos decían era verdad? E incluso en la actualidad, ¿todavía confiamos en que lo que los demás nos están diciendo es la verdad? ¿No será que hemos comprado un montón de mentiras y estamos dispuestos a comprar otro montón desde la ingenuidad de nuestra inocencia interior? ¿No será esa inocencia interior la razón misma de que podamos ser explotados? De hecho, cuando miramos en lo profundo de nosotros mismos, ¿no es porque desde nuestra inocencia nos creemos culpables? Es debido a nuestra propia inocencia interior que hemos adquirido toda la negatividad del mundo y le hemos permitido acabar con nuestra vitalidad, destruir nuestra consciencia de quienes realmente somos, y vendernos a la patética pequeñez en la que nos hemos establecido. ¿No es nuestra inocencia de recién nacido la que no puede defenderse y, sin capacidad de discernimiento, sólo pudo permitirse ser programada, como un ordenador? Veamos que significa esto para volvernos conscientes.
Oímos hablar de los programas de toma de conciencia y de los seminarios de fin de semana para expandir nuestra conciencia. ¿Qué quiere decir esto? ¿Obtener algunas nuevas fórmulas complicadas? ¿ser programados con la idea de cualquier otro sobre la verdad mística? La mayoría de los programas sobre la conciencia se reducen a este punto esencial: volvernos conscientes de lo que estamos comprando, de lo que estamos aceptando diariamente. Echemos un vistazo a lo que ya ha sido programado en nosotros y comencemos a cuestionarlo, desarmarlo y dejarlo. Despertemos y liberémonos de la explotación y esclavitud de la programación negativa del mundo. Veremos que es, un intento por parte de otros de controlarnos; explotarnos; sacarnos nuestro dinero, nuestros servicios, nuestra energía, nuestras lealtades; y captar nuestra mente. Los mecanismos por los que esto sucede fueron bellamente ejemplificados en la película, Tron, en la que la función del "control central" era la de esclavizar mediante la programación progresiva. Cuando vemos la verdad de cómo nos programan, veremos que somos como un puro ordenador, en blanco. Somos el espacio inocente en el que la programación se está produciendo. Cuando veamos todo esto, nos enfadaremos. ¡La ira es mejor que la resignación, la apatía, la depresión y el dolor! Significa tomar las riendas de nuestra mente, en lugar de entregarlas a la televisión, los periódicos, las revistas, los vecinos, las conversaciones en el metro, las observaciones casuales de la camarera, la basura de dentro y la basura de fuera. ¿Lo qué entró en nuestros bancos de memoria era basura, y cuando veamos esto, tendremos mucho menos miedo. Disfrutaremos empezando a dejar que los sentimientos surjan, viéndolos como lo que son, limpiando toda la basura, y dejándola ir toda.
Una vez que nos observemos profundamente y encontremos esa inocencia innata interior, dejaremos de odiarnos. Dejaremos de condenarnos y dejaremos de condenar a los demás y sus sutiles intentos de invalidar nuestro valor como seres humanos.
Es hora de retomar nuestro propio poder y dejar de darlo a cualquier estafador que pase sacudiendo nuestros miedos para sacarnos un poco de dinero suelto de nuestro bolsillo o nos esclavice para su causa, viviendo de nuestra energía. Es fácil alejarse de todo ese miedo porque ahora tenemos el poder de elección. Tememos que el viaje del descubrimiento interior nos llevará a una verdad terrible, horrible. En su programación de nuestras mentes, esta es una de las barreras que el mundo ha establecido para impedir la búsqueda de la verdad real.
Hay una cosa que el mundo no quiere que nos enteremos y es la verdad acerca de nosotros mismos. ¿Por qué? Porque entonces seremos libres. Ya no podremos ser controlados, manipulados, explotados, agotados, esclavizados, encarcelados, vilipendiados, o desprovistos de nuestro poder. Por lo tanto, el viaje interior de descubrimiento está envuelto en un aura de misterio y premoniciones. ¿Cuál es la verdad acerca de este viaje?
La verdad real es que, a medida que avancemos hacia el interior y descartemos una ilusión tras otra, una mentira tras otra, un programa negativo tras otro, se vuelven más y más ligeros.
La consciencia de la presencia del amor se vuelve más y más fuerte. Nos sentiremos más y más ligeros. La vida se vive con menor esfuerzo. Cada gran maestro desde el principio de los tiempos, ha dicho que hay que observar el interior y encontrar la verdad, porque la verdad de lo que realmente somos nos hará libres.
Si lo que ha de ser encontrado dentro de nosotros mismos fuera algo que nos fuera a hacernos sentir culpables, algo corrupto, malo y negativo, entonces todos los grandes maestros del mundo no nos aconsejarían mirar ahí.
Por el contrario, nos dirían que lo evitáramos a toda costa. Descubriremos que todas las cosas que el mundo llama "el mal" están justo en la superficie; están justo en la parte superior, en la capa más superficial, externa y delgada. Debajo de esos errores hay malentendidos. No somos corruptos, -sólo ignorantes.
A medida que la cantidad de miedo culpable y energía que le acompaña sean negados, nos daremos cuenta de que las enfermedades físicas y los síntomas comenzarán a desaparecer.
La capacidad de amarnos en forma de aumento de la autoestima regresa y con ella viene la capacidad de amar a los demás.
Ser liberados de la culpa trae consigo una renovación de la energía vital.
Esto puede ser observado dramáticamente en muchas personas que son convertidas a través de la experiencia religiosa.
La repentina liberación de la culpa a través del mecanismo del perdón es responsable de miles de recuperaciones de enfermedades graves y avanzadas. Si estamos o no de acuerdo con su concepto religioso es irrelevante. Lo importante a destacar es que el alivio de la culpa se acompaña de un resurgir de la energía de la vida, el bienestar y la salud física.
Cuando se trata de sanarnos a nosotros mismos y aumentar nuestra propia salud emocional, "vale la pena ser paranoico".
Nos volvemos conscientes de todos los traficantes de culpas en nuestra vida y sus influencias deletéreas. Podemos preguntarnos, ¿no podríamos lograr la misma motivación o comportamiento por amor y no por temor y culpa? ¿Es la culpa la única razón por la que no apuñalamos a nuestro prójimo? ¿Por qué no podría ser que nos negáramos a apuñalar a nuestro prójimo porque lo amamos y cuidamos de él como otro ser humano que es intrínsecamente inocente y que está luchando por crecer, pero que puede cometer errores en el camino de la misma manera que nosotros, nosotros mismos, lo hemos hecho? ¿No seguiríamos las enseñanzas religiosas, dondequiera que estén, más eficazmente si lo hiciéramos por amor y aprecio, en lugar de por la culpa y el miedo? Nos podemos preguntar, ¿qué es realmente necesario culpar de todos modos? ¿Qué posible servicio obtendremos de ello? ¿Somos tan miserablemente estúpidos que sólo nos portamos bien por la culpa? ¿Somos tan inconsciente? ¿No puede la consideración por los sentimientos de los demás reemplazar a la culpa como motivación para la conducta humana apropiada?
Al examinar estas cuestiones y analizar sus orígenes sociales, vemos que la Edad Media está lejos de haber terminado.
La Inquisición se ha limitado a tomar formas nuevas y más sutiles de crueldad. Hemos adquirido sin saberlo, un sistema de negatividad que está actualmente recorriendo el planeta.
Hacer el mal y hacer culpables es en realidad una forma de crueldad, ¿no? Hemos permitido a los demás que nos programaran con métodos de auto-tortura, y podemos ver que hemos tomado represalias al invitar a otros a torturarse como respuesta a ello. Hemos permitido ser manipulados por la culpa, y le dimos la vuelta y usamos ese mismo mecanismo de la culpa para tratar de explotar y controlar a otros.
El grado en que no nos hemos permitido experimentar la realidad de nuestro verdadero Ser está representado por nuestro resentimiento hacia aquellos que si lo han hecho. Nos ofende su vitalidad en las áreas en las que nos sentimos discapacitados.
Esta verdad aleccionadora está representada en la historia de un hombre que caminaba por la playa y se encontró con un pescador con un cubo lleno de cangrejos. Le dijo al pescador, "cubre el cubo de cangrejos o se saldrán." "No," dijo el sabio y viejo pescador. "No hay necesidad de ello. Ya ves, cuando un cangrejo llega a lo alto del cubo para salir, los otros cangrejos le agarrar y tiran de él. Así que no hay necesidad de cubrirlos." A medida sigamos dejando ir, cada vez más ligeros, y cada vez más libres, por desgracia, veremos que la naturaleza del mundo es como el cubo de cangrejos. Y, después, toda la extensión de su negatividad se hará evidente.
Cuando nos volvamos totalmente conscientes de la factura de los bienes que nos han vendido, es muy probable que sintamos ira y un fuerte deseo de liberarnos de las ataduras de la negatividad.
Dr. David R Hawkins
http://rosacastillobcn.blogspot.com.es/
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