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martes, 26 de abril de 2016

El MECANISMO DE DEJAR IR (Dr. David R Hawkins.)



AMOR
Capitulo XII (Segundo Escrito)

Amor Incondicional 
Por la continua entrega, experimentamos el estado del amor incondicional (calibrado en 540), el cual es raro y le sucede sólo al 0.04% de la población. Esta energía es milagrosa, suma, no es selectiva, es transformadora, ilimitada y no requiere esfuerzos, es radiante, piadosa, santa, difusa, misericordiosa y generosa. Se caracteriza por la alegría interior, la fe, el éxtasis, la paciencia, la compasión, la persistencia, la esencia, la belleza, la sincronicidad, la perfección, la entrega, el éxtasis, la visión, y la apertura. Renunciamos a ver al yo personal como agente causal. Todo sucede sin esfuerzo por sincronicidad. 
La alegría emana de la experiencia interior subjetiva de nuestra propia existencia. El poder de la alegría es subjetivo,
y no proveniente de ningún origen externo o interno a uno mismo. Así, la energía para que el motor funcione es inagotable. Podemos bailar en éxtasis toda la noche en una capilla con velas, como si bailáramos con la Fuente de la Vida Misma. En ese estado, la perfección innata y la impresionante belleza de todo lo que existe brilla como una radiación luminosa, como la infusión de la energía espiritual facilita la transfiguración de la percepción de la visión, de lo lineal a lo no lineal, y de lo limitado a lo ilimitado. 
Aunque el funcionar en el mundo sigue siendo posible en las vibraciones más elevadas del amor (los altos 500s), podemos llegar a salir de la arena ordinaria del comercio y abandonar nuestro medio social y ocupación anterior. 
En tales estados, lo "milagroso" es común. Lo que se llama "sobrenatural" se ve sucediendo todo el tiempo, inexplicable por la razón, la lógica, o la causa y el efecto. 
Está claro que ninguna "persona" hace milagros. 
Ocurren espontáneamente y por su propia cuenta cuando las condiciones son las adecuadas. 
El desarrollo de un ego espiritual se evita por la constatación de que los fenómenos son un don más allá de nuestro propio yo personal; somos sólo canales del Amor, no su origen. 
El progreso espiritual, se sabe, es resultado de la Gracia, y no resultado de nuestros esfuerzos personales. 
La gratitud por el estado reemplaza al orgullo del logro. 
El proceso de la entrega continúa cada vez más profundamente, a medida que dejamos toda duda, todos los sistemas de creencias, todas las percepciones, todas las posiciones, todas las opiniones, y todos los apegos. 
Estamos dispuestos a entregar todos los apegos, incluso el apego al exquisito estado de éxtasis, que está más allá de la descripción. 
Por la humildad, todas las opiniones acerca de los demás son entregadas. En cierta manera, nadie puede ser distinto a como es. El amor conoce esta verdad y no toma posición. 
El amor aumenta lo positivo de los demás y no sus defectos. 
Se centra en la bondad de la vida en todas sus expresiones. 
El amor incondicional es un amor que no espera nada de los demás. Cuando nos hemos convertido en amor, no tenemos limitaciones o exigencias sobre los demás ni de que manera deberían ser para ser amados. Los amamos sin importar como son. ¡Incluso si son odiosos! Sentimos pena por los delincuentes que vieron en una vida de crímenes su mejor opción. 
Cuando el amor es incondicional, no hay apegos, expectativas, intenciones ocultas, o recuento de quien da qué a quién. Nuestro amor es incondicional por lo que somos y por lo que son. Se entrega sin requisitos. Ninguna cadena ata. 
No esperamos nada a cambio cuando damos. Hemos entregado todas las expectativas conscientes e inconscientes de la otra persona. El amor ilumina la esencia y, por tanto, la amabilidad de los demás. Esto es por lo que el amor abre el corazón. 
En lugar de la percepción, que percibe, el corazón sabe. 
La mente piensa y discute, pero el corazón sabe y continúa. 
Así incluso cuando las personas cometen errores, las amamos. Los pensamientos nos dicen una cosa, pero el corazón nos dice otra. La mente puede ser crítica y no estar de acuerdo, pero el corazón es amor sin importar a qué. 
El corazón no pone ninguna condición sobre lo que está ahí fuera. Sólo la mente hace eso. El amor no exige nada. 
Una clave para hacer el Amor incondicional es la voluntad de perdonar. Con el perdón, los acontecimientos y las personas son recontextualizados simplemente como "limitados", -no "malos" o "antipáticos". Con la humildad, estamos dispuestos a entregar nuestra percepción de un acontecimiento pasado. Oramos por un milagro para ver la verdad sobre la situación 
o la persona, y entregamos todas nuestras opiniones al respecto. Observamos las recompensas que hemos estado recibiendo al mantener nuestra percepción en lo que ocurrió, y dejamos cada pequeña recompensa: el placer de la auto-compasión, de "tener razón", de ser "agraviado", y por nuestros resentimientos. 
Con el tiempo, entregamos la idea misma del perdón. 
Perdonar a alguien significa que todavía estamos viendo a la persona o situación como "equivocada" y, por lo tanto, en la necesidad de ser perdonada. La verdadera entrega significa dejar ir completamente el verlo de tal manera. 
Cuando entregamos nuestra percepción completamente, abandonando todo juicio, entonces toda la situación es transfigurada y vemos a la persona adorable. Dado que todo juicio es realmente juicio a uno mismo, nos hemos liberado en el proceso. 
En el nivel del amor incondicional, amamos a todos y todo, -incluso a Adolf Hitler. Le vemos como una persona que fue poseída por energías negativas, y estamos dispuestos a perdonar a Hitler, que no pudo evitar lo que le pasó. 
Fue vencido por el mal. En lugar de odiar el mal, sentimos tristeza y compasión por la gente que ha sido sobrepasada por tal negatividad. Hitler hizo lo que creía que debía hacer por honor. Esa fue su contextualización en ese momento. 
Fue capturado por ciertos ideales y creencias presentes en su tiempo. Incluso con Hitler, entonces, podemos ver que él estaba dedicado, y pensó que estaba siendo útil en lo que hizo. 
En la Segunda Guerra Mundial, los pilotos kamikazes estaban haciendo lo que pensaban que debían hacer por su país. 
Y a pesar de que estaban tratando de bombardearnos y matarnos, no es necesario odiarlos. Podemos respetar su voluntad de dar su vida por su país. Podemos ver que todo el que viola la ley del Amor es en realidad víctima de algún sistema de creencias de la sociedad o de las presiones de su época.
Dr. David R Hawkins
http://rosacastillobcn.blogspot.com.es/
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