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sábado, 13 de junio de 2015

OSHO EL SECRETO de los SECRETOS Charlas sobre el Secreto de la Flor Dorada (Capitulo Primero- Tercera Parte)





Tao significa simplemente «el Camino». A lo que existe por sí mismo se le llama el Camino. Y la definición es bella. Lu-Tsu dice: «Lo que existe por sí mismo, lo que no necesita el apoyo de nadie, lo que siempre ha existido camines por él o no...» No importa que alguien camine por él o no; siempre existe. De hecho, toda la existencia lo sigue sin darse cuenta. Si puedes seguirlo dándote cuenta, tu vida se convierte en una gran bendición. Si lo sigues sin darte cuenta, entonces seguirás andando dando traspiés; entonces no podrás disfrutarlo como debería ser disfrutado. A un hombre se le puede llevar al jardín y puede ser inconsciente; puede que esté borracho o puede que esté en coma o bajo el efecto del cloroformo. Se le puede llevar al jardín; está inconsciente. Sus oídos oirán las canciones de los pájaros; pero él no lo sabrá. La fragancia de las flores llegará a las ventanas de su nariz traída por la brisa; pero él no lo sabrá. El sol brillará sobre él e irradiará su luz sobre él; pero él no lo sabrá. La brisa le acariciará; pero él no lo sabrá. Puedes ponerle bajo la sombra de un gran árbol y de su frescor; pero él no lo sabrá. Así es el hombre. Somos el Tao porque ¿dónde, si no, podemos estar? Vivir es estar en el Camino. Vivir es vivir en Dios, respirar es respirar en Dios. ¿Dónde, si no, podemos estar? Pero igual que el pez vive en el océano y no se da cuenta en absoluto del océano, nosotros vivimos en el Tao y no nos damos cuenta en absoluto del Tao. De hecho, es tan obvio... Por eso no nos damos cuenta. El pez conoce el océano tan bien... El pez nace en él, el pez nunca ha estado fuera de él, el pez lo da por supuesto; por eso el pez no es consciente de él. Nosotros estamos en el Camino, estamos en Dios, vivimos en el Tao, a través del Tao; pero no somos conscientes de él. El Tao existe porque sin el Tao los árboles no crecerían, y las estrellas no se moverían, y la sangre no circularía, y la respiración no entraría. La vida desaparecería. La vida solo es posible si hay una ley fundamental que la mantenga. La vida solo es posible si hay algo que la sustente. Observa el orden inmenso de la existencia. No es un caos; es un cosmos. ¿Qué hace que sea un cosmos? ¿Por qué hay tanta armonía? Debe de haber una ley que hace que la armonía se mantenga, fluyendo; que hace que todo siga concertado. Pero no lo conocemos. No sabemos nada acerca de nuestro propio ser, y estamos unidos mediante nuestro ser con el Tao. El Tao no tiene nombre ni forma. Es la esencia única, el espíritu primordial único. Es el océano de la vida que nos rodea, está dentro y fuera..., la esencia pura. Es la existencia, es el espíritu primordial. Ningún nombre puede contenerlo. Todos los nombres son su nombre. Y no tiene ninguna forma particular, porque todas las formas son formas del Tao. El Tao existe en millones de formas. En el árbol es verde, en la flor es rojo, en el hombre es hombre, en el pez es pez. Es la misma ley. Puedes poner la palabra «Dios» en vez de «Tao» y será lo mismo. Lo que los cristianos y los mahometanos llaman Dios los taoístas lo llaman Tao, los budistas lo llaman hamma, los judíos solían llamarlo logos; pero todos quieren decir lo mismo. Ningún nombre puede contenerlo, o bien cualquier nombre puede expresarlo La esencia y la vida no pueden verse. Están contenidas en la luz del cielo. La luz del cielo no puede verse. Está contenida en los dos ojos. Puedes ver la forma, puedes ver el cuerpo —el cuerpo es la forma, la sustancia que rodea a la esencia—, pero no puedes ver la esencia. La esencia es invisible para los ojos, inasequible para los sentidos. Hay que sentirla directamente, no a través de ningún medio. Tú ves mi cuerpo, yo veo tu cuerpo: sucede a través de un medio. Mis ojos me están diciendo que estás aquí, tus ojos te están diciendo que estoy aquí; pero ¿quién sabe?... Puede que los ojos estén engañando; a veces engañan. Por la noche, en la oscuridad, ves una cuerda como si fuera una serpiente, y cuando la ves como una serpiente, te afecta como una serpiente: tienes miedo, echas a correr. O en el desierto puedes ver un oasis que no existe, que es tan solo un fenómeno proyectado, porque tienes tanta sed que quieres que exista, de manera que lo creas. Los ojos engañan a veces, así que ¿quién sabe?... Si la verdad se conoce a través de un medio, entonces siempre permanecerá sospechosa, dudosa; no puede tener ninguna certeza, no puede tener certeza absoluta. Y una verdad que no es absolutamente certera no es una verdad en absoluto. La verdad tiene que ser absolutamente certera; no puede ser solo aproximadamente certera. Así que solo hay una manera: hay que conocerla sin ningún medio, hay que conocerla directamente, inmediatamente; hay que conocerla sin los sentidos. Y así es como se conoce: no puedes ver la vida, pero puedes sentirla. Es una experiencia subjetiva, no un objeto. La esencia y la vida no pueden verse. Están contenidas en la luz del cielo. La luz del cielo no puede verse. Está contenida en los dos ojos. Tienes estos dos ojos. Para los taoístas, estos dos ojos son muy significativos. Solo la ciencia moderna ha sido capaz de ver la verdad de esto. Estos dos ojos no son solo los ojos visibles. Estos dos ojos representan lo masculino y lo femenino que hay en ti. Ahora, la ciencia moderna dice que la mente del hombre está dividida en dos hemisferios, y un hemisferio es masculino, el otro es femenino. La parte derecha de tu mente es femenina y la parte izquierda es masculina. De modo que uno de tus ojos representa a lo masculino que hay en ti y tu otro ojo representa a lo femenino que hay en ti. Y cuando tus partes masculina y femenina se encuentran dentro de ti, a ese encuentro se le llama cielo..., a ese encuentro, esa comunión interna de tus partes masculina y femenina. Jesús dice: «Cuando tus dos ojos se vuelvan uno, habrá luz.» Está hablando como un alquimista taoísta: cuando tus dos ojos se vuelvan uno, habrá luz. Cuando tus dos ojos se vuelven uno, cuando tus partes masculina y femenina desaparecen la una en la otra..., ésa es la experiencia orgásmica suprema. Cuando tienes ganas de hacer el amor con una mujer o con un hombre, es solo un atisbo de ello, un atisbo muy fugaz. Es tan momentáneo que para cuando tomas consciencia de ello, ya se ha acabado. Tomas consciencia de ello solo en el pasado; es muy fugaz. Pero es un atisbo, un atisbo del encuentro del hombre y la mujer. Esto es un encuentro externo. Es un milagro que suceda incluso un solo momento. Pero hay una posibilidad profunda, y ése ha sido el trabajo del Tantra, del Tao, del yoga y todas las grandes enseñanzas secretas del mundo: ayudarte a tomar conciencia de tus partes femenina y masculina en tu interior, lo que los tántricas llaman Shiva y Shakti, y lo que los taoístas llaman yin y yang. La polaridad, lo positivo y negativo dentro de ti, el día y la noche dentro de ti..., tienen que encontrarse ahí.
La luz del cielo no puede verse. Está contenida en los dos ojos. Pero a menos que se vuelvan uno, no serás consciente de ella. Está contenida en los dos ojos. Pero no puedes verla a menos que se vuelvan uno. Entonces se libera, entonces hay una gran explosión de luz. Zaratustra lo llama «explosión de fuego», Lao Tse lo llama «explosión de luz». Es lo mismo. Seguro que conoces la frase de Juan el Bautista. Solía decirles a sus discípulos: «Yo os bautizo con agua. Después de mí vendrá uno que os bautizará con fuego.» Eso es lo que quería decir: «Después de mí vendrá uno que os bautizará con fuego»... El bautismo del agua es un bautismo externo; para Juan el Bautista, el agua representa el flujo hacia afuera. Recuerda esto: que hacia afuera y hacia abajo son sinónimos, y hacia arriba y hacia dentro son sinónimos; lo que va hacia abajo también va hacia fuera, y lo que va hacia arriba también va hacia adentro, y viceversa. El agua siempre va hacia abajo; por eso representa el flujo hacia afuera, se aleja de sí misma; su viaje es un viaje exterior. El fuego va hacia arriba, siempre hacia arriba, y hacia arriba es sinónimo de hacia dentro; su viaje es siempre interior. Juan el Bautista está diciendo: te bautizo con agua, te doy el cuerpo externo de la religión. Después de mí vendrá Cristo, que te dará el bautismo interno, el bautismo de fuego. El propio Jesús dice una y otra vez: «Arrepentíos. ¡Arrepentíos!», y la palabra ha sido mal interpretada por los cristianos. Han hecho un arrepentimiento de faltas. No tiene nada que ver con faltas. La palabra «arrepentir» en realidad significa regresar, entrar, volver. Significa retomar: restaurar tu originalidad. La palabra «arrepentir» significa metanoia, retornar: un giro de ciento ochenta grados. Si continúas fluyendo hacia afuera, sigues siendo agua. Si vuelves hacia dentro, te vuelves fuego. Y cuando los dos ojos, cuando estas dos llamas, cuando estos dos hemisferios de tu conciencia se unen, se unifican absolutamente y te vuelves una llama; esa única llama es lo que Plotino denomina el «vuelo de lo uno a lo uno». El Gran Uno es el término otorgado a lo que no tiene nada por encima de sí. Y si te vuelves ese uno, te has vuelto el Gran Uno. Ésta es la manera taoísta de decir algo sobre Dios sin usar la palabra Dios: si te vuelves uno, te has vuelto Dios. El secreto de la magia de la vida consiste en usar la acción para alcanzar la no-acción. Estas son palabras potenciales. ¿Cuál es el secreto de hacer de estos dos ojos uno? ¿Cómo hacer que lo masculino y lo femenino sean uno en ti? ¿Cómo dejar que tu mujer y tu hombre se disuelvan el uno en el otro para que ya no haya una dualidad, para que ya no seas una casa dividida, contra ti mismo, para que ya no haya ningún conflicto ni tensión, para que todo sea uno? En esa unidad está el gozo, porque desaparece toda la tensión, desaparecen todos los conflictos, desaparece toda la ansiedad. ¿Cómo volverse ese uno?
El secreto de la magia de la vida consiste en usar la acción para alcanzar la no-acción. El hombre representa la acción, la mujer representa la no-acción. Tienes que usar la acción para alcanzar la no-acción, tienes que hacer esfuerzos para llegar a un estado sin esfuerzo. Tienes que ir y poner todas tus energías, tienes que volverte tan activo que no quede nada atrás: toda la energía está involucrada en esa creatividad; y entonces, de pronto, cuando toda la energía está involucrada, sucede una transformación. De igual manera que a los cien grados el agua se evapora, cuando la acción se vuelve total se evapora y queda la no-acción. Primero tienes que aprender a bailar, y tienes que poner todas tus energías en el baile. Y un día sucede esa extraña experiencia en la que de repente el que baila desaparece en la danza y la danza sucede sin ningún esfuerzo. Entonces es inacción. Primero tienes que aprender la acción para llegar a la inacción. De eso es lo único de lo que trata la meditación. La gente viene y me pregunta por qué enseño meditaciones activas. Porque ésa es la única manera de encontrar la inacción: baila con absoluta totalidad, baila con frenesí, baila como loco. Y si toda tu energía está involucrada en ello, llega un momento en que de pronto ves que la danza está sucediendo por sí sola, no hay ningún esfuerzo en ella: es acción sin acción. La Flor Dorada es la luz. Se usa la Flor Dorada como símbolo. La frase «El rastro de la región del agua tiene solo un sabor» se refiere a ella. La flor dorada es un símbolo, el símbolo de cuando tus energías ya no son duales y se han vuelto una: se libera una gran luz, y la luz es dorada. Es como si se hubiera abierto en ti una flor de luz dorada. Y no es solo un símbolo. Es un símbolo, pero es casi literalmente cierto; sucede exactamente así. Ahora mismo existes como oscuridad, como una noche oscura. Entonces existes como un amanecer. No puedes ver el sol en ninguna parte, pero la luz está ahí. No tiene fuente: es una luz sin fuente. Pero una vez que has conocido esa luz dorada en ti, te has vuelto inmortal. Entonces no hay muerte porque la luz nunca muere. Toda la vida, toda la existencia consiste en nada más que luz: todo son formas de luz. Puedes preguntarles también a los físicos modernos, y la física moderna está en perfecto acuerdo con el Tao, que todo es luz; las formas siguen cambiando, pero la luz continúa. La luz es eterna. Muchas escrituras del mundo comienzan con la palabra «luz». «Al principio Dios dijo: "Hágase la luz".» Ése es el principio. Si alguna vez hubo un principio, no puede ser de otra forma; tuvo que haber sido con la luz. Pero nunca ha habido un principio; ¡eso es solo una parábola! La luz ha existido siempre. El Corán dice que Dios es luz. Uno de los nombres de Dios dados por los sufíes es Noor. Noor significa luz. Y el sabor es el mismo: suceda en mí o suceda en ti, el sabor es el mismo. El gusto del estado búdico es el mismo. Buda ha dicho: «El sabor del estado búdico es como el océano. Puedes probarlo en el norte o en el sur, o en esta parte o en esa otra, en la orilla o en el medio; pero el sabor del océano es el mismo. Así es el sabor del estado búdico.» En el momento en que una persona alcanza esta luz eterna, su vida tiene un sabor único. Ese sabor lo contiene la consciencia absoluta: su inconsciente ha desaparecido, ya no hay ninguna parte oscura en su ser. Si un freudiano observa a semejante hombre, solo encontrará consciencia, solo consciencia; no encontrará el inconsciente. Si un freudiano te observa a ti, solo una parte es consciente. Frente a esa parte hay nueve partes que son inconscientes: solo una décima parte de tu mente es consciente. Un buda es cien por cien consciencia. El trabajo relacionado con la circulación de la luz depende enteramente del movimiento que fluye hacia atrás, afín de que los pensamientos converjan. El corazón celestial yace entre el sol y la luna. De nuevo, recuerda que el sol representa la energía masculina y la luna representa la energía femenina. Y el corazón está entre los dos. El corazón no es ni masculino ni femenino, y ésa es la belleza del corazón: el corazón es divino, ni masculino ni femenino, y está exactamente entre los dos. Si te inclinas demasiado hacia la energía masculina, eres demasiado activo y no sabes ser pasivo. Eso es lo que ha sucedido en Occidente: Occidente es solar; demasiada actividad. La gente se está volviendo loca con tanta actividad. Demasiada velocidad: todo hay que hacerlo inmediatamente; no hay paciencia, no hay espera. Han olvidado cómo ser pasivos, cómo ser pacientes, cómo esperar a las cosas. Han perdido toda su capacidad de estar inactivos. No saben cómo ir de vacaciones. Incluso si se van de vacaciones, están más activos que nunca. En Occidente, las personas tienen ataques al corazón los domingos más que ningún otro día, porque es fiesta y la gente está demasiado ocupada. Trabajando toda la semana piensan que descansarán cuando llegue el día de fiesta, y cuando llega el día de fiesta tienen mil y una cosas que hacer. No es que tengan que hacerlas, no son necesarias —no, en absoluto—; pero no pueden vivir descansando. No pueden tumbarse simplemente en la hierba y estar con la tierra; no pueden sentarse simplemente en silencio bajo un árbol y no hacer nada. No, empezarán a hacer mil y una cosas por la casa. Repararán esto y desmontarán aquello; abrirán el motor de su coche y empezarán a hacer cosas en él. Harán algo, pero permanecerán activos. Durante toda su vida, la gente piensa que cuando se jubile disfrutará. Pero no pueden disfrutar, no pueden descansar. La gente se muere rápidamente cuando se jubila. Los psicólogos dicen que se mueren diez años antes porque no saben qué otra cosa hacer. La muerte parece ser la única manera de librarse de una vida que se ha vuelto sin sentido, que nunca ha tenido sentido, que ha sido solo un ajetreo. La gente se apresura, sin saber adonde va. Lo único que saben es que tienen que ir cada vez más y más deprisa sin preocuparse nunca: ¿adonde vas exactamente? Puede que estés corriendo en círculos. Eso es exactamente lo que está sucediendo: la gente está corriendo en círculos. Occidente es solar, Oriente es lunar. Oriente se ha vuelto demasiado pasivo, demasiado fatalista: «No hay que hacer nada. Simplemente espera. Dios lo hará.» Éste es otro tipo de tontería y estupidez. Oriente es pobre, holgazán, piojoso, y la gente no se preocupa por nada. Hay miseria por todas partes, pobreza, mendigos, enfermedad... Nadie se preocupa, todo se acepta. «¿Qué vas a hacer? Es la voluntad de Dios. Tenemos que aceptarlo. Solo hay que esperar. Cuando todo sea demasiado, vendrá Dios. ¿Qué otra cosa podemos hacer?» Ésta es la mente femenina. El secreto de la Flor Dorada dice que tienes que estar exactamente en el medio: ni masculino ni femenina, sin inclinarte a ningún extremo; entonces hay equilibrio. Entonces eres activo y, sin embargo, permaneces inactivo en lo hondo de ti; entonces eres inactivo y, sin embargo, permaneces activo por fuera. Por fuera eres solar, por dentro eres lunar. Deja que el sol y la luna se encuentren dentro de ti y quédate justo en el medio. Y en el medio está la trascendencia.
El trabajo relacionado con la circulación de la luz depende enteramente del movimiento que fluye hacia atrás, a fin de que los pensamientos converjan. El hombre es un centro y también una circunferencia. Si vas hacia la circunferencia tendrás muchos pensamientos. La circunferencia consta de muchos, el centro es uno. Si vas hacia el centro los pensamientos empiezan a desaparecer. En el centro mismo todos los pensamientos desaparecen: solo hay consciencia. Eso es lo que dice este tratado secreto: ... a fin de que los pensamientos converjan. La luz tiene que ir hacia dentro. Cuando miras un árbol tus ojos lanzan su luz sobre el árbol: la luz va hacia afuera. Cuando cierras los ojos la luz empieza a ir hacia dentro: metanoia, arrepentimiento, retorno. Y cuando la luz recae sobre tu propio ser hay autoconocimiento, te conoces a ti mismo. Y ese autoconocimiento te da libertad: libertad de todas las ataduras, libertad de todos los enmarañamientos, libertad de la muerte, libertad del cuerpo. Crea el alma en ti. Eso es lo que Gurdjieff solía decirles a sus discípulos: que no naces con un alma, sino que tienes que crearla con metanoia. El libro del Castillo Amarillo dice: «En el ámbito de un centímetro cuadrado de la casa de un metro cuadrado, se puede regular la vida.» En este pequeño templo de tu cuerpo se puede regular la vida. En medio del centímetro cuadrado reside el esplendor. En la sala púrpura de la ciudad de jade reside el Dios del Vacío Supremo y la Vida. Observa la contradicción: el vacío y la vida. La vida es masculina, el vacío es femenino. La vida y el vacío: ambos son aspectos del Dios interno. Cuando no has elegido a uno en detrimento del otro, cuando no has elegido en absoluto —has sido simplemente un observador— te vuelves ese Dios del que un aspecto es la vida y el otro aspecto es la muerte; del que un aspecto es la perfección y el otro aspecto es la nada. Por tanto, cuando circula la luz, las energías de todo el cuerpo aparecen ante su trono... Y cuando la luz va hacia dentro y circula dentro de tu ser, porque no hay ningún drenaje..., eso es la meditación, eso es lo que hacía Buda bajo el árbol bodhi: te sientas en silencio, cierras todas las puertas y la luz circula por dentro. Entonces, por primera vez, tomas consciencia del cuerpo y de todo lo que contiene el cuerpo: todos sus misterios. Este pequeño cuerpo contiene todos los misterios del universo. Es un cosmos en miniatura. Por tanto, cuando circula la luz, las energías de todo el cuerpo aparecen ante su trono, igual que, cuando un rey sagrado ha establecido la capital y ha dictado las reglas fundamentales del orden, todos los estados vienen con tributos; o como, cuando el amo está callado y en calma, los sirvientes y las criadas obedecen sus órdenes por voluntad propia, y todos hacen su trabajo.
Y cuando esta luz se mueve dentro de ti, el cuerpo se vuelve un sirviente, los sentidos se vuelven criados obedientes; no necesitas tratar de controlarlos. Te siguen por voluntad propia. Ésta es la belleza del Tao: nunca impone nada, no quiere cultivar ningún carácter. Dice: simplemente, llénate de luz y todo lo demás vendrá solo. Por tanto, tan solo tienes que hacer que circule la luz; ése es el secreto más profundo y más maravilloso. La luz es fácil de mover, pero difícil de fijar. Si se hace que circule el tiempo suficiente, se cristaliza. Es la condición de la que se dice: « Vuelas hacia arriba silenciosamente por la mañana.» En este sutra se dice algo muy significativo: «La luz es fácil de mover, es difícil fijarla; así que no trates de fijarla.» Es ahí donde el yoga intenta hacer algo que no se puede hacer fácilmente. De ahí la dificultad, la laboriosidad del yoga: el yoga trata de fijar la luz. Trata también de fijar la luz entre los dos ojos, exactamente entre las dos cejas, en el centro del tercer ojo. El yoga intenta fijarla. Ésa es la diferencia entre el Tao y el yoga: el yoga quiere fijarla... Concéntrate en el tercer ojo. En resumidas cuentas, ésa es toda la filosofía del yoga: si puedes concentrar toda tu consciencia en el tercer ojo, te transformarás, tus dos ojos se volverán uno y estarás lleno de luz. Y más allá del tercer ojo... El tercer ojo es el sexto centro en el mapa de la consciencia del yoga; más allá del sexto está el séptimo. Al séptimo se le llama «el loto de mil pétalos». Si la luz está concentrada en el tercer ojo, cuando sea demasiada saltará al séptimo centro, empezará a ascender como agua en un estanque. Y el salto al séptimo centro abrirá el capullo que ha estado siendo un capullo durante siglos, durante millones de vidas. El Tao trabaja desde una ruta diferente. El Tao dice: fijar la luz es muy difícil; no te preocupes por fijarla; el camino fácil es hacer que circule. La mente siempre encuentra fácil la circulación: la naturaleza de la mente es moverse; a la mente siempre le resulta difícil concentrarse. Por tanto, ¿por qué no usar la capacidad de la mente? ¿Por qué no aprovecharla? El Tao es una ciencia espontánea: no cultives, no fuerces, no te crees problemas innecesarios; utiliza la capacidad natural de la mente: que se mueve, que le gusta el movimiento, que es una vagabunda. Úsala, deja que circule la luz. Más adelante veremos cómo hacerla circular: descubre caminos y deja que circule. Mediante su circulación los taoístas llegaron a descubrir los setecientos puntos de la acupuntura. Circulándola por todo el cuerpo tomaron conciencia de que hay setecientos puntos en los que la luz se vuelve muy, muy ardiente, y los contaron exactamente. Ahora la ciencia lo corrobora: hay exactamente setecientos puntos. Ahora incluso se han inventado máquinas que pueden trazar un esbozo de tus setecientos puntos, y dónde falta luz en tus puntos, dónde no se está moviendo la energía en los meridianos correctos. ¿Cómo llegaron a descubrir esto los taoístas? No tenían máquinas ni tecnología. Su única técnica era entrar en su interior y hacer circular la luz. Veremos el método efectivo: cómo circularla. Esto es solo para crear un contexto para que puedas comprender cuál es exactamente su enfoque. Dicen que si circulas la luz y sigues circulándola, llegado cierto punto se cristaliza por sí sola; no necesitas preocuparte por fijarla. Circula, circula, circula...; en un momento, de repente, te das cuenta de que todo ha parado, y ha sucedido lo que el yoga trataba de hacer que sucediera. En el Tao sucede; en el yoga es un duro y largo viaje de esfuerzo. El yoga es masculino. El Tao no es femenino; el Tao es ambos: una síntesis. La circulación es
energía masculina y la fijación es energía femenina. Alcanza lo no-activo, alcanza lo pasivo a través de la acción; mediante el esfuerzo alcanza el estado sin esfuerzo. Al poner en práctica este principio fundamental no necesitas buscar otros métodos, sino que, simplemente, debes concentrar tus pensamientos en él. Recogiendo así los pensamientos, uno puede volar y nacerá en el cielo. La Flor Dorada es el Elixir de la Vida... Es el secreto de toda inmortalidad. Esto es lo que los alquimistas occidentales llamaban la piedra filosofal, lo que en India se llama amrit, elixir, néctar. Esto es un tratado alquímico: te ofrece los secretos para transformar tu química en alquimia, para transformar el metal base en oro. Ahora mismo eres solo un metal base, pero contienes los secretos. Si se ponen en funcionamiento esos secretos te transformas en oro. El oro es inmortal. La Flor Dorada es el Elixir de la Vida. Aunque actúa con mucha precisión, es tan fluida que requiere una inteligencia y una claridad supremas, así como la absorción y tranquilidad más completas. Las personas sin este grado más alto de inteligencia y entendimiento no encuentran el camino; las personas sin esta capacidad suprema para la absorción y la tranquilidad no pueden adherirse a ella rápidamente. Dos requisitos... Primero, se requiere inteligencia y claridad. No te preocupes por ello. No empieces a pensar que si no eres inteligente, entonces, ¿qué?... Todo el mundo nace inteligente. La inteligencia es una cualidad intrínseca: de igual manera que todo el mundo nace respirando, todo el mundo nace inteligente. La idea de que algunas personas son inteligentes y algunas no lo son es absolutamente errónea y ha deshumanizado a muchísima gente; es muy insultante, degradante. Todos nacen inteligentes, aunque su inteligencia puede diferir en su expresión. Uno es inteligente en la música, otro es inteligente en las matemáticas; pero si haces que las matemáticas sean el criterio, entonces parece que el músico no es inteligente. Si los pones a los dos en un examen en que las matemáticas son el criterio, el músico suspende. Cambia el criterio, haz que la música sea el criterio y ponlos a los dos en un examen en el que la música decidirá; entonces el matemático parece estúpido. Porque hemos elegido ciertos criterios, por eso tantas personas han sido condenadas como estúpidas. No lo son. Nunca he conocido a una sola persona que sea estúpida, no sucede; pero puede que su inteligencia sea un tipo diferente de inteligencia. La poesía requiere un tipo diferente de inteligencia que hacer negocios. Un poeta no puede ser un hombre de negocios y al hombre de negocios le resultará muy difícil ser poeta. Se requiere un tipo de inteligencia para ser político; se necesita otro tipo de inteligencia para ser pintor. Y hay millones de posibilidades. Recuerda: todo el mundo nace inteligente, de manera que eso no es prohibitivo para nadie. Simplemente tienes que encontrar tu inteligencia, dónde está. Y una vez que hayas encontrado tu inteligencia, tendrás claridad. La gente vive sin claridad porque vive con ideas erróneas acerca de sí misma. Alguien te ha dicho —un maestro de tu escuela, el director, una universidad— que no eres inteligente. Pero su criterio es solo un criterio elegido, su criterio no es aplicable a todos. Las universidades todavía no son universales: no permiten todo tipo de inteligencia, no aceptan todas las manifestaciones de la inteligencia. Una vez que hayas aceptado tu inteligencia y empieces a respetarla, tendrás claridad, no habrá problema. El poeta se siente estúpido porque no puede ser un buen hombre de negocios. Esto crea confusión. Se vuelve inferior ante sí mismo, irrespetuoso, reprobador. Intenta tener éxito en los negocios, pero no puede. Esto crea mucho humo a su alrededor. Si comprende simplemente que es un poeta y que no tiene que ser un hombre de negocios, y que triunfar como hombre de negocios será un suicidio para él... tiene que triunfar como poeta. Ésa es su inteligencia, y su inteligencia tiene que florecer a su propia manera. No tiene que imitar a nadie. Puede que la sociedad no le pague por ello, porque la poesía no es tan necesaria como las bombas; el amor no es tan necesario como el odio. Es por eso que se permite el asesinato en las películas, en la radio, en la televisión; no se considera obsceno. Pero no se permite hacer el amor; se considera obsceno. Esta sociedad vive por el odio, no por el amor. Si alguien está asesinando, eso está perfectamente bien. Si alguien te pone una daga en el corazón y la sangre fluye como una fuente, eso está perfectamente bien. Pero si alguien te abraza, te besa, te ama, la sociedad tiene miedo. Esto es extraño: que el amor sea obsceno y el asesinato no, que se condene a los amantes y se premie a los soldados, que la guerra esté bien y el amor esté mal. Si aceptas tu inteligencia, si te aceptas a ti mismo, tendrás claridad, absoluta claridad; todas las nubes desaparecerán. Y lo segundo: necesitas absorción y tranquilidad. La inteligencia y la claridad forman parte de la mente masculina; la absorción y la tranquilidad forman parte de la mente femenina. Solo una mujer puede absorber, por eso se queda embarazada: tiene el útero. Estas dos cosas son necesarias juntas. Si no eres inteligente no serás capaz de comprender lo que se te dice; no comprenderás lo que el maestro te está impartiendo. Y si no eres femenino, no serás capaz de absorberlo, no serás capaz de quedar embarazado de ello. Y se requieren ambas cosas: tienes que ser inteligente, absolutamente inteligente para ver de qué se trata, y tienes que ser absolutamente absorbente para mantenerlo dentro de ti, para que se vuelva parte de ti. Esto es solo el contexto. Poco a poco, nos adentraremos en las técnicas para hacer circular la luz. Escucha con atención, con inteligencia. Absórbelo. Puede que sea una de las experiencias más sobresalientes de tu vida. Suficiente por hoy.
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