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jueves, 28 de julio de 2016

El Sermón de la Montaña CRISTO (4)


Cristo
El Sermón de la Montaña (4)


- Aprende a orar correctamente.

3. “Y cuando ores, no seas como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya tienen su recompensa.

4. “Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre celestial, que está en lo oculto; y el oculto Uno, que ve en lo oculto, te recompensará abiertamente. (Cap. 26, 3-4)


Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Cuando ores, retírate a un cuarto tranquilo y sumér­gete en tu interior, pues en ti vive el Espíritu del Padre, cuyo templo eres tú.

Si sólo oras para ser visto, para que tu prójimo te tenga por piadoso y creyente, Yo te digo: esto no es devoción, sino santurronería; es hipocresía. Tales ora­ciones externalizadas no tienen fuerza. Quien sólo reza con los labios o para ser visto, está pecando contra el Espíritu Santo, pues abusa de palabras santas en propio provecho.

- Encuentra la verdad en ti.

“Y cuando oréis en común, no utilicéis vanas repeticiones como los paganos, que piensan ser escuchados por su mucho hablar. No lo hagáis, pues, igual que ellos; porque vuestro Padre en el Cielo sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis … (Cap. 26, 5)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Sólo el hombre que ha realizado poco de la ley de la verdad usa en la oración y en la vida diaria muchas palabras y repeticiones vacías y faltas de vida.

Quien hable mucho de la ley de la verdad y de la vi­da, diciendo por tanto muchas palabras al respecto, no podrá llenarla con fuerza y vida, porque él mismo no habrá sido llenado por la ley de Dios. Tales palabras son egocéntricas y por eso palabras faltas de amor, aun­que hayan sido escogidas como si estuviesen soste­nidas por el amor. El hablar falto de vida no llega a lo más interno del alma de tu prójimo y, con ello, des­pierta eco alguno en el hombre que deja obrar al amor de Dios en sí mismo y a través de sí mismo. Quien habla sin que tenga vida lo que dice sobre la ley de la verdad y de la vida, que él, sin embargo, no realiza, sólo induce a discusiones al hombre que escucha esto y que igualmente está todavía orientado hacia lo externo.

Comprended: quien discute sobre legitimidades espirituales, no conoce las leyes de Dios. Todos los que quieren discutir, están convencidos de saber más que su prójimo y quieren autorreafirmarse en ello. Quien discute, sólo da testimonio de sí mismo, es decir: de que no sabe nada y está inseguro; y por eso discute.

Pero quien ha encontrado la verdad, no discute sobre la verdad, y tampoco sobre lo que es la fe. 

La palabra “fe”, también contiene ignorancia: lo que en definitiva el hombre no sabe o no puede demostrar, lo cree. Quien cree en la verdad, todavía no ha encontrado la verdad eterna. Asimismo, aún no se mueve en la corriente de la verdad eterna. Por tanto, la fe todavía es ceguera.

Sin embargo, quien ha encontrado la verdad eterna, ya no tiene que creer en la verdad sabe la verdad, porque se mueve en la corriente de la verdad. 

Es el verdadero hombre sabio, que ha desenterrado en sí mismo el tesoro, la verdad. Los verdaderos sabios repo­san en sí. 
Esto es seguridad interna y firmeza. No discuten sobre la fe, porque partiendo de la fe han en­contrado la sabiduría, que es la verdad.

Así pues, quien en Dios tan sólo crea, sin conocer la profundidad de la verdad eterna, la ley eterna, hablará mucho acerca de su fe.

También con sus oraciones se comportará de forma similar: hablará mucho, dado que no vivifica sus pala­bras con amor desinteresado. Será del punto de vista de que hablando mucho puede convencer a Dios, o incluso persuadirlo. 

Creerá tener que hacerse entender por Dios, ya que supone que Dios podría entender sus oraciones de forma diferente a como él quería dar a en­tender. De una manera similar piensan y oran los paga­nos.

Comprended: cuanto más profundamente se sumerge el hombre en la verdad divina, tanto menos palabras utiliza en sus oraciones. Sus oraciones son breves, pero llenas de fuerza, porque la palabra irradia fuerza vivida.

- Realiza tus oraciones.

...Por eso, cuando estéis reunidos, debéis rezar así:

6. “Padre nuestro que estás en los Cielos, santifica­do sea Tu nombre. Tu Reino viene. Hágase Tu volun­tad, como en el Cielo, así en la Tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo día a día, y el fruto de la vid viva. Y tal como Tú nos perdonas nuestros pecados, perdo­nemos nosotros los pecados de otros. No nos abando­nes en la tentación, y líbranos del mal, porque Tuyos son el Reino y el Poder y la Gloria por toda la eterni­dad. Amén. (Cap. 26, 5-6)

Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

La oración comunitaria, el Padre Nuestro, es rezado con palabras y contenidos distintos, porque cada colec­tividad lo reza de modo correspondiente al potencial de amor de la colectividad.

Siendo Jesús de Nazaret enseñé la oración comuni­taria, el Padre Nuestro, en Mi lengua materna, es decir con otras palabras, y por tanto también con contenidos diferentes, respecto a como fue rezado en tiempos pos­teriores y en otras lenguas.

Las palabras como tales son irrelevantes. ¡Lo im­portante es que el hombre realice lo que reza! Entonces, cada palabra que sale de su boca es vivifica­da con amor, fuerza y sabiduría.

No debéis rezar al pie de la letra ni tratar de rezar textualmente el Padre Nuestro que enseñé a los Míos. Lo esencial es que vivifiquéis las palabras de vuestras oraciones con el amor al Eterno y a vuestro prójimo y que el contenido de vuestras oraciones se corresponda con vuestra vida.

Los hombres que estén inundados por la verdad eterna, el amor y la sabiduría de Dios, orarán a su vez de manera distinta a aquellos que sólo rezan porque se les enseñó a hacerlo o porque pertenecen a una confe­sión en la que las oraciones son pronunciadas de acuer­do con el estado de consciencia de la confesión.

Los hombres que van de camino a su origen divino oran libremente, es decir, con palabras elegidas por ellos, vivificadas con amor y fuerza.

Los hombres que vivan en Mi espíritu, que estén traspasados por el amor y la sabiduría de Dios, y que por tanto realicen las leyes de Dios en la vida diaria, ante todo darán gracias a Dios por haberles dado la vida y por todo, Lo alabarán y loarán y Le consagrarán cada día más su vida en sensaciones, pensamientos, palabras y obras, porque se habrán convertido en vida de Su vida.

Los hombres que están en el espíritu del Señor viven la oración. Es decir, cumplen cada vez más las leyes del Eterno y ellos mismos han llegado a ser la oración que es adoración a Dios.

Quien por tanto cumple la voluntad de Dios, vive cada vez más en la adoración a Dios. Tales hombres no sólo guardan las leyes de Dios, sino que en gran medida han llegado a ser la ley del amor y de la sabiduría.


En el Reino de Paz de Jesucristo, que está maduran­do, en el que Yo Soy el Soberano y la Vida, los hom­bres guardarán cada vez más la ley de Dios. Muchos de ellos habrán llegado a ser la ley y así hombres Dios, que personificarán a la Vida, Dios, en todo lo que pien­sen, hablen y hagan. 

Sus oraciones serán la vida en Mí, la consumación de la ley eterna. Con su vida, que es la ley de Dios, agradecerán a Dios la vida.

El agradecimiento a Dios, pues, es la vida en Dios. Su vida, que será un único gracias, fluirá al Reino de Paz.

Ellos orarán conforme el sentido de las siguientes palabras de oración, que realizarán en la vida diaria:

Padre nuestro, Tu Espíritu está en nosotros, y nosotros estamos en Tu Espíritu.
Santificado es Tu nombre eterno en nosotros y a través de nosotros.
Tú eres el Espíritu de la vida, Tú eres nuestro Padre primario.
De Ti llevamos nuestro nombre eterno.
Tú, el Eterno, nos lo has dado y has puesto la plenitud del infinito en nuestro nombre.
Nuestro nombre, que Tú nos has dado con Tu soplo, es el amor y la sabiduría
la plenitud que proviene de Ti, la ley en nosotros y a través de nosotros.
Nuestro Reino eterno es el infinito la fuerza y la gloria en Ti y provenientes de Ti.
Nosotros somos herederos del Reino eterno.
Por ello somos el propio Reino, el Hogar eterno.
El está en nosotros y obra a través de nosotros.
Tu voluntad infinita y gloriosa está en nosotros y obra a través de nosotros.
Tu fuerza de voluntad es nuestra firmeza de voluntad.
Ella obra en nosotros y a través de nosotros, pues nosotros somos espíritu de Tu Espíritu.
El Cielo no es tiempo ni espacio
Cielo y Tierra son uno, porque nosotros estamos unidos en Ti.
El amor y la fuerza en nosotros y a través de nosotros es nuestro pan cotidiano.
Tú, oh Padre eterno y glorioso, has hecho surgir en nosotros todo lo que vibra en el infinito.
Tú creas a través de nosotros en el Cielo y en la Tierra.
Somos en Ti, y Tú obras en nosotros y a través de nosotros.
Estamos colmados en Tu Espíritu, porque somos espíritu de Tu Espíritu.
Somos ricos en Ti, puesto que vivimos nuestra herencia, el infinito que proviene de Ti.
Nuestra herencia eterna, espíritu de Tu Espíritu, hace surgir para nosotros lo que, como hombres, en el Reino de Paz necesitamos.
Vivimos en Ti y de Ti.
La vida fluye y se regala.
Vivimos en la plenitud proveniente de Dios, porque nosotros mismos somos la plenitud.
La Tierra es el Cielo, y, el Reino de Paz, la riqueza de la Tierra, en la que vivimos y somos espíritu de Tu Espíritu.
Vivimos en el Reino interno y, sin embargo, somos hombres que personifican en el exterior lo que irradia en el interior.
Alabado es el nombre del Señor.
El es vida en y a través de nosotros.
El nombre de Dios es la ley vivida del amor y de la libertad.
El pecado es transformado la luz ha venido.
Vivimos de Su luz y vivimos en y de Su Espíritu, ya que somos espíritu de Su Espíritu.
En Dios todo está saldado.
Su nombre lo ha limpiado todo.
¡Alabada sea la gloria de Dios!
Voluntad, Amor y Sabiduría de Dios traspasan la Tierra y nuestra tierra.
Nosotros mismos somos la Tierra y nuestra tierra
voluntad, amor y sabiduría.
En nosotros está la bondad de Dios lo bueno proveniente de Dios.
Estamos en Dios y obramos desde Dios.
La Tierra es del Señor ella es el reino del amor, que obra en y a través de nosotros.
La Vida, la gloria del Padre, obra en nosotros y a través de nosotros de eternidad a eternidad.

Conforme al sentido de esta alabanza será la vida de los que vivan en el Reino de Paz de Jesucristo. Vivirán en Mí, el Cristo, y Yo viviré a través de ellos; y juntos viviremos en el Dios Padre-Madre, y el Padre vivirá a través de nosotros de eternidad a eternidad.

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.
http://www.universelles-leben.org/
 

http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/
http://rosacastillobcn.blogspot.com.es/
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