jueves, 2 de junio de 2016

Las siete Leyes Espirituales del Exito (V La Ley de la Intención y el Deseo.)


V La Ley de la Intención y el Deseo. 
Inmanente en toda intención y en todo deseo está el mecanismo para su realización... la intención y el deseo en el campo de la potencialidad pura tienen un infinito poder organizador. 
Y cuando introducimos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador. En el principio era el deseo, primera semilla de la mente; los sabios, habiendo meditado en su corazón, descubrieron por su sabiduría la conexión entre lo existente y lo inexistente. - 
Himno de la Creación, Rig Veda La quinta ley espiritual del éxito es la ley de la intención y el deseo. Esta ley se basa en el hecho de que la energía y la información existen en todas partes en la naturaleza. 
En efecto, a nivel del campo cuántico solamente hay energía e información. 
Campo cuántico es sólo otra manera de denominar el campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura. 
Y en este campo cuántico influyen la intención y el deseo. Examinemos este proceso en detalle. Cuando una flor, un arco iris, un árbol, una hoja de hierba, un cuerpo humano se descomponen en sus partes esenciales, vemos que éstas son energía e información. 
Todo el universo, en su naturaleza esencial, es el movimiento de la energía y la información. La única diferencia entre nosotros y un árbol es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos. 
En el plano material, tanto nosotros como el árbol estamos hechos de los mismos elementos reciclados: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en cantidades minúsculas. Estos elementos se podrían comprar en un laboratorio. Por tanto, la diferencia entre nosotros y el árbol no reside en el carbono, o en el hidrógeno o en el oxígeno. 
De hecho, nosotros y el árbol intercambiamos constantemente nuestro carbono y nuestro oxígeno. La verdadera diferencia entre los dos está en la energía y en la información. 
En el orden general de la naturaleza, nosotros, los seres humanos, pertenecemos a una especie privilegiada. 
Tenemos un sistema nervioso capaz de tomar conciencia del contenido de energía e información de ese campo particular que da origen a nuestro cuerpo físico. Experimentamos ese campo subjetivamente en forma de pensamientos, sentimientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias. Este mismo campo es percibido objetivamente como el cuerpo físico - y por medio del cuerpo, percibimos ese campo como el mundo. Pero todo está hecho de lo mismo. 
Por eso los antiguos videntes exclamaban: "Yo soy eso, usted es eso, todo esto es eso, y eso es todo lo que existe". 
Nuestro cuerpo no es independiente del cuerpo del universo, porque al nivel de la mecánica cuántica no existen fronteras bien definidas. Somos como una onda, una ola, una fluctuación, una circunvolución, un remolino, una perturbación localizada en un campo cuántico más grande. 
Ese campo cuántico más grande - el universo - es nuestro cuerpo ampliado. El sistema nervioso humano no solamente es capaz de tomar conciencia de la información y de la energía de su propio campo cuántico, sino que, como la conciencia humana es infinitamente flexible a través de ese maravilloso sistema nervioso, podemos cambiar conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico. Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo de mecánica cuántica y, por tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado - nuestro entorno, el mundo - y hacer que sucedan cosas en él. Este cambio consciente se logra a través de las dos cualidades inherentes a la conciencia: 
la atención y la intención. 
La atención da energía, y la intención transforma. 
Cualquier cosa a la cual prestemos atención, crecerá con más fuerza en nuestra vida. Cualquier cosa a la cual dejemos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá. 
Por otro lado, la intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención organiza su propia realización. El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una infinidad de sucesos espacio-temporales orientados a producir el resultado buscado, siempre y cuando que uno cumpla las otras leyes espirituales del éxito. Esto se debe a que la intención, dirigida sobre el campo fértil de la atención, tiene un infinito poder organizador. 
Infinito poder organizador significa poder para organizar una infinidad de sucesos espacio-temporales, todos al mismo tiempo. Vemos la expresión de este infinito poder organizador en cada hoja de hierba, en cada flor de manzano, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo vemos en todo lo que vive. En el orden general de la naturaleza, todo se conecta y se correlaciona con todo lo demás. 
Cuando la marmota sale de su madriguera subterránea, sabemos que se avecina la primavera. Las aves comienzan a migrar en cierta dirección en determinada época del año. 
La naturaleza es una sinfonía. Y esa sinfonía es orquestada en silencio desde el fundamento último de la creación. 
El cuerpo humano es otro buen ejemplo de esta sinfonía. Una sola célula del cuerpo humano realiza cerca de seis billones de funciones por segundo, y debe saber lo que todas las demás células están haciendo al mismo tiempo. El cuerpo humano puede tocar un instrumento musical,
matar gérmenes, hacer un bebé, recitar poesías y observar el movimiento de las estrellas, todo al mismo tiempo, porque el campo de la correlación infinita es parte de su campo de información. Lo que es asombroso acerca del sistema nervioso de la especie humana es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención consciente. 
En la especie humana, la intención no está fija o encerrada en una red rígida de energía e información. 
Tiene una flexibilidad infinita. En otras palabras, mientras no infrinjamos las otras leyes de la naturaleza, a través de nuestra intención podemos, literalmente, dirigir las leyes de la naturaleza para convertir en realidad nuestros sueños y nuestros deseos. 
Podemos poner a trabajar para nosotros al computador cósmico, con su infinito poder organizador. 
Podemos ir hasta ese fundamento último de la creación e introducir una intención, y con sólo hacerlo, activar el campo de la correlación infinita. 
La intención sienta las bases para el flujo fácil, espontáneo y suave de la potencialidad pura, que busca pasar de lo inmanifiesto a lo manifiesto. 
La única advertencia es que utilicemos nuestra intención para beneficio de la humanidad; pero eso es algo que sucede espontáneamente cuando uno está alineado con las siete leyes espirituales del éxito. La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. 
El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego. La intención es desear respetando estrictamente todas las demás leyes, pero en particular la sexta ley espiritual del éxito: la ley del desapego. 
La intención, combinada con el desapego, lleva a una conciencia del momento presente centrada en la vida. 
Y cuando la acción se realiza teniendo conciencia del momento presente, su eficacia es máxima. 
La intención mira hacia el futuro, pero la atención está en el presente. Mientras la atención esté en el presente, la intención hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. Debemos aceptar el presente tal como es. 
Aceptemos el presente y proyectemos el futuro. 
El futuro es algo que siempre podemos crear por medio de la intención desapegada, pero nunca debemos luchar contra el presente. El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia. El pasado es recuerdo, memoria; el futuro es expectación; el presente es conciencia. 
Por consiguiente, el tiempo es el movimiento del pensamiento. Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. 
Lo es. Es la potencialidad para el mundo del espacio y el tiempo, la materia y la energía. 
Es un campo eterno de posibilidades que se experimenta a sí mismo en forma de fuerzas abstractas, trátese de la luz, el calor, la electricidad, el magnetismo o la gravedad. 
Estas fuerzas no están ni en el pasado ni en el futuro; sencillamente son. Nuestra interpretación de estas fuerzas abstractas hace posible que tengamos la experiencia de los fenómenos concretos. Las interpretaciones que recordamos de las fuerzas abstractas crean la experiencia del pasado, mientras que las que anticipamos crean el futuro. 
Ellas son las cualidades de la atención en la conciencia. 
Cuando estas cualidades se liberan de la carga del pasado, la acción en el presente se convierte en suelo fértil para la creación del futuro. La intención, apoyada en esta libertad indiferente del presente, actúa como catalizador para la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos. 
Si tenemos conciencia del momento presente centrada en la vida, entonces los obstáculos imaginarios - los cuales constituyen más del noventa por ciento de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. 
El restante cinco a diez por ciento de los obstáculos percibidos se pueden convertir en oportunidades por medio de la intención focalizada.
La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Tener una intención focalizada significa mantener nuestra atención en el resultado que perseguimos, con un propósito tan inflexible que impida completamente que cualquier obstáculo consuma o disipe la concentración de nuestra atención. 
Se eliminan de la conciencia todos los obstáculos, de manera total y completa. Así podemos mantener una serenidad inconmovible, a la vez que mantenemos con pasión intensa el compromiso con nuestro objetivo. Éste es, simultáneamente, el poder de la conciencia sin apego y la intención focalizada. Aprendamos a aprovechar el poder de la intención, y podremos crear cualquier cosa que deseemos. 
Todavía será posible obtener resultados a través del esfuerzo y la constancia, pero a un precio; ese precio puede ir desde la tensión emocional hasta una enfermedad cardíaca o un trastorno de la función del sistema inmunológico. 
Es mucho mejor dar los siguientes cinco pasos para poner en práctica la ley de la intención y el deseo. 
Cuando sigamos estos cinco pasos para cumplir nuestros deseos, la intención generará su propio poder. 
1) Entremos en el espacio de la conciencia pura. Eso significa ubicarnos en medio de ese espacio silencioso que hay entre los pensamientos, entrar en el silencio - ese nivel de sólo ser que es nuestro estado esencial. 
2) Una vez establecidos en ese estado de sólo ser, liberemos nuestras intenciones y nuestros deseos. Cuando uno está realmente en ese espacio, no hay pensamiento, no hay intención; pero en cuanto sale de él - en esa unión entre el espacio silencioso y un pensamiento - es posible introducir la intención. Si tenemos una serie de metas, escribámoslas y concentremos nuestra intención en ellas antes de entrar en el espacio silencioso. Si deseamos una carrera de éxito, por ejemplo, debemos entrar en el espacio silencioso con esa intención, y así la intención ya estará allí como una tenue llama vacilante en nuestra conciencia. 
Liberar las intenciones y los deseos en este espacio significa sembrarlos en el suelo fértil de la potencialidad pura y esperar a que florezcan en el momento propicio. 
No es conveniente desenterrar las semillas de los deseos para ver si están creciendo, o aferrarse rígidamente a la manera como deberán desarrollarse. 
Lo único que hay que hacer es dejarlas libres.
3) Permanezcamos en el estado de auto-referencia. 
Esto significa permanecer establecidos en la conciencia de nuestro verdadero yo - nuestro espíritu, nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura. 
También significa no vernos a nosotros mismos a través de los ojos del mundo, o dejarnos influir por las opiniones y las críticas de los demás. 
Una buena manera de mantener el estado de autoreferencia es no divulgar nuestros deseos; no compartirlos con nadie, a menos que la otra persona tenga exactamente los mismos deseos que nosotros y entre los dos exista una unión fuerte. 
4) Renunciemos a nuestro apego al resultado. 
Esto significa renunciar a nuestro rígido interés por un resultado específico y vivir en la sabiduría de la incertidumbre. Significa disfrutar cada momento de la jornada de la vida, aunque desconozcamos el desenlace. 
5) Dejemos que el universo se encargue de los detalles. 
Nuestras intenciones y nuestros deseos, una vez liberados en el espacio silencioso, tienen un infinito poder organizador. Confiemos en que ese infinito poder organizador de la intención orquestará todos los detalles por nosotros.
Recordemos que nuestra verdadera naturaleza es el espíritu puro. Llevemos la conciencia de este espíritu a donde quiera que vayamos, liberemos suavemente nuestros deseos, y el universo manejará los detalles por nosotros. 

CÓMO APLICAR LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO 
Pondré a funcionar la ley de la intención y el deseo comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Haré una lista de todos mis deseos, y la llevaré a donde quiera que vaya. Miraré la lista antes de entrar en mi silencio y mi meditación. La miraré antes de dormir por la noche. 
La miraré al despertar por la mañana. 
2) Liberaré esta lista de mis deseos y la entregaré al seno de la creación, confiando en que cuando parezca que las cosas no están saliendo bien, hay una razón, y en que el plan cósmico tiene para mí unos designios mucho más importantes que los que yo he concebido. 
3) Recordaré practicar la conciencia del momento presente en todos mis actos. No permitiré que los obstáculos consuman o disipen la concentración de mi atención en el momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y proyectaré el futuro a través de mis intenciones y mis deseos más profundos y queridos.
Se recomienda su lectura completa y detallada. 
Deepak Chopra.
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Las siete Leyes Espirituales del Exito (4ª La Ley del Menor Esfuerzo)



IV. La Ley del Menor Esfuerzo.

La cuarta ley espiritual del éxito es la ley del menor esfuerzo. Esta ley se basa en el hecho de que la inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad y despreocupación. 

Ése es el principio de la menor acción, de la no resistencia. 
Por consiguiente, es el principio de la armonía y el amor. Cuando aprendemos esta lección que nos enseña la naturaleza, satisfacemos con facilidad nuestros deseos.

Si observamos la naturaleza, veremos que ella utiliza un esfuerzo mínimo para funcionar. La hierba no tiene que hacer ningún esfuerzo para crecer; sencillamente, crece. 

Los peces no se esfuerzan para nadar; sencillamente, nadan. Las flores no hacen ningún esfuerzo para abrirse; sencillamente, se abren. 
Las aves no se esfuerzan para volar; sencillamente, vuelan. 
Ésa es su naturaleza intrínseca. 
La Tierra no se esfuerza para girar sobre su eje; es su naturaleza girar a velocidad vertiginosa en el espacio. 
Es la naturaleza de un bebé estar siempre en estado de dicha. Es la naturaleza del sol brillar. 
Es la naturaleza de las estrellas titilar y destellar. 
Y es la naturaleza humana hacer que los sueños se conviertan en realidad, con facilidad y sin esfuerzo.

La inteligencia de la naturaleza funciona sin esfuerzo, sin resistencia, espontáneamente. 

No es lineal; es intuitiva, holística y estimulante. 
Y cuando estamos en armonía con la naturaleza, cuando estamos seguros del conocimiento de nuestro verdadero yo, podemos utilizar la ley del menor esfuerzo.

Es mínimo el esfuerzo que hacemos cuando nuestros actos brotan del amor, porque es la energía del amor la que aglutina la naturaleza. Cuando tratamos de conseguir el poder para controlar a los demás, gastamos energía. Cuando buscamos el dinero o el poder para satisfacer al ego, gastamos energía persiguiendo la ilusión de la felicidad, en lugar de disfrutar la felicidad del momento. 

Cuando anhelamos el dinero para beneficio personal únicamente, cortamos el flujo de energía hacia nosotros e impedimos la expresión de la inteligencia de la naturaleza. 
Pero cuando nuestras actuaciones nacen del amor, no hay desperdicio de energía. Cuando nuestros actos brotan del amor, la energía se multiplica y se acumula - y el exceso de energía que recogemos y disfrutamos puede canalizarse para crear cualquier cosa que deseemos, incluida la riqueza sin límites.

Podemos considerar el cuerpo como un aparato para controlar la energía: puede generar, almacenar y gastar energía. 

Si sabemos cómo generar, almacenar y gastar la energía de una manera eficiente, podemos crear cualquier cantidad de riqueza. Fijar nuestra atención en el ego consume la mayor parte de la energía. Cuando nuestro punto interno de referencia es el ego, cuando buscamos poder y control sobre los demás, o la aprobación del resto del mundo, desperdiciamos nuestra energía.

Sin embargo, cuando liberamos esa energía podemos recanalizarla para crear cualquier cosa que deseemos. 

Cuando nuestro punto interno de referencia es nuestro espíritu, cuando nos volvemos inmunes a la crítica y perdemos el temor a los desafíos, podemos aprovechar el poder del amor y utilizar creativamente la energía para vivir la abundancia y la evolución.

En El arte de soñar, don Juan le dice a Carlos Castañeda: "Gastamos la mayor parte de nuestra energía sosteniendo nuestra importancia... Si pudiéramos perder parte de esa importancia, nos sucederían dos cosas extraordinarias. 

Una, liberaríamos la energía que se mantiene atada alimentando la idea ilusoria de nuestra grandeza; y dos, nos proveeríamos de suficiente energía para ... vislumbrar la grandeza real del universo".

La ley del menor esfuerzo tiene tres componentes.

El primer componente es la aceptación. Aceptar significa sencillamente contraer un compromiso: "Hoy aceptaré a las personas, las situaciones, las circunstancias y los hechos tal como se presenten". Eso significa que sabremos que este momento es como debe ser, porque todo el universo es como debe ser.

El segundo componente de la ley del menor esfuerzo: la responsabilidad. ¿Qué significa responsabilidad? Significa no culpar a nadie o a nada - ni siquiera a nosotros mismos - de nuestra situación. Una vez aceptado un suceso, un problema o una circunstancia, responsabilidad significa la capacidad de tener una respuesta creativa a la situación tal como es en este momento. En todos los problemas hay un principio de oportunidad, y esta conciencia nos permite aprovechar el momento y transformarlo en una situación o una cosa mejor.

El tercer componente de la ley del menor esfuerzo es asumir una actitud no defensiva, lo que significa que nuestra conciencia abandona su actitud defensiva y nosotros renunciamos a la necesidad de convencer o persuadir a los demás de que nuestro punto de vista es el correcto. 

Si observamos a las personas que nos rodean, veremos que ellas pasan el noventa y nueve por ciento del tiempo defendiendo sus puntos de vista. Si sencillamente renunciamos a la necesidad de defender nuestro punto de vista, a través de esa renuncia lograremos acceso a una cantidad enorme de energía que anteriormente desperdiciábamos.

Cuando estamos a la defensiva, cuando culpamos a los demás y no aceptamos ni nos rendimos ante el momento, nuestra vida se llena de resistencia. Cada vez que encontremos resistencia, reconozcamos que forzar la situación sólo aumentará la resistencia.


Si abrazamos el presente y nos volvemos uno con él, si nos fusionamos con él, sentiremos un fuego, un brillo, una chispa de energía palpitando en cada ser consciente. 

A medida que experimentemos este júbilo del espíritu en cada ser vivo, cuando entremos en intimidad con él, la dicha nacerá en nuestro interior y podremos deshacernos de las terribles cargas y molestias de la actitud defensiva, el resentimiento y el rencor. Sólo entonces nos sentiremos despreocupados, festivos, alegres y libres.


Extraído del libro: Las siete Leyes Espirituales del Exito.
DEEPAK CHOPRA - 1994
Se recomienda su lectura completa y detallada.
 

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Las siete Leyes Espirituales del Exito. (3ª La Ley del Karma o de Causa y Efecto)



III. La Ley del Karma o de Causa y Efecto.

La tercera ley espiritual del éxito es la ley del karma. El "karma" es a la vez la acción y la consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo tiempo, porque toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera. No es desconocida la ley del karma; todo el mundo ha oído la expresión "Cosechamos lo que sembramos". Es obvio que si deseamos crear felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de la felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones conscientes.

La mayoría de nosotros, como consecuencia del condicionamiento, respondemos de manera repetitiva y predecible a los estímulos de nuestro medio ambiente. 

Al parecer, nuestras reacciones son provocadas automáticamente por las personas y por las circunstancias, y así olvidamos que esas reacciones son opciones que escogemos en cada momento de nuestra existencia. Sucede simplemente que escogemos esas opciones inconscientemente.

Si nos detenemos un momento y observamos las opciones que escogemos en el instante mismo en que las escogemos, ese simple acto de convertirnos en espectadores nos permite sacar todo el proceso del reino del inconsciente para traerlo al reino de la conciencia. Este procedimiento de elección y de observación conscientes da mucho poder.

El universo tiene un mecanismo muy interesante para ayudarnos a tomar decisiones correctas espontáneamente. Este mecanismo se relaciona con las sensaciones del cuerpo, las cuales son de dos tipos: de bienestar o de malestar. En el instante mismo en que estemos tomando una decisión conscientemente, prestemos atención a nuestro cuerpo y preguntémosle: "¿Qué pasa si opto por esto?" Si el cuerpo nos envía un mensaje de bienestar, es la decisión correcta; si da señales de malestar, entonces no es el camino apropiado.

Sólo el corazón sabe la respuesta correcta. 

La mayoría de las personas piensan que el corazón es sensiblero y sentimental, pero no es así. El corazón es intuitivo; es holístico, es contextual, es relacional. No se orienta a perder o a ganar. Tiene acceso al computador cósmico - el campo de la potencialidad pura, del conocimiento puro y del infinito poder organizador - y toma todo en cuenta. En algunas ocasiones, quizás no parezca razonable, pero la verdad es que su capacidad de computación es mucho más exacta y mucho más precisa que la de cualquier cosa que se encuentre dentro de los límites del pensamiento racional.

¿Qué pasa con el karma del pasado y cómo influye en nosotros ahora? Con respecto al karma pasado, se pueden hacer tres cosas: La primera es pagar las deudas kármicas. 

La mayoría de la gente escoge hacer esto - inconscientemente, claro está. Ésta también puede ser nuestra opción. Algunas veces, el pago de esas deudas implica mucho sufrimiento, pero la ley del karma dice que en el universo jamás queda una deuda pendiente. El sistema contable de este universo es perfecto, y todo es un intercambio constante, de un lado a otro, de energía.

La segunda posibilidad es transformar o convertir el karma en una experiencia más deseable. Éste es un proceso muy interesante, en el cual uno se pregunta, mientras paga la deuda kármica: "¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Por qué me está sucediendo esto y cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme? ¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?"

La tercera manera de enfrentar el karma es trascendiéndolo. Trascender el karma es independizarse de él. La manera de trascender el karma es entrar constantemente en el espacio de la conciencia pura para sentir el yo, el espíritu. Es como lavar un trapo sucio en una corriente de agua; cada vez que se lava, desaparecen algunas manchas, y si se lava una y otra vez, cada vez queda más limpio. Limpiamos o trascendemos el karma entrando y saliendo del espacio de la conciencia pura. 

Esto, claro está, se hace mediante la práctica de la meditación.

Todos los actos son episodios kármicos; beber una taza de café es un episodio kármico. Esa acción genera recuerdo, y el recuerdo tiene la capacidad o la potencia de generar deseo, y el deseo genera nuevamente una acción. El sistema operacional del alma consta de karma, recuerdo y deseo. El alma es un haz de conciencia en el cual residen las semillas del karma, el recuerdo y el deseo. Cuando tomamos conciencia de esto, nos convertimos en generadores de realidad conscientes. Tomando conciencia de las elecciones que hacemos, comenzamos a generar acciones que encierran un proceso de evolución tanto para nosotros como para todos los que nos rodean. Y eso es todo lo que necesitamos hacer.

Mientras el karma sea evolutivo - tanto para el yo como para todos los afectados por el yo - los frutos del karma serán la felicidad y el éxito.


Extraído del libro: Las siete Leyes Espirituales del Exito.
DEEPAK CHOPRA - 1994
Se recomienda su lectura completa y detallada.
 

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Las siete Leyes Espirituales del Exito (2ª La Ley del Dar)



II. La Ley del Dar.

Toda relación es una relación de dar y recibir. El dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar. Lo que sube debe bajar; lo que se va debe volver. En realidad, recibir es lo mismo que dar, porque dar y recibir son aspectos diferentes del flujo de la energía en el universo. Y si detenemos el flujo de alguno de los dos, obstaculizamos la inteligencia de la naturaleza.

Si al dar sentimos que hemos perdido algo, el regalo no ha sido dado en realidad, y entonces no generará abundancia. Cuando damos a regañadientes, no hay energía detrás de nuestro acto de dar.

Al dar y al recibir, lo más importante es la intención. La intención debe ser siempre crear felicidad para quien da y para quien recibe, porque la felicidad sostiene y sustenta la vida y, por tanto, genera abundancia. La retribución es directamente proporcional a lo que se da, cuando el acto es incondicional y sale del corazón. Por eso el acto de dar debe ser alegre - la actitud mental debe ser tal que se sienta alegría en el acto mismo de dar. De esa manera, la energía que hay en el acto de dar aumenta muchas veces más.

En realidad, practicar la ley del dar es muy sencillo: si deseamos alegría, démosles alegría a otros; si deseamos amor, aprendamos a dar amor; si deseamos atención y aprecio, aprendamos a prestar atención y a apreciar a los demás; si deseamos riqueza material, ayudemos a otros a conseguir esa riqueza. En realidad, la manera más fácil de obtener lo que deseamos es ayudar a los demás a conseguir lo que ellos desean. Este principio funciona igualmente bien para las personas, las empresas, las sociedades y las naciones. Si deseamos recibir el beneficio de todas las cosas buenas de la vida, aprendamos a desearle en silencio a todo el mundo todas las cosas buenas de la vida.

La mejor manera de poner a funcionar la ley del dar - de iniciar todo el proceso de circulación - es tomando la decisión de que cada vez que entremos en contacto con una persona, le daremos algo. No es necesario que sean cosas materiales; podría ser una flor, un cumplido o una oración. En realidad, las formas más poderosas de dar no son materiales. Obsequios como interesarse, prestar atención, dar afecto, aprecio y amor, son algunos de los más preciados que se pueden dar, y no cuestan nada. Cuando nos encontremos con alguien, enviémosle en silencio un buen deseo por su felicidad, alegría y bienestar. Esta forma de generosidad silenciosa es muy poderosa.

Extraído del libro: Las siete Leyes Espirituales del Exito.
DEEPAK CHOPRA - 1994
Se recomienda su lectura completa y detallada.
 

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Las siete Leyes Espirituales del Exito.( 1ª. La Ley de la Potencialidad Pura.)


I. La Ley de la Potencialidad Pura.

Cuando descubrimos nuestra naturaleza esencial y sabemos quién somos realmente, ese solo conocimiento encierra la capacidad de convertir en realidad todos nuestros sueños, porque somos la posibilidad eterna, el potencial inconmensurable de todo lo que fue, es y será. 

La ley de la potencialidad pura también podría denominarse ley de la unidad, porque sustentando la infinita diversidad de la vida está la unidad de un solo espíritu omnipresente. 
No existe separación entre nosotros y ese campo de energía. 
El campo de la potencialidad pura es nuestro propio yo. 
Y cuanto más desarrollemos nuestra propia naturaleza, más cerca estaremos de ese campo de potencialidad pura.

Vivir de acuerdo con nuestro yo, en una constante auto-referencia, significa que nuestro punto interno de referencia es nuestro propio espíritu, y no los objetos de nuestra experiencia. Lo contrario de la auto-referencia es la referencia al objeto. Cuando vivimos según la referencia al objeto, estamos siempre influidos por las cosas que están fuera de nuestro yo; entre ellas están las situaciones en las que nos involucramos, nuestras circunstancias, y las personas y las cosas que nos rodean. Cuando vivimos según la referencia al objeto, buscamos constantemente la aprobación de los demás. 

Nuestros pensamientos y comportamientos esperan constantemente una respuesta. Nuestra vida, por tanto, se basa en el temor.

Cuando vivimos según la referencia al objeto, también sentimos una intensa necesidad de controlarlo todo. 

Sentimos intensa necesidad de tener poder externo. 
La necesidad de aprobación, la necesidad de controlar las cosas y de tener poder externo se basan en el temor. 
Esta forma de poder no es el de la potencialidad pura, ni el poder del yo, o poder real. Cuando experimentamos el poder del yo no hay temor, no hay necesidad de controlar, y no hay lucha por la aprobación o por el poder externo.

Cuando vivimos según la referencia al objeto, el punto de referencia interno es el ego. Sin embargo, el ego no es lo que realmente somos. El ego es nuestra autoimagen, nuestra máscara social; es el papel que estamos desempeñando. A la máscara social le gusta la aprobación; quiere controlar, y se apoya en el poder porque vive en el temor.

Otra manera de entrar en el campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica del hábito de no juzgar. juzgar es evaluar constantemente las cosas para clasificarlas como correctas o incorrectas, buenas o malas. 

Cuando estamos constantemente evaluando, clasificando, rotulando y analizando, creamos mucha turbulencia en nuestro diálogo interno. Esa turbulencia frena la energía que fluye entre nosotros y el campo de la potencialidad pura. Literalmente, comprimimos el espacio entre un pensamiento y otro.

Ese espacio es nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura. Es el estado de conciencia pura, el espacio silencioso entre los pensamientos, la quietud interior que nos conecta con el poder verdadero. Y cuando comprimimos el espacio, reducimos nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.

Debemos aprender a ponernos en contacto con la esencia más íntima de nuestro ser. Esa verdadera esencia está más allá del ego. No teme; es libre; es inmune a la crítica; no retrocede ante ningún desafío. No es inferior ni superior a nadie, y está llena de magia, misterio y encanto.

El acceso a nuestra esencia verdadera también nos permitirá mirarnos en el espejo de las relaciones interpersonales, porque toda relación es un reflejo de la relación que tenemos con nosotros mismos.

Cuanto más sintonizados estemos con la mente de la naturaleza, mayor acceso tendremos a su creatividad infinita e ilimitada. Pero primero debemos dejar atrás la turbulencia de nuestro diálogo interno, a fin de poder conectarnos con esa mente rica, abundante, infinita y creativa. Y entonces crearemos la posibilidad de una actividad dinámica, pero manteniendo al mismo tiempo la quietud de la mente eterna, ilimitada y creativa. Esta exquisita combinación de la mente silenciosa, ilimitada e infinita con la mente dinámica, limitada e individual, es el equilibrio perfecto de la quietud y el movimiento simultáneos, el cual puede crear cualquier cosa que deseemos.

Extraído del libro: Las siete Leyes Espirituales del Exito.
DEEPAK CHOPRA - 1994
Se recomienda su lectura completa y detallada.
 

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miércoles, 1 de junio de 2016

A VECES...

A veces me sorprendo a mí misma cuando siento deslizarse por mi mejilla una lágrima contemplando un amanecer, cuando la gran mente ruidosa, distorsionadora y asfixiante de esta realidad, permanece dormida.
A veces esa lágrima es amarga, silenciosa, que provoca un fuerte dolor en mi alma, en mi corazón, al contemplar la realidad que comparto con el resto de la humanidad. Una realidad donde la manipulación y la indignidad es una constante. Una realidad donde el más fuerte, el que más tiene, triunfa.
Nos hemos acostumbrado tanto al dolor y al sufrimiento propio y ajeno, que nos hemos vuelto indolentes.
La excusa que está más de moda es que todo está en un perfecto orden divino, que Dios es Todo, que todos somos UNO, y así queda justificado. Los que sufren, los que mueren de hambre, los que son desheredados, a los que se les usurpa la dignidad que por derecho divino les corresponde, es porque así lo han elegido, es su aprendizaje, su karma, etc...
Pero todavía me entristece más cuando oigo a hermanos y amigos que trabajan para la LUZ, que se autoproclaman guerreros de la Luz, que si este mundo no cambia es porque el hombre es egoísta y le domina el ego.
Si al ser humano le domina el ego, es porque está sumido en la ignorancia. Al ser humano, desde siempre, se le ha censurado el conocimiento real de su origen, no así cuentos e historietas que tranquilizaban su mente, sus ansias de saber, y que le sumían todavía más en la más profunda ignorancia de sí mismo.
 
El hombre, en su ignorancia, no puede ejercer el libre albedrío.
Esta realidad está enferma, bloqueada, da vueltas como un disco rayado. Siempre son los mismos los que dominan, manipulan, extorsionan, violan y esclavizan. Esta realidad tiene sus propios guardianes.
No me siento de este mundo. Para nada. Pero sin embargo estoy aquí, aprendiendo sobre todo a saber que el Padre Amor no tiene nada que ver con ella.
Estoy en este mundo intentando mejorarlo, amando a los que sufren, despertando a mis hermanos gritándoles que nada de ésto es real, que nada de lo que ven tiene que ver con el Amor.
Aceptamos que el Padre.Madre es Amor, del más puro Amor, que no es muerte, sino Vida, y sin embargo no dudamos en aceptar que EL consiente toda la atrocidad de esta dimensión para que sus hijos aprendan y crezcan.
¿Qué padres consentirían que sus hijos aprendieran a base de dolor, de sufrimiento, quitándoles la comida de la boca y el techo que les resguarda?
El Amor no actúa así. Dios es todo...pero no todo lo que se hace, no todo lo que existe, sale de su Corazón.
No somos de este mundo. Conocemos a nuestro Padre-Madre, son puro Amor, entonces...¡¡despertemos de una vez, démonos cuenta de que este mundo es irreal y está enfermo. Miremos a nuestro alrededor y contemplemos bien lo que sucede. Es conveniente que nos miremos al espejo del alma, y veamos hasta qué punto el cáncer de este realidad enferma nos ha contagiado.
No somos de este mundo, pero estamos en éste para crear vida, para embellecerla, y no para dejarnos arrastrar por una proyección virtual de una Gran Mente Enferma que como en una noria nos somete a dar vueltas y vueltas desde hace eones.
Hay que parar esa noria, y contemplar con los ojos bien abiertos, donde estamos, y cuando sintamos que ésto no es lo que queremos, solo entonces podemos empezar a sanar, y a transformar o diluir esta realidad.
Porque este hermoso planeta, este gran Ser Vivo Celeste, tiene muchas dimensiones y realidades que nos están esperando. El Planeta no está enfermo. Es nuestra realidad, y nosotros, los que estamos agonizando de cáncer.
Dios Padre Madre es AMOR, Vida, Transformación, Expansión...todo lo demás...es producto de una Mente Enferma.
Abro mi corazón. No pretendo que mi verdad sea la vuestra, tan solo he querido compartir con vosotros ese momento en el que la lágrima se ha dejado deslizar por mi mejilla, contemplando el amanecer. ¡COMENCEMOS A CREAR, A PINTAR EN NUESTRA MENTE COSMICA, UNA NUEVA REALIDAD!
Mariel
 Alma viajera

El temor también produce cosas extraordinarias


Tal vez podamos abordar el problema del temor desde otro ángulo diferente. El temor, en la mayoría de nosotros, produce cosas extraordinarias. Crea toda clase de ilusiones y problemas. Hasta que no lo investigamos muy a fondo y lo comprendamos realmente, el temor distorsionará siempre nuestras acciones. El temor deforma nuestras ideas y tuerce el camino de nuestra vida; crea barreras entre la gente y, por cierto, destruye el amor. Por lo tanto, cuanto más investiguemos el temor, cuanto más lo comprendamos y nos liberemos realmente de él, mayor será nuestro contacto con todo lo que nos rodea. Al presente, nuestros contactos vitales con la existencia son muy pocos, ¿no es así? Pero si podemos libramos del temor tendremos contactos amplios, comprensión profunda, verdadera simpatía, consideración afectuosa y la extensión de nuestro horizonte será muy grande. Veamos, pues, si podemos considerar el temor desde un punto de vista diferente.
Me pregunto si han advertido que casi todos deseamos alguna clase de seguridad psicológica. Queremos seguridad, alguien en quien apoyarnos. Como un niño pequeño se toma la mano de su madre, así queremos algo a lo cual aferramos; queremos que alguien nos ame. Sin una sensación de seguridad, sin una garantía mental, nos sentimos perdidos, ¿no es así? Estamos acostumbrados a apoyamos en otros, a esperar que otros nos guíen, nos ayuden, y sin esta sustentación estamos confundidos, atemorizados, no sabemos qué pensar, cómo actuar. En el momento en que quedamos abandonados a nosotros mismos, nos sentimos solos, inseguros, perplejos. De esto surge el temor, ¿no es cierto?
Entonces, queremos algo que nos dé sensación de seguridad, y para ello tenemos defensas de muchas clases diferentes. Tenemos protecciones tanto internas como externas. Cuando cerramos las ventanas y las puertas de nuestra casa y permanecemos dentro, nos sentimos seguros, a salvo, sentimos que no nos molestan. Pero la vida no es eso. La vida está golpeando constantemente a nuestras puertas, trata de abrir nuestras ventanas para que podamos ver más; y si a causa del temor cerramos las puertas y echamos el cerrojo a todas las ventanas, los golpeteos sólo se vuelven más fuertes aún. Cuanto más estrechamente nos aferramos a la seguridad en cualquiera de sus formas, más viene la vida y nos empuja. Cuanto más miedo tenemos y nos encerramos en nosotros mismos, mayor es nuestro sufrimiento, porque la vida no nos dejará tranquilos. Queremos estar seguros, pero la vida dice que no podemos estarlo; y así es como comienza nuestra lucha. Buscamos seguridad en la sociedad, en la tradición, en la relación con nuestros padres y nuestras madres, con nuestras esposas y nuestros maridos; pero la vida se abre paso siempre por los muros de nuestra seguridad.
También buscamos seguridad o consuelo en las ideas, ¿no es así? ¿Han observado de qué modo aparecen las ideas y cómo la mente se aferra a ellas? Uno tiene una idea de algo herinoso que vio cuando salió a dar un paseo, y su mente regresa a esa idea, a ese recuerdo. Uno lee un libro y se forma una idea a la que se aferra. Ustedes tienen que ver cómo surgen las ideas y cómo se convierten en medios de consuelo y seguridad interior, en algo a lo cual la mente se aferra.
¿Alguna vez han pensado acerca de esta cuestión de las ideas? Si uno de ustedes tiene una idea y yo tengo una idea y cada uno de nosotros piensa que su idea es mejor que la del otro, luchamos por ellas, ¿no es así? Yo trato de convencerle a él y él trata de convencerme a mí. Todo el mundo está edificado sobre las ideas y el conflicto entre ellas; y si lo investigan, encontrarán que el mero obstinarse en una idea no tiene sentido. ¿Pero han notado cómo sus padres, sus madres, sus maestros, sus tíos y tías se aferran todos fuertemente a lo que piensan?
Entonces, ¿cómo surge una idea? ¿Cómo llegan ustedes a tener una idea? Cuando tienen, por ejemplo, la idea de salir a dar un paseo, ¿cómo surge esa idea? Es muy interesante descubrirlo. Si lo observan, verán cómo surge una idea de esa clase y cómo la mente de ustedes se aferra a ella, descartando cualquier otra cosa. La idea de salir a dar un paseo es la respuesta a una sensación, ¿no es así? Han salido a pasear anteriormente y ello ha dejado un sentimiento o una sensación agradable; desean hacerlo nuevamente y de ese modo es creada la idea y luego puesta en acción. Cuando ven un automóvil herinoso hay una sensación, ¿verdad? La sensación proviene del mismo mirar el automóvil. El ver crea la sensación. De la sensación nace la idea: "quiero ese automóvil, es mi automóvil", y la idea se vuelve, entonces, muy dominante.
Buscamos seguridad en las posesiones externas y en las relaciones, y también en las ideas o creencias internas. Creo en Dios, en los rituales, creo que debo casarme de cierta manera, creo en la reencarnación, en la vida después de la muerte, etcétera. Estas creencias son todas producidas por mis deseos, por mis prejuicios, y yo me aferro a esas ideas. Tengo seguridades externas, fuera de la piel por decirlo así, y también seguridades internas; si me las quitan o me las cuestionan, tengo miedo; apartaré a quienes lo hagan, lucharé con ellos si amenazan mi seguridad.
Ahora bien, ¿existe una cosa tal como la seguridad? ¿Entienden? Tenemos ideas acerca de la seguridad. Podemos sentir que estamos a salvo con nuestros padres o en un empleo determinado. La manera como pensamos, como vivimos, como miramos las cosas... con todo esto podremos sentimos satisfechos.. Casi todos estamos satisfechos de estar encerrados en ideas seguras. ¿Pero acaso podemos estar seguros alguna vez, podemos estar a salvo, por muchas garantías externas o internas que tengamos? Exteriormente, el banco de uno puede quebrar mañana, nuestro padre o nuestra madre pueden morir, puede haber una revolución. Pero, ¿hay alguna seguridad en las ideas? Nos gusta pensar que estamos a salvo en nuestras ideas, en nuestras creencias, en nuestros prejuicios, pero ¿lo estamos? Son muros que carecen de realidad, son meramente nuestras concepciones, nuestras sensaciones. Nos gusta creer que hay un Dios que cuida de nosotros, que vamos a renacer más ricos, más nobles de lo que ahora somos. Puede que sea así, puede que no lo sea. De modo que podemos ver por nosotros mismos, si investigamos tanto las seguridades externas como las internas, que en la vida no hay en absoluto seguridad alguna.
Si se lo preguntamos a los refugiados de Pakistán o de Europa oriental, nos dirán indudablemente que la seguridad externa no existe. Pero sienten que hay seguridad internamente y se aferran a esa idea. Ustedes podrán perder su seguridad externa, pero entonces están más ansiosos aún de construir su seguridad internamente y no quieren desprenderse de ella. Esto implica un miedo mayor.
Si mañana o dentro de pocos años sus padres les dicen con quién desean ellos que se casen, ¿acaso sentirán temor? Por supuesto que no, porque han sido educados para hacer exactamente lo que les dicen; sus padres, el gurú, el sacerdote, les han enseñado a pensar a lo largo de ciertas líneas, a actuar de cierta manera, a sustentar ciertas creencias. Pero si se les pidiera que decidieran por sí mismos, ¿no estarían completamente perdidos? Si sus padres les dijeran que se casen con la persona que a ustedes les gusta, temblarían, ¿verdad? Habiendo sido condicionados totalmente por la tradición, por los temores, no quieren que se les deje decidir las cosas por sí mismos. Hay peligro en que a uno le dejen solo, y ustedes nunca quieren que les dejen solos. Nunca quieren resolver nada por sí mismos-. Nunca quieren salir a dar un paseo a solas. Todos quieren estar haciendo algo, como hormigas activas. Temen considerar solos algún problema, afrontar solos algunas de las exigencias de la vida; y estando atemorizados hacen cosas caóticas y absurdas. Como un hombre con una escudilla de mendigo, aceptan irreflexivamente cualquier cosa que les ofrecen.
Viendo todo esto, una persona verdaderamente reflexiva empieza a liberarse de toda clase de seguridad, interna o externa. Esto es extremadamente difícil porque significa que uno se queda solo, solo en el sentido de que no depende de nadie. En el momento en que uno depende, hay temor; y donde hay temor no hay amor. Cuando ustedes aman, no se sienten solos. El sentimiento de soledad surge únicamente cuando nos atemoriza estar solos y no sabemos qué hacer. Cuando estamos controlados por ideas, aislados por creencias, entonces el temor es inevitable; y cuando estamos atemorizados, nos cegamos completamente.
Por lo tanto, los maestros y los padres han de resolver juntos este problema del temor. Pero desgraciadamente, los padres de ustedes tienen miedo de lo que sus hijos podrían hacer si no se casaran o si no consiguieran un empleo. Tienen miedo de que se equivoquen o de lo que podría decir la gente, y a causa de este miedo quieren que ustedes hagan ciertas cosas. El miedo que sienten se encubre bajo lo que ellos llaman amor. Desean protegerles, por lo tanto, ustedes deben hacer esto o aquello. Pero si uno pasa detrás del muro de sus así llamados afecto y consideración, encontrará que hay temor por la seguridad y respetabilidad de ustedes; y ustedes también están atemorizados porque han dependido durante tanto tiempo de otras personas.
Por eso es muy importante que, desde la más tierna edad, empiecen a cuestionar y a eliminar estos sentimientos de temor, a fin de que no queden aislados por ellos ni encerrados en ideas, tradiciones, hábitos, sino que sean seres humanos libres con vitalidad creativa.
Interlocutor: ¿Por qué, aun cuando sabemos que Dios nos protege, tenemos miedo?
K.: Eso es lo que te han dicho. Tu padre, tu madre, tu hermano mayor, te han dicho que Dios te protege; es una idea a la cual te aferras. Sin embargo, sigue habiendo miedo. Aunque tengas esta idea, este pensamiento, este sentimiento de que Dios te protege, el hecho es que tienes miedo. La cosa real es tu miedo, no la idea de que vas a ser protegido por Dios porque tus padres y tu tradición te aseguren que lo serás.
Ahora bien, ¿qué es lo que sucede realmente? ¿Estás siendo protegido? Mira los millones de personas que no están protegidas, que se están muriendo de hambre. Mira a los aldeanos que llevan pesadas cargas, que están hambrientos, sucios, con las ropas en jirones. ¿Están ellos protegidos por Dios? A causa de que posees más dinero que otros, de que tienes cierta posición social, de que tu padre es un funcionario o un recaudador o un comerciante que astutamente ha timado a alguien, ¿debes ser protegido, mientras millones en el mundo siguen sin comida suficiente, sin ropa ni vivienda apropiada? Tú esperas que el pobre y el que se muere de hambre sean protegidos por el estado, por sus empleadores, por la sociedad, por Dios; pero ellos no van a ser protegidos. En realidad, no hay protección, aunque te guste sentir que Dios te protegerá. Ésa es sólo una idea agradable para pacificar tu miedo; de ese modo no cuestionas nada, sino que meramente crees en Dios. No tiene sentido empezar con la idea de que vas a ser protegido por Dios. Pero si investigas de verdad todo el problema del miedo, entonces descubrirás si Dios te protege o no.
Cuando existe el sentimiento de afecto, no hay miedo, no hay explotación, y entonces no hay problema.
Interlocutor: ¿ Qué es la sociedad?
K.: ¿Qué es la sociedad? ¿Y qué es la familia? Averigüemos, paso a paso, cómo se crea la sociedad, cómo nace.
¿Qué es la familia? Cuando tú dices: "ésta es mi familia", ¿qué quieres decir? Tu padre, tu madre, tu hermano y tu hermana, la sensación de intimidad, el hecho de que estén viviendo juntos en la misma casa, el sentimiento de que tus padres van a protegerte, la posesión de cierta propiedad, de joyas, saris, ropas... todo esto es la base de la familia. Hay otras familias como la tuya viviendo en otras casas, sintiendo exactamente las mismas cosas que tú sientes, teniendo el mismo sentimiento de "mi esposa", "mi marido", "mis hijos", "mi casa", "mis ropas", "mi automóvil"; hay muchas familias así viviendo sobre el mismo pedazo de tierra, y ellas llegan a tener el mismo sentimiento de que no deben ser invadidas a su vez por otras familias. En consecuencia, empiezan a fabricar leyes. Las familias poderosas se colocan a sí mismas en altas posiciones, adquieren grandes propiedades, disponen de más dinero, más ropas, más automóviles; se juntan y estructuran las leyes, les dicen a los demás lo que deben hacen Así, gradualmente, se forma una sociedad con leyes, regulaciones, policías, un ejército, una armada. Finalmente, toda la Tierra queda poblada por sociedades de diversas clases. Entonces eso ocasiona en la gente ideas antagónicas y el deseo de derribar a aquéllos que se hallan establecidos en altas posiciones, que tienen en sus manos todos los recursos del poder. Derrumban esa sociedad particular y forman otra.
La sociedad es la relación entre la gente, la relación entre una persona y otra, entre una familia y otra, entre un grupo y otro, y entre el individuo y el grupo. La sociedad es la relación humana, la relación entre ustedes y yo. Si yo soy muy codicioso, muy astuto, si tengo gran poder y autoridad, les voy a hacer a un lado; y ustedes tratarán de hacer lo mismo conmigo. Así que fabricamos leyes. Pero vienen otros que invalidan nuestras leyes estableciendo otra serie de leyes, y esto prosigue todo el tiempo. En la sociedad, que es la relación humana, existe este conflicto constante. Ésta es la base simple de la sociedad, pero se vuelve más y más compleja a medida que los seres humanos mismos se vuelven más y más complejos en sus ideas, en sus deseos, en sus instituciones y en sus industrias.
Interlocutor: ¿Puede uno ser libre mientras está viviendo en esta sociedad?
K.: Si dependo de la sociedad para mi satisfacción, para mi bienestar, ¿puedo ser libre alguna vez? Si dependo de mi padre por el afecto, por el dinero, por la iniciativa de hacer las cosas, o si dependo en alguna forma de un gurú, no soy libre, ¿verdad? Por lo tanto, ¿puedo ser libre mientras sea psicológicamente dependiente? Por cierto, la libertad sólo es posible cuando tengo capacidad, iniciativa, cuando puedo pensar de manera independiente, cuando no temo lo que alguno pueda decir, cuando quiero descubrir realmente qué es verdadero y no soy codicioso, envidioso, celoso. En tanto sea envidioso, codicioso, dependeré psicológicamente de la sociedad y, mientras dependa de ese modo de la sociedad, no seré libre. Pero si dejo de ser codicioso, seré libre.
Interlocutor: ¿Por qué las personas quieren vivir en sociedad cuando pueden vivir solas?
K.: ¿Puedes tú vivir solo?
Interlocutor: Yo vivo en sociedad porque mi padre y mi madre viven en la sociedad.
K.: Para conseguir un empleo, para ganarte la vida, ¿acaso no tienes que vivir en la sociedad? ¿Puedes vivir solo?
Para la comida, para la ropa y la vivienda dependes de alguien. No puedes vivir aislado. Ninguna entidad está completamente sola. únicamente en la muerte estás solo. Mientras vives estás siempre relacionado con tu padre, con tu hermano, con el mendigo, con el hombre que repara la calle, con el comerciante, con el recaudador. Siempre estás relacionado; y a causa de que no comprendes esta relación, hay conflicto. Pero si comprendes la relación entre tú mismo y otro, no hay conflicto y entonces no surge la cuestión de vivir solo.
Interlocutor: Puesto que siempre estamos relacionados con otros, ¿ no es verdad que nunca podemos ser absolutamente libres?
K.: No comprendemos qué es la relación, la verdadera relación. Supongamos que yo dependo de ti para mi gratificación, para mi bienestar, para mi sentido de la seguridad; ¿cómo puedo ser libre alguna vez? Pero si no dependo de ese modo aún sigo relacionado contigo, ¿no es así? Dependo de ti para alguna clase de solaz emocional, físico o intelectual; por lo tanto, no soy libre. Me apego a mis padres porque necesito alguna clase de seguridad, lo cual implica que mi relación con ellos es de dependencia y está basada en el temor. ¿Cómo puede haber, entonces, relación alguna que sea libre? Sólo hay libertad en la relación cuando no hay temor. Por lo tanto, para tener una verdadera relación debo empezar a liberarme de esta dependencia psicológica que engendra temor.
Interlocutor: ¿Cómo podemos ser libres cuando nuestros padres dependen de nosotros en su ancianidad?
K.: A causa de que son viejos, dependen de ti para que les mantengas. ¿Qué sucede entonces? Esperan que ganes dinero suficiente como para vestirles y alimentarles; y si lo que deseas es ser un carpintero o un artista, aun cuando tal vez no ganes nada de dinero, tus padres te dirán que no debes hacer eso porque tienes que mantenerles a ellos. Sólo piensa en esto. No digo que sea bueno o malo; al decir que es bueno o malo ponemos fin al pensar. El requerimiento de tus padres de que debes ser el sostén de ellos te impide vivir tu propia vida, y que quieras vivir tu propia vida se considera egoísta; de este modo, te conviertes en el esclavo de tus padres.
Uno podría decir que el Estado debería cuidar a los ancianos mediante pensiones a la vejez y varios otros sistemas de seguridad. Pero en un país donde hay superpoblación, insuficiencia de ingresos nacionales, falta de productividad y demás, el Estado no puede proteger a las personas ancianas. De modo que los padres de avanzada edad dependen de los jóvenes, y los jóvenes encajan siempre en el surco de la tradición y son destruidos. Pero éste no es un problema para ser discutido por mí. Todos ustedes tienen que considerarlo y resolverlo.
Naturalmente, dentro de límites razonables, yo deseo mantener a mis padres. Pero supongamos que anhelo hacer algo que rinde muy poco. Supongamos que quiero convertirme en una persona religiosa y consagrar mi vida a descubrir qué es Dios, qué es la verdad. Ese modo de vida puede no aportarme ningún dinero y si lo sigo quizá deba abandonar a mi familia, lo cual implica que probablemente morirán de hambre como millones de personas. ¿Qué he de hacer? En tanto tenga miedo de lo que dirá la gente -que no soy un hijo cumplidor, que soy un hijo indigno-, jamás seré un ser humano creativo. Para ser un hombre creativo, dichoso, debo tener muchísima iniciativa.
Interlocutor: ¿Sería bueno de nuestra parte permitir que nuestros padres murieran de hambre?
K.: No lo estás planteando correctamente. Supongamos que de verdad quiero ser un artista, un pintor, y sé que la pintura va a rendirme muy poco dinero. ¿Qué he de hacer? ¿Sacrificar mi profundo impulso de pintar y convertirme en un oficinista? Eso es lo que generalmente sucede, ¿verdad? Me convierto en oficinista y por el resto de mi vida vivo en un gran conflicto, soy un desdichado; y a causa de que sufro, de que me siento frustrado, hago la vida desdichada para mi esposa y mis hijos. Pero si, como joven artista, veo la significación de todo esto, digo a mis padres: "quiero pintar y les daré lo que pueda de lo poco que tenga; eso es todo cuanto puedo hacer".
Ustedes han formulado preguntas y yo las he contestado. Pero si no reflexionan realmente acerca de estas cuestiones, si no las investigan por sí mismos más y más profundamente y las abordan desde distintos ángulos, si no las consideran de diferentes maneras, entonces sólo dirán: "esto es bueno y aquello es malo; esto es mi deber y eso no lo es; esto es verdadero y eso es erróneo", lo cual no les llevará muy lejos. Mientras que si ustedes y yo consideramos juntos todas estas cuestiones, y con sus padres y maestros las discuten, las investigan, entonces la inteligencia de ustedes se despertará, y cuando estos problemas surjan en su vida cotidiana serán capaces de afrontarlos. Pero no lo serán si aceptan meramente lo que estoy diciendo. Mis respuestas a sus preguntas tienen sólo el propósito de despertar la inteligencia de ustedes a fin de que consideren cuidadosamente estos problemas por sí mismos y de ese modo sean capaces de encarar la vida correctamente.
Extracto de EL ARTE DE VIVIR
J. Krishnamurti 
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