martes, 22 de septiembre de 2015

LIBRO EL SENDERO DEL TAO (OSHO) Capitulo-II (V Escrito)


En los círculos taoístas es norma aceptada que cuando un discípulo se acerca a un maestro debe esperar, a menos que el maestro le pregunte: “¿Para qué has venido?”, y el maestro sólo lo preguntará cuando haya comprobado que tú no eres un curioso simplemente, que estás aprendiendo, que no has venido sólo de paso, que tu búsqueda no es poco entusiasta sino intensa, que estás ardiendo, que estás a punto de explotar.
Sólo entonces preguntará el maestro: “¿A qué has venido? ¿Qué quieres aprender?”.

¡Ésta  no es la forma de acercarse a un maestro, y desde luego es absurdo hacerle una pregunta tan tonta!  Es una tontería preguntar: “¿Por qué eres feliz?”.  La pregunta es tonta; el “por qué” no tiene sentido.  Si alguien es desgraciado puedes preguntarle: “¿Por qué eres desgraciado?”. 
Pero si alguien es feliz no le puedes preguntar: “¿Por qué eres feliz?”.  Alguien está enfermo; le preguntas: “¿Por qué estás enfermo?”.  La pregunta es irrelevante.  Pero si alguien está sano no le puedes preguntar: “¿Por qué estás sano?”.  La pregunta es irrelevante.  La salud es lo adecuado, la felicidad es lo adecuado.  Si alguien enloquece puedes preguntar por qué ha enloquecido, pero si está sano no le preguntas: “¿Por qué estás sano?  ¿Qué motivo tienes para estar sano?”.  Esto no tiene sentido.  Cuando te acercas a una persona feliz, a una persona realmente feliz, tendrías que mirar directamente en vez de crear una cortina espesa de pregunta.  Tendrías que esperar, tendrías que ayudar al maestro, tendrías que absorber la energía que está circulando alrededor del maestro; tendrías que saborear la celebración que se está produciendo allí.  Tendrías que permitir que su presencia penetre en tu ser.  Tendrías que ser como una esponja para que te quedes lleno de la presencia del maestro; esa sería la respuesta.

Ahora bien, esto es una tontería, pero yo me he encontrado con millones de personas así.

Solía viajar por todo el país, e incluso en las estaciones ferroviarias… estaba a punto de coger un tren cuando alguien corría tras de mí para preguntarme: “¿Existe realmente un Dios?  ¿Dios existe?”.

Yo estaba a punto de coger el tren, y mi tren se estaba marchando.  Le decía: “Ven más tarde”.  Esa persona me decía: “Pero déme sólo una simple respuesta.  Una frase bastará”.  Como si mi afirmación o negación le fuera a afectar.  Gente tonta, gente estúpida; piensan que son religiosos, que están logrando un gran aprendizaje.

Por eso es que Lin Lei no se detuvo ni dejó de cantar. 
“Tzu Kung continuó presionándolo hasta que el anciano se giró para mirarle y le respondió: “¿De qué tengo que arrepentirme?”.”

Observa ahora el cambio.  Tzu Kung pregunta: “¿Qué es lo que le hace ser feliz?”.  Y el maestro responde: “¿Qué es lo que tendría que hacerme ser feliz?”.  Un cambio total; un giro de ciento ochenta grados.

“De niño, usted nunca aprendió a comportarse; como hombre, usted nunca se esforzó por lograr algo.  En su vejez no cuenta con esposa e hijos, y se acerca la hora de su muerte”.

Trata de entender cada frase.  Cada una está llena de gran significado.

“De niño, usted nunca aprendió a comportarse…”.

Normalmente, la gente piensa que si no aprendes a comportarte cuando eres niño, serás desgraciado toda tu vida.  
Te arrepentirás de no haber ido a la escuela, de no haber aprendido modales, etiqueta, pautas sociales, formalismos; te arrepentirás toda tu vida.  No obstante, Lin Lei dice: “No hay nada de que arrepentirse porque cuando era un niño nunca aprendí a comportarme.  Nunca fui un esclavo.  Fui libre desde mi propia infancia.  Nunca permití que nadie me disciplinara.  Nunca fui un imitador.  He vivido mi vida como quería.  Nunca he permitido que nadie me enrede entonces, ¿de qué tendría que arrepentirme?  ¿Por qué?  No hay motivo de arrepentimiento.   Si hubiera permitido a las personas, a mi familia, a los amigos, a la sociedad, al cura, al político, al Estado, si les hubiera permitido disciplinarme, entonces tendría que ser infeliz por muchas cosas.  Pero he vivido una vida en libertad; entonces, ¿de qué hay que arrepentirse?”.

Esto es tremendamente significativo.  Y cuando te lo estoy diciendo, lo siento también en mí mismo.  Yo también he vivido como he querido vivir.  Nunca he permitido que nadie me enrede.  Acertado o equivocado, bien o mal, tontamente o sabiamente, he vivido como he querido vivir.  No siento arrepentimiento.  No puede haber arrepentimiento alguno.  Ésta es la manera en que quería vivir, ésta es la manera en que he vivido.  Y la vida me ha permitido vivir como quería vivir.  Estoy agradecido, estoy reconocido.  Ahora se que si hubiera admitido a los bienintencionados, entonces habría sido desgraciado.  No porque ellos hubieran querido realmente hacerme daño; ellos seguramente querían ayudarme; esa no es la cuestión en absoluto.  Ellos pueden haber tenido buenas intenciones, pero una cosa es cierta: me estaban enredando, estaban tratando de forzarme a ir en ciertas direcciones que no llegaban a mí espontáneamente.  Nunca he escuchado esto.  He dicho a los bienintencionados: “Gracias por las molestias que os estáis tomando por mí, pero voy a seguir mi propio camino.  
Si fallo habrá un consuelo: que he seguido mi propio camino y he fallado.  Pero si os sigo a vosotros, incluso si tengo éxito siempre me arrepentiré: ¿Cómo saber cuál habría sido el resultado, cuál habría sido la consecuencia si hubiera seguido mi propio camino?”.

Me han contado de un gran doctor, un gran cirujano. 
Había llegado a ser conocido internacionalmente, así que cuando envejeció y se iba a jubilar, todos los discípulos que tenía repartidos por todo el mundo se reunieron para celebrarlo.  El día que lo hicieron se dieron cuenta de que el doctor estaba un poco triste, que estaba allí pero no del todo.  Así que un discípulo le preguntó:

-¿Tiene algún problema señor?  ¿Por qué se le ve tan triste?  ¿Por qué?  Ha tenido una vida exitosa, nadie puede competir con usted, usted es único en su especialidad, usted es el líder indiscutible y nadie será capaz de reemplazarlo durante siglos.  Tiene todo lo necesario para ser feliz; además, mire a sus discípulos, a sus estudiantes; están esparcidos por todo el mundo.  ¿Por qué está triste?

Y él respondió:

Me siento muy triste al contemplar todo este éxito, porque nunca quise ser un médico; quería ser bailarín.  Ahora toda mi vida ha transcurrido, se ha desperdiciado, porque en el fondo me arrepiento de haber escuchado a otros.  Sí, he tenido éxito, pero este éxito no me satisface porque es impropio.  Es como si alguien te hubiera forzado a comer cuando no tenías hambre; una comida probablemente muy nutritiva, pero sentirías náuseas.  Querías beber agua y alguien te ha forzado a beber leche, ciertamente mejor que el agua, pero tú querías beber agua.  Tú te estabas sintiendo sediento, y la leche no te ha dejado satisfecho, te ha desilusionado.

Puedo entender a este hombre.  Se sentía triste, su tristeza era significativa; estaba triste porque todo su éxito ahora no es más que un fracaso.  En el fondo él ha fallado, ha fallado consigo mismo; no confió en su propia intuición y dejó que otros lo manipulasen.

Mira lo que está diciendo Tzu Kung de este anciano, Lin Lei: “De niño, usted nunca aprendió a comportarse…”.

¿Y de qué tiene que arrepentirse?  Él ha vivido su vida, ha vivido su vida a su manera.

“Como hombre, usted nunca se esforzó por lograr algo.”

Y nunca trató de lograr algo.  Él no era ambicioso; entonces, ¿de qué hay que arrepentirse?  Un hombre ambicioso siempre se arrepentirá.  Alejandro murió triste, con una gran frustración, porque la ambición, por su propia naturaleza, es insaciable.  Se dice que cuando Alejandro estuvo en la India fue a ver a un astrólogo y le preguntó por su futuro. El astrólogo miró su mano y dijo: “Tengo que decirle una cosa: será capaz de ganar este mundo, pero recuerde que no hay otro mundo.  Por lo tanto, se quedará atascado.  ¿Entonces qué hará?”.  El astrólogo debió haber sido un gran sabio, y se dice que al escuchar este “no hay otro mundo”, Alejandro se entristeció.  Desde luego, con esta idea: “Una vez hayas conquistado este mundo, ¿qué vas a hacer?  No hay otro mundo…”, una mente ambiciosa se sentirá simplemente bloqueada; entonces ¿qué hacer?

Además, no importa lo que logres, nada se habrá logrado porque la ambición seguirá aumentando más y más.  Sólo una persona no ambiciosa puede ser feliz.  Una persona ambiciosa inevitablemente va a estar siempre frustrada.  La ambición viene de la frustración, y de la ambición viene más frustración; es un círculo vicioso.

Este viejo maestro no estaba preocupado por tener éxito en el mundo, por probar que era alguien.  No estaba preocupado por ocupar un lugar en la historia.  No tenía interés en dejar su huella, porque eso es una tontería.  Incluso si ocupas un lugar en la historia, ¿de qué sirve?

Me han contado una anécdota:

Cuando Moisés estaba guiando a su pueblo fuera de Egipto, al llegar al mar y ver que era imposible cruzarlo, se dirigió a su agente de prensa (la parábola está actualizada) y le dijo:

-Tengo una idea.  ¿A ver qué opinas?  Le puedo pedir al océano que nos deje pasar, y el océano se abrirá en dos.

El agente de prensa le contestó:

-Si puedes hacer eso te prometo una cosa: en el Antiguo Testamento tendrás dos páginas.

No obstante, aunque tuvieras dos páginas en el Antiguo Testamento, o veinte, o doscientas, ¿cuál sería su significado?  Además, a medida que la historia crece, esas dos páginas disminuirán cada vez más, y un día sólo serán notas de pie de página.  Y luego, cuando la historia se alargue todavía más –y cada día se hace más larga-, las notas de pie de página desaparecerán en medio del apéndice, y poco a poco te habrás ido.  Cuando tu vida se termina, ¿cuánto puede durar la huella que dejas?  ¿Cuál es además el sentido de todo esto?  La agudeza de este viejo maestro es grande.

“Cómo hombre, usted nunca se esforzó por lograr algo.”  Entonces, ¿de qué hay que lamentarse?  Si eres ambicioso te lamentarás, porque la ambición nunca se satisface.  Si no eres ambicioso, eres feliz, porque la frustración no te podrá atrapar. Además, el anciano no tiene ni esposa ni hijos, así que ¿qué es lo que le puede hacer infeliz?  Trata de entender su sentido.  Él está absolutamente solo, nadie perturba su soledad.  Su soledad es imperturbable.  “Estoy solo, libre, soy el dueño absoluto de mí mismo.  Nadie me arrastra de un lado para otro, no hay familia, ni relaciones; ¿de qué hay que lamentarse?”.

Recuerda, cuando estás solo, no estás solo, estás aislado, extrañas la compañía de otro.  Extrañas la compañía del otro porque no has aprendido todavía a estar en tu propia compañía.  Extrañas la compañía del otro porque no sabes cómo estar contigo mismo.  El aislamiento es negativo: es la ausencia del otro.  La soledad es positiva, es la presencia de tu propio ser.  El aislamiento es misantropía, la soledad es retiro.  El aislamiento es feo, la soledad es hermosa.  La soledad tiene su propia luminosidad.

El Buda está solo, yo estoy solo, Lieh Tzu está solo, este anciano Lin Lei está solo.  Cuanto tu te quedas solo, te quedas aislado, extrañas algo, simplemente.  En el fondo estás buscando compañía, a dónde ir, qué hacer, en qué ocuparte para poderte evadir.  Tú no has aprendido todavía cómo estar contigo mismo, todavía no has creado una relación contigo mismo, todavía no te has encariñado contigo mismo.

“En su vejez no cuenta con esposa e hijos…”

¿De qué hay que arrepentirse?  Estoy solo como una gran cumbre de los Himalayas… solo.  Todo es belleza, silencio y dicha.

“Y se acerca la hora de su muerte.”

La muerte, para los taoístas, no es más que regresar a casa; el recorrido ha terminado.  Morir es volver al hogar, ir al origen, volver a la fuente, regresar al lugar de donde venimos.

“Y se acerca la hora de su muerte.”

Entonces, ¿de qué hay que arrepentirse? Soy feliz, simplemente; feliz sin más.  Todo está simplemente bien; no hay nada más que esperar.

“De niño, usted nunca aprendió a comportarse; como hombre, usted nunca se esforzó por lograr algo.  En su vejez no cuenta con esposa o hijos, y se acerca la hora de su muerte.  Maestro, ¿qué felicidad ha conseguido que le hace cantar mientras camina recogiendo los granos?”.

No obstante, el discípulo confuciano no pudo entender.  Él repitió su pregunta.  No se dio cuenta.  Oyó pero no llegó a escuchar; aquello que pasó por encima de su cabeza.  “¿De qué tengo que arrepentirme?”.  Un gran planteamiento, lleno de experiencia, profundamente revolucionario, pero el confuciano no se dio cuenta.

El erudito siempre deja pasar la verdad.  El pandit es la persona más incapaz de escuchar; su mente está completamente llena de sus propias ideas.  Tzu Kung debe tener mil y un pensamientos en su mente, debe estar preparándose para hacer más preguntas, para lo que preguntará enseguida.  Da la impresión de que está escuchando, pero no escucha.

“Maestro, ¿qué felicidad ha conseguido, que le hace cantar mientras camina recogiendo los granos?”.

La pregunta vuelve a ser significativa: “¿Qué felicidad ha conseguido…?”.  Recuerda, si la felicidad tiene causa, la causa tiene que estar en el pasado.  Las causas siempre están en el pasado.  Si estás feliz, la pregunta es: “¿Qué te hace feliz?”.  Y lo que te ha hecho feliz se ha ido hacia el pasado.  Por tanto, una felicidad motivada mira hacia el pasado.  Lo que mira hacia el pasado se refiere a algo que ya no es más; es algo ficticio, es imaginario, es ilusorio.

La felicidad real mira al presente, nunca mira hacia el pasado.  La felicidad real surge aquí, ahora, en este preciso momento; no hay un tiempo que la motive.  Es una unión de causa y efecto.  Trata de comprenderlo.  Si dices: “Me siento feliz porque nací de padre rico”, hay un retroceso de setenta, cien años.  La felicidad que te llega de algo que ha pasado hace cien años es sólo un producto de tu memoria.  Tú dices: “Estoy feliz porque me otorgaron el premio Nobel hace diez años”.  ¿Te dieron el premio Nobel hace diez años?  Tu felicidad está cubierta de polvo.  Diez años… mucho polvo se ha acumulado; no está fresca; está rancia.  Eres una persona muy pobre; estás comiendo alimentos que han sido preparados hace diez años.

La felicidad real está aquí, ahora.  No tiene interés en el pasado, no tiene interés en el futuro.  Algunas veces te alegras por el futuro; tienes esperanzas de ganar la lotería, o tienes esperanzas de que algo va a pasar mañana: tu novia viene mañana y eso te produce excitación.  ¿Por qué?  ¿Por un mañana que todavía no ha llegado?  Estás loco.  Tu felicidad, o bien está orientada hacia el pasado, o bien está orientada hacia el futuro.  Ambas son falsas porque el pasado no está ahí y el futuro tampoco.  El pasado ya no forma parte de la existencia y el futuro aún no ha llegado.  La felicidad real, auténtica, está aquí, ahora. Surge en este momento, de la nada.  No hay dos momentos juntos; por eso no tiene causa, porque, para que existan la causa y el efecto serán necesarios al menos dos momentos: uno para producir la causa y otro para producir el efecto, pero sólo es aprovechable este momento individual, completo, singular.

Nuevamente, el que interroga hace la pregunta equivocada: “¿Qué felicidad ha conseguido, que le hace cantar mientras camina recogiendo los granos?”.

“Los motivos de mi felicidad todos los humanos los comparten…”.  El anciano dice nuevamente algo hermoso: “Los motivos de mi felicidad todos los humanos los comparten…”.  Eso no tiene que ver conmigo; todas las personas los poseen, pero no se dan cuenta.  No sólo no se dan cuenta, sino que los buscan alrededor de ellos.  No sólo los buscan, “sino que en vez de disfrutarlos, se preocupan por ellos”.

Por los mismos motivos, por ejemplo, estos cuatro motivos: “Los motivos de mi felicidad todos los humanos los comparten”- dijo Lin Lei sonriendo-, pero, en vez de eso, se preocupan por ellos”.

Tú estás preocupado porque en tu infancia no fuiste bien educado, no se te envió a Harvard o a Oxford o a Cambridge, porque tus padres fueron pobres, porque no se te formó tan bien como te hubiera gustado, porque no se te preparó, porque perdiste muchas oportunidades.  Eso te apena, eso te inquieta.  Tendría que ser un motivo de alegría, todo tendría que ser un motivo de alegría; sólo entonces una persona puede ser feliz.  De otra manera, el pobre sigue lamentándose y llorando por haber sido pobre; y el rico también sigue lamentándose y llorando por haber sido rico.  He conocido a personas ricas que dicen que sus padres les destruyeron porque les proporcionaron tantas comodidades en su infancia que ellos nunca aprendieron a valerse por sí mismos.  Tú lo has visto, debes haber observado que es raro encontrar a un hijo de un hombre rico que sea inteligente, muy raro.  Todos ellos son estúpidos, tienen que serlo, porque ¿qué necesidad tienen de volverse inteligentes?  ¿Para qué preocuparse?  Ya tienen todo lo que necesitan.  Ya disponen de todo lo que pueden conseguir con la inteligencia, así que ¿para qué cultivar la inteligencia?  En las universidades suspenden; suspenden en todas partes.  No les preocupa en absoluto.

Cuando estaba en la universidad tuve un alumno que suspendió mi asignatura durante cinco años.  Le pregunté –esperé cinco años para hacerlo- al sexto año, cuando volvían otra vez los exámenes: “¿Qué planes tienes?  ¿Vas a volver a suspender?”.  Él contestó: “¿Qué más da?  Mi padre es rico.  Sólo los pobres se preocupan por eso”.  Si has nacido en medio de una familia rica, entonces tampoco eres feliz.  Si has nacido en medio de una familia pobre, por supuesto, ¿cómo vas a ser feliz?  Si estás sano no eres feliz, porque al estar sano nunca piensas que la salud es motivo de alegría.  Una persona sana nunca piensa en la salud.  Si estás enfermo eres infeliz.  Observa la lógica de tu mente.  Te ocupas simplemente de todo lo que te hace desgraciado, y te olvidas de todo lo que te hace feliz; no te das cuenta de ello.

“Pero en vez de disfrutarlo, se preocupan por ellos.  Puesto que no he sufrido aprendiendo a comportarme cuando era joven, y nunca me esforcé por lograr algo ya de mayor, he sido capaz de vivir durante todo este tiempo.  Debido a que no tengo esposa e hijos, ahora que estoy viejo y que la hora de mi muerte se acerca, puedo ser muy feliz”.

Esto lo encontrarás en todas las escrituras orientales una y otra vez: repeticiones constantes.  La explicación está en que las verdades son tales que los maestros tiene que repetirlas, porque si se dicen una vez no son entendidas.  El Buda solía repetirlo todo tres veces, incluso las pequeñas cosas.  Él le preguntaba al discípulo: “¿Me has escuchado?  ¿Me has escuchado?  ¿Me has escuchado?”.  ¡Tres veces!  Lo hacía con gran compasión.  Cuando las escrituras budistas fueron traducidas a idiomas occidentales, la gente se quedó muy sorprendida: ¿Por qué?  ¿Hablaba el Buda para gente muy estúpida?  ¿Por qué se repetía tanto?  No, ellos eran tan inteligentes como tú, como la gente de cualquier lugar lo ha sido siempre.  No es cuestión de inteligencia, es una cuestión de atención consciente.  Ellos no estaban atentos.  Estaban tan desatentos como lo estás tú.

Yo tengo que repetirme continuamente.  Mis editores se sorprenden, se sorprenden de mis repeticiones.  Les gustaría arreglarlas.  Yo no les dejo.  Les digo: “Déjalo como está, porque las verdades son tales que puede que no te des cuenta la primera, la segunda vez; espero que pongas un poco de atención la tercera vez…”.  Tengo que seguir repitiéndolo: es como si lo machacara en tu cabeza.  ¿Durante cuánto tiempo puedes seguir sin darte cuenta?  Es una guerra entre yo y tú.

El anciano lo repitió, pero una vez más no fue comprendido. Tzu Kung dijo: “Es humano querer una larga vida y detestar la muerte; ¿por qué alegrarse de morir?”.

Lo básico no se ha captado.  Él ha captado sólo una cosa de las cuatro: la última.  Pero sólo se puede entender la última si las tres precedentes han sido entendidas…  “De niño, usted nunca aprendió a comportarse; como hombre, usted nunca se esforzó por lograr algo.  En su vejez no cuenta con esposa e hijos, y se acerca la hora de su muerte.”  Míralo, simplemente: la primera pertenece a la infancia, la segunda a tu juventud, la tercera a tu vejez, luego viene la muerte.  Es un corolario natural, es absolutamente lógico; tienes que empezar por el mismo comienzo.  Pero Tzu Kung se ha olvidado de las tres primera, y ha saltado a la cuarta.  Seguramente tenía miedo, seguramente era un hombre que tenía miedo a la muerte.  Eso captó su atención.

No obstante, a menos que las tres sean comprendidas, la cuarta se escapará.

“Es humano querer una larga vida y detestar la muerte; ¿por qué tendría usted que alegrarse de morir?”.

No es humano; a lo mejor es cosa de hombres, pero no es humano.  Tienes que entender estos dos conceptos.  En los diccionarios son sinónimos, pero no lo son en la realidad.  Tal como te dije que soledad y aislamiento son sinónimos en el diccionario pero no en la realidad, hombre y humano son también dos cosas diferentes.  Hombre  es un concepto estático, como “perro”, como “búfalo”, como “burro”.  “Hombre” es un concepto estático, nada más que el nombre de una cierta especie, una de las especies.  Los monos forman una especie, los búfalos otra, el hombre otra.  ¿Lo has observado?  En el caso del hombre tenemos dos términos: hombre y humano.  Para los perros tienes sólo un término: perros.  Para los búfalos sólo uno:  búfalos; para los burros, burros. ¿Por qué?  ¿Por qué este “humano”? Tiene un significado: hombre se refiere simplemente a una especie biológica; humano no tiene nada que ver con la biología.  Humano es un concepto en desarrollo, un concepto abierto; hombre es un concepto cerrado, hombre significa que eres un ser.  Humano significa que eres un proceso, que estás yendo, que eres un recorrido, que eres un peregrinaje, que eres una continuidad, que eres un “ir más allá”.

Friedrich Nietzsche ha dicho: “Lo que más amo en el hombre es que él no es la meta sino el puente.  Lo que más amo en el hombre es que él es un proceso continuo, no un fin sino un medio, un recorrido”.

“Humano” se refiere al puente, a un puente entre el hombre y Dios.  “Hombre” se refiere al hombre, simplemente, no hay en ello ninguna apertura.  La palabra  humano está abierta, va más allá de hombre.  “Humano” es un puente, “humano” es un recorrido, un peregrinaje; uno va en alguna dirección, uno busca algo, uno está tratando de llegar a ser.  “Hombre” es estático, “humano” es dinámico.  “Hombre” se refiere a una cosa.  “Humano” es un proceso, como un río, algo que fluye, que está llegando al más allá, que busca a tientas en la oscuridad.  “Hombre” es inactividad, no ir a lugar alguno, estar lisiado, muerto, como una tumba.  “Humano” es un río que no sabe dónde está el océano, pero está haciendo un gran esfuerzo por alcanzarlo.

Recuérdalo: el hombre le tiene miedo a la muerte. ¿Humano? No, no es humano tener miedo a la muerte.  Una persona que está en un peregrinaje está preparada para morir si eso hace falta para continuar; está preparada para ir más allá, está preparada para usar la puerta de la muerte para cruzar al más allá.



El hombre dijo: “Es humano querer una larga vida…”.

No, no es humano querer una larga vida.  Sí, es relevante en lo que concierne al concepto “hombre”.  Los perros le tienen miedo a la muerte, los búfalos le tienen miedo a la muerte, los burros le tienen miedo a la muerte; el hombre también. Pero al ser un humano, uno se excita con la posibilidad; uno quiere saber qué es la muerte.  Cuando uno ha vivido su vida, empieza a sentir: “Ahora que se lo que es la vida, me gustaría saber qué es la muerte.  La vida se ha conocido, ha sido hermosa.  Ahora veamos qué es la muerte, dejemos que sea otra aventura”.

Sócrates fue humano cuando estaba muriendo, cuando se le estaba dando el veneno.  Sus discípulos lloraban y gemían, y él dijo:

-¡Parad!  Lo podéis hacer cuando me haya ido, pero no ahora.  Es un desperdicio, un gran desperdicio.  Una cosa tan importante está sucediendo, me estoy muriendo, ¡y vosotros estáis llorando!

Y ellos dijeron:

-Maestro, te estás muriendo, ¿no tienes miedo?

Él respondió:

-¿De qué?  He vivido mi vida, la amé, fue hermosa.  La he conocido, pero no hace falta seguir repitiéndola para siempre.  Ahora, algo nuevo; la muerte es algo nuevo.  Estoy encantado, estoy impresionado, la aventura es grande –dijo Sócrates-.  Ahora me gustaría ver qué es la muerte.

Uno de sus discípulos, Crito, dijo:

-Pero, maestro, todo el mundo le tiene miedo a la muerte.

-No lo se –dijo Sócrates-.  No entiendo por qué la gente tiene miedo a la muerte.  Si los ateos están en lo cierto de que uno muero del todo y nada queda, entonces no hay por qué temer; Sócrates no estará allí; entonces, ¿qué hay que temer?  Yo no estaba allí antes de nacer y no tengo miedo de ello.

¿Has tenido miedo alguna vez de no ser antes de haber nacido?  ¿Te asalta algún miedo?  Ninguno.  Tú dirás: “Tonterías porque entonces yo no era, por tanto, ¿qué sentido tiene tener miedo?”.

Y Sócrates dijo: “Yo desapareceré de nuevo si los ateos tienen razón; entonces, ¿de qué tener miedo?  No habrá nadie que tenga miedo.  O puede que los creyentes dispongan de la verdad y yo esté allí.  Si voy a estar allí, entonces ¿por qué tener miedo?”.

Ahora bien, éste es un hombre que ha vivido una vida dinámica, una vida de crecimiento, una evolución.  Si tú has vivido una vida de evolución, entonces la muerte viene como una revolución, como un cambio súbito hacia una realidad desconocida.  ¿Por qué tendrá uno que tener miedo?  Humano, no, esto no es humano.

Pero no todos los hombres son seres humanos, recuérdalo. 
Muy raramente… en algún lugar… un Sócrates, un Lieh Tzu, un Buda; éstos son seres humanos.  Normalmente existen hombres y mujeres, pero no seres humanos.  Volverse un ser humano implica convertirse en un proceso, convertirse en un interrogante, convertirse en una pasión por lo imposible… en un buscador, en un buscador de la verdad.

El anciano dijo: “La muerte es el retorno a donde salimos para nacer.  Por tanto, ¿cómo puedo saber que cuando muera aquí no naceré en otro lugar?”.  La misma actitud socrática: “Por tanto, ¿cómo puedo saber que cuando muera aquí no naceré en otro lugar?  ¿Cómo puedo saber que vida y muerte no son tan buenas la una como la otra?  ¿Cómo puedo saber que no es ilusorio anhelar la vida con ansiedad?  ¿Cómo puedo saber que la muerte presente no sería mejor que mi vida pasada?”.

¿Cómo puedo saber?...”.  Observa la insistencia.  Él no está diciendo: “Yo se”, él no está proclamando algún conocimiento.  Ningún sabio ha reivindicado jamás conocimiento alguno.  Por eso Sócrates dice: “Posiblemente los ateos tienen razón, posiblemente los teístas tienen razón, pero eso no importa.  Dejemos que cualquiera de ellos tenga razón; yo sigo imperturbable”.

La sabiduría, la verdadera sabiduría, es siempre agnóstica.  Recuerda esta palabra: agnóstica.  Un buscador real es agnóstico.  Nunca dice: “Yo se”, y tampoco dice: Ésta es la verdad”.  Él está muy abierto, no está cerrado.  No tiene dogma, no tiene credo, él simplemente está consciente y atento, preparado para enfrentar cualquier realidad, la que sea.  Cualquier realidad que le sea revelada, él está preparado para abordarla.  Él confía en la vida.  La gente que no confía en la vida inventa creencias, dogmas, teorías para protegerse a sí misma.  El verdadero sabio es vulnerable; no se protege.  Está expuesto a las lluvias, a los vientos, al sol, a la luna, a la vida, a la muerte, a la oscuridad, a la luz; está expuesto a todo.  Él no tiene protección; su vulnerabilidad es total.

Recuerda el agnosticismo de este hombre.  Una persona de cien años empieza a tenerle miedo a la muerte.  Uno empieza a pensar: “El alma debe ser inmortal”.  Uno empieza a imaginar: “Ahora me recibirán en el paraíso con mucha fanfarria.  Dios seguramente está esperando y debe haber un palacio de mármol preparado para mí”.  Uno empieza a imaginar cosas, empieza a soñar.  Pero este hombre dice: “¿Cómo puedo saber?”.  Él no reivindica conocimiento alguno.  Simplemente dice: “No conozco este camino o ese otro.  Soy completamente ignorante, no he saboreado todavía la muerte, así que ¿cómo puedo saber?  ¡Déjame saberlo!  Para empezar, ¿de qué tendría que tener miedo?  Puede que la muerte sea mejor que la vida.  ¿Quién sabe?  Deja que suceda”.

Recuerda, la verdadera comprensión está siempre esperando para darse en el momento.  Nunca decide con anticipación, nunca planea con anticipación; es espontánea.

Tzu Kung escuchó pero no entendió lo que el anciano quería decir.  Regresó a contárselo a Confucio.  No puedo entender porque era un gran erudito, el discípulo más cercano a Confucio.  Ya estaba saturado de conocimientos; no pudo entender.  Se lo manifiesta a Confucio, su maestro, ¿y qué dice Confucio?  Escucha:

“Sabía que sería una persona de mérito como para hablar con ella…”.

El hombre instruido siempre lo está proclamando.  Ahora dice: “Sabía que sería una persona de mérito como para hablar con ella…y lo es”.

Él está tratando de decir a sus discípulos: “Estaba en lo cierto, mi deducción era válida: vale la pena hablar con este hombre”.  Pero no puede aceptar lo que ha dicho el hombre; es algo que además le sobrepasa.  Dice: Pero él es un hombre que ha encontrado, y aún así no lo ha encontrado todo”.

Ahora bien, esto es absurdo.  La verdad no se puede dividir: o bien la has encontrado, por completo, o no la tienes en absoluto.  Es imposible tener un pedacito de verdad.  No se puede fragmentar, no se puede cortar en pedazos.  La verdad es total, la verdad es completa; o la tienes o no la tienes.  No es posible tener un poquito de verdad; pero si vas a un experto, él tiene que decir algo para probar que sabe.

Confucio dice que este hombre ha encontrado la verdad.  Lo dice porque ha enviado un discípulo y ahora tiene que demostrar que estaba en lo cierto.  Pero no puede admitir que el otro sepa, así que dice: “Sabe un poquito, pero no todo”.

Suele suceder.  Un hombre instruido siempre protege su ego. Esta declaración no puede ser absurda.  Pregunta a un Buda, pregunta a un Lao Tzu, pregunta a un Jesús, pregunta a un Krishna, y ellos te dirán que la verdad no se puede dividir.  No es una cosa que puedas dividir.  Es una experiencia; cuando sucede, sucede.  Cuando sucede, sucede completamente.  Tú despareces en la experiencia.  Confucio dice, sin embargo: “Él la ha encontrado, pero no del todo”.  La misma declaración muestra la ignorancia, pero el experto siempre tiene que proteger su pericia.  Tiene que decir algo aunque sea absurdo.

Confucio dice: “Ha encontrado, pero no lo ha encontrado todo”.   Ese es todo el comentario que hace cuando este anciano no ha hablado de una profunda filosofía y ha dado el mensaje completo del Tao: se anárquico, se auténticamente verdadero con tu propio ser.  Escúchate únicamente a ti mismo.  No permitas que nadie te discipline.  No permitas que nadie te esclavice, no permitas que nadie te condicione.  Curas y políticos: evítalos, evita a los que “lo hacen por tu bien”.  Recuerda que tienes que ser simplemente tú mismo y no alguien más.  Esta anarquía, esta libertad caótica… Y no seas ambicioso, porque eso es algo mediocre.  Simplemente vive tu vida tan completamente como te sea posible.  No trates de dejar una impronta en las páginas de la historia; no tiene sentido.  Y no te preocupes siempre por los demás.  Poco a poco aprende a estar sólo, disfruta de la soledad: ese es todo el significado de la meditación.

Y, finalmente, recuerda que la muerte no es una muerte, es un nuevo comienzo.  Además, ¿quién sabe?, puede que te lleve a una vida más elevada.  Si el cosmos tiene su propio ritmo, tiene que ser así.  Tiene que estar llevándote a una vida más elevada.  Has aprendido mucho, te has vuelto más digno; naturalmente la muerte te debe llevar a un plano más elevado del ser.  Parece algo simple: una persona que ha vivido, amado, experimentado, meditado, que ha pasado por tantas situaciones en la vida se ha vuelto más digna, se le tiene que otorgar una vida más elevada.  Si esta existencia tiene alguna compasión, entonces la muerte va a ser una plenitud más elevada, una cumbre mayor.

Espera con excitación, con un gran sentido de aventura.  Espera con un gozo tremendo, con deleite y celebración.  La felicidad es natural; uno no tendría que buscarla, uno simplemente tendría que disfrutarla.  ¿Y qué dice Confucio de un mensaje tan grandioso?  Que este hombre ha encontrado, pero no lo ha encontrado todo… ¡como si Confucio lo hubiera encontrado todo!

Estas parábolas son muy sutiles.  Son unas grandes demoledoras del ideal confuciano, pero de una manera muy refinada.  Si no profundizas puede que nunca entiendas.

Medita sobre estas parábolas; llevan grandes mensajes, descodifícalos.  Tu vida se enriquecerá tremendamente con ellas.
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miércoles, 16 de septiembre de 2015

LIBRO EL SENDERO DEL TAO (OSHO) Capitulo-II (IV Escrito)




Capirulo 2- (Escrito IV)
UN HOMBRE QUE SABE CÓMO CONSOLARSE

3. SIN ARREPENTIMIENTO



Sería Lin Lei casi centenario cuando, en plena primavera,
se puso su abrigo de piel y se fue a recoger los granos abandonados por los segadores, cantando mientras caminaba a campo a través.

Confucio, que iba de viaje a Wei, lo vio a distancia, y volviéndose a sus discípulos dijo:


-Valdría la pena hablar con aquel anciano.  Alguien tendría que ir y averiguar qué tiene que decir.


Tzu Kung se ofreció a ir.  Lo encontró al final del terraplén, y mirándole a la cara musitó:


-¿No siente usted siquiera algo de arrepentimiento?  Usted canta, incluso mientras va recogiendo los granos.


Lin Lei no se detuvo ni dejó de cantar. Tzu Kung continuó presionándolo hasta que el anciano se giró para mirarle y le respondió:


-¿De qué tengo que arrepentirme?


-De niño, usted nunca aprendió a comportarse; como hombre, usted nunca se esforzó por lograr algo.  En su vejez no cuenta con esposa o hijos, y se acerca la hora de su muerte.  Maestro, ¿qué felicidad ha conseguido, que le hace cantar mientras camina recogiendo los granos?


-Los motivos de mi felicidad todos los humanos los comparten –dijo Lin Lei sonriendo-, pero en vez de disfrutarlos se preocupan por ellos.  Puesto que no he sufrido aprendiendo a comportarme cuando era joven, y nunca me esforcé por lograr algo ya de mayor, he sido capaz de vivir durante todo este tiempo.  Debido a que no tengo esposa e hijos ahora que estoy viejo y que la hora de mi muerte se acerca, puedo ser muy feliz.


-Es humano querer una larga vida y detestar la muerte;  ¿por qué tendría usted que alegrarse de morir?


-La muerte es el retorno al lugar de donde salimos para nacer. Por tanto, ¿cómo puedo saber que cuando muera aquí no naceré en otro lugar?  ¿Cómo puedo saber que vida y muerte no son tan buenas la una como la otra?  ¿Cómo puedo saber que no es ilusorio codiciar la vida con ansiedad?  ¿Cómo puedo saber que la muerte presente no ha de ser mejor que mi vida pasada?


Tzu Kung escuchó, pero no pudo entender lo que el anciano quería decir.  Regresó y se lo contó a Confucio.


-Sabía que sería una persona de mérito como para hablar con ella –dijo Confucio-, y lo es, pero él es un hombre que ha encontrado y aun así no lo ha encontrado todo.


El Tao no es racional.  Tampoco es irracional.  Es más que racional.  La vida es más que la razón.  La vida es algo que supera lo que puede ser comprendido por la mente. 
La vida tiene que darte más de lo que puedes aprender, supera tu capacidad de aprender.  Es mucho más grande de lo que podrías conocer jamás; pero se puede sentir.  El Tao es intuitivo.  El Tao es más completo.  Cuando enfocas la vida con la cabeza, y sólo con la cabeza tienes un enfoque parcial; se presentarán malentendidos inevitablemente.  Una persona que está intentando “imaginarse” la vida, va a caer con seguridad en una trampa tremenda y no será capaz de salir de ella fácilmente.  Una vez empiezas a intelectualizar sobre la vida, comienzas a extraviarte.  La vida se tiene que vivir. 
La vida se tiene que vivir existencialmente y no intelectualmente.  El intelecto no es un puente sino una barrera.

Esto se tiene que entender; entonces la parábola tiene una importancia tremenda.  Vamos a adentrarnos en ella muy despacio, tratando de entender cada frase, cada palabra realmente.

El enfoque confuciano es un enfoque mental.  El enfoque taoísta es un enfoque no-mental.  Confucio piensa en la vida, Lao Tzu, Chuang Tzu, Lieh Tzu no piensan en la vida porque, según ellos, tú puedes pensar una y otra vez al respecto y no harás más que dar rodeos sin llegar nunca al centro.  Pensar una y otra vez no es la forma.  Ve directamente, se inmediato, mira la vida, no pienses en ella.

Recuerda siempre que el menú no es la comida. 
Puedes estudiar el menú una y otra vez: no te servirá de mucho. Tendrás que comer, tendrás que masticar, tendrás que digerir. Tendrás que estar conectado existencialmente con tu comida, tendrás que absorberla dentro de tu ser y hacerla parte de él. No será de ayuda que estudies solamente el menú o el libro de recetas de cocina.  El erudito no hace más que estudiar el menú: el erudito sigue siendo una de las personas más hambrientas que hay en la vida. 
Nunca ha vivido, nunca ha amado, nunca se ha arriesgado. Nunca ha actuado, nunca ha danzado, nunca ha celebrado. 
No ha hecho más que sentarse y pensar en la vida. 
El intelectual ha decidido entender primero la vida intelectualmente y luego actuar.  Primero tienes que actuar y luego viene la comprensión.

Es como si alguien dijese: “Primero tengo que saber qué es el amor y luego amaré”.  ¿cómo puedes saber qué es el amor?
La única forma consiste en enamorarse; no hay otra forma. 
Puedes ir a la biblioteca, puedes preguntar a muchas personas, puedes consultar libros, enciclopedias y encontrarás mil y una cosas sobre el amor, pero no amor. Puedes convertirte en un gran erudito, tu mente se puede abarrotar de información, pero la información no es conocimiento.

La sabiduría no es información.  Ésta te puede engañar, pero no puede engañar a la vida.  En lo que respecta a la vida seguirás siendo un desierto: la flor del amor no brotará nunca en tu ser.  Lo mismo pasa con todo lo que es significativo.
Lo mismo pasa con todo lo que es orgánico.  Lo mismo pasa con todo lo que está vivo.  Éste es el planteamiento básico del Tao. Ahora, la parábola.

“Sería Lin Lei casi centenario, en plena primavera, se puso su abrigo de piel y se fue a recoger los granos abandonados por los segadores, cantando mientras caminaba a campo través.”

Lin Lei es un maestro taoísta, pero los maestros taoístas como él viven una vida muy ordinaria. 
No viven de una forma extraordinaria, no afirman que son seres especiales, genios con talento, sabios, santos, mahatmas; no afirman nada.  Ellos simplemente viven una vida ordinaria porque son seres ordinarios, naturales como los árboles, naturales como los pájaros, naturales como la naturaleza misma.  Ellos no son egoístas en absoluto.  Por ejemplo, si tú quieres encontrar en la India a los mahatmas, es fácil que lo consigas.  Pero si fueras a China ancestral y quisieras conocer a un maestro taoísta, nadie sería capaz de decirte dónde puedes encontrar a uno.  Tendrías que moverte, vagar por todo el país… y posiblemente, en cierto momento te encontrarías con alguno.  Pero eso no será posible a menos que lo hayas experimentado en tu propio ser.  A menos que tengas el gusto, el sabor, no serás capaz de reconocer a un maestro taoísta.

Lin Lei es un maestro taoísta; muy simple, muy viejo, muy anciano; tiene cien años y está recogiendo los granos que abandonan los segadores.  Ahora bien, éste es el trabajo más humilde que uno puede encontrar, el más mísero, y aún así… iba “cantando mientras caminaba a campo a través”.

El taoísta está siempre feliz porque no busca un motivo; no busca una situación especial para estar feliz.  La felicidad es como respirar, la felicidad es como el latido del corazón, la felicidad está en tu ser; no es algo que le acontece.  La felicidad no es algo que acontece y no acontece, la felicidad es algo que siempre está allí.  Él está lleno de felicidad.  La felicidad es el material del que está hecha la existencia, y el taoísta ha entrado en armonía con ella; naturalmente, él se siente feliz.  Todo lo que hace, lo hace con alegría.  Su felicidad precede a su acción.

Algunas veces te sientes feliz, algunas veces te sientes infeliz, porque tu felicidad es condicional. 
Cuando tienes éxito te sientes feliz, cuando fracasas te sientes infeliz; tu felicidad depende de alguna causa externa. 
Tú no siempre puedes cantar; incluso cuando cantas, tu canción no siempre tendrá la melodía.  Algunas veces será simplemente una delicia y otras sólo una repetición muerta y apagada.  Algunas veces, cuando llega el amigo, cuando encuentras un amor, te sientes feliz.  Algunas veces, cuando se ha ido el amigo, cuando el amado ya no está, te sientes infeliz. Tu felicidad y tu infelicidad han sido producidas por lo externo; no es algo que fluye interiormente, no es algo que te pertenece.  Otros te dan y te quitan, las circunstancias te la dan y te la quitan.  Algo así no tiene mérito porque sigues siendo un esclavo, no eres el maestro.

Los taoístas llaman maestro a una persona cuya felicidad es absolutamente suya. 
Él se puede sentir feliz independientemente de la situación; en la juventud es feliz, en la vejez es feliz; es feliz como emperador, es feliz como mendigo.  Su canción no está contaminada por las circunstancias; su canción es la suya, su canción es su ritmo natural.

Este hombre, a sus cien años… Normalmente, un hombre con cien años de edad no sería capaz de cantar; ¿qué le puede mover a cantar ahora mismo?  La vida ha desparecido, la vida se ha consumido, él está tan seco como una pasa y no quedan esperanzas; sólo le espera la muerte.  ¿de qué sirve cantar o celebrar?  Un hombre de cien años no tiene futuro; su vida se ha agotado, é está acabado, en cualquier momento la muerte lo derrumbará.  ¿Para quién canta?  ¿Para qué?  ¿Qué motivo hay para que un hombre cante así?  Además, tiene que hacer un trabajo muy mísero a la edad de cien años… Tiene que recoger los granos abandonados por los segadores. 
Esto significa que no hay alguien que se haga cargo del anciano. Se ha quedado solo, no parece que tenga familia, no hay hijos ni hijas, ni esposa, ni hermanos, nadie que cuide de él.  ¿Qué puede motivar su canto?

No obstante, si tienes la canción, la canción real, la canción que viene de tu fondo intrínseco, de tu centro más profundo, entonces no importa. Puedes seguir cantando incluso cuando llegue la muerte.  Puedes seguir cantando incluso cuando alguien te esté matando.  Tu cuerpo puede ser exterminado, pero tu canción no.  Tu canción es eterna porque no tiene causa.

Recuerda esta ley de vida tan fundamental: lo que tiene causa nunca es eterno, aquello que tiene causa es temporal.  Cuando la causa desaparece, aquello desaparece, es un subproducto. 
Lo que no tiene causa va a estar por siempre jamás, porque no hay nada que pueda destruirlo.  Tu cuerpo morirá; tiene una causa: el encuentro de tu padre con tu madre ha sido la causa. Tu cuerpo morirá: tuvo su causa un día.  Tiene una cierta energía, un cierto período de vida, luego se terminará.  Cada día estás muriendo; un día simplemente desaparecerás bajo la tumba.

Pero ¿es eso todo lo que tienes?  ¿Es eso todo lo que abarca tu ser?  ¿No hay algo más?  Hay algo en ti que existía antes de que siquiera hubieras nacido y que seguirá estando ahí –por siempre-, incluso cuando te hayas ido.  Cuando hayas muerto, aquello que estaba allí antes de tu nacimiento permanecerá; aquello no tiene causa.

Por eso los taoístas no creen que Dios creó el mundo, que Dios creó al hombre, que Dios creó las almas.  Si Dios hubiera creado las almas entonces ellas tendrían una causa y un día tendrían que desaparecer, no importa cuán lejos pueda estar ese día.  Si el mundo hubiera tenido una causa y el hombre hubiera sido creado, entonces un día el mundo tendría que ser des-creado y el hombre tendría que ser des-creado. 
Los taoístas hablan de aquello que es eterno, no causado, no creado; no tienen un creador.  En realidad, nadie ha alcanzado jamás esa cumbre, esa cumbre sublime de comprensión que tienen los taoístas.  Todas las otras religiones parecen juveniles. La madurez del taoísmo es tan tremenda, tiene tal esplendor, posee tal profundidad y altura, que no da lugar a que otra religión pueda compararse con ella.  Todas las demás parecen parvularios; están hechas especialmente para niños.  Hechas especialmente para niños: por eso Dios es el “Padre”; los niños no pueden ser independientes, necesitan un padre. 
Si tu padre real ha desaparecido, entonces necesitas todavía un padre imaginario en el cielo para que te controle; no eres suficientemente maduro, no puedes valerte por ti mismo, tienes que apoyarte en unos y otros.

Los taoístas no tienen un concepto de Dios.  Eso no quiere decir que sean descreídos; son muy piadosos, pero no tienen un concepto de Dios.  La existencia es suficiente.  No hay creador, no hay creación, existe la eternidad.  Siempre ha sido así, siempre será así.  Una vez has entrado en contacto con esta continuidad eterna dentro de tu ser, con el sustrato, entonces no hay por qué sentirse desgraciado.  Tú eres eterno, eres inmortal; no hay muerte para ti porque nunca ha habido un nacimiento.  Tú eres no-creado, no puedes ser destruido. Independientemente de las circunstancias externas, tu luz interior sigue ardiendo con brillo y la canción continúa.

“Confucio, que iba de viaje a Wei, lo vio a la distancia, y volviéndose a sus discípulos dijo: “Valdría la pena hablar con aquel anciano.  Alguien tendría que ir y averiguar qué tiene que decir”.”

Confucio siempre estuvo buscando conocimientos. Siempre estuvo buscando a alguien que le pudiese decir algo, siempre estuvo dispuesto a tomar conocimiento prestado. 
El intelectual actúa de esta manera.  Todo lo que posee se lo ha apropiado, nunca mira interiormente, siempre mira hacia fuera: “Si alguien lo posee, entonces tendría que ir y preguntar”.  El intelectual es imitativo, mecánico, como una lora; para el intelectual el conocimiento es algo que se tiene que aprender.  Él nunca mira dentro de su propio ser, él nunca mira dentro de su propia consciencia interior, él nunca trata de entender al conocedor.  Él persigue el conocimiento y ahí está la diferencia.  El taoísta no persigue el conocimiento, sino que quiere saber.  ¿Quién es este conocedor?  ¿Qué es este saber? Él quiere conocer la fuente de este saber, lo que está originando esta consciencia.

Tú estás aquí, me estás escuchando.  Ahora bien, tú puedes ser o un confuciano o un taoísta, porque éstos son los dos únicos puntos de vista posibles.  Si me estás escuchando y llegas a interesarte cada vez más en lo que estoy diciendo y empiezas a acumularlo, entonces eres un confuciano. 
Pero si al escucharme llegas a darte cuenta de la consciencia que está dentro de ti y te llegas a interesar por ella y surge esta profunda interrogación: “¿Quién soy yo?”…  No se trata de que repita las palabras “¿quién soy yo?”, sino de que surja una búsqueda, una interrogación profunda, una pasión por saber: “¿Quién está en esta consciencia que hay en mí?  ¿Qué es esta consciencia que hay en mí?  ¿Cuál es su naturaleza?  ¿Qué cualidad tiene?  ¿De dónde viene?  ¿Hacia dónde va?”…  Si sigue esta pasión por conocer tu consciencia, eres un taoísta, y sólo un taoísta es una persona religiosa.

El confuciano es un erudito, es un pandit, es un profesor.  Si hablas con él te dirá grandes cosas, pero si miras dentro de su ser, no habrá nada.  Todo lo que ha acumulado es prestado. Una y otra vez los taoístas escriben relatos en los que Confucio va de un lado a otro, siempre viaja, acumula y siempre busca dónde adquirir conocimiento, como si el conocimiento fuera una mercancía, como si el conocimiento fuera un objeto que tú puedes adquirir en algún lado, de alguna persona.

Nadie te puede proporcionar el conocimiento.  No es un objeto que se puede transferir.  Tienes que llegar a ser eso, tienes que crecer en sabiduría; es una transformación interior.  Ninguna universidad te puede dar lo que las personas religiosas llaman sabiduría real. 
Todo lo que puedes adquirir en las universidades es información estancada, prestada, sucia, porque ha pasado a través de miles de manos; es como un billete que circula.  Por eso, al billete se le llama “circulante”, porque se mueve circulando de una mano a otra, de un bolsillo a otro bolsillo. Pero se vuelve entonces cada vez más sucio.  Lo mismo pasa con el conocimiento: pasa de una generación a otra a través de los siglos, de una generación a otra de profesores.

La sabiduría es fresca, la sabiduría viene de la fuente, y esa fuente está viva dentro de ti, esperando a que des un giro hacia adentro.  No la busques afuera, mira hacia dentro.  Jesús lo dice una y otra vez: “El reino de Dios está dentro de ti”.

“Confucio, que iba de viaje a Wei…”  Él siempre está de viaje, buscando, a la caza de conocimiento.  Él recurre a todo el mundo.  Si alguien dice que una persona ha llegado al conocimiento, él va para allá.  Es una tontería, es algo estúpido, pero ésta es la clase de estupidez que tienen todos los eruditos. Ellos tienen básicamente la idea de que el conocimiento se puede comprar.  Ellos tienen básicamente la idea de que el conocimiento es una cosa, no una experiencia, es una teoría, no una experiencia.  Uno puede aprenderlo, por tanto, de alguien más.

Recuerda una cosa: existe una diferencia entre el conocimiento científico y el conocimiento religioso.  Si se ha descubierto la ley de la gravedad, no se tiene que volver a descubrir una y otra vez; sería una tontería. 
No puedes dirigirte al mundo y declarar: “Lo que Newton descubrió, yo lo he vuelto a descubrir.  Sí, la ley de la gravedad…  He visto caer una manzana y he vuelto a descubrir la ley de la gravedad”.  La gente se burlará.  Dirá: “Ya no hay nada que descubrir.  Descubre algo que no haya sido descubierto antes”.

La ciencia es información.  Si una persona ha hecho un descubrimiento, éste se puede entonces transferir a los demás. El conocimiento que busca la ciencia viene de afuera, así que se puede aprender afuera.  La religión, en cambio, se tiene que descubrir una y otra vez.  Es como el amor: millones de personas han amado antes que tú, pero a menos que tú ames, nunca sabrás lo que es el amor.  No puedes decir: “Millones de personas han amado; por tanto, ¿qué sentido tiene para mí amar otra vez?  ¿Para qué seguir el mismo camino?  Muchas personas han amado, lo han escrito en sus diarios, y sus cartas de amor se pueden conseguir; podemos verlo en los libros y tener el conocimiento”.  Pero no, tendrás que amar, tendrás que volverlo a descubrir.  A menos que lo descubras no será un saber.  Lo religioso es como el amor, no como la ciencia. Einstein descubrió la teoría de la relatividad; eso concluyó ya, no se necesita ahora a nadie más para redescubrirla.  Lo que a un científico puede haber llevado cincuenta años descubrir, un niño en edad escolar lo puede aprender en cinco minutos.  Pero éste no es el camino de lo religioso.  Lo que descubrió el Buda, lo que descubrió Lao Tzu, lo que descubrió Lieh Tzu, tendrás que descubrirlo tú otra vez.  Confucio está mal encaminado.

En los cuentos taoístas a Confucio se utiliza como hazmerreír.

“Confucio, que iba de viaje a Wei, lo vio a la distancia, y volviéndose a sus discípulos dijo: “Valdría la pena hablar con aquel anciano”.”

¿Por qué?  Tiene cien años, hace el trabajo más humilde, ¿y aún así canta?  “Ve y averigua cuál es la causa de su felicidad, por qué está contento, por qué está cantando, para que podamos tener la capacidad de deducir una ley; podría descubrirse alguna técnica”.

-Alguien tendría que ir y averiguar qué tiene que decir.

Tzu Kung, uno de los discípulos más cercanos a Confucio, se ofreció a ir.  Lo encontró al final del terraplén y, mirándole a la cara musitó:

-¿No siente usted siquiera algo de arrepentimiento?  Usted canta, incluso mientras va recogiendo los granos.

“¿No siente usted siquiera algo de arrepentimiento?”.  Porque para el discípulo de Confucio, este hombre no parece tener nada de qué estar contento.  Tendría que estar llorando, esto sería lo lógico.  Tendría que estar lamentándose, eso sería lo racional, pero ¿cantando?  Una persona de cien años, que recoge granos, que espera la muerte, ¿qué otra cosa necesita para estar pesaroso?  Tendría que estar profundamente infeliz, sería lo lógico.



Esto es ilógico, pero los taoístas son personas ilógicas.  Y a mí me gustaría que tú te volvieras ilógico, porque sólo las personas ilógicas son lo suficientemente afortunadas como para ser felices.  Las que son lógicas nunca son felices, no lo pueden ser; han tomado la ruta equivocada desde el mismo comienzo. Piensan que, como todo lo demás tiene una causa, la felicidad también tiene que tenerla; ésta es su equivocación.  La felicidad necesita sólo comprensión, no una causa. 
Además, la comprensión tampoco es su causa.  La comprensión simplemente la desvela; ella está en tu interior. 
Quita el velo y, de improviso aparece; tu amado está dentro de ti, se tiene que desvelar; eso es todo.  El desvelar no es una causa.  La causa implica que algo se tiene que crear; desvelar quiere decir simplemente que ella ya existía, pero que fuiste lo suficientemente tonto como para no desvelarla.

Este enfoque confuciano de la vida se tiene que entender porque muchos de vosotros vais a estar en compañía de confucianos. 
Todos los occidentales son confucianos, lógicos, intelectuales. 
El enfoque confuciano está basado en la idea de que la verdad se tiene que aprender, que sólo es un asunto de aprendizaje: si lo aprendes bien, sabrás qué es la verdad. 
No, los taoístas dicen que la verdad tiene que vivirse, no aprenderse.  La verdad se tiene que experimentar; no vas a conocerla sólo porque te hayas vuelto un poco más informado. En realidad, para conocer la verdad tendrás que pasar  por un desaprendizaje, tendrás que hacer limpieza en tu mente.  Todo lo que has aprendido está haciendo de obstáculo.  Tendrás que volverte ignorante otra vez, tendrás que volverte inocente, tendrás que dejar toda esa tontería que cargas en nombre del conocimiento.  Tú no sabes nada, pero piensas como si supieses; éste “como si”, es el problema.  Alguien te pregunta: “¿Conoces a Dios?”, y tú dices: “Sí”.  ¿Has considerado alguna vez lo que estás diciendo?  ¿Realmente sabes?  No obstante, aparentas.  ¿A quién estás engañando?

Me han contado una hermosa anécdota:



Un matón irrumpió en una taberna mal iluminada.

-¿Algunos  de  los  que  hay  aquí  se  llama Donovan?

-rugió.

Nadie respondió.  Volvió entonces a vociferar:

-¿Alguno de los que hay aquí se llama Donovan?

Hubo un momento de silencio y luego un hombre menudito se adelantó a zancadas.

-Me llamo Donovan –dijo.

El matón lo levantó del suelo y lo tiró encima de la barra.

Luego le dio puñetazos en la quijada, lo aporreó, le dio puntapiés, lo abofeteó y se marchó.  Pasados quince minutos el hombre menudito volvió en sí.

-Vaya si lo he engañado –dijo-.  Yo no soy Donovan.



¿A quién estás engañando?  Te estarás engañando sólo a ti mismo, a nadie más.  Recuerda muy bien qué es lo que sabes y qué es lo que no sabes.  P.D. Ouspensky, en uno de sus libros más importantes, Tertium Organum, dice que lo primero que tiene que decidir el buscador es qué es lo que sabe y qué es lo que no sabe; esto es lo primero que tiene que decidir.  Una vez se ha tomado esa decisión, las cosas se hacen muy claras.  ¿Te conoces a ti mismo?  ¿Sabes lo que es el amor?  ¿Sabes lo que es la vida?  El ser humano, sin embargo, continúa fingiendo que sabe, porque es muy doloroso sabes que no se sabe, es muy estremecedor para el ego saber que no se sabe.  El ego finge, el ego es el mayor farsante que existe; finge, dice: “Sí, yo conozco”.  Hay conocedores que dicen que Dios no existe y hay conocedores que dicen que Dios existe, pero todos ellos son conocedores, y en lo que respecta al conocimiento, no hay diferencia alguna entre el teísta o el ateísta.  Si vas a la india y se lo preguntas a la gente, a cualquiera, te dirán: “Sí, Dios existe”.  Si vas a Rusia y se lo preguntas a cualquiera, te dirán que saben que Dios no existe.  No obstante, una cosa es cierta: todos ellos “saben”, y ése es el problema.

El teísta y el ateísta no son antagónicos.  No son enemigos, se acompañan en el mismo juego, porque ambos están fingiendo que saben.  Un verdadero hombre de entendimiento no fingirá que sabe; entonces existe la posibilidad de que algún día sepa.  Empieza con la ignorancia y puede que algún día seas lo suficientemente afortunado como para saber.  Empieza con el conocimiento y, con certeza, no serás nunca capaz de conocer.

El confuciano insiste en tratar de aprender.  El taoísta insiste en tratar de des-aprender.

“Lin Lei no se detuvo ni dejó de cantar.  Tzu Kung continuó presionándolo hasta que el anciano se giró para mirarle y le respondió: “¿De qué tengo que arrepentirme?”.”

Ante todo, él ni siquiera deja de cantar para escuchar lo que está preguntando este hombre, porque los taoístas no están interesados en las personas curiosas.  Dicen que la curiosidad no lleva a ninguna parte, que la curiosidad es enfermiza; la curiosidad no es suficiente, la curiosidad no es aprendizaje.  El aprendizaje implica que tú estás dispuesto a jugarte la vida.  El aprendizaje implica que tú no sólo eres un estudiante sino un discípulo.  El aprendizaje implica que no preguntas por capricho solamente; tú estás dispuesto a adentrarte en ello a cualquier costo.  Tú estás listo a pagar por ello; no es sólo una distracción.

“Lin Lei no se detuvo ni dejó de cantar”.  Él no puso atención alguna a ese hombre curioso que le preguntaba: “¿Por qué estás cantando?  ¿Qué es lo que te hace sentir tan feliz?”, porque, si ese hombre hubiera sido un aprendiz de verdad, no le habría abordado tan de repente.  Habría esperado, se habría sentado a su lado y habría esperado.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Expedición antártica de AirPano, Parte I • 360 ° aérea Panoramas

Expedición antártica de AirPano, Parte I • 360 ° aérea Panoramas

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Expedición antártica de AirPano, Parte II • 360 ° aérea Panoramas


Expedición antártica de AirPano, Parte II • 360 ° aérea Panoramas

Expedición antártica de AirPano, Parte II - AirPano.com • 360 ° aérea Panorama • 3D Tours Virtuales en el Mundo

Nuestra historia de aventura es totalmente en el espíritu del equipo AirPano. Esta vez, sin embargo, nuestro éxito era muy dudosa.
Es casi imposible de repente despegar ir "disparar Antártico". Los viajes en esta región se planifican con mucha antelación; no hay tal cosa como una decisión de último minuto. En nuestro caso, hicimos las reservas para participar en un recorrido fotográfico de los antárticos 2 años de antelación. Las cancelaciones de viaje en cualquier etapa significó la pérdida financiera extrema, lo que multiplicará cuando nos acercamos al comienzo de la expedición. Nuestros aviones aún no estaban listos para disparar en condiciones tan difíciles, pero Oleg Gaponyuk, el fundador del proyecto, estaba convencido de que dentro de un par de años que sería capaz de resolver cualquier problema técnico, y firmemente hacer un depósito. (Comentario de Oleg: "mi mano temblaba cuando estaba haciendo el depósito!" :)
Neko Harbour
En el verano de 2014, el equipo había adquirido el equipo y la experiencia necesaria para la sesión de fotos aéreas en una variedad de condiciones y países. Decidimos que se necesitaba una prueba antes de la expedición a la Antártida para realizar el trabajo en condiciones similares y fuimos IcyGroenlandia. Por desgracia, ese disparo no tuvo éxito, y cuatro meses antes de viajar a la Antártida tuvimos que empezar casi desde cero.
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Elegimos un nuevo diseño de aviones no tripulados, cambiamos el esquema de poder, y desarrollamos y probamos el nuevo sistema de montaje para las cámaras y videocámaras. El tamaño y el peso del nuevo dispositivo era un poco intimidante, pero las características de vuelo - la duración del vuelo y la capacidad de carga - eran considerablemente mejor que su predecesor.
La expedición partió de la ciudad de Ushuaia, Argentina. Todos los participantes tenían que hacer sus propios arreglos de viaje. Desde Moscú volamos más de un día con dos vuelos de conexión en Barcelona y luego en Buenos Aires. En este largo y difícil viaje cualquier pequeño problema puede arruinar todo el viaje, y si existe la más mínima posibilidad de "fracaso", puede estar seguro, que va a pasar! Temprano en la mañana en Buenos Aires, me enteré de que casi todo nuestro equipo aún estaba en Barcelona. Además, las entregas a Argentina serían delayedbecause vuelos fueron programados cada dos días.
Polar Pioneer barco de la expedición
Volamos a menudo suficiente para estar listo para este tipo de percances. Me fui a Ushuaia dos días antes que el resto del equipo recorrido fotográfico. Nos pusimos de acuerdo para rodar varios lugares clave en Buenos Aires y buscar el equipaje falta cuando estábamos cambiando aviones, por si acaso se pierde en España. Se necesitaron dos días para las líneas aéreas argentinas para encontrar nuestras maletas que faltan, pero por el momento de la salida a Ushuaia, estábamos totalmente preparados para nuestra expedición.
En la mañana del 22 de noviembre nd, nuestro equipo abordó el barco llamado Polar Pioneer. He recibido el permiso del jefe para el primer vuelo de aviones no tripulados, y así hicimos nuestra primera imágenes aéreas de la expedición: nuestro barco antes de partir a las costas de la Antártida.
Unas palabras acerca de la nave y su tripulación. Polar Pioneer es un buque ruso, convertido de un barco de investigación científica en un pequeño crucero, adaptado para viajar al Ártico y la Antártida. El buque es operado por la empresa australiana Aurora Expedición, pero la mayor parte de la tripulación, incluidos los oficiales, son rusos. Creo que este hecho contribuyó en gran medida al éxito de tiro a bordo del buque. Casi de inmediato se nos permitió utilizar la cubierta como una plataforma de despegue para el avión no tripulado. Además, los fotógrafos se les permitió utilizar un puente a pie - el centro de control de todos los sistemas a bordo de la nave. Este acceso se le permitió en cualquier momento, de día o de noche.
Antártida
Después de dejar el puerto de Ushuaia, nos fuimos por el Canal Beagle durante varias horas. Es una parte relativamente tranquila de la jornada, seguido de "Drake". Es así como la tripulación se refiere al cruce del Pasaje de Drake de la Argentina a la Antártida y la espalda. El mar en esta parte del mundo no es nunca la calma. Incluso cuando el barco navega en los llamados "mares planas", es decir, el mar relativamente en calma, las olas alcanzan todavía un par de metros de altura.
Según nuestro equipo, hacen que este cruce una vez a la semana en promedio los turistas que llevan, los envíos de suministros, y los científicos que viajan a las estaciones antárticas. Todo Recuerdo un viaje anterior muy bien. El barco fue golpeado tan mal en el pasaje que incluso los veteranos, como nuestro capitán, que había hecho este que atraviesan más de 100 veces durante su carrera, no podía recordar que siendo este traicionero.
Nuestro barco puede soportar rollos de más de 60 grados; durante esta tormenta inclinómetro de la nave mostraron 50. Algunas cabañas tenían no sólo objetos personales que vuelan sobre el techo, sino también muebles, mesas y sillas. La tripulación trató de prepararse mentalmente para lo peor, pero tuvimos suerte. Al cruzar el paso hacia la Antártida, tuvimos una pequeña tormenta - a sólo 28 a 30 nudos. En el comienzo de la tormenta, Oleg y yo fuimos a la frente de la nave disparando un 360-video por un corto tiempo. Más tarde, el capitán nos ordenó cerrar todas las escotillas y cubierta de acceso hasta que la tormenta amainó.
Nos dijeron que la tormenta había nada fuera de lo normal, aunque muchos pasajeros sufrieron mareo común.
Isla Media Luna
Unas palabras acerca de nuestra expedición foto. Los organizadores de nuestro crucero eran fotógrafos noruegos de WildPhoto Viajes equipo. Ellos reunieron a aficionados y profesionales de la fotografía animal y el paisaje en barco. Por primera vez en su experiencia de la travesía se las arreglaron para organizar una visita estrictamente fotográfica a la Antártida.
Gracias a la selección de los participantes, la rutina diaria en el barco durante el crucero en las aguas de la Antártida había sido diseñado específicamente para lograr nuestros objetivos fotográficos: si es posible que ponemos en tierra hasta tres veces al día, y el aterrizaje fue programado para el atardeceres y amaneceres, el momento adecuado para la fotografía, lo que no sería posible en los cruceros turísticos habituales.
Elefantes marinos
Cabe mencionar que el trabajo en la Antártida era diferente de nuestro habitual foto de problemas debido al gran número de restricciones y regulaciones diseñadas para proteger a los habitantes de la región de hielo de las actividades humanas. Por ejemplo, existen regulaciones, como la aspiración de objetos personales y equipos y el tratamiento de los zapatos con una solución especial cada vez que salimos de la nave y volver; y restricciones: está prohibido llevar comida a la orilla! No se le permite acercarse a los animales! Usted no puede conseguir demasiado cerca del glaciar! Los pingüinos no pueden ser tocados! No se puede meter la cámara en el pico de un pájaro! Sería más fácil, tal vez, a la lista de lo que puede hacer: observar y disparar. Nuestros guías vigilados atentamente por violaciónes de reglas, amenazando con prohibir fotógrafos de bajar a tierra - el más riguroso de las posibles sanciones por un fotógrafo a bordo. Esto puede explicarse por el hecho de que las guías son responsables de sus licencias en caso de incidentes graves en la orilla.
Photobombed por el sello
AirPano está bromeando
Un par de palabras sobre el clima en la Antártida. Llegamos a las aguas de la Antártida a principios de la primavera; la primera isla apareció en la tarde del 24 de noviembre ª. El primer crucero en barco entre los glaciares se llevó a cabo en la mañana del 25 de noviembre ª. No era muy frío. En casi todos los días que pasamos en la Antártida, la temperatura rondaba 0 grados centígrados. Sin embargo, el clima local primavera es difícil no a causa de las bajas temperaturas, pero más debido a su variabilidad y los fuertes vientos frecuentes. Por ejemplo, el sol estaba brillando, cuando de repente de la nada llegó la nieve y la visibilidad y la temperatura al instante cayó, por lo que es muy incómodo para permanecer fuera de la cabina caliente. Sin embargo, dentro de media hora el sol sale y brilla de nuevo. Es prácticamente imposible predecir todos estos climáticas y de viento turnos. Nuestros guías nos aconsejaron que vestir lo que se siente y siempre añadir "una capa más", que nos dice que un día, en lugar de la bajada prevista de dos horas, que tuvo que pasar casi todo el día en la costa debido a la mala clima. Te da una idea de las condiciones en las que íbamos a hacer nuestra foto aérea de problemas.
Antártida
El riesgo más grave que tuvimos que encontrar casi todos los días no era la temperatura baja, pero las fuertes ráfagas de viento cambiando constantemente las direcciones. Durante el despegue estándar de la nave (aunque tengo que mencionar que no hay despegues estándar!), El anemómetro mostró el viento a 7-9 m / s, y la cubierta estaba temblando. El Pioneer Polar, aunque anclada, cambia constantemente su posición. El viento siempre sopla desde la proa de la nave. Mientras me preparaba para iniciar el drone, estábamos protegidos por la junta de la nave del viento.Sin embargo, cada vez que el avión no tripulado despegó, el viento soplaba de inmediato si fuera poco detrás del mástil situado detrás de mí.
Lucha de pingüinos
Fotografiar los pingüinos no es tan fácil de una tarea como podría parecer a primera vista. Nuestros guías en cuenta que las mejores tomas, usted puede obtener de estas aves son de abajo hacia arriba. Para crear la obra maestra de la foto, es necesario o bien se encuentran en la nieve y esperar a que las aves a venir a usted o tratar de gatear lentamente hasta la colonia sin asustar a los pájaros. Todo parece sencillo, pero hay que arrastrarse sobre una sustancia espeluznante maloliente. Pingüinos hacen su inodoro no tan lejos del nido. Oleg tenía una cierta ventaja sobre los demás: su cámara Sony tenía una pantalla plegable que le permitió ver el tema sin zambullirse en la cabeza excrementos primero.
En cubierta
Se puede observar la vida de las colonias de pingüinos durante horas. Aquí está un pingüino adicto al trabajo arrastrando una nueva piedra de la orilla a su nido. Si él dormita, el vecino astuto tendrá su piedra. A veces una piedra puede cambiar más de una docena de propietarios antes de que finalmente se puso en la pared del nido. Estas manipulaciones de piedras causan pingüinos constantemente para romper en escaramuzas verbales, a veces convirtiéndose en toda una pelea ruidosa.
Rápidamente nos detuvimos disparar grupos separados de los pingüinos con el zumbido - no era el tema más interesante para la fotografía aérea.Sin embargo, sería muy bueno para mostrar la colonia de adentro hacia afuera. Está prohibido entrar a las colonias para configurar la cámara en un trípode, y al mismo tiempo, los grandes grupos de aves no paso lejos de la colonia con mucha frecuencia. ¿Qué se puede hacer?
Polar Pioneer barco de la expedición
Tuvimos un poste telescópico especial en nuestro equipo que se utiliza normalmente para el rodaje de panoramas esféricos terrestres. Un día, cuando yo estaba vagando alrededor de la colonia Gentoo, se me ocurrió una idea para salir del poste con una cámara cerca de un grupo de pingüinos. No sé lo que funcionó más - mi precaución o la curiosidad natural de estas aves divertidas. Pero, funcionó al 100%. En una forma tan sencilla logré no sólo para disparar una gran cantidad de panoramas esféricos de los pingüinos, sino también un 360-video.
Isla Gourdin al atardecer
Ahora sobre los pingüinos. Tengo que mencionar que uno de los principales enemigos de estas aves es la foca leopardo, que fue constantemente perseguido por nuestro equipo de fotógrafos-animalistas. A menudo nos encontramos con focas leopardo cerca de las principales colonias de pingüinos. Ellos miraban con curiosidad fuera del agua en nuestros barcos, a veces literalmente arrastrando el hocico por un segundo por encima de la superficie del mar, causando un shock en el siguiente grupo de pingüinos, que en todo momento estuvieron dispuestos a saltar al agua.
Mar del elefante
A juzgar por el entusiasmo con que nuestros guías se volvieron los barcos para unirse al grupo que solo vio una foca leopardo - sabíamos, esto podría ser una muy valiosa foto-trofeo. Finalmente tuvimos suerte: uno de los barcos encontró un depredador que descansaba después de una comida, en la laguna de Astrolabe Island. Después de un anuncio de radio, en cuestión de segundos todos los barcos se reunieron alrededor del témpano de hielo con el sello de leopardo. El depredador soportó valientemente 5 minutos de persianas cámaras ', y luego se sumerge el cuello de serpiente larga al agua y se zambulló en silencio. Todo el mundo relajado, hablando de las fotografías recién tomadas, mientras que el héroe de nuestra sesión de fotos de pronto apareció junto a una de las barcas. Parecía que quería preguntar: "¿Por qué me has hecho salir de mi cama cómoda" "Lo siento, amigo!" - Pensé, tratando de alcanzar la cámara, pero la sombra oscura bajo el agua ya estaba dejando y pronto desapareció de la vista.
Pingüino
También vale la pena contar sobre nuestra visita a la colonia de elefantes marinos. No se nos permitía hacer fotografías aéreas de este lugar, así que sólo realizamos mis cámaras y un polo a tierra. Debido a las condiciones climáticas, el viaje desde el barco a la playa me recordaba a un estadounidense paseo "montaña rusa". Estábamos subiendo y bajando en enormes olas que golpeaban constantemente la pequeña zodiaco, y el agua helada cubrimos cada fotógrafo de pies a cabeza. Fue una experiencia inolvidable, escalofriante!
La costa es una franja de grava infinitamente larga con muchas colonias de elefantes marinos. La gente al instante se separó en busca de las mejores tomas, sin embargo, en el último momento, me acordé de que los guías nos habían aconsejado que no pasear por la orilla y estar quieto en un lugar. Por desgracia, este consejo fue ignorado por casi todos los fotógrafos. De acuerdo a las reglas, no puede acercarse a la vida del mar a menos de 15 metros. Sin embargo, estas reglas no se aplican a los animales acercarse a ti. Nuestros miembros de la tripulación con experiencia - Medic del buque y de Cook - se aprovecharon de este vacío legal. Las damas simplemente acostamos cerca de la zona de aterrizaje y se pusieron a esperar. En unos 30 minutos al elefante marino joven apareció con alegría jadeando y frotándose la cabeza contra un mono de la cocinera.
Tal vez fue el delicioso olor de la cocina del barco, o tal vez el elefante marino era simplemente de buen humor, pero él se realizó una pantomima divertido, y en pocos minutos se convirtió en el héroe del día, reuniendo a su alrededor de una gran parte de nuestra grupo. Fue una revelación para mí que estos animales podrían tener tales expresiones faciales ricos.
Elefante de mar con personas
Una vez que decidí tomar un video con un sello muy gran elefante que ruge. Whule que estaba buscando la mejor posición no noté nada a mi alrededor. Cuando empujé el botón de grabación en la cámara, algo tiró de mi pierna y gruñó. En ese momento pensé que un elefante marino había escabullido detrás de mí para un ataque, y yo podía besarme adiós pierna. Estoy preparado para luchar por mi vida y di la vuelta, cuando vi a Mike Reyfman riendo detrás de mí (bien conocido por los visitantes de nuestro sitio para sus fantásticos panoramas de Bryce Canyon y muchas otras fotos). Sólo mi profundo respeto por los talentos y la experiencia de Mike lo salvó de una ejecución rápida y sangrienta de una broma.
Pingüinos en la Antártida
La historia de la Antártida no estaría completo sin una descripción de los icebergs en una amplia variedad de formas, colores y tamaños. Después de romper con el glaciar, estas enormes montañas de hielo a la deriva lentamente por el estrecho entre las islas. El agua erosiona lentamente la parte sumergida del iceberg, que entonces pierde su estabilidad y voltea, mostrando arcos, cuevas y puentes que fueron una vez bajo el agua y ahora en el sol son de extraordinaria belleza con sus formas surrealistas y tamaños.
Antártida
Hemos filmado un montón de icebergs de los zodiacs y la costa, pero la mayor parte de todo lo que recordamos el disparo desde la cubierta del Pioneer Polar. Ella es un buque de la clase de hielo, no para romper el hielo, pero ella navegó sin esfuerzo a través de pequeños campos de hielo.Sólo una vez, al final de la expedición, hicimos experimentamos problemas en el Mar de Weddell. Dándose cuenta de que no seríamos capaces de romper, el líder de la expedición dio la orden de dar marcha atrás, que comenzó la discusión sobre los problemas que navegan en las aguas locales.De acuerdo a nuestro capitán, es más fácil para un buque quede atascado en el hielo que para salir de ello más tarde. Esa es la razón por la que siempre se asegura de dejar espacio para maniobrar. Le pregunté lo peligroso de estos enormes icebergs serían para nosotros, ya que estábamos pasando por una-impresionante tamaño montaña de hielo a la deriva lentamente por el pasillo. Me tranquilicé y calmé, y luego me dijeron cómo el radar de la nave monitorea las condiciones del hielo durante varias millas a la redonda.
Polar Pioneer y el iceberg
Por desgracia, todas las cosas buenas deben llegar a su fin, y así pasamos nuestro último día en la Antártida en la Isla Media Luna. En cuanto a las fotografías aéreas tomadas desde el avión no tripulado, nos dimos cuenta de que la forma de media luna de la isla justifica su nombre de sake. La estación argentina Camara, fundada en 1953, es el único edificio en la isla. Está abierto sólo en verano, y en el momento de nuestra visita a la isla fue cerrado. Nosotros, después de recibir la aprobación previa del jefe de la expedición, pudimos hacer varias vueltas alrededor de la estación de Camara para sesión de fotos y vídeos.
Camara Base
Hemos experimentado algunas aventuras aquí también. De acuerdo con nuestro plan, Oleg y yo estábamos a disparar esta isla sin vida, con su estación abandonada. No había nadie alrededor de nosotros mientras nos preparábamos nuestro avión no tripulado para despegar, pero luego cuando empezamos, nuestros colegas fotógrafos apareció al lado de los edificios, como pequeños demonios fuera de las tabaqueras. Por esta razón hemos tenido que quedarse un poco más, disparando dobles adicionales, y que casi perdimos nuestro plazo de salida a las zodiacs. No sería divertido conseguir pegado a tierra, a la espera de otro barco para llegar!
Polar Pioneer barco de la expedición
El Pasaje de Drake hacia Ushuaia fue notablemente tranquilo. Casi todo el viaje se gastó en un mar plano, que, según el capitán, ocurre sólo dos o tres veces durante su rica experiencia en esta región. Al final de nuestro viaje, la tripulación y los guías preparan una sorpresa agradable para todos los participantes: el líder de la expedición y un fotógrafo de España, que actuaba como su intérprete, había contactado con la patrulla de frontera con Chile por adelantado y recibieron permiso para entrar en el zona de 12 millas cerca del Cabo de Hornos, donde los buques extranjeros no tienen acceso. Por lo tanto, totalmente imprevisto, vimos el legendario lugar - el extremo sur de América del Sur.
Polar Pioneer barco de la expedición
Nuestra última noche a bordo del barco se aprobó bajo el tintineo de vasos, la visualización de nuestras mejores fotos, y la reproducción de una guitarra que se encontró de forma inesperada en la nave. En la madrugada del 06 de diciembre º Polar Pioneer regresado al puerto de Ushuaia a decir adiós a nuestro grupo y dar la bienvenida a una nueva para la próxima expedición a la Antártida emocionante.
Era el momento de decir adiós a nuestros nuevos amigos de nuestro viaje. Delante de mí estaba el rodaje de Buenos Aires, pero eso es otro tiempo y otra historia ...
Pingüinos en la Antártida
Foto y texto de  Stas Sedov, Mike Reyfman, Oleg Gaponyuk y  Max Guzovskiy 

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